José Dionisio Ramón del Carmen Cisneros GuevaraJiménez, G. I. "La batalla entre Páez y Cisneros" . Hechos criollos. Publicado el 11 de agosto de 2016. Consultado el 19 de mayo de 2017. (8 de abril de 1793-8 de enero de 1847) fue el último guerrillero realista contra Venezuela, en defensa de la causa del rey de España hasta su capitulación en 1831, durante la primera mitad del .
Orígenes Nacido en Nuestra Señora del Rosario de Baruta el 8 de abril de 1793, hijo del mestizo Juan Antonio Cisneros y la india tributaria Paula Antonia Guevara. Se crio en el pueblo de Santa Lucía del Tuy, a orillas del río Guaire, y trabajó como arriero de recuas de un tal José García en su villa natal, llevando mercancías entre Caracas, el Alto Llano y los valles del Tuy y de Aragua. Conoció la mayoría de los pueblos del Tuy y los cerros de los Mariches. Es descrito como una persona de conducta irreprensible, casi analfabeto, hábil entendimiento, valiente y de fidelidad heroica.
En 1820 entra a servir como soldado de caballería de la columna del coronel español José Pereira, la que sufrió una derrota el 28 de mayo de 1821 en el cerro Macuto, cerca de Santa Lucía, por el brigadier José Francisco Bermúdez. En la persecución siguiente, Pereira se atrinchera en sus posiciones del cerro El Calvario, sorprende y destroza la división de Bermúdez y recupera Caracas, mientras que Bermúdez, que sufre fuertes perdidas, se retira nuevamente hasta Guarenas, donde recibe la noticia de Carabobo. Al parecer, alcanzó el grado de sargento en las filas del rey.
Después de saber del desastre de Carabobo, el coronel Pereira, militar expedicionario del Valençey, capitula ante el ofrecimiento de Bolívar, y Cisneros deja su unidad con algunos compañeros para huir a las montañas a formar una guerrilla. Esta victoria consolida la independencia venezolana, aunque las últimas fuerzas regulares realistas capitulan dos años después, tras la batalla del lago de Maracaibo y el Asedio de Puerto Cabello. La guerra convencional había concluido, sólo quedaron montoneras armadas y animadas por los últimos caudillos leales al rey para emprender una guerra de guerrillas. Fenómeno similar al sucedido en Colombia con Agustín Agualongo, en Chile con los hermanos Pincheira o Antonio Huachaca en el Perú.
Contexto Después de Carabobo, la principal preocupación del nuevo gobierno era recuperar la producción de tabaco a fin de conseguir ingresos para financiar el esfuerzo bélico, esta había sido devastada por la guerra y ahora estaba amenazada por bandoleros y guerrilleros. Muchos fieles al gobierno monárquico, civiles y militares, se refugiaron con las guerrillas hasta formar cantones (pueblos) con cientos de habitantes, incluyendo mujeres y niños, aunque la mayoría de su armamento eran lanzas y flechas. La más importante fue la montonera de los Güires, cerca de Barbacoas, entre las orillas de los ríos Memo y Orituco, una zona selvática perfecta para ocultarse. Acabó ocupando los bosques de Orituco, desiertos de Tamanaco y Batatal y los valles de Guapo y Riochico.
Uno de sus principales jefes fue el teniente coronel realista José Manuel de los Reyes Ramírez, alías “Ramirote”, comandante militar de San Rafael, el 13 de julio de 1821 había reunido al cabildo local y expuso la incapacidad de defenderlo de los patriotas y decidió retirarse al monte junto al capuchino José Benito Villaviciosa. El otro era el capitán de infantería Juan Celestino Beaumont o Dumont, alias “Centeno”, comandante de armas en Valle de la Pascua. Ambos compartieron el mando de los Güires y Tamanaco, aunque Centeno solía llevar a cabo las operaciones militares con ocasionales indicaciones de Ramirote.
Pero las acciones guerrilleras se veían facilitadas por el clima de caos y miseria que vivía el país en los años 1820: por ejemplo, grupos de llaneros o de soldados licenciados, acostumbrados por años a extorsionar o simplemente saquear las propiedades ajenas, continuaron hacerlo una vez acabada la guerra, afectando principalmente Apure. También estallaron revueltas de negros alentadas por sacerdotes en nombre del rey.
En una fecha tan temprana como el 10 de agosto de 1821, Carlos Soublette ordenó dividir la región de los Llanos en tres comandancias militares: Calabozo (coronel Judas Tadeo Piñango), Chaguaramas (coronel José María Zamora) y Orinoco o San Rafael de Orituco (mayor Pedro Muguerza). Todas tenían órdenes de acabar con las montoneras, mantener estrecha comunicación entre sí para coordinar esfuerzos y rendir cuentas a la comandancia general de los valles del Tuy (general Felipe Macero). Inicialmente se formaron «patrullas volantes», unidades de la época colonial formadas por los vecinos para defenderse de amenazas comunes y que ellos mismos financiaban, lo que causaba resistencia, además de no estar preparados para luchar contra la amenaza. En 1823 son sustituidas por la Milicia Nacional, fuerza complementaria del ejército regular, al tiempo que se obliga a los labradores a vivir en los pueblos para impedirles unirse a las montoneras y se llevaba a cabo una política de tierra quemada, se destruyó todo conuco (huerto pequeño) y se fusiló a todo el que vivía cerca de ellos.
A pesar de sus actividades delictuales para sobrevivir, estas guerrillas no dejaron de tener un objetivo político y pueden interpretarse como expresiones de la resistencia de sectores rurales a la introducción del país en una economía capitalista por parte de las nuevas élites en palabras de Eric Hobsbawm y Hugo Chumbita. Sin embargo, Richard Slatta rechaza esta figura del «bandolero social o "bandido generoso"» frente al de «"bandidos guerrilleros"» que servían a caudillos locales y a los intereses de sectores más poderosos. A la vez, la Venezuela de la década de 1820 es un país inestable, lo que permitió la continuación de la guerra civil por métodos no regulares.
En Venezuela la mayoría de la población fue realista posiblemente hasta 1820, pérdida de apoyo que lleva a ese bando a perder la guerra. Fueron rebeliones populares en 1812 y 1814 las que pusieron fin a las primeras repúblicas. El grado de violencia que alcanzó en esa Capitanía General, muy superior al de otras regiones del imperio, se debió a que desapareció el consenso sobre la legitimidad del gobierno, en consecuencia, las instituciones gubernamentales ya no fueron árbitros válidos a la hora de contener las tensiones sociales, raciales e interregionales.
Los blancos querían autogobernarse, los pardos acceder a los privilegios de los anteriores y los esclavos la manumisión. Para intentar ganar el favor de los marginados, los criollos al proclamar su independencia abolieron el sistema de castas y los títulos nobiliarios y eligieron un sistema federal para evitar las tensiones regionales pero no funcionó. Algunas provincias se proclamaron por el rey y el populacho apoyó a los realistas por amor al rey o considerarlos un mal menor. La masa popular era realista por amor y lealtad al rey, pero también porque personajes como José Tomás Boves lideraron una rebelión que destruyó el orden social y las instituciones coloniales pero en nombre del rey. Fernando VII de España nunca aprobó esto y cuando se restauró su poder quedó claro a los pardos que jamás conseguirían su añorada igualdad apoyándolo, lo que lentamente fue difuminando el poder monárquico. Los republicanos, en cambio, asumieron esas reformas como parte de su ideario político y pudieron ganar el favor popular.
Guerrilla del Tuy Territorio Su zona de actividades se extendía entre los valles del Tuy, en localidades como Santa Lucía, Guarenas o Baruta, pero también en las inmediaciones de Caracas, como en Petare, donde saqueaba, violaba, extorsionaba y reclutaba a la fuerza a los habitantes. Las guerrillas estaban distribuidas entre El Consejo y San Casimiro.
Las principales ciudades de los valles en 1810 eran Santa Lucía (3382 habitantes) y Ocumare (4692 ha).
Violencia Sus formas de subsistencia eran el contrabando de sal o tabaco, la caza y pesca, la captura de ganado cimarrón, el abigeato y el robo de pueblos.
Solían caer sobre poblados o haciendas, quemando todo a su paso o imponiendo contribuciones para salvaguardar la vida y bienes. Estas operaciones podían ser encabezadas por Cisneros en persona o por algún lugarteniente, por ejemplo, su primo hermano Gerónimo Cisneros asaltó Charallave el 26 de octubre de 1821 al grito de «¡Viva el Rey!». También destaca su crueldad a los prisioneros, el 10 de septiembre de 1822 capturó el cuartel de milicias de Santa Lucía con 67 guerrilleros, capturando 19 soldados a los que ejecutó. Soublette, intentando desmovilizar a los montoneros, ofreció un indulto a los involucrados en el saqueo de Charallave pero no fue aceptado. La mayoría de los guerrilleros no consideraban seriamente tales ofertas, unos aceptaban pero volvían a la vida delictual al poco tiempo y muy pocos abandonaban definitivamente esa forma de subsistir.
Por ello, los lugareños temían colaborar con las fuerzas del gobierno, sabedores de las crueles y prontas venganzas que realizaba con aquellos que lo hacían. En un solo mes se gastaron más de pesos sin más pérdidas que algunos muertos por ambos bandos, pero era imposible sacarlo de sus refugios. Sin embargo, de todas formas muchos lugareños formaron parte de las muchas expediciones contra Cisneros, pero los bandoleros se dispersaban por los montes y selvas o atacaban en otro lugar. Cientos de soldados y milicianos murieron en esas campañas infructuosas.
Al final, la región del Tuy quedó despoblada, los ricos huyeron a las ciudades y solo quedaron los que podían pagar su protección, siempre a merced de los realistas. Fenómeno que alarmó a las autoridades caraqueñas y a Simón Bolívar, pues anteriormente la zona era de las más fértiles y ricas del país.
Apoyos La guerrilla sobrevivió tantos años por el apoyo de criollos monárquicos de Caracas y Puerto Cabello, cuyas propiedades jamás fueron afectadas. También por la ineficacia en el ejército republicano surgida de los conflictos entre el gobierno central de la Gran Colombia y las autoridades de Venezuela, especialmente desde 1825.
Contaban con la ayuda de hacendados, labradores, esclavos o mayordomos que les proveían de ropa, alimentos o pertrechos, les informaban de los movimientos enemigos o de la situación de las villas y les daban dinero. Las razones eran varias, temor a las represalias, amistad, el deseo de conocer a personas famosas, fidelidad al rey, «odio a los que llamaban masones», indigencia o furia por la violencia de las tropas gubernamentales.
Religión Su movimiento es comparado con el carlismo, ya que Cisneros decía defender tanto los derechos del rey como al catolicismo, supuestamente atacado por los republicanos. Debido a esto, el gobierno de Caracas le pidió a su arzobispo, Ramón Ignacio Méndez de la Barta, que enviara sacerdotes para exhortarlo a negociar. Sin embargo, el religioso respondió que no tenían a nadie que pudiera hablar con él. De hecho, a su banda le confirió el digno calificativo de «Los Defensores del Altar y del Trono».
Apogeo