El Museo Santa Clara ocupa el espacio del antiguo templo del Real Convento de Santa Clara, construido en 1647. Se encuentra ubicado en el centro histórico de Bogotá, en la carrera 8 n.º 8-91. Cuenta con una amplia colección de pinturas y esculturas de los siglos , , y . El edificio se considera una de las muestras más representativas de la arquitectura y el ornato barrocos de los siglos y en Bogotá. Este museo es una entidad del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes
thumb|250px|Museo de santa clara de cerca.
El Museo, albergado en uno de los templos que pertenecieron a las comunidades religiosas femeninas del período colonial, no solo posee una amplia colección colonial que cuenta con obras de Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos, Gaspar y Baltasar de Figueroa y Agustín García Zorro de Useche entre otros, sino que también posee muestras de pintura mural esparcidas en los coros, el presbiterio, el arco toral y la sacristía, con motivos zoomorfos, fitomorfos y algunas representaciones de santos y ángeles. Así mismo, el museo ha albergado diversas exposiciones de arte contemporáneo, con las cuales se busca tender relaciones entre la expresión artística y los problemas actuales, y el ornato y la cultura propios del periodo colonial.
Historia thumb|right|200px|Letrero a la entrada de la construcción nombrando la iglesia como "Bien de interés cultural" por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes
Principios El antiguo templo, hoy museo de Santa Clara, perteneció a la orden femenina franciscana de las Clarisas que se fundó en Santa Fe de Bogotá en el año de 1629. Fue construido por el arquitecto español Matías de Santiago, su obra se inició en 1619 concluyéndose en 1647. En cuanto a su ornato interno se puede decir que el templo contó con dos etapas decorativas: una primera (que abarca todo el y parte del XVIII) en la que se evidenciaba pintura mural en todo el templo, y una segunda, ubicada en la segunda mitad del XVIII, en la que se evidencia el enchape en madera adosado a los muros y la conformación definitiva de su conjunto pictórico, escultórico y retablístico.
La construcción tanto de la iglesia como del convento fueron auspiciadas por el arzobispo de la ciudad, Fernando Arias de Ugarte, quien realizó las gestiones pertinentes para fundar en la ciudad de Santa Fe el tercer convento femenino y el cuarto de clarisas del Nuevo Reino de Granada, esto con el fin de albergar en su recinto a las doncellas y viudas santafereñas bien fueran criollas o venidas de la península ibérica. En medio de la construcción del convento, el 7 de enero de 1630 el pueblo santafereño fue partícipe de la solemne procesión que partiendo de la iglesia del Carmen llegó hasta las puertas del convento de Santa Clara con las primeras 24 religiosas que allí tomarían los hábitos. Con este acto se abrieron las puertas del convento de Santa Clara como convento de clausura.
Vida en clausura El convento de Santa Clara, como lugar de clausura, recibió a muchas de las mujeres que residían en Santafé, albergándolas hasta su muerte. En el periodo colonial (siglos al ) las mujeres comúnmente eran entregadas por sus padres como monjas. Por aquel entonces era costoso casar a una hija, puesto que los padres de la mujer eran quienes corrían con los gastos de las ceremonias, así como con la llamada “dote”: una suma de dinero y bienes que se entregaban al futuro esposo para la manutención de ella. Por esta razón las familias que contaban con dos o más hijas, y pocos recursos económicos, preferían enviarlas al convento, evitando asumir los gastos que acarreaba un matrimonio.
Sin embargo, esto no significa que el convento no cobrara dinero alguno por el ingreso de una novicia, lo que ocurría era que la suma que solicitaba el convento como “dote” para el mantenimiento de la nueva religiosa era muy inferior al que se podría pagar en aquella época por un matrimonio. Gracias a ello, el destino de un alto porcentaje de las mujeres coloniales era la clausura conventual, lo cual legaba a conventos como el de Santa Clara buenas sumas de dinero y bienes, así como una población de monjas y novicias muy superiores a la que podríamos ver hoy en día en un convento.
Biografía de Santa Clara La orden de Santa Clara fue fundada en 1212 por una noble rica nacida en Asís (Italia) en 1194 llamada Clara. Cuenta la historia que ella, junto con su hermana y algunas jóvenes amigas, decidió abandonar su riqueza para dedicarse a una vida de oración y pobreza, acompañando en su trasegar a un joven que predicaba la humildad y al cual luego se le conocería como San Francisco de Asís. Las clarisas, como se les conoce desde entonces, adoptaron las reglas de la vida franciscana y a lo largo del tiempo se multiplicaron en toda Europa. En principio las clarisas se ubicaron en la Capilla de San Damián cerca de Asís, posteriormente en 1215 el propio San Francisco nombra a Clara superiora del convento donde se encontraba; en 1223 ella escribe las doctrinas y órdenes de las clarisas basadas en las de San Francisco pero adecuadas para mujeres. Tras el descubrimiento y la posterior conquista del territorio americano las clarisas arriban al Nuevo Mundo como extensión femenina de los Franciscanos. En cuanto a Clara, la fundadora, fue declarada santa en el y su orden sirvió en ciudades como Santafé para acoger, dentro de una clausura regulada por los votos de pobreza y castidad, a las mujeres solteras o viudas que no debían mantenerse solas según la lógica colonial.
Restauración Con la Ley de Desamortización de Bienes de Manos Muertas, expedida por el presidente Tomás Cipriano de Mosquera en 1863, la iglesia y el convento fueron expropiados a las clarisas. El templo pasó durante un tiempo a manos del Estado y finalmente fue entregado a la Congregación del Sagrado Corazón de Jesús para que lo administrara. A pesar de que durante la Regeneración la iglesia fue devuelta a sus dueñas originales nunca volvió a ser ocupado por las clarisas. El antiguo convento, por el contrario, fue transformado en la sede de la Imprenta Nacional y demolido a principios del para dar paso a la edificación que primero albergaría a la Escuela de Bellas Artes y luego a la facultad de Derecho de la Universidad Nacional. Actualmente el edificio que se ubica donde se hallaba el convento es parte del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, y allí funciona la Dirección de Patrimonio de dicha institución.
En la década de 1960 surgió por primera vez la idea de transformar la iglesia en un museo. El objetivo era fundar un Museo de Historia del Arte en el edificio que antiguamente había sido convento y transformar la iglesia en una sala más de este espacio. Para este fin se creó en 1968 la Fundación Santa Clara, establecida a partir de una alianza entre la Universidad Nacional y el Distrito Especial de Bogotá, encargada de administrar la antigua iglesia para transformarla en museo. Finalmente en 1973 el gobierno adquiere la iglesia con todas sus obras, comprándoles el predio a las monjas clarisas. El edificio fue desacralizado por decreto de la arquidiócesis de Bogotá y desde ese entonces no se llevan a cabo servicios religiosos. En 1975 COLCULTURA inició un largo y delicado proceso de restauración de la antigua iglesia y de casi todas sus pinturas y esculturas. En esos años Santa Clara fue un laboratorio para el recién creado Centro Nacional de Restauración. Estas labores terminaron en 1983, año en el cual se inauguró el Museo Santa Clara.
Actualidad En la última década el Museo Santa Clara se ha situado no sólo como un referente museístico relacionado con la cultura colonial, sino también como un espacio de exposición abierto al arte contemporáneo. Así mismo en los últimos años, el Museo Santa Clara ha experimentado una renovación museográfica que ha hecho más accesible al público visitante el acercamiento a su historia y a sus colecciones, brindando a partir de mecanismos interactivos información sobre el lugar y los diferentes espacios que la albergan. Cabe señalar que así mismo se han llevado a cabo nuevos estudios y procesos de restauración, que abarcan la pintura mural y el púlpito del antiguo templo, reubicado en su lugar original en abril de 2014.
Arquitectura Herencia Su arquitectura es de estilo Romano, ya que presenta arcos de medio punto, por lo que la iglesia sería del barroco español siendo característico del Barroco Desornamentado al no tener muchas decoraciones en la fachada. La iglesia cuenta solo con una nave, una torre en la parte superior; Desde afuera se ve techo arquitrabado, aunque por dentro el techo forma una bóveda de cañón sin cortes, excepto por un arco de medio punto que separa el presbiterio del resto de la estructura.
El suelo y las paredes están compuestos por materiales de la época de bajo precio ya que en ese tiempo costaba hacer algo muy elaborado; En el interior se puede notar un segundo piso, en las paredes, pilastras y en la parte del fondo una serie de hornacinas donde se encuentran figuras religiosas. El lugar ya ha sido desacralizado aunque conserve estas características y definiciones. Esta es muy parecida en estilo a las demás iglesias coloniales de Bogotá.
Es esta antigua iglesia representativa del templo de orden religioso femenino, de una sola nave de planta rectangular y cubierta abovedada de trece (13) metros de altura, con dos puertas de acceso por el oriente, siguiendo la traza acostumbrada para las iglesias de convento femenino y de acuerdo a las normas emanadas del Concilio de Trento para respetar la arquitectura cerrada de los coros de clausura.
Estilo Se inscribe dentro del Barroco atemperado que distinguió los monumentos coloniales del Nuevo Reino de Granada. Se caracteriza por la carencia de soluciones barrocas en lo espacial y en lo estructural y por manifiesta riqueza decorativa que aquí se hace evidente en la pintura mural y en el profuso recubrimiento de madera tallada y dorada de los retablos, En esta construcción se conjugan elementos de los estilos mudéjar, renacentista y barroco, reflejo de un quehacer artístico muy colonial así como de las condiciones geográficas y sociales de la Bogotá de los siglos y . La traza de la iglesia es obra del Maestro Matías de Santiago, con muros macizos y muy austeros hechos de mampostería en los que se abren escasas ventanas, y rematados en la esquina nororiental por una espadaña de ladrillo.
Decorado thumb|right|270px|Aquí se muestra el interior, con las decoraciones del techo y el presbiterio al fondo. Entre el severo exterior del edificio y su piso interior hay un contraste enormemente llamativo. El techo en bóveda está tachonado de flores de madera doradas (de estilo Barroco) que al tener espacios en azul y amarillo, reflejan los dos colores de la inmaculada concepción. También con retablos en ambas paredes, pintura mural, las celosías estrelladas y una colección de cuadros al óleo, recubren los muros sin dejar un solo espacio vacío.
El interior tiene algo común entre las iglesias coloniales con respecto de los colores principales que se pueden ver en la decoración, y es que son dos principalmente: el rojo y el amarillo. El rojo en la Iglesia católica simboliza la sangre de Cristo, el amarillo en cambio simboliza la ostia de trigo, que representa el cuerpo de cristo.
Existen en algunas partes de las paredes interiores de la iglesia frescos originales del que fueron recubiertos en madera de color rojo con estrellas doradas.
El legado pictórico proviene de los siglos y . Los temas de esta iconografía pertenecen al Antiguo y al Nuevo Testamento, repitiéndose varias veces sus motivos en versiones diferentes.
Son 103 cuadros (muchos de ellos firmados por Gaspar y Baltasar de Figueroa y Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos), 24 tallas en madera estofada con figuras policromas provenientes de los siglos y .
Retratos de las monjas muertas