Lucio Apuleyo Saturnino (; † Roma, 10 de diciembre de ) fue un prominente magistrado de la República romana, tribuno de la plebe durante los años y , obtuvo además la reelección para el ejercicio de Sustentado por el favor de las masas populares y por su estrecha coalición con el general Cayo Mario, durante sus mandatos encabezó una ofensiva política sin precedentes contra la hegemonía de la aristocracia senatorial. A través de una ambiciosa actividad legislativa, Saturnino institucionalizó la asignación de tierras para los veteranos de las campañas marianas, lo que alteró el equilibrio social de la Urbe. No obstante, en el año , el clima de violencia política culminó con su incriminación en el asesinato de Cayo Memio, lo que derivó en su declaración como enemigo público (hostis). Tras la defección de Mario, quien optó por alinearse con la facción senatorial, Saturnino sucumbió en un enfrentamiento armado; pese a capitular bajo promesa de inmunidad, acabó siendo ejecutado de forma sumaria.

Biografía Origen y comienzos de su carrera Lucio Apuleyo formaba parte de la gens Apuleya, una distinguida estirpe plebeya cuyos miembros ocuparon diversas magistraturas romanas desde el año , y que alcanzó el consulado, por vez primera, en El uso del cognomen «Saturnino» (Sathurninus) se halla documentado desde el : constan, entre otros, Cayo Apuleyo Saturnino, quien desempeñó el cargo de quinqueviro en , y un Lucio que ejerció la pretura en

En los denarios acuñados hacia el año se advierte la inscripción de un Lucio Saturnino. Es plausible que dicha identidad corresponda al futuro tribuno, quien habría ostentado el cargo de triunviro monetario como paso previo a su cuestura.

Hacia el año , Saturnino desempeñó la cuestura en Ostia, donde se ocupó de la supervisión del desembarco y el transporte del suministro cerealístico hacia los almacenes públicos de Roma. Ante el súbito encarecimiento del precio del grano, el Senado resolvió despojarlo de sus atribuciones para delegarlas en Marco Emilio Escauro. Si bien Diodoro de Sicilia atribuye esta destitución a una supuesta negligencia de Lucio Apuleyo en el ejercicio de sus funciones, diversos sectores de la historiografía moderna sugieren que la cámara pretendía arrogarse el mérito de estabilizar el mercado y granjearse así la gratitud de la plebe. Saturnino percibió esta medida como un agravio intolerable; de acuerdo con el testimonio de Cicerón, tal afrenta precipitó su radicalización política y lo transformó en un enérgico demagogo, hostil a los intereses de la facción aristocrática.

Primer tribunado Lucio Apuleyo obtuvo el tribunado de la plebe para el año ; logró esta magistratura con una precocidad inusual, puesto que el intervalo consuetudinario tras la cuestura solía extenderse hasta un lustro. En este periodo, Saturnino se erigió en aliado de Cayo Mario, el homo novus que acababa de iniciar su tercer consulado —el segundo de forma consecutiva— y cuya pretensión era consolidar su hegemonía frente a la facción senatorial, encabezada por los Metelos. Mientras Mario aspiraba a instrumentalizar al tribuno para erosionar la influencia de la nobilitas en provecho propio, Saturnino pretendía capitalizar el prestigio militar y el respaldo de los veteranos de aquel para promover sus ambiciones personales.

La naturaleza fragmentaria de los testimonios clásicos impide discernir con exactitud qué proyectos legislativos de Saturnino pertenecen a su primer tribunado, ejercido en y cuáles se circunscriben al segundo, ejercitado en No obstante, resulta probable que ya durante su primer mandato Lucio Apuleyo obtuviera la sanción de la ley sobre el menoscabo de la soberanía, la lex Appuleia de maiestate, cuyo articulado permitía encausar cualquier acción que lesionara los intereses de la República. Bajo la égida de esta normativa, se incoó poco después un proceso contra Quinto Servilio Cepión, figura prominente de la aristocracia y allegado a los Metelos, a causa de su desastrosa derrota en la batalla de Arausio. Por su parte, el otro comandante en dicho enfrentamiento, Cneo Malio Máximo, fue procesado por el propio Saturnino y acabó obligado a emprender el camino del exilio.

Quinto Cecilio Metelo Numídico, investido con la censura en el año y erigido en el principal antagonista de Mario, se convirtió asimismo en blanco predilecto de las ofensivas de Saturnino. Al frente de una facción de partidarios armados, Lucio Apuleyo sitió a Metelo en su propio domicilio y, más tarde, en el Capitolio, de donde fue finalmente repelido por la intervención de los caballeros. La reconstrucción fidedigna de estos acontecimientos presenta notables dificultades, pues Orosio es el único cronista que refiere tales sucesos. Al respecto, se ha postulado la hipótesis de que dicho historiador incurriera en un anacronismo al confundir a Metelo Numídico con su tío, Metelo Macedónico; este último, durante su censura tres décadas atrás, sostuvo un enconado enfrentamiento con el tribuno de la plebe Cayo Atinio Labeón.

La actuación de mayor trascendencia durante el primer tribunado de Saturnino fue la promulgación de una ley agraria destinada a la asignación de tierras en África para los veteranos de Mario, a razón de cien yugadas por beneficiario. Esta disposición no solo consolidaba la preeminencia política de Mario, sino que salvaguardaba la integridad del ager publicus en suelo itálico, circunstancia que mantenía abierta la vía de un posible consenso con los grandes latifundistas. La iniciativa legislativa halló la oposición de otro tribuno, de nombre Bebio, quien intentó interponer su veto; no obstante, la muchedumbre lo hostigó y terminó por ahuyentarlo mediante una lluvia de proyectiles.

En el transcurso de los comicios consulares, Lucio Apuleyo intervino activamente en favor de su aliado. Según el relato de Plutarco, Saturnino y Mario protagonizaron una suerte de farsa ante la asamblea popular: el cónsul simulaba declinar su reelección mientras el tribuno lo increpaba, tachándolo de traidor por desamparar a la patria en su coyuntura más crítica. Finalmente, la reelección se consumó, pese a que la impostura en la actuación de Lucio Apuleyo resultó palmaria para los asistentes. Dentro de la historiografía contemporánea, predomina la tesis de que esta narración emana de fuentes hostiles a Mario y que, en consecuencia, desvirtúa la realidad de los hechos; no obstante, no se soslaya la posibilidad de que el relato albergue cierto trasfondo de veracidad en su núcleo argumental.

Entre magistraturas Hacia el año , Metelo Numídico, en el ejercicio de su censura, pretendió la expulsión del Senado de Saturnino —quien por entonces ostentaba la condición de ciudadano particular— y de su aliado Servilio Glaucia. No obstante, la negativa de su colega en la magistratura, Cayo Cecilio Metelo Caprario, a secundar la medida, lo forzó a desistir de sus propósitos. Lejos de amainar, la animosidad persistió: un partidario de Saturnino, Lucio Equicio, quien se atribuía la filiación de Tiberio Graco, asignándose a la instigación de Lucio Apuleyo tal impostura, vio denegada su inclusión en el censo de ciudadanos por parte de Metelo Numídico. Saturnino procuró recabar el testimonio de la supuesta tía de Equicio, Sempronia, con el fin de legitimar sus pretensiones, pero esta rechazó de forma categórica al pretendido sobrino.

A la llegada de los legados de Mitrídates VI a Roma, Lucio Apuleyo denunció que estos pretendían sobornar a los senadores para que soslayaran las conquistas del monarca póntico en Asia Menor. Los adversarios del extribuno persuadieron a los embajadores para que incoaran una demanda judicial en su contra. Según refiere Diodoro, la gravedad de la acusación aparejaba la pena capital, circunstancia que sumió a Saturnino en una honda tribulación y angustia; en consecuencia, este se consagró a concitar la compasión de la plebe, bajo el argumento de ser víctima de la inquina senatorial. Gracias al respaldo de las masas, no solo obtuvo la absolución, sino que se alzó nuevamente con el tribunado de la plebe.

Segundo tribunado Concluida la liza electoral del año , Glaucia resultó designado pretor, mientras que Mario se alzaba con su sexto consulado —el quinto de forma ininterrumpida—, con lo que su prestigio alcanzó su cénit, tras haber conjurado definitivamente la amenaza de las invasiones germánicas. De acuerdo con el testimonio de Livio, fue precisamente este ascendente el que garantizó a Saturnino el acceso a su segundo tribunado. No obstante, el proceso no estuvo exento de violencia: Aulo Nonio, candidato que manifestaba una abierta hostilidad hacia Lucio Apuleyo y Glaucia, cayó asesinado por instigación de ambos en los prolegómenos de los comicios. Si bien Apiano sostiene que Nunio pereció tras haber obtenido el triunfo en las urnas, la historiografía moderna tiende a considerar dicho relato como una probable distorsión de los acontecimientos.

A comienzos del año, Mario y Saturnino procedieron en el marco de una alianza política plenamente cohesionada. Se estima que fue en este periodo cuando se promulgó la lex frumentaria, disposición que estipulaba la venta de trigo en la Urbe al precio simbólico de cinco sextos de as por modio, en contraste con la tasa previa de seis ases y un tercio. El cuestor Quinto Servilio Cepión lideró la resistencia frente a esta iniciativa, bajo el argumento de que la medida precipitaría la insolvencia del erario. Si bien el Senado decretó que la mera sumisión del proyecto a las urnas constituiría un acto de sedición contra el Estado, Saturnino soslayó la advertencia. En consecuencia, Cepión y sus acólitos irrumpieron en los comicios y volcaron las urnas para frustrar el sufragio; pese a tales disturbios, la ley obtuvo finalmente la sanción popular. Se ha postulado la hipótesis de que estos acontecimientos no acaecieron en el año 100, sino en ; bajo esta premisa, la conducta del joven Cepión habría actuado como el catalizador definitivo para la condena de su progenitor.

La iniciativa de mayor calado, tanto para los intereses de Mario como para los de Saturnino, consistió en la ley para la fundación de colonias militares en Sicilia, Acaya, Macedonia y la Galia; dicha norma estipulaba que la distribución de tierras favorecería de igual modo a ciudadanos romanos y a aliados itálicos. La implementación de este ambicioso programa agrario recaería bajo la dirección exclusiva de Mario. Ante la previsible oposición de la nobilitas, Lucio Apuleyo insertó en el articulado una cláusula que conminaba a los senadores a jurar acatamiento a la nueva lex agraria bajo pena de exilio y una sanción pecuniaria de veinte talentos.

El debate en torno a la lex agraria devino en un episodio de extrema turbulencia. Saturnino se cercioró de que la Urbe congregara ese día a una multitud de campesinos y veteranos de Mario, cuyo respaldo constituía su principal activo político. No obstante, numerosos asistentes exigieron el aplazamiento de la asamblea, amparándose en el presagio funesto que suponía el fragor de los truenos; el autor del tratado De viris illustribus consigna la réplica de Saturnino ante tales demandas: «Si no os llamáis al silencio, empezará a granizar al instante». Los detractores de la ley apelaron al uso de garrotes para disolver la sesión, mas los partidarios de Lucio Apuleyo se hallaban igualmente armados. En el curso de la lid, la facción campesina se impuso por la fuerza, lo que precipitó la aprobación de la norma. Aquellos tribunos de la plebe que pretendieron obstaculizar el procedimiento fueron objeto de vejaciones y acabaron reducidos al silencio.