Cuenca es un municipio de España perteneciente a la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha y capital de la provincia homónima. Está situada algo al norte del centro geográfico de la provincia, a una altitud media de 946 m sobre el nivel del mar y su extenso término municipal, de unos 911 km², es uno de los mayores de España. El municipio cuenta con una población empadronada de .

Aunque en los alrededores de la ciudad se tiene constancia de población desde el Paleolítico Superior, no es hasta la conquista musulmana cuando se construye la fortaleza de Qūnka, que dio origen a la ciudad actual. Esta se contaba, en origen, entre las otras tantas de la cora de Santaver (Ercávica), pero fue ganando importancia paulatinamente. El rey cristiano Alfonso VIII la conquistó en 1177 y le otorgó el Fuero de Cuenca, uno de los más prestigiosos de la historia de Castilla. Su economía se centró en la industria textil, de gran renombre durante los siglos y , lo que produjo una gran actividad constructiva. Sin embargo, la pañería se hundió en el , conllevando una drástica pérdida de población, que fue recuperándose durante el siglo siguiente. En 1833 se convirtió en la capital de la nueva provincia de Cuenca, aunque las agitaciones del periodo hicieron que la ciudad se mantuviera en estado precario hasta bien entrado el . En la actualidad, la economía se centra sobre todo en el turismo, potenciado desde que en 1996 su casco antiguo fuese declarado Patrimonio de la Humanidad.

Cuenca conserva un importante patrimonio histórico y arquitectónico en toda la ciudad antigua, donde destacan edificios como la catedral o las Casas Colgadas, que se han convertido en el icono de la ciudad. Se caracteriza también por poseer un buen número de museos (más de diez) en el reducido espacio del casco antiguo. Destacan el Museo de Arte Abstracto Español, el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha, el Museo Paleontológico de Castilla-La Mancha y el Museo de Cuenca. Entre los principales acontecimientos culturales se encuentran la Semana Santa y la Semana de Música Religiosa.

Toponimia El topónimo Cuenca procede de la forma latina tardía conca (latín clásico: concha, -ae), con el significado metonímico de «valle profundo entre montes», con paralelismos en otros topónimos españoles. Si bien la primera forma documentada del lugar (y su primera mención histórica) nos viene en el en su forma árabe (Qūnkatu), esta palabra es inexplicable (y morfológicamente imposible) desde la lengua árabe, por lo que claramente es una adaptación de un topónimo anterior, que en este caso no tenemos documentado (hay muchos ejemplos similares en toda la península), pero que es previsiblemente el que hemos indicado al principio. Este nombre en origen fue aplicado sólo a la alcazaba, situada donde hoy se levantan los restos del castillo, y posteriormente se extendió al conjunto de la ciudad.

Símbolos

Títulos Cuenca ostenta la categoría histórica de ciudad, con los títulos de «Muy Noble, Muy Leal, Fidelísima y Heroica». Obtuvo el título de «Ciudad» de Alfonso X en 1257, y los de «Muy Noble y Muy Leal» en 1465, de mano de Enrique IV. Tras la Guerra de Sucesión, en la que Cuenca luchó a favor de Felipe V, este le otorgó los títulos de «Fidelísima y Heroica».

Escudo El escudo de Cuenca se describe heráldicamente de la siguiente manera: En un campo de gules (rojo), un cáliz de oro sumado de una estrella de ocho puntas de plata. Al timbre corona real antigua, abierta, compuesta por un círculo de oro engastado de piedras preciosas que sostiene ocho florones, visibles cinco, interpolado de perlas. Tradicionalmente, se ha explicado esta composición suponiendo que estas fueran las armas entregadas por Alfonso VIII a la ciudad, significando el rojo la sangre que conllevó la toma de la ciudad, la estrella por haber comenzado el sitio el día de la Epifanía y el cáliz por haberse consumado este el día de san Mateo. No obstante, la investigación heráldica ha confirmado que, en una primera etapa, el cáliz no sería tal sino un cuenco, arma parlante de Cuenca al menos desde tiempos de Alfonso X. En tiempos de los Reyes Católicos, se extiende la costumbre de modificar los emblemas tradicionales por otros más ornados, por lo que el cuenco se transforma en cáliz. La estrella quizás tenga su origen en el emblema del reino de Toledo, habiendo variado el número de sus puntas entre seis y ocho a lo largo de los siglos. También está la leyenda de que, el 6 de enero de 1177 cuando el rey Alfonso VIII asediaba la ciudad para liberarla de los árabes, se apareció la Virgen en forma de luminaria celeste. De hecho, sus reiterados paseos por el campamento de Alfonso VIII, y después de dos reconocimientos, la convertirían en la patrona de la ciudad, Nuestra Señora de la Luz, y en el nuevo escudo de Cuenca figuraría una estrella flotando sobre un cáliz.

Geografía La ciudad de Cuenca se divide en dos zonas bien diferenciadas: la ciudad antigua y la ciudad nueva. La primera está situada sobre un cerro rocoso bordeado por las hoces del río Júcar al norte y su afluente el río Huécar al sur. Este último río desemboca en la parte baja de la ciudad antigua, un poco antes del llamado puente de San Antón. Al oeste y sur de la ciudad antigua, y separada por el río Huécar, se extiende la ciudad nueva en dirección N-S, con su centro neurálgico en la calle de Carretería. El centro de la ciudad se encuentra a 997 m sobre el nivel del mar. La altitud de la ciudad (la zona urbana) oscila entre los 905 m de altitud de la ciudad nueva y los poco más de 1060 m de la parte más alta de la ciudad antigua. Sin embargo, la altitud del municipio varía entre los 869 m en el último tramo del río Júcar en el municipio, hasta los 1864 m en el cerro Mogorrita, coincidiendo con el punto más alto de la provincia de Cuenca y situado al norte de ella, en la serranía de Cuenca y a unos 43 km de la ciudad.

miniatura|izquierda|Vista aérea de Cuenca miniatura|Hoja 610-III del Mapa Topográfico Nacional correspondiente a Cuenca

Clima De acuerdo con la clasificación climática de Köppen, el clima de Cuenca es mediterráneo (Csa), pudiéndose considerar mediterráneo continentalizado por tener una amplitud térmica notablemente mayor que en la costa. Las temperaturas son suaves en invierno y muy calurosas en verano, y una importante oscilación térmica diaria durante todo el año, más acusada en los meses cálidos, en especial los estivales. Presenta un mínimo de lluvias en los meses de verano, las cuales suelen caer en otoño o a lo largo del año en episodios de tormenta que transportan humedad desde el mar mediterráneo. La localidad es vulnerable al cambio climático, que tiende a agravar las sequías y generar una tendencia hacia un clima mediterráneo seco, subtipo del clima mediterráneo y semiárido cálido. Los récords de temperatura registrados en el Observatorio de Cuenca son los 39,7 °C del 10 de agosto de 2012 y los -17,8 °C del 3 de enero de 1971, lo que le atribuye una oscilación térmica absoluta de 57,5 °C.

Medio ambiente Gran parte de la provincia conquense está ocupada por fincas improductivas o tierras de cultivo. Está muy expandido el ecosistema de estepa ibérica. Es espacialmente común el cultivo del olivar, que es el cultivo tradicional que mejor resiste el seco y caluroso clima manchego

No obstante, en las hoces del Júcar y del Huécar puede encontrarse otro tipo de vegetación, dominada por grandes arboledas de álamos, olmos y sauces. Estos últimos conforman densos bosques de ribera que son exclusivos de la capital.

miniatura|Vegetación en la hoz del Júcar

Historia

Prehistoria y Edad Antigua Los primeros vestigios humanos de la provincia de Cuenca datan del Paleolítico Superior, en torno al 90  Las principales tribus de la zona parece que fueron en un principio los beribraces, que se dedicaban al pastoreo, y los arévacos, agricultores, y llegaron luego los olcades, de carácter indómito y guerrero, que tomaron el control de la mayor parte de la actual provincia, y los lobetanos, pastores y agricultores, que tenían su capital en Lobetum. Ya en época romana la serranía conquense, se vio envuelta en varias de las guerras celtíberas. Si bien en la provincia existieron tres importantes ciudades romanas (Segóbriga, Ercávica y Valeria), la zona de la capital estuvo muy poco poblada, habiéndose hallado tan solo vestigios de un pequeño asentamiento cercano al puente del Castellar.

Edad Media miniatura|Caja de marfil, realizada en el taller de Cuenca hacia 1050. Museo del Louvre

El esquema poblacional romano se perpetuó a la llegada de las invasiones bárbaras, aunque ya con un declive de los centros urbanos romanos. Durante la posterior invasión musulmana aparece constancia de poblamiento en el emplazamiento actual de Cuenca. Aunque no está clara su fundación, ya existía en el año 784 la ciudad de Qūnka o Kūnka, favorecida por la base que establecieron los Banu Di-l-Nun, e integrada en la cora de Santaver. La plaza fue creciendo en importancia y población, hasta que consiguió convertirse en capital de la cora. No obstante, al caer el califato de Córdoba en 1031, quedó integrada en la Taifa de Toledo, sirviendo de puente para la conquista de los reinos de Valencia y Córdoba. Como consecuencia de la derrota de Alfonso VI en Sagrajas, el rey sevillano Al-Mu'tamid aprovechó para adueñarse de Cuenca; pero, en 1091, los almorávides atacaron Sevilla y el rey Al-Mutamid se vio obligado a pedir ayuda al rey leonés. En 1108, Cuenca pasó al control de los almorávides tras la batalla de Uclés.

Según la tradición, Alfonso VIII puso cerco a la ciudad el día de la Epifanía de 1177 y entró triunfante en Cuenca el 21 de septiembre del mismo año. La población se distribuyó dentro de la ciudad de acuerdo con su religión: los musulmanes quedaron relegados a la zona del alcázar (actual plaza de Mangana), mientras que la judería se estableció en torno a la actual calle de Zapaterías y el resto de la ciudad se dividió en parroquias católicas. Una vez acabada la conquista, se constituyó un concejo y una sede episcopal y se llevó a cabo una campaña de repoblación, favorecida por el Fuero de Cuenca, que fue el prototipo de muchos de los subsiguientes fueros de Castilla, León, Aragón y Portugal. Alfonso X le concedió título de ciudad en 1257. Durante los siglos y se empezó a configurar la parte baja de la ciudad, apareciendo los barrios de San Antón y de Tiradores. En el marco de las disputas entre el rey Alfonso XI y Don Juan Manuel, Cuenca llegó a formar parte durante algunos años del señorío de Villena, volviendo a pertenecer al rey cuando este le otorgó plena amnistía al señor de Villena. La ciudad fue asediada varias veces por los aragoneses, pero nunca llegaron a tomarla.

Edad Moderna miniatura|Vista panorámica de Cuenca en 1565, según dibujo de Anthonis van den Wijngaerde