miniatura|Reina del Encuentro Glorioso
La Semana Santa de Torrente se lleva celebrando desde el y destaca principalmente por elementos como la Reina del Encuentro y Ángel de la Resurrección, una figura única en España. En ella, se rememora la pasión, la victoria sobre la muerte de Jesucristo y su resurrección. Además, congrega año tras años a miles de asistentes que disfrutan de sus emotivas procesiones. Por ello, la Semana Santa de Torrente, ha sido declarada Fiesta de Interés Turístico Autonómico por la Consejería de Turismo de la Comunidad Valenciana.
Para entender la Semana Santa torrentina primero hay que ver sus antecedentes, los cuales se remontan a la fundación de la Cofradía de la Virgen de la Soledad, probablemente en la segunda mitad del por el auge que estaban cogiendo las cofradías de penitencia tras el Concilio de Trento.
Los estatutos de la cofradía mencionada anteriormente aprobados el 25 de marzo de 1591 dan una visión de como era la organización externa e interna de la Semana Santa torrentina. La actividad más importante que realizaba la cofradía era la "professó de disiplinats", acto que se llevaba a cabo el Viernes Santo y que es la casilla de salida de una larga tradición de carácter religioso que se desarrolla en Torrente en los días de pasión y muerte de Jesucristo. La "professó de disiplinats" era una procesión que partía desde la Ermita de Ntra. Sra. de Monte-Sión o desde donde la cofradía veía correcto. La procesión, además de recorrer todo el municipio de Torrente, se acercaba a las poblaciones vecinas de Alacuás y Aldaya. Durante el recorrido de la procesión, se iban recogiendo limosnas para asumir los gastos que generaba la procesión y para las diferentes obras de caridad que realizaba la cofradía.
Dentro de la cofradía había distintos cargos, cada uno con una función, el más importante el del clavari, encargado de llevar las cuentas durante su año de mandato y de proporcionar la vestimenta de salida a todos los cantores que fueran a la procesión del Viernes Santo. A lo largo del año se reunían en tres ocasiones para organizar los actos de la Semana Santa. Ingresar en la cofradía era totalmente libre, solo había que pagar una cuota de entrada, que en los hombres era de tres sueldos mientras que en las mujeres era de seis dineros.
El desarrollo y las actividades posteriores de la cofradía son difíciles de determinar por la falta de documentación, pero todo hace apuntar que a mediados del se produjo la desaparición de la cofradía de la Virgen de la Soledad, haciéndose cargo de las celebraciones religiosas el Ayuntamiento. Llegado el mes de marzo o abril, según marcan las actas municipales del Cabildo del periodo marcado entre 1780 y 1800, la corporación municipal era la encargada de nombrar a los clavarios de la Virgen de la Soledad y a los encargados de llevar al Santo Cristo, al Santo Sepulcro y los arregladores de la procesión. El Ayuntamiento también se hacía cargo de los gastos para la utilización de cera, la banda de música o de la vestimenta.
En las primeras décadas del y antes del inicio de la Guerra Civil, se cuentan con muchos más documentos que narran el desarrollo de la Semana Santa Torrentina en esos años.
En la procesión del Santo Entierro únicamente procesionaron cuatro imágenes: El Santísimo Cristo Crucificado, que se encontraba en el coro de la iglesia del Convento, el Divino Nazareno, obra del imaginero Juan Martínez Montañés, el Cristo Yacente en el sepulcro y la Virgen de la Soledad. Además también apuntan que en los años en los que los clavarios se sentían 'espléndidos', en las procesiones se podían ver una serie de personajes bíblicos. En la procesión del Santo Entierro participaba toda la población, desde los más jóvenes hasta los más mayores. En 1928 y en 1930 surgían las hermandades de Nuestra Señora de los Dolores y el Santo Sepulcro respectivamente, este hecho marca una nueva etapa que se desarrollará tras el final de la Guerra Civil.
Durante la II República, los actos religiosos se celebraban dentro de la Iglesia y con la llegada de la Guerra Civil no se realizaron ningún acto.
Tras la finalización de la Guerra Civil (1939), se restablecieron las hermandades ya existentes y aparecieron otras nuevas. El punto de inicio lo marca el vía crucis del Viernes Santo del año 1940 donde los hermanos de la hermandad de la Virgen de los Dolores y del Santo Sepulcro, proponen instaurar de nuevo dichas cofradías. Esto llevó a que en años posteriores surgieran nuevas hermandades y la creación de la Junta Central de Hermandades.
La primera junta se constituye en el año 1944 bajo la presidencia de Ricardo Ferraro, y en los siguientes años el cargo de presidente fue cambiando. El funcionamiento de la Junta quedaba ligado a su propio reglamento que se aprobó en el año 1944, formado por un total de 52 artículos divididos en diez capítulos. Una de las primeras acciones que hace la Junta Central de Hermandades es la construcción del calvario público, que tenía que situarse en las "Eres del Covent". Su bendición se llevó a cabo el Domingo de Ramos de 1944. La función principal de la Junta Central era la de organizar las celebraciones de la Semana Santa, con actos ya realizados en años anteriores como el Santo Entierro y otros totalmente nuevos.
Con el paso de los años se fueron creando nuevas hermandades, pero también con el paso del tiempo algunas hermandades entraron en crisis, con una gran reducción de miembros en sus filas, e incluso algunas de estas hermandades dejaron de salir. Todo esto fue porque el órgano aglutinador de la Semana Santa, en este caso la Junta Central de Hermandades, no estaba funcionando como debía.
En 1965, hay un punto de inflexión. Varios miembros de diferentes hermandades decidieron convocar una reunión. Esta reunión supuso el comienzo de una gran reestructuración de la Junta Central. Con la llegada de la nueva Junta se retoma el acto del pregón de la Semana Santa que entre 1951 y 1964 se había dejado de celebrar y también se retomó la publicación de la Revista de la Semana Santa. A partir de 1967 se incorporaron nuevos actos a la Semana Santa como el traslado procesional de penitencia de la Hermandad de la Vera Cruz el Viernes Santo o el Encuentro de la Verónica con Jesucristo en la noche del Miércoles Santo organizado por la Hermandad de la Santa Faz y con la participación de varias hermandades.
Por la iniciativa de los presidentes de la Semana Santa de Torrente, en el año 1975 aparece la idea de crear la Junta de Hermandades de Semana Santa de la provincia de Valencia, hoy en día Junta Diocesana, con el único objetivo de unificar criterios y ofrecer soluciones a los problemas comunes. En 1976 se celebró una primera reunión donde se adoptaron importantes acuerdos y en noviembre de ese mismo año se eligió la primera junta, bajo la presidencia de Alfredo Costa Alonso.
Durante la década de los ochenta es cuando la Semana Santa Torrentina alcanzó su mayor auge. Gran culpa de ello tiene la incorporación de la mujer, que años atrás no podía participar. Por iniciativa también de esta nueva Junta Central, en el año 1982, se celebra en Torrent la I Exposición de Hermandades de Semana Santa de la Provincia de Valencia. A raíz del gran éxito que obtuvo, dos años más tarde, en 1984, se desarrolla en Torrente la IX Asamblea de la Junta de Hermandades de Semana Santa de la Provincia de Valencia. Además se incorporaron nuevos pasos a las hermandades y apareció una nueva hermandad al final de los 80, la Hermandad del Divino Costado de Cristo.
En mayo de 1991 se convocan de nuevo elecciones para la nueva presidencia de la Junta Central. En años posteriores se siguieron realizando exposiciones como la de "Semana Santa Torrentina: 45 años de Historia gráfica" o la llegada de nuevas hermandades como es el caso de la Hermandad de Jesús de Medinaceli y la Hermandad del Prendimiento de Jesús.
Reina del Encuentro y Ángel de la Resurrección La Reina de Encuentro y Ángel de la Resurrección es una figura única y exclusiva de Torrente en la tradición de Semana Santa de toda España. Históricamente, representa fidedignamente a la Virreina de Valencia Doña Germana de Foix y su misión es anunciar que Cristo ha resucitado. Según cuenta la tradición, la Virreina presidió una vez en el el acto del encuentro entre Jesús y la Virgen y estipuló que, a partir de ese momento, una joven del pueblo debía representarle cuando ella no estuviera presente. Desde entonces, cada año sale una Reina de una hermandad distinta, debiéndole hacer su cofradía la escolta. Originariamente, ésta era elegida entre los familiares de los clavarios o por el Ayuntamiento.
Por ello, cada Domingo de Resurrección las calles de Torrente se llenan de religiosidad, colorido y emoción para asistir la Procesión del Encuentro Glorioso. En ella, la Reina del Encuentro parte desde la Parroquia de la Virgen de Monte-Sion hasta llegar a la Plaza Mayor, donde se emplaza el reencuentro la Virgen María y Jesucristo. En ese reencuentro, la Reina simboliza el Ángel de la Resurrección. Porta un estandarte donde se lee "Aleluya" y va acompañada de camareras y pajes que le sujetan la cola del vestido. Además, ese séquito porta palmas y cofres que guardan palomas. En el preciso momento del Encuentro, la Reina, después de recitar una poesía, pregona las siguientes palabras: ¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya, aleluya, aleluya!
Al finalizar el acto, se abre la carxofa, existente en Torrente desde mediados del siglo pasado. La que se utiliza actualmente se construyó en 2007 y se sostiene por medio de una estructura formada por dos torres elevadoras de hasta seis metros de altura con unos pies para el anclaje. Después, se ponen en libertad palomas con las plumas colores y se lanzan desde los balcones unos pequeños papeles de colores llamados ‘Aleluyas’. Éstos contienen impresas pequeñas poesías que exaltan a la Reina del Encuentro o que hablan desde la ironía sobre las hermandades de Semana Santa o la actualidad política local
Hermandades de Torrente
Hermandad de la Santa Cena y Caballeros del Santo Cáliz: Con Sede Canónica en la Parroquia de San José, para entender la constitución de la Hermandad de la Santa Cena hay que remontarse hasta 1953, cuando varios ciudadanos de Torrente propusieron la creación de una nueva hermandad en el barrio del "poble nou". El 7 de abril de 1953 tiene lugar una reunión con todos los vecinos del barrio que estaban interesados en formar esta nueva hermandad y tras un consenso se llegó a la decisión de que la nueva hermandad sea la Santa Cena. Para obtener fondos que tan necesarios eran para la creación de la hermandad, se realizaron rifas por la barriada. De esta manera, en la Semana Santa de 1954 desfilaba por primera la Santa Cena. Por la gran labor de esta hermandad en su primer año de creación, se incorporó a la Archicofradía del Santo Cáliz de Valencia. Las imágenes escultóricas son autoría de José María Farinós por un precio de 52.000 pesetas, y han sido intervenidas por restauradores en varias ocasiones. El 15 de octubre de 2013 se firma un contrato con José María Molina Palazón para realizar un nuevo misterio. En el año 2000 se inició un nuevo proyecto, el del Santo Cáliz, realizado por los hermanos Piró.