La Biblioteca del Congreso Nacional de Chile (BCN) es un servicio del Congreso chileno que asiste como centro de información al Senado y la Cámara de Diputados. Es una biblioteca legislativa que realiza asesorías a los parlamentarios en el campo de las ciencias sociales, el derecho, la legislación, la historia de la ley y el desarrollo social, económico, político y cultural de Chile.
Entre las responsabilidades de la BCN se encuentra el mantener y asegurar el libre acceso a la ley chilena. Asimismo, provee a los parlamentarios y a sus equipos de trabajo, de asesoría a través de minutas, informes, mesas de análisis y seminarios cerrados. Recopila recortes e información de prensa, ofrece servicios a través de diversos recursos de información, tanto electrónicos como físicos, y en su rol tradicional, ofrece el préstamo de libros.
Su actual director es el abogado Diego Matte Palacios.
Historia 250px|thumb|right|Catálogo de la Biblioteca del Congreso Nacional. Imprenta Nacional, Moneda 112, Santiago de Chile (1893). Orígenes y primeros directores La Biblioteca del Congreso Nacional inició como la Biblioteca de la Cámara de Diputados, en 1882, gracias a la iniciativa, labor y aportes del entonces diputado por Petorca, Pedro Montt Montt, posteriormente Presidente de la República entre 1906 y 1910. Poco después, fue nombrada de aquel modo en la sesión de la Cámara de Diputados en 12 de junio del año siguiente. Señala el Acta, que, al igual que las siguientes citas, se transcribe con la puntuación y ortografía originales:
Sin embargo, la Biblioteca del Congreso fue llamada de este modo por primera vez en la Sesión 1 Extraordinaria del Senado, en 14 de noviembre de 1883. El Acta da cuenta del trabajo de una comisión bicameral que estudiaba el Proyecto de Presupuesto presentado por el Poder Ejecutivo para el año siguiente. Al respecto, señala:
Inicialmente se destinaron para ésta las salas del segundo piso del edificio del Congreso en Santiago. Esta construcción que fue sede del Poder Legislativo de la República hasta 1973, se levantó entre 1858 y 1876, en el centro político de la ciudad capital de Chile.
Con relación a la construcción del antiguo edificio del Congreso, que albergó al Senado de la República, a la Cámara de Diputados y, más adelante, a la Biblioteca del Congreso, una ficha del Registro de Monumentos Nacionales del Ministerio de Obras Públicas consigna:
Situación de otras bibliotecas públicas de la época El estado de las bibliotecas públicas santiaguinas unos doce años antes de haberse creado la primera biblioteca parlamentaria de Chile. fue comentado por Recaredo Tornero que destacaba el valor y la riqueza del fondo bibliográfico de la Biblioteca Nacional, fundada en 1813, y que a 1871 ya contaba con unos cuarenta y dos mil textos. Luego puntualizaba sobre esta misma institución:
Más adelante, Tornero se refiere, en orden de importancia, a la biblioteca del Instituto Nacional con 9000 volúmenes; la de la Universidad (de Chile) con 5000 volúmenes; la de los Tribunales de justicia, la del Seminario y luego cuatro bibliotecas de iglesias: la de la Recoleta Domínica (unos 18 mil volúmenes escogidos), la de la Merced, la de Santo Domingo y la de la Recoleta Franciscana.
Pero en 1879, los avatares de la política chilena los monopolizaría la guerra del Pacífico librada entre Chile y los aliados Perú y Bolivia. Las urgencias del sangriento conflicto durarían hasta 1884, tras el triunfo final de las armas chilenas.
De modo que cuando en 1883, el diputado Pedro Montt se encontraba de viaje por Europa “coadyuvando” en el esfuerzo por incrementar el fondo bibliográfico de la biblioteca de la Cámara de Diputados.
Así, parte del informe de la Comisión de Policía de la Cámara de Diputados, referido a la 20.ª sesión Extraordinaria, en 20 de diciembre de 1884
Ahora, con relación al buque en cuestión, Francisco Vidal Gormaz puntualiza:
Está visto que ni la guerra ni el océano Pacífico, “ese mar que tranquilo te baña, como señala e! himno patrio de Chile, podrían contra a firme decisión del diputado Pedro Montt.
Cabe ahora precisar que el nombre completo de la institución apareció luego de a aceptación por parte del Gobierno del Presidente de la República Domingo Santa María González (1881- 1886), para destinar recursos solicitados por la Cámara de Diputados. De este modo, en el Acta de la sesión de ésta, en 20 de junio de 1885, se consigna:
“...atender los gastos generales de la Cámara de Diputados, la publicación de las actas, sesiones i fomento de la biblioteca del Congreso Nacional.”
Aquel 1885 fue un año crucial para la Biblioteca del Congreso Nacional, porque además de contar con mayores recursos, con los que se compraron más libros, incluso al librero M. Pedone Lauriel, de París, también antes, el diputado Pedro Montt propuso que se agregara al presupuesto la remuneración para un bibliotecario...
“Item 4. Sueldo de un bibliotecario. Lei de presupuestos de 1885... $ 1,000.” (Acta de Sesión 14.ª Extraordinaria, en 7 de enero de 1885, de la Cámara de Diputados).
Esta iniciativa del forjador de la Biblioteca fue aprobada en aquella ocasión por 33 votos contra 1... Hay que resaltar también que don Pedro donó parte de su propia biblioteca a la incipiente del Congreso Nacional.
Tan solo dos días después y, nuevamente gracias al empeño del diputado Montt, la Cámara de Diputados logró un acuerdo con el que se inició el intercambio de publicaciones parlamentarias (Boletines de Sesiones) con Parlamentos de otros países. Así se sumaron publicaciones de Argentina, Bolivia, Brasil, España e Inglaterra.
En agosto, un informe de la Comisión de Policía de la Cámara de Diputados, relativo a gastos generales de ésta, indicaba:
“suscripción a revistas i publicaciones estranjeras i adquisición de útiles para la misma biblioteca del Congreso...” 454,72 pesos. (Sesión en 22 de agosto de 1885).
Y un poco antes, el 24 de julio de 1885, asumió aquel bibliotecario cuyo sueldo se puntualizó arriba. Fue el abogado don Manuel Lecaros Reyes, quien se convertiría en el primer Director de la Biblioteca del Congreso Nacional (aunque a la época este cargo no existía, de aquí en adelante a los bibliotecarios jefes se les llamará así).
Del director Lecaros, corresponde señalar que en 1943, cuando la Biblioteca cumplía sesenta años, salió publicada en la prensa de Santiago solo una pequeña nota que recordaba su fallecimiento a la temprana edad de 39 años, el 1°de julio de 1901.
El segundo director de la Biblioteca del Congreso fue el tesista de la carrera de Derecho, Arturo Alessandri Palma. Se desempeñó como bibliotecario, entre los años 1890 y 1893. Debe destacarse que le correspondió el período de la guerra civil de 1891, que enfrentó al Poder Ejecutivo y al Poder Legislativo, durante la Administración del Presidente de la República José Manuel Balmaceda Fernández (1886-1891), quien resultó derrotado y del cual el director Alessandri era opositor.
Cuatro años después, Alessandri comenzaba su carrera política siendo elegido diputado por Curicó, en el centro agrario del país, culminando como Presidente de la República (lo sería entre 1920-1925, y en la segunda oportunidad: entre 1932 y 1938).
En relación con el paso de Arturo Alessandri por la Dirección de la Biblioteca, (antes había trabajado como empleado en la Biblioteca Nacional) en una entrevista hecha por el escritor Armando Donoso, en 1921, (Alessandri ya ejercía a Presidencia de la República), señaló lo siguiente:
“...después de dos años de desempeñar este puesto, se abrió un concurso para proveer el de bibliotecario en la librería del Congreso Nacional. Me presenté entre los 25 o 30 candidatos y nos disputamos el puesto en el certamen que se abrió al afecto con mi querido amigo Luis Orrego Luco.Luis Orrego fue un destacado escritor chileno (1866-1948). Llegó a ser ministro de Educación Pública en 1918. Como novelista alcanzó notoriedad con varias obras de carácter histórico. La Comisión de Policía de la Cámara de Diputados y del Senado debió resolver el asunto y yo triunfé por un voto, que fue el de don Vicente Reyes.Vicente Reyes Palazuelos (1835-1918), brilló como político liberal chileno. Abogado, llegó a ser Presidente del Senado en dos ocasiones y fue candidato a la Presidencia de la República.
Continuó, entonces, a Arturo Alessandri, Adolfo Labatut Bordes, desde 1893 hasta 1931. El nuevo encargado de la Biblioteca había nacido en 1869 y, luego de realizar sus estudios en el colegio de los Padres Franceses de Valparaíso, cursó estudios de Leyes en la Universidad de Chile, aunque no se recibió.
Alessandri, refiriéndose a su reemplazante, señalaba:
“Era mi ayudante mi querido y buen amigo Adolfo Labatut. Yo trabajé mucho para que él se quedara con el puesto: lo conseguí y, si la vida ha tenido tantos vaivenes, agitaciones y cambios de rumbos para mi, él en cambio continúa pacíficamente en su puesto, ilustrándose siempre y prestando el concurso de su inagotable buena voluntad cuando algún amigo o algún congresal llega por casualidad al retiro de esa biblioteca, que es una de las mejores y más completas de Sud América”.Donoso, Armando. Conversaciones con Don Arturo Alessandri. Anotaciones para una biografía. Biblioteca Ercilla XXXIV, Santiago de Chile, 1934, pp. 21- 23
Al finalizar don Arturo su gestión como Director, en 1893, la Biblioteca pudo disponer de un primer catálogo de su fondo bibliográfico, realizado por el joven Labatut y con la valiosa colaboración de los diputados Pedro Montt —por cierto— y Abraham Gacitúa, parlamentario por Ancud, Chiloé.
Pero, en 1895, Labatut, ya en el cargo de director, vio a la Biblioteca ser consumida por un gran incendio. Al respecto se refiere el historiador Gonzalo Vial:
“Físicamente Senado y Cámara continuaron en el mismo lugar: la manzana enmarcada por las calles Catedral, Compañía, Bandera y Morandé... pero no en el mismo edificio.
Pues el de Brunet de Baines fue víctima, el 18 de mayo de 1895, de un voraz incendio —iniciado en el sector de Morandé— y quedó casi totalmente destruido, con todo su alhajamiento, la Biblioteca íntegra y gran parte del archivo (el del Senado completo). Los cuerpos legales debieron separarse y sesionar en sedes improvisadas...
…La reedificación demoraría quince años, suplementándose el ítem primitivo por sucesivas leyes (1897, 1899, 1900 —dos veces—, 1901, 1907, 1908...) en una suma total superior a 1.250.000 pesos.
Fue ocupándose por partes según el edificio se reconstruía. El terremoto de 1906, sin embargo, produjo nuevos desperfectos.Vial C., Gonzalo, et al. Historia del Senado de Chile. Santiago, Editorial Andrés Bello. 1995, p. 138.
A continuación, se transcribe lo que en esa oportunidad publicó la prensa. El diario El Ferrocarril de Santiago, del domingo 19 de mayo de 1895, en su primera página titulaba:
Luego de informar sobre la historia del edificio, construido inicialmente, como se señaló, por el arquitecto francés Claude E de Brunet de Baines y a las múltiples y valiosas pérdidas materiales provocadas por el incendio del día anterior, se refiere a la Biblioteca del Congreso en los siguientes términos:
“La Biblioteca del Congreso venía formándose desde hace ocho o diez años y era, a la fecha, una de las más valiosas e interesantes que poseía la República.
Anualmente el presupuesto consultaba fondos para su incremento y había logrado establecer un servicio de canjes con los parlamentos de los principales países del mundo, lo que permitía adquirir una cantidad de publicaciones del mayor interés y que habría sido bien difícil proporcionarse por otro camino.