thumb|220px|right|El territorio de Austria y el Reich alemán (12 de marzo de 1938). thumb|Hitler pronuncia un discurso el 15 de marzo de 1938 desde el balcón del Palacio Imperial de Hofburg en Viena, Austria. Por Anschluss (palabra alemana para ‘anexión’ en su acepción geopolítica) se conoce en la historiografía moderna a la anexión de Austria por parte de la Alemania nazi en marzo de 1938. El día 12 de ese mes, tropas de la Wehrmacht invadieron el Estado Federal de Austria (conocido como ) sin encontrar resistencia, y este se convirtió en una provincia del Reich alemán, llamada Ostmark (antes de convertirse en un gau).
Los sucesos del 12 de marzo de 1938 se enmarcan en los anhelos expansionistas de Adolf Hitler para Alemania. Fueron precedidos por la devolución del Sarre en 1935, tras el plebiscito que puso fin al control de la Sociedad de las Naciones que el Tratado de Versalles le había encomendado por un periodo de quince años a Francia; y seguidos por la crisis de los Sudetes, la ocupación del resto de Checoslovaquia, la creación del Protectorado de Bohemia y Moravia y la invasión de Polonia detonando la Segunda Guerra Mundial.
El término completo usado en alemán es (‘anexión de Austria’), y puede referirse tanto al acto como al período. Si bien, el término Anschluss por sí mismo se usa también por antonomasia (conforme la gramática alemana, entre comillas para diferenciarlo del vocablo común).
Antecedentes En Austria, la idea de una unión política con Alemania había surgido en el siglo pero tras el triunfo de Prusia en la guerra austro-prusiana tal proyecto fue extinguido en tanto el Imperio Aleman y el Imperio austrohúngaro se sentaban como estados separados, pero el plan renació tras la Primera Guerra Mundial, a pesar de que los tratados de paz con los vencedores de la Entente lo prohibían expresamente. La estabilización económica de los Años 1920 disminuyó el atractivo de la unión de los dos países. La Gran Depresión, sin embargo, volvió a presentar el Anschluss como una posible solución a la crisis financiera de austriacos y alemanes, pero el intento de unión aduanera, empero, fracasó.
El Anschluss fue precedido por un período de creciente presión política sobre Austria, ejercida por Alemania, exigiendo la legalización del partido nazi y, más adelante, su participación en el gobierno. El 13 de septiembre de 1931, la milicia de los socialcristianos de Austria intentó en vano tomar el poder por las armas. thumb|El canciller Dollfuss en Ginebra, 1933. A pesar de ser el partido más votado en las elecciones de Austria de abril de 1932, los nazis no obtuvieron la mayoría absoluta, por lo que pasaron a la oposición. Los nazis austríacos se lanzaron a una estrategia de tensión y recurrieron a actos varios de terrorismo y sabotaje. El canciller socialcristiano austríaco Engelbert Dollfuss decidió en 1933 gobernar por decreto, disolver el Parlamento, el partido comunista, el partido nacionalsocialista y la poderosa milicia socialdemócrata, la Schutzbund. Su régimen adquirió un tinte fascista con preferencia hacia los modelos adoptados previamente por Benito Mussolini y basado en el catolicismo tradicional y conservador, por lo cual recibió el nombre de austrofascismo. Dollfuss reprimió severamente a los socialdemócratas que deseaban salvar la democracia que Dollfuss y los nazis ponían en riesgo.
La dura represión de la policía tras una insurrección socialista en Linz en febrero de 1934 causó entre 1000 y 2000 muertos. Los mayores líderes socialdemócratas se exiliaron. Entretanto, los nazis austríacos se habían reforzado y organizado, exigiendo al gobierno de Dollfuss un fascismo "más germánico" y -sobre todo- subordinado políticamente a Alemania. En su afán de tomar el poder, los nazis austríacos lanzaron una fallida revuelta armada y asesinaron al canciller Dollfuss el 25 de julio de 1934 en sus oficinas del edificio del gobierno en Viena, pero su golpe de Estado fracasó tras pocas horas. El Ejército austríaco no se unió a la rebelión, mientras que los seguidores austrofascistas de Dollfuss lograron aislar y reducir prontamente a las dispersas bandas de nazis armados que intentaron organizarse tardíamente.
Hitler tuvo conocimiento de que, durante las horas del fallido golpe de Estado en Viena, la viuda y los hijos del asesinado Dollfuss se hallaban en Roma como huéspedes del dictador italiano Benito Mussolini. Precisamente, cuando Mussolini supo lo acontecido a Dollfuss en Viena, al día siguiente, 26 de julio, ordenó movilizar tropas italianas en la frontera alpina con Austria, amenazando con intervenir militarmente en el país vecino para sostener por la fuerza a los sucesores de Dollfuss en caso necesario. Hitler no contaba entonces con la Wehrmacht con su máxima fuerza, ni los mandos militares alemanes estaban bajo control total del nazismo, y aún en ese caso tampoco Hitler deseaba empezar un conflicto con un régimen ideológicamente tan cercano como la Italia fascista, por lo cual se abstuvo de enviar tropas para apoyar a los nazis austríacos.
Presión alemana sobre Austria El nuevo canciller, Kurt Schuschnigg, insistió en proseguir el sistema político de Dollfuss, manteniendo una dictadura nacionalista, con fuerte influencia fascista, pero sobre todo impidiendo que florezca toda opción política que propugnase la anexión a Alemania, para lo cual contó con el apoyo tácito de políticos socialistas y católicos, que juzgaron al austrofascismo como un mal mucho menor que el control directo del nacionalsocialismo alemán. No obstante, los nazis austríacos habían empezado a organizarse más cuidadosamente para una posible rebelión futura, y eligieron como táctica el terrorismo contra autoridades gubernamentales y contra conocidos militantes «antinazis». Entre agosto de 1934 y marzo de 1938, los atentados nacionalsocialistas mataron a 800 personas en Austria.
La situación interna de Austria amenazaba con una guerra civil entre el gobierno y los nazis austríacos, que recibían financiación y armas del Tercer Reich, y que habían logrado captar un alto número de simpatizantes de entre la juventud austríaca que sufría el desempleo provocado por la Gran Depresión de 1929 que aún afectaba a Austria.
En este contexto de disturbios sociales generalizados en Austria, el canciller Kurt Schuschnigg fue convocado a una reunión con Hitler en el «Nido del Águila», en Berchtesgaden, el 12 de febrero de 1938, fecha en que la actividad terrorista nazi en Austria alcanzaba un nivel insoportable para la república alpina. El programa exigido por Hitler era claro: amnistía para los nazis austríacos por los crímenes cometidos, participación de sus miembros en el gobierno, establecimiento de un sistema de colaboración entre la Wehrmacht y el ejército federal austríaco, e inclusión de Austria en el área aduanera alemana, todo ello a cambio de que el Tercer Reich dejara de intervenir en la crisis política austríaca.
La entrevista Schuschnigg-Hitler resultó tempestuosa; el dictador alemán amenazó al canciller austríaco con propiciar una guerra civil en Austria, con ayuda de los nacionalsocialistas austríacos, si no eran aceptadas todas sus condiciones. Hitler, literalmente, amenazó a Schuschnigg con «transformar Austria en una segunda España» si no se satisfacían sus demandas, para lo cual, el dictador nazi convocó a la sala de reuniones a los jefes militares Wilhelm Keitel, Hugo Sperrle y Walther von Reichenau que, según Hitler, se hallaban allí «por casualidad». Schuschnigg abandonó precipitadamente Berchtesgaden el mismo 12 de febrero junto con el presidente de Austria Wilhelm Miklas, temiendo ambos una invasión por parte de Alemania en cualquier momento.
De vuelta en Viena, el canciller de Austria Kurt Schuschnigg aceptó dar libertad a los nazis austríacos encarcelados, y entregó el Ministerio de Policía al conocido nacionalsocialista austríaco Arthur Seyss-Inquart, en un último intento de mantener la independencia de Austria. No obstante, los nazis austríacos no se daban por satisfechos pues, ahora, Schuschnigg se apoyaba en socialistas y católicos para preservar la independencia de Austria, por lo cual, los atentados y sabotajes nazis prosiguieron con toda intensidad. Por su parte, Hitler, en su discurso público del día 3 de marzo de 1938, se dirigió a los austríacos como los «10 millones de alemanes que viven fuera de nuestras fronteras», reafirmando así su intención anexionista respecto de Austria.
La anexión Convocatoria del plebiscito Deseoso de evitar una pérdida paulatina del poder y esperando poder recabar la ayuda europea contra las presiones de Alemania, el canciller Schuschnigg decidió el 1 de marzo llevar a cabo un plebiscito nacional, previsto para el domingo 13 del mismo mes. La pregunta no incluía la aceptación de la anexión alemana, sino que se limitaba a solicitar el apoyo del votante al mantenimiento de una «Austria unida, cristiana, social, independiente, alemana y libre». Los preparativos comenzaron en secreto el día 5 de marzo y Von Schuschnigg comunicó el plan a Seyß-Inquart el 8, encareciéndole que no lo divulgase hasta el día siguiente, cuando tenía pensado anunciarlo oficialmente. Aunque Seyß-Inquart mantuvo su promesa, nacionalsocialistas austríacos que trabajaban en la Administración estatal se enteraron del plan y lo comunicaron a Berlín.
Presionado por los hechos, Von Schuschnigg anunció un referéndum el miércoles 9 de marzo de 1938 para determinar la independencia o la unión con Alemania, para así beneficiarse de la legitimidad popular y mostrar las intenciones expansionistas de Hitler. Respecto al referendo, Schuschnigg, de acuerdo con el presidente Miklas, fijó en 24 años la edad mínima para votar, evitando la participación masiva de jóvenes desempleados que constituían la mayor reserva de militantes nazis de Austria. La fecha de la consulta popular sería el domingo 13 de marzo. Cuando Hitler se enteró de las intenciones de Schuschnigg, se enfureció y ordenó a los nazis austríacos pasar a la acción para evitar que se celebrara tal referéndum. Mientras tanto, en Austria, la noche del 9 de marzo, los nacionalsocialistas exigieron que se abrogara el artículo 88 del Tratado de Saint-Germain-en-Laye que impedía la unión con Alemania para permitir la votación, Hitler enviaba a un representante personal para evitar el plebiscito si no incluía claramente la opción de la anexión con Alemania. No se puso en marcha acción violenta alguna, en espera de que el nuevo ministro de Asuntos Exteriores, Ribbentrop, que se hallaba en Reino Unido, informase sobre la actitud de ésta a una eventual intervención alemana en el país vecino. El día 10 llegó la confirmación de que, si el conflicto se limitaba a las dos naciones, el Reino Unido no intervendría en favor de los austríacos.
Antes de que el referéndum se celebrara, los nacionalsocialistas austríacos lanzaron una ola de ataques violentos contra las entidades gubernamentales, mientras que la policía austríaca (en manos de Seyß-Inquart) fue neutralizada y se le impidió cualquier oposición. Alemania cerró las fronteras y empezó a movilizar sus tropas, mientras que los nazis austríacos se abstenían de repetir el intento de golpe de Estado de cuatro años antes contra Dollfuß: ahora creaban el caos en todo el país con algaradas callejeras y violencias de toda clase (incendios, saqueos, destrucción de oficinas públicas), para generar una situación de caos y provocar una verdadera guerra civil contra socialdemócratas y católicos. Mientras tanto, Hitler decidía la invasión alemana de Austria y discutía con el Estado Mayor de la Wehrmacht los planes necesarios, perfilados apresuradamente a lo largo del día 10.