miniaturadeimagen|270x270px|Situación legal de las terapias de conversión: La terapia de reorientación sexual, también denominada terapia de conversión, es el conjunto de prácticas pseudocientíficas que pretenden modificar la orientación sexual, la orientación romántica, la identidad de género o la expresión de género de una persona para ajustarlas a normas heterosexuales y cisgénero.

Estas prácticas carecen de evidencia científica que demuestre su eficacia y diversas investigaciones han señalado que pueden causar efectos psicológicos adversos, como depresión, ansiedad, baja autoestima e ideación suicida.

Las principales organizaciones médicas y de salud mental consideran que la homosexualidad, la bisexualidad y la diversidad de género constituyen variaciones normales de la sexualidad y la identidad humanas, y rechazan las terapias de conversión por considerarlas ineficaces y potencialmente perjudiciales.

Las terapias de conversión pueden incluir asesoramiento psicológico orientado al cambio, terapias de aversión, hipnosis, prácticas religiosas como la oración o el exorcismo, y otros métodos destinados a modificar la orientación sexual o la identidad de género de los participantes.

Diversos organismos internacionales de derechos humanos han señalado que estas prácticas pueden constituir tratos crueles, inhumanos o degradantes. Su situación legal varía según el país, y han sido prohibidas o restringidas en numerosas jurisdicciones.

Término

El término de «conversión» suele preferirse al de «reparativo», ya que este último sugiere que el deseo sexual por su mismo sexo puede o debe ser «reparado». Debido al consenso médico, la terapia de reorientación sexual es una práctica marginal.

En la década de 2000, los terapeutas de reorientación sexual definen el movimiento como la posibilidad de dar a elegir su sexualidad a los hombres y mujeres homosexuales y bisexuales que son infelices por ello.Véase A nivel internacional, ya en marzo de 2016 tenía lugar el pronunciamiento de la Asociación Mundial de Psiquiatría en contra de las terribles «terapias» reparadoras, intervenciones que no solo se han mostrado ineficaces para cambiar la orientación sexual de una persona, sino que resultan muy peligrosas (los riesgos incluyen depresión, ansiedad y comportamiento autodestructivo).https://www.dosmanzanas.com/2018/04/la-asamblea-de-california-aprueba-un-proyecto-de-ley-que-considera-que-las-terapias-de-conversion-constituyen-un-fraude-al-consumidor.html

Los defensores de los derechos del colectivo LGBT describen el fenómeno como «la derecha cristiana que ha vuelto a empaquetar su campaña antigay en términos más suaves y amables. En vez de simplemente denunciar a los homosexuales como corruptos social y moralmente, la derecha cristiana ha pasado a una estrategia de enfatizar [...] el movimiento exgay. Sin embargo, tras la máscara de compasión, el fin sigue siendo el mismo: reducir la protección legal para gais, lesbianas, bisexuales y personas trans».

Las principales organizaciones médicas del mundo afirman que la orientación sexual no puede ser cambiada, que los intentos de reorientación pueden ser dañinos para el bienestar personal,Whitman, Joy S.; Glosoff, Harriet L.; Kocet, Michael M.; Tarvydas, Vilia (22-05-2006). Ethical issues related to conversion or reparative therapy. American Counseling Association. Consultado el 28 de agosto de 2007. y que las posiciones defendidas por los partidarios de la terapia de reorientación como la NARTH (National Association for Research and Therapy of Homosexuality) y la organización Enfoque a la Familia (Focus on the Family) crean un ambiente en el que pueden florecer el prejuicio y la discriminación».

Historia y desarrollo de la doctrina

El desarrollo de la terapia de reorientación sexual puede ser dividido aproximadamente en tres periodos: un primer periodo freudiano, un segundo periodo en el que la terapia de reorientación tenía la aprobación de la mayoría del establishment de la salud mental, época en la que los médicos se convirtieron en el «superintendente principal» de la sexualidad, y un periodo posterior a los disturbios de Stonewall, cuando la mayoría de la profesión médica rechazó la terapia.

Freud y los primeros sexólogos (1886-1939)

Los primeros intentos de clasificar la homosexualidad como una enfermedad se realizaron en el movimiento europeo de sexólogos a finales del siglo XIX. En 1886 el sexólogo Richard von Krafft-Ebing listó la homosexualidad entre otros 200 casos estudiados de prácticas sexuales pervertidas en su obra final Psychopathia Sexualis.

En 1896 Sigmund Freud publicó sus ideas sobre el psicoanálisis. Freud creía que todos los humanos eran bisexuales por nacimiento y que, el que una persona en particular manifestase la homosexualidad o la heterosexualidad, era resultado de factores ambientales que interactuaban con los impulsos sexuales biológicos. Freud expresó serias dudas sobre el potencial de la conversión terapéutica. En una famosa carta a una madre que le pidió a Freud que tratase a su hijo, escribió:

Freud no consideraba la homosexualidad como una «anomalía» ―como lo hacía la psiquiatría de su época― sino que postulaba que todo individuo podía realizar esta «elección» debido a la universalidad de la bisexualidad psíquica por él postulada.

Hasta mediados del , los intentos médicos de «curar» la homosexualidad han incluido tratamientos quirúrgicos como:

la histerectomía la ooforectomía, la ablación de clítoris, la castración, la vasectomía, la cirugía del nervio pudendo, y la lobotomía.

También se ha intentado el tratamiento con diversas sustancias, que incluyen:

el tratamiento hormonal, el tratamiento de choque farmacológico, y el tratamiento con estimulantes y depresivos sexuales.

Otras prácticas incluyen:

la terapia conductistaSpandler, H. & Carr, S. (2022). Lesbian and bisexual women's experiences of aversion therapy in England. Hist Human Sci. 2022 Jul-Oct; 35(3-4): 218–236. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC9449443/Rolls, G. (2015). Classic case studies in psychology (3rd ed.). Routledge/Taylor & Francis. el análisis aplicado de conducta la terapia de aversión, el intento de reducción de la aversión hacia la heterosexualidad, tratamiento por electrochoque, terapia de grupo, hipnosis, y psicoanálisis.

Algunos de estos tratamientos —que incluyen el de choque eléctrico y de las drogas inductoras de náuseas— todavía están en uso,Stephen C. Halpert: «If it ain't broke, don't fix it: ethical considerations regarding conversion therapies». International Journal of Sexuality and Gender Studies 5 (1): 19-35, enero de 2000. DOI: 10.1023/A:1010133501054. Consultado el 28 de agosto de 2007 mientras que algunos pseudoterapeutas que abogan por el método de reorientación psicoanalítico, denuncian a todos los demás métodos como «charlatanería».

Terapia de conversión y nazismo

Parte de la ideología nazi era la consideración de la homosexualidad como una enfermedad, ya que se oponía a la noción de la raza aria que los científicos nazis buscaban perfeccionar. La homosexualidad era considerada como un defecto del carácter y por lo tanto susceptible de ser «curada» a través de algún tipo de terapia. De hecho, los homosexuales alemanes eran considerados como parte de la raza aria y por lo tanto se pensaba que había que conseguir que estos individuos se adaptaran a las convenciones sexuales y sociales. Homosexuales que no cambiasen su comportamiento sexual eran enviados a campos de concentración. En total, fueron enviados unos 10 000 homosexuales, de los que solo sobrevivieron un 40  %. Las lesbianas no fueron perseguidas, ya que se creía que su «conversión» a la moral nazi y los estándares sociales era más fácil.

El médico Carl Vaernet (1893-1965) empleó inyecciones de hormonas, la castración y otras técnicas para tratar de «curar» a los homosexuales en el campo de concentración de Buchenwald. Tras la Guerra, Vaernet fue apresado por las autoridades británicas y entregado al gobierno danés para ser juzgado por crímenes de guerra, pero consiguió escapar y continuó su actividad en Argentina.

Afianzamiento (1939-1969)

Durante las tres décadas entre la muerte de Freud (1939) y los disturbios de Stonewall (1969), la terapia de conversión disfrutó de una época de empleo agresivo del tratamiento de homosexuales y la aprobación de la profesión psiquiátrica. Investigadores conocidos que discutían sobre la conversión terapéutica incluían entre otros a Edmund Bergler, Irving Bieber, Albert Ellis, Abram Kardiner, Sandor Rado y Charles Socarides. Rado rechazaba la teoría de Freud de la bisexualidad innata, argumentaba que la naturaleza humana es por defecto heterosexual y que la homosexualidad era causada por la psicopatología de los padres.Rado: «A critical examination of the concept of bisexuality», en Psychosomatic Medicine (págs. 459-467), . Reimpreso en J. Marmor (ed.): Sexual inversion: the multiple roots of homosexuality. Nueva York: Basic Books, 1965 (págs. 175-189).

Socarides y Kardiner desarrollaron teorías similares: Socarides interpretó los deseos homosexuales como una enfermedad originada de un conflicto entre el yo y el ego, que aparece típicamente a edad temprana en un «ambiente dominado por las mujeres, en el que el padre está ausente, es débil o es sádico».

Los terapeutas de conversión también rechazaban el pesimismo de Freud sobre la posibilidad de cambiar la orientación sexual con terapia: Bieber publicó en 1962 un estudio que concluía que «aunque este cambio puede ser conseguido con mayor facilidad por unos que por otros, a nuestro juicio, un cambio hacia la heterosexualidad es una posibilidad para todos los homosexuales que estén fuertemente motivados para el cambio». Se asumió que la homosexualidad era una psicopatología: Ellis encontraba que «los homosexuales fijos en nuestra sociedad son casi indefectiblemente neuróticos o psicóticos... por lo tanto, no se puede encontrar ningún grupo de homosexuales normales en ningún sitio». Este punto de vista tuvo el respaldo de la American Psychiatric Association (Asociación Psiquiátrica Estadounidense) en 1952 en la primera edición del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-I; Manual para el diagnóstico y la estadística de desórdenes mentales), que clasificaba la homosexualidad como un desorden mental.

Evelyn Hooker era una voz contraria tras publicar su influyente artículo The Adjustment of the Male Overt Homosexual en 1957,, p. 675. donde afirmaba que «los homosexuales no eran intrínsecamente anormales y que no había diferencia entre hombres homosexuales y heterosexuales en términos de patología».

Los profesionales que consideran la orientación sexual como resultado de un comportamiento aprendido es posible que adopten técnicas de modificación del comportamiento. Estas pueden incluir técnicas de reacondicionamiento de la masturbación, visualización y aptitudes sociales. Los procedimientos más radicales incluyen la terapia de aversión y la terapia de electrochoque. Casos documentados incluyen choques eléctricos a los genitales del paciente, a veces junto con imágenes desagradables, que incluían montones de heces y lesiones debidas al sarcoma de Kaposi. En otro caso se empleó la pletismografía peneana, que emplea sensores eléctricos unidos a los genitales para medir la excitación sexual, se empleó junto con la terapia de choques eléctricos sobre el pene del paciente cuando se excitaba con imágenes homoeróticas.

En 1966, el psicólogo estadounidense Martin E. P. Seligman informó que la terapia de aversión para cambiar la orientación sexual «funcionaba sorprendentemente bien», y que más del 50 % de los hombres que habían sufrido la terapia habían dejado de seguir sus impulsos homosexuales.