El Edificio Flatiron (), originalmente conocido como Edificio Fuller (), es un edificio histórico de veintidós plantas y de altura situado en el 175 de la Quinta Avenida, en el homónimo Flatiron District del borough de Manhattan de Nueva York (Estados Unidos). Diseñado por Daniel Burnham y Frederick Dinkelberg, se convirtió en uno de los edificios más altos de la ciudad tras su finalización en 1902, y también fue durante varios años uno de los solo dos «rascacielos» situados al norte de la calle 14; el otro era la cercana Metropolitan Life Insurance Company Tower, completada en 1909. El edificio ocupa una manzana triangular rodeada por la Quinta Avenida, Broadway y la calle 22 —hacia la que da su lado trasero, de de longitud—, mientras que la calle 23 pasa junto al vértice norte del triángulo, de dos metros. Al igual que numerosos otros edificios con forma de cuña en países de habla inglesa, su nombre procede de su parecido con una plancha de ropa ().
Considerado «uno de los rascacielos más emblemáticos del mundo y un símbolo esencial de Nueva York», el edificio se encuentra en el lado sur de Madison Square y en el extremo norte del distrito histórico de Ladies' Mile. También da su nombre al barrio que lo rodea, el Flatiron District. El edificio fue designado monumento de Nueva York en 1966, añadido al Registro Nacional de Lugares Históricos en 1979 y declarado Hito Histórico Nacional en 1989.
Parcela El Edificio Flatiron se encuentra en una manzana triangular rodeada por la Quinta Avenida al oeste, Broadway al este y la calle 22 al sur. Debido al recorrido diagonal de Broadway respecto a la cuadrícula de calles de Manhattan, las fachadas occidental y oriental del edificio convergen, formando un «pico» en su esquina norte, donde la Quinta Avenida y Broadway se cruzan con la calle 23. Al norte se encuentra el Toy Center y al sureste, el edificio de apartamentos Madison Green. El Edificio Flatiron también forma parte del distrito histórico de Ladies' Mile.. Junto al edificio hay una entrada a la estación de la calle 23 del Metro de Nueva York, servida por los trenes R y W.
Uso previo Entre 1853 y 1854 se construyó en el extremo sur de la parcela el St. Germain Hotel (escrito en ocasiones St. Germaine).. Toda la manzana fue comprada en 1857 por el inversor inmobiliario Amos Eno, que poco después construyó también el Fifth Avenue Hotel en una parcela opuesta diagonalmente. Eno derribó el St. Germain Hotel y lo sustituyó por un edificio de apartamentos de siete plantas, el Cumberland; en el resto de la parcela construyó cuatro edificios de tres plantas, dedicados a uso comercial. Esto dejó al descubierto cuatro plantas de la fachada norte del Cumberland, que Eno alquiló a anunciantes, incluido The New York Times, que instaló un letrero con luces eléctricas. Posteriormente Eno instaló una pantalla de lona en la fachada, y proyectaba anuncios e imágenes en ella usando una linterna mágica colocada en la azotea de uno de los edificios más bajos. Tanto el Times como el New York Tribune empezaron a usar esta pantalla para proyectar boletines informativos, y en las noches de elecciones decenas de miles de personas se reunían en Madison Square para contemplar los últimos resultados.
Durante su vida Eno se resistió a las sugerencias de que vendiera la «plancha de Eno» (), nombre con el que se había dado a conocer la parcela, pero tras su muerte en 1899 sus activos fueron liquidados y la parcela se puso a la venta. La Asamblea Estatal de Nueva York asignó 3 millones de dólares para que la ciudad la comprara, pero esto se vino abajo cuando un periodista descubrió que pretendían adquirirla a un precio superior al de mercado para recibir en sobornos parte de la diferencia, un plan ideado por Richard Croker, el entonces líder de Tammany Hall. Finalmente, la parcela fue comprada en una subasta por William Eno, uno de los hijos de Amos, por 690 000 dólares; su padre la había comprado por unos 30 000 dólares unos cuarenta años antes. Tres semanas después, William revendió la parcela a Samuel y Mott Newhouse por 801 000 dólares. Los Newhouse pretendían levantar un edificio de doce plantas con tiendas en la planta baja y apartamentos para solteros en las plantas superiores.
Historia En 1901, la familia Newhouse vendió la parcela por unos 2 millones de dólares a la Cumberland Realty Company, una sociedad de inversión fundada por Harry S. Black, el director ejecutivo de la Fuller Company. La Fuller Company fue el primer verdadero contratista general que se ocupaba de todos los aspectos de la construcción de edificios excepto su diseño, y se había especializado en la construcción de rascacielos. Black pretendía construir en la parcela la nueva sede de la empresa, pese al reciente deterioro del barrio que la rodeaba, y contrató a Burnham para que diseñara el edificio, que sería el primero del arquitecto en Nueva York, así como el primer rascacielos al norte de la calle 14. Iba a llamarse Edificio Fuller en honor a George A. Fuller, el fundador de la Fuller Company y «padre de los rascacielos», que había fallecido dos años antes. Sin embargo, los neoyorquinos siguieron llamándolo «The Flatiron», nombre que posteriormente se hizo oficial.
alt=A diagram depicting the phases of the Flatiron Building's construction|right|miniaturadeimagen|Fases de la construcción. Construcción thumb|right|El edificio en torno a 1903. La construcción del edificio procedió a un ritmo muy rápido. El acero fue pre-cortado tan meticulosamente que la estructura subía al ritmo de una planta por semana. En febrero de 1902 la estructura ya estaba completa, y a mediados de mayo la mitad de la fachada estaba revestida con baldosas de terracota. El edificio se completó en junio de 1902, después de un año de construcción.
El Edificio Flatiron no fue el primer edificio de planta triangular: aparte de un templo romano triangular construido en una parcela similar en la ciudad de Verulamium (Britania), destacan el Maryland Inn (1782) de Annapolis, la Casa Scaccabarozzi (1840) de Turín (Italia), el Granger Block (1869) de Syracuse (Nueva York), la Bridge House (1875) de Leeds (Reino Unido), el I.O.O.F. Centennial Building (1876) de Alpena (Míchigan), el Phelan Building (1881) de San Francisco, el Palacio de la Equitativa (1891) de Madrid, el Gooderham Building (1892) de Toronto, y el English-American Building (1897) de Atlanta. Todos ellos, sin embargo, son más pequeños que su homólogo neoyorquino.
Tras su finalización, se añadieron dos elementos al Edificio Flatiron. El primero de ellos es el espacio comercial «apartavacas» en su parte delantera, añadido para aprovechar al máximo la parcela y generar ingresos adicionales por insistencia de Harry Black, pese a las objeciones de Burnham. El segundo elemento añadido al edificio que no estaba previsto en su proyecto original es el ático, construido después de que se hubiera completado el resto del edificio para que fuera usado como estudios de artistas, y que pronto sería alquilado a artistas como Louis Fancher, muchos de los cuales contribuyeron a las revistas pulp que se producían en las oficinas del edificio.
Respuesta inicial El Edificio Flatiron se convirtió en un icono de Nueva York. La respuesta del público fue entusiasta, pero las críticas de la época no fueron totalmente positivas; los elogios que cosechó a menudo eran únicamente por la astucia de su ingeniería. Montgomery Schuyler, editor de Architectural Record, dijo que su «rareza está completamente sin disimular […] si no hubiera sido incluso agravada por el tratamiento de la punta, que parece un agravante caprichoso de la inherente rareza de la situación».Architectural Record (octubre de 1902), citado en . Schuyler alabó la fachada del edificio y sus detalles en terracota, pero cuestionó la practicidad de su gran número de ventanas: «[El inquilino] puede, quizás, encontrar espacio en la pared para colocar un escritorio de tapa enrollable sin que se solape con las ventanas, con luz cerca por delante y por detrás y a cada lado, pero supongamos que necesita una librería. Sin duda tiene un lugar muy apropiado para ver procesiones, pero, ¿y para la transacción de los negocios?»
alt=Sur le Flatiron, Albert Gleizes, gouache and ink (1916)|right|miniaturadeimagen|Sur le Flatiron, Albert Gleizes, gouache y tinta (1916). Cuando se construyó, generó reacciones encontradas. Su crítica más común —que lo describía como la «locura de Burnham» ()— se centraba en su estructura, sobre la base de que la combinación de su forma triangular y su altura haría que el edificio se derrumbara. Los críticos también afirmaban que el edificio creaba un peligroso túnel de viento en la intersección de las dos calles, que podría llegar a derribarlo. En 1902 se culpó a la forma del edificio de la muerte de un mensajero en bicicleta, que fue lanzado a la calzada por el viento y atropellado por un automóvil. Sin embargo, en realidad el edificio había sido diseñado para soportar cuatro veces las cargas típicas del viento.
El New York Tribune describió el nuevo edificio como «un trozo de pastel tacaño» y como «el mayor alborotador inanimado de Nueva York», mientras que la Sociedad Municipal de Arte consideraba que era «inadecuado para estar en el centro de la ciudad». The New York Times lo llamó una «monstruosidad». Sin embargo, algunos lo veían de una manera diferente. El futurista H. G. Wells escribió en su libro de 1906 The Future in America: A Search After Realities: «Me encontré boquiabierto, admirando un rascacielos, la proa del Edificio Flatiron en concreto, surcando el tráfico de Broadway y la Quinta Avenida a la luz de la tarde».
El Edificio Flatiron atraería la atención de numerosos artistas. Fue objeto de una de las fotografías brumosas de Edward Steichen, tomadas en una húmeda tarde de invierno de 1904, así como de una memorable imagen de Alfred Stieglitz tomada el año antes, a quien Steichen pretendía rendir homenaje. Stieglitz reflexionó sobre el dinámico simbolismo del edificio, observando después de verlo durante una nevada que «parecía moverse hacia mí como la proa de un enorme barco de vapor: una imagen de una nueva América todavía en proceso de fabricación». También afirmó que era para Nueva York lo que el Partenón era para Atenas. Cuando se publicó la fotografía de Stieglitz en Camera Work, su amigo Sadakichi Hartmann, un escritor, pintor y fotógrafo, la acompañó con un ensayo sobre el edificio en el que escribió: «Una curiosa creación, sin duda, pero ¿puede ser considerada bella? La belleza es una idea muy abstracta [...] ¿Por qué no ha de llegar el momento en el que la mayoría, sin dudarlo, pronunciarán el Flatiron como una cosa de belleza?»
alt=A 1892 movie showing street life and the Flatiron Building|miniaturadeimagen|Vídeo mostrando la vida en la calle y el Edificio Flatiron en 1902. alt=A 1919 image of the 165th Infantry Regiment passing through Madison Square's Victory Arch. The Flatiron Building is in the background.|miniaturadeimagen|Después del final de la Primera Guerra Mundial, el 165.º Regimiento de Infantería pasa bajo el Arco de la Victoria en Madison Square, con el Edificio Flatiron al fondo (1919). Además de Stieglitz y Steichen, el Flatiron ha sido representado en obras de fotógrafos como Alvin Langdon Coburn y Jessie Tarbox Beals, pintores de la escuela de Ashcan como John Sloan, Everett Shinn o Ernest Lawson, así como Paul Cornoyer y Childe Hassam, el litógrafo Joseph Pennell, el ilustrador John Edward Jackson y el pintor cubista francés Albert Gleizes. No obstante, incluso décadas después de su construcción, algunos no podían aceptar el edificio. El escultor William Ordway Partridge comentó en 1939 que era «una desgracia para nuestra ciudad, una ofensa para nuestro sentido de lo artístico, y una amenaza para la vida».The New Yorker (12 de agosto de 1939), citado en .
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