Agila I (¿?-Mérida, 18 al 31 de marzo de 555) fue elegido rey de los visigodos de Hispania en 549 tras el asesinato de Teudiselo. Su reinado duró hasta 555, año en que fue asesinado.

Biografía Acceso al trono y primeras rebeliones Agila, de sangre estrictamente visigoda, subió al trono a finales de 549, y desde el año siguiente combatió contra Córdoba, probablemente rebelada, aunque Abadal opina que aún no había caído bajo control visigodo (como buena parte de la Bética). Isidoro de Sevilla narra que el rey visigodo profanó la tumba cordobesa del mártir Acisclo, lo cual le reprocha, y lo señala como un hecho poco corriente dentro de la tradicional tolerancia de los reyes arrianos con el catolicismo. Es posible que fuera esta profanación la que motivara la revuelta. Isidoro atribuye más tarde la muerte de Agila a «la intervención de los santos».Isidoro de Sevilla, Historia de los Godos, cap. 47. Translation by Guido Donini and Gordon B. Ford, Isidore of Seville's History of the Goths, Vandals, and Suevi, second revised edition (Leiden: E.J. Brill, 1970), pp. 21f. Heather dates the beginning of this conflict to 550 (The Goths, p. 278)

El rey perdió la primera batalla, un hijo, el grueso del ejército y el tesoro real, debiendo retirarse apresuradamente hacia Mérida, capital de la provincia de Lusitania. Aprovechando la situación se rebeló (551) un noble llamado Atanagildo, quien fijó su residencia en Sevilla, capital de la provincia Bética (o de la parte de esta dominada por los visigodos). Aunque no existe ninguna prueba de relaciones entre los cordobeses y Atanagildo, es muy probable que hubiera una alianza formal o tácita, cuyos términos solo puede intuirse. La idea más generalizada es que, pese a todo, los primeros combates librados en los meses centrales del año no fueron favorables al rebelde, quien a finales del mismo año se vio precisado a buscar nuevos aliados.

Facciones rivales Es probable que los partidarios de Atanagildo fueran miembros de la facción nobiliaria que en su día había apoyado a Teudiselo, que fue asesinado en Sevilla, y Agila encabezase la facción rival, aunque tampoco es peregrino pensar que Agila participó en el asesinato del rey anterior, y que los mismos que en su día lo apoyaron fueron luego sus rivales. La sucesión visigoda no estaba regulada y cuando un rey moría sin dejar hijos o sin haber asentado sólidamente su poder, sus partidarios intentaban que fuera elegido uno de los suyos. Si lo lograban, la situación se mantenía estable, pero si no lo conseguían, quedaban en una situación precaria que fácilmente podía conducirles a la rebelión.

Los fracasos de Agila podrían deberse a la falta del apoyo unánime o entusiasta de la parte de la nobleza que había apoyado antes a Teudis y encumbrado a Teudiselo. Si Agila intentó castigar a esta nobleza dudosa, no podría extrañar que estallara una rebelión y que los nobles colocaran a su frente a uno de ellos, que sería Atanagildo.

Hipótesis sobre la situación en 551 La derrota de Agila en 550 ante Córdoba fue muy grave. La derrota alentaría otras rebeliones. Además, con toda probabilidad, los vascones volvían a asolar el valle del Ebro en la misma época. Seguramente, los cántabros se extendieron hacia La Rioja. Las tribus astures y el distrito de Astúrica debían ser independientes. Si, como se sospecha, Agila encabezaba solamente una facción de la nobleza, debía tener numerosos enemigos. Teudiselo y Teudis simbolizarían el elemento pangodo, más abierto a las influencias externas, mientras que Agila representaría la reacción nacionalista visigoda. Por tanto, es probable que una rebelión contara con el apoyo de los antiguos personajes ostrogodos, que habían optado por la nacionalidad visigoda. Atanagildo sería el hombre que estos personajes escogerían para llevarlo al trono.

La intervención bizantina Según San Isidoro en su Historia Gothorum, Atanagildo solicitó ayuda a los bizantinos, cuyo emperador Justiniano decidió enviar una expedición al mando de Liberio, que había sido prefecto de Teodorico en la Galia Narbonense y que durante su gobierno en dicha provincia fue objeto de un intento de asesinato por parte de algunos visigodos. No obstante, parece que el historiador godo Jordanes sugiere que no fue con Atanagildo con quien se alió el Emperador Justiniano, sino con el legítimo rey Agila o, cuando menos, parece que esta era la versión oficial que difundía la propaganda imperial.Peter Heather, The Goths, p. 278

La sugerencia de Jordanes hace más verosímil el curso de los acontecimientos siguientes. Y de hecho, Justiniano había actuado en dos casos precedentes apoyando al rey legítimo y no a los rebeldes: en 533 intervino en África contra el príncipe usurpador Gelimer y en Italia intervino contra el usurpador Teodato. Es más lógico pensar que si Justiniano deseaba intervenir en Hispania, lo haría apoyando al partido legal. Si hubiera estado dispuesto a hacerlo en forma ilegal, no habría necesitado una pequeña rebelión para hacerlo.

En el verano de 552 (junio o julio según Stein), los bizantinos desembarcaron en el sur o sudeste peninsular con un pequeño contingente, puesto que el grueso de sus fuerzas estaban ocupadas en Italia. Las fuerzas griegas avanzarían en dirección a Sevilla desde el punto de desembarco. Enterado Agila de la llegada de sus presuntos aliados, reunió sus fuerzas y marchó también contra Sevilla.

Basados en las noticias de Isidoro, se supone que las tropas bizantinas, poco numerosas, se dirigieron al encuentro de las fuerzas de Atanagildo (que supuestamente estaban a la defensiva) en Sevilla. Al mismo tiempo, los visigodos al mando de su rey Agila marcharon hacia el sur desde Mérida (se supone, pues, a Agila en disposición de tomar la ofensiva aunque tras la derrota ante Córdoba su debilidad debía ser evidente y alentaba las rebeliones). Las fuerzas enfrentadas libraron una batalla cerca de la capital bética, tras la cual Agila hubo de retirarse (agosto o septiembre de 552).

Agila no hizo movimiento alguno hasta que se acercaron las fuerzas bizantinas. Agila estaba a la defensiva, seguramente esperando a los bizantinos que constituían su única esperanza. Atanagildo, que dominaba ya como mínimo dos provincias, podía haber concluido la guerra en 552, pero seguramente tendría noticias de la inminente llegada de los bizantinos (noticias que los agentes de Agila no dejarían de difundir) y no se atrevería a mover sus tropas de las zonas seguras para no dejar sus territorios desguarnecidos. Al llegar los bizantinos, Agila acudió con sus fuerzas para coger a Atanagildo en una tenaza. Como el contingente bizantino era muy escaso y estaría poco interesado en combatir (o probablemente solo distraía a las fuerzas rebeldes en la región de Cartago Nova), el peso de la batalla recayó en Agila, que, inferior a su rival, fue derrotado. Los bizantinos se fortificarían en algunas ciudades que habían tomado en el momento del desembarco o durante su marcha posterior.

Hipótesis respecto a la alianza bizantina Suponiéndose la derrota de Agila, sus rivales ya dominaban la Bética y la Carthaginense. La situación de las otras dos provincias (Tarraconense y Narbonense) podía depender del inmediato curso de los acontecimiento militares, si es que no se habían decantado también por Atanagildo. Agila no contaba con aliados: los cordobeses le habían combatido; los francos debieron mantenerse neutrales, o fueron favorables a Atanagildo. Solamente quedan los suevos, que por su situación no parece que fueran unos buenos aliados. Por tanto, la única esperanza de Agila, a pesar del peligro que entrañaban, serían los bizantinos.

Suponiéndose derrotado a Atanagildo, este se habría retirado con muy pocas fuerzas a Málaga, o habría sido prácticamente derrotado por completo, debiendo refugiarse en Córdoba, que hubo de ser su aliada, formal o tácitamente. En esta situación, con una problemática ayuda de los suevos y francos, y con Córdoba incapaz de tomar la ofensiva, aún conociendo las precedentes actuaciones bizantinas en el Reino Vándalo y el Reino Ostrogodo, y las no muy lejanas disputas por Ceuta, podría haber optado por pedir ayuda a Bizancio en los últimos meses de 451. Si se estima que no fue así, se debe a que diversos indicios nos hacen pensar que cuando llegaron los bizantinos, Atanagildo dominaba la Bética y la Carthaginense: la batalla se libró muy pronto cerca de Sevilla (a la cual acudió el rey Agila), y cuando los griegos tomaron Cartago Nova por la fuerza, algunos de sus pobladores notables hubieron de huir. Se conoce el destino de uno de ellos, quizás dux, llamado Severiano (padre de Leandro e Isidoro, futuros obispos de la capital bética), quien fue a establecerse precisamente a Sevilla.

Tanto Atanagildo como Agila pudieron realizar una oferta a cambio de la ayuda. Las precedentes intervenciones bizantinas no implicaban cesiones parciales de territorios. Se trataba de restaurar la legalidad, y solo la desaparición de los representantes de esta (Hilderico en África y Amalasunta en Italia) propició la conquista de los reinos. Se ha pensado que Justiniano había recibido la promesa de tal entrega. Pero es casi seguro que esto no sucedió y que Justiniano esperaba, una vez más, valerse de las disputas internas para adueñarse del Reino visigodo. En la hipótesis de que se ofrecieran concesiones de tipo religioso, para Agila estas no parecía probables, y la entrega de la Bética hubiera sido un mal menor preferible a otras concesiones.

Desembarco bizantino Basándose en el relato de San Isidoro, habría de suponerse un desembarco griego en Málaga, donde el derrotado Atanagildo debía encontrarse (desde su derrota en la campaña de 551). Unidas las fuerzas griegas y rebeldes, avanzarían hacia Sevilla, estando dirigidos los bizantinos por Liberio, prefecto del pretorio de Arlés. Pero la situación descrita no es la más probable. Atanagildo estaba muy probablemente en una posición de fuerza. En tal situación el desembarco, aunque también podría haberse producido en Málaga (para desde allí avanzar hacía Sevilla, mientras Agila hacía lo mismo desde Mérida), es más probable que se efectuara en Cartago Nova.

Los bizantinos en Málaga El desembarco en Málaga, caso de producirse en el momento inicial, seguramente tuvo lugar con los bizantinos como aliados de Atanagildo. Málaga formaría parte de la zona de este (quizás su último reducto) y allí se establecieron las fuerzas bizantinas, tal vez de acuerdo con el conde local si, como parece probable, fuese partidario de Atanagildo o, con este mismo, si se encontraba en la ciudad. En todo caso, si el desembarco se produjo en la ciudad de acuerdo con Atanagildo y el conde local, seguramente también quedarían en ella soldados bizantinos para vigilar las naves y mantener los suministros. Las fuerzas visigodas de Málaga y de otros lugares partidarios de Atanagildo, constituían el ejército de este y, por consiguiente, no quedarían fuerzas godas en Málaga. Si los bizantinos la convirtieron en centro de operaciones, es lógico que fueran ellos quienes tuvieran el control de la ciudad, aunque no les correspondiera la soberanía jurídica.

Siempre suponiendo que los bizantinos fueran aliados del capitán rebelde, también podía darse el caso de que la ciudad estuviera ya en poder de Agila (que habría ocupado la mayoría de los territorios rebeldes), en cuyo caso la situación no hubiera variado, pero la toma se habría producido por la fuerza y no de común acuerdo.