Reconquista es el término acuñado en el para referirse tanto a la expansión de los reinos cristianos medievales de la península ibérica a costa de al-Ándalus como al período histórico que abarcaría cerca de ocho siglos (en este último sentido es como está definido por el DRAE en la segunda acepción acordada por la Real Academia de la Lengua en 1936). Según esta concepción de la Reconquista esta habría comenzado con la batalla de Covadonga (718 o 722), al tratarse de la primera victoria cristiana conocida tras la conquista musulmana de Hispania de 711 (un grupo liderado por Pelayo derrotó a una patrulla musulmana en ese lugar de la cordillera cantábrica y estableció el reino de Asturias) y habría terminado en 1492 con la conquista por los Reyes Católicos del Reino nazarí de Granada, el último estado musulmán de la península.

La reconquista, entendida como el proceso de expansión cristiana sobre territorio musulman, estuvo fuertemente influida por las ideas de restauratio Hispaniae desarrolladas por los propios reinos cristianos y expresada por primera vez durante el reinado de Alfonso III en el siglo IX. La idea de restauración adoptó distintas concepciones, adaptadas a las circunstancias particulares de cada reino y orientadas a fundamentar su propia legitimidad. Aunque estas concepciones evolucionaron de forma diferente, presentaron también elementos comunes tendiendo a la convergencia en el tiempo, con la notable excepción de Portugal. En el caso del reino de Asturias, la formulación de esta idea se apoyó en una tradición intelectual hispana anterior, especialmente en la obra de Isidoro de Sevilla, cuya concepción de Hispania y del reino visigodo de Toledo ejerció una influencia decisiva en la cultura política posterior. Durante el siglo VIII, estas tradiciones fueron estudiadas y reelaboradas en el entorno intelectual asturiano, destacando la obra de Beato de Liébana. Posteriormente, la idea adquirió una dimensión política y legitimadora más definida vinculándose a la recuperación de la Hispania cristiana y al legado del reino visigodo de Toledo. La interpretación ideológica astur-leonesa del termino es conocido actualmente como neogoticismo.

En la actualidad, el concepto de Reconquista ha sido objeto de un intenso debate historiográfico, tanto por su utilización política y legitimadora durante la Edad Media como por su posterior incorporación a los discursos destinados a construir una identidad nacional española. Como ha señalado Martín F. Ríos Saloma, el concepto quedó vinculado a los mitos y discursos historiográficos del siglo XIX orientados a crear una identidad particular para la nación española.Motivo por el que esta concepción histórica ha sido objeto de un intenso debate historiográfico, en el que se han definido, y se identifican tres posturas principales sobre la pertinencia de su uso historiográfico: Un primer grupo de historiadores que sostiene que a pesar de todo se puede seguir empleando el concepto de «Reconquista»; un segundo grupo que considera que se puede usar pero de forma para definir el periodo y designar la ideología y el programa político creado por los reinos cristianos, y un tercer grupo que sostiene que la «Reconquista» es un «mito» elaborado en el (lo que hubo fue una conquista no una re-conquista), por lo que no se puede usar como categoría historiográfica.

En lo que actualmente existe un amplio consenso entre los historiadores es en que, como ha señalado, Carlos de Ayala Martínez, «cristianos y musulmanes no estuvieron en permanente confrontación durante ochocientos años» y en que «los [enfrentamientos] que mantuvieron cristianos y musulmanes entre sí no fueron muchos más que los que emprendieron cristianos contra cristianos, musulmanes contra musulmanes o unos y otros coaligados frente a alianzas que incluían a sus propios correligionarios». En este sentido Maribel Fierro ha destacado que «las complejas dinámicas territoriales, sociales y culturales que tuvieron lugar en la península ibérica durante la Edad Media» no pueden ser reducidas al «concepto ideológico de Reconquista, término que se impone en el ». También existe debate sobre cómo interpretar la expansión de los reinos cristianos a costa de al-Ándalus, calificada como una guerra de conquista, y sobre la justificación que dieron estos reinos a esas conquistas al presentarlas como una restituo ('restitución') de un territorio que había pertenecido a los monarcas visigodos, de los que sus soberanos afirmaban ser sus descendientes (neogoticismo).

Historia de la idea medieval de restauración En las fuentes medievales no aparece el término reconquista, sino el de restauración. Aparece en tradiciones historiográficas de los reinos cristianos peninsulares desde fechas muy tempranas en el siglo IX y tiene sus antecedentes en la concepción de Hispania desarrollada durante el reino visigodo de Toledo.

La pérdida de Hispania y la tradición hispana Es a partir de la segunda mitad del siglo VI, donde la monarquía toledana llevó a cabo una política de unificación territorial paulatina deliberada para consolidar la soberanía sobre la antigua diócesis romana de Hispania. Ejecutándose mediante la anexión del Reino Suevo de la Gallaecia (585),La incorporación del reino de la Gallaecia fue registrada por el cronista contemporáneo Juan de Bíclaro en su Chronicon (ad an. 585, 2), donde consigna que Leovigildo «somete a su poder al pueblo, el tesoro y la patria de los suevos, y la convierte en provincia de Hispania» («Suevorum gentem, thesaurum et patriam in suam redigit potestatem et Hispaniae provinciam facit»). Para el análisis historiográfico moderno, véase: Díaz, Pablo C. (2011). El reino suevo (411-585). Akal, pp. 200-215. expulsando a los bizantinos del sur peninsular (c. 624) y sometiendo de forma discontinua a los vascones.La unificación jurídica y la abrogación del derecho romano previo en favor de un cuerpo legislativo único para godos e hispanorromanos quedaron formalizadas en el propio prefacio del Liber Iudiciorum (II, 1, 5) redactado por Recesvinto en 654: «para que en adelante ninguna pretensión fundada en leyes extrañas se atreva a interponerse en la tramitación de los pleitos» («ut nulla de cetero alienarum legum ad exercitandum litium ordinem se praesumat ingerere intentio»). Véase también: Alvarado Planas, Javier (2018). Historia del derecho español. Editorial Sanz y Torres, pp. 112-128. Paralelamente, se impulsó la igualdad e integración social entre la minoría goda y la mayoría hispano romana: Leovigildo derogó la antigua prohibición de los matrimonios mixtosLa derogación formal de la prohibición de matrimonios mixtos entre godos e hispanorromanos fue decretada por Leovigildo e integrada posteriormente en el Liber Iudiciorum (III, 1, 1), donde se establece expresamente que «si cualquier mujer goda quisiera tener por marido a un hombre romano, o si un hombre godo quisiera casarse con una mujer romana, se les conceda la libertad de contraer legítimo matrimonio» («libertas eis legitimi sit matrimonii data»). Para un análisis de la integración social, véase: Isla Frez, Amancio (2002). La Alta Edad Media: Siglos -. Síntesis, pp. 45-52. y reformó el Codex Euricianus,La reforma del Codex Euricianus fue llevada a cabo por Leovigildo a través del Codex Revisus, proceso registrado por Isidoro de Sevilla en su Historia Gothorum (cap. 51), donde señala que «corrigió aquello que parecía establecido confusamente por Eurico, añadió muchísimas leyes omitidas y amputó algunas superfluas» («ea quae ab Eurico incondite constituta videbantur correxit...»). Véase: D'Ors, Álvaro (1960). El Código de Eurico. CSIC. previa a la unificación religiosa dictada por Recaredo en el III Concilio de Toledo (589) mediante el abandono del arrianismo y la adopción del catolicismo.La unificación religiosa mediante la conversión de Recaredo y la abjuración del arrianismo en el III Concilio de Toledo (589) fue registrada por el cronista contemporáneo Juan de Bíclaro en su Chronicon (ad an. 590), certificando la unificación de los obispos de Hispania, la Galia y la Gallaecia. Para el análisis historiográfico de las implicaciones políticas y sociales, véase: Orlandis, José (2003). Historia del reino visigodo español. Rialp, pp. 88-105. Como resultado de este proceso, para el siglo VII la fusión etnocultural y el mestizaje entre ambas poblaciones era prácticamente total,Esta fusión etnocultural completa en el siglo VII fue atestiguada por el contemporáneo Isidoro de Sevilla en su Historia Gothorum (cap. 66), al señalar que godos e hispanorromanos «se unieron en adelante en un solo cuerpo, no solo por la convivencia en el reino, sino también por el consorcio de los matrimonios y de la sangre» («in unum corpus coaluerunt»). Para la constatación en la historiografía moderna, véase: García Moreno, Luis A. (2008). Historia de la España visigoda. Cátedra, p. 188; y Valverde Castro, María R. (2000). Ideología política y sociedades feudales: la monarquía visigoda. Universidad de Salamanca, pp. 110-125. culminando definitivamente con la unificación legislativa promulgada por Recesvinto en 654 con el Liber Iudiciorum, que derogó el Derecho romano y visigodo previos para aplicar un único cuerpo de leyes a todos los súbditos.

El marco ideológico resultante de estas reformas, sustentado sobre la unidad del territorio de la diócesis hispana, la homogenización cultural y unidad religiosa, halló su mayor referente literario y doctrinal en la Laus Spaniae de San Isidoro de Sevilla. Siendo en esta época cuando comienza a consolidarse con la denominación de Regnum Spaniae.Su influencia no se limitó a sus escritos, sus ideas fueron asumidas y desarrolladas por otros obispos y por los propios concilios toledanos. La historiografía reciente ha destacado que durante el siglo VII se produjo una asociación cada vez más estrecha entre la identidad goda, la pertenencia al reino y la fe católica, favoreciendo la representación de la población del reino como una comunidad política y religiosa cohesionada. : «Recuperación del territorio hispano invadido por los musulmanes en que termina con la toma de Granada en 1492». Obsérvese que habla de «territorio hispano invadido», no conquistado.

El concepto de «Reconquista» fue cuestionado por primera vez en 1948 por Américo Castro, entonces profesor de la Universidad de Princeton tras haberse visto obligado a abandonar España a causa de su apoyo a la República. En ese año la editorial Losada de Buenos Aires publicó España en su historia: cristianos, moros y judíos (reelaborada y reeditada más tarde con el título La realidad histórica de España), obra en la que Castro defendía la tesis de que el «ser de España» no se había forjado en la lucha medieval contra el Islam como sostenía la visión tradicional sino que era el resultado de la simbiosis de las culturas hispanocristiana e hispanomusulmana, sin olvidar la contribución de la cultura judía sefardí. Y para Castro no existía continuidad entre la España romana y visigoda con la surgida tras la conquista musulmana. Le respondió Claudio Sánchez Albornoz, otro exiliado republicano, profesor de la Universidad de Buenos Aires, con una reseña muy crítica publicada en 1953 en la revista Cuadernos de Historia de España (fundada y dirigida por él mismo) y con un libro editado tres años después también en Buenos Aires con el título España, un enigma histórico. En él Sánchez Albornoz defendía la tesis tradicional nacida en el de la continuidad entre la España romana y visigoda y la España cristiana medieval y que el «ser de España» se había forjado en la Edad Media en la lucha contra el Islam. Así lo explicó en el prólogo de España, un enigma histórico: