Terrance Stanley «Terry» Fox (Winnipeg, Manitoba; 28 de julio de 1958-New Westminster, Columbia Británica; 28 de junio de 1981) fue un deportista y activista canadiense en pro de la investigación contra el cáncer.
Durante la secundaria y la universidad fue jugador de baloncesto. Con apenas dieciocho años perdió la pierna derecha: le diagnosticaron un osteosarcoma (un tipo de cáncer de huesos) y tuvieron que amputársela. A pesar de ello no abandonó la práctica deportiva: siguió corriendo con una pierna ortopédica y continuó jugando al baloncesto, aunque en silla de ruedas —en esta disciplina ganó tres campeonatos nacionales—. A finales de 1979 comenzó a preparar una carrera que denominó Maratón de la Esperanza, con la que quería atravesar el territorio canadiense de extremo a extremo para recaudar dinero para la investigación contra el cáncer. Su objetivo era obtener por lo menos un dólar canadiense por cada uno de los veinticuatro millones de habitantes de su país. En abril del año siguiente comenzó su carrera, sin levantar ninguna expectación, en San Juan de Terranova, en el extremo oriental del país, y a partir de ahí corrió diariamente la distancia equivalente a un maratón completo, unos cuarenta y dos kilómetros. Tenía previsto terminar su empresa en Victoria (Columbia Británica), en septiembre, lo que hubiera supuesto un recorrido de unos 8000km. Para cuando llegó a Ontario se había convertido en una estrella en todo Canadá y aparecía en actos públicos junto con empresarios, atletas y políticos para recaudar fondos. Sin embargo, debido a la extensión del cáncer a sus pulmones, tuvo que poner fin al Maratón de la Esperanza en las afueras de Thunder Bay, en la zona occidental de Ontario, después de un periplo de 143 días en los que recorrió 5373 kilómetros (3339 millas). Sus esperanzas de poder vencer la enfermedad y completar la carrera se truncaron cuando falleció nueve meses más tarde, sin haber llegado a cumplir veintitrés años.
Su hazaña atrajo la atención mundial y le granjeó la consideración de héroe nacional en Canadá. Obtuvo en vida numerosos reconocimientos: fue la persona más joven en ingresar, con el rango más elevado (el de companion), en la Orden de Canadá; ganó en 1980 el premio Lou Marsh al atleta canadiense más destacado y también se le distinguió como el «Canadian Newsmaker of the Year» —la personalidad con mayor influencia en la actualidad canadiense durante el año en curso— tanto en 1980 como en 1981. Tras su muerte, se dio su nombre a varios edificios, parques, y carreteras en todo el país. Dejó también un legado duradero, del que destaca la carrera Terry Fox, celebrada anualmente desde 1981 en más de sesenta países y en la que participan millones de personas. Se trata de la mayor carrera de un día destinada a la recaudación de fondos para la investigación contra el cáncer en todo el mundo, y hasta 2012 había recaudado 600 millones de dólares canadienses.
Primeros años Terry Fox nació el 28 de julio de 1958 en Winnipeg, capital de Manitoba, al oeste de la región de las praderas canadienses. Sus padres fueron Rolland «Rolly» Fox, guardagujas del Canadian National Railway, y Betty Fox, ama de casa durante la infancia de sus hijos (posteriormente encontró trabajo como dependienta en una papelería). Terry fue el segundo de cuatro hermanos: Fred —el mayor—, Darrell y Judith, la única mujer. En 1966, cansados de los duros inviernos de las praderas, su familia se mudó a Surrey, una localidad del área metropolitana de Vancouver (Columbia Británica), y dos años después se asentaron en la cercana localidad de Port Coquitlam, en la orilla opuesta del río Fraser. Sus padres estaban entregados a su familia, en especial su madre, que era especialmente protectora con sus hijos. Gracias a ella, Terry desarrolló una tenaz dedicación a cualquier tarea que emprendiese. Según declaraciones de su padre, Terry era extremadamente competitivo y odiaba tanto perder que perseveraba hasta tener éxito en cualquier actividad en la que no hubiera obtenido inicialmente el resultado esperado.
De niño, fue un atleta entusiasta; jugaba al fútbol, rugby y béisbol. Sin embargo, su pasión era el baloncesto. Cuando estaba en octavo grado, aunque sólo medía metro y medio de altura y no era un buen jugador, quiso formar su propio equipo escolar. Sin embargo, su maestro de educación física y entrenador de baloncesto en la Mary Hill Junior High School consideró que Fox podía desempeñarse mejor como corredor de fondo, por lo que lo animó para que se inscribiera en atletismo. Aunque el joven no estaba interesado en las carreras de a campo traviesa, aceptó hacerlo, ya que respetaba y quería complacer a su entrenador. Estaba empeñado en jugar como baloncestista incluso aunque en el octavo grado fue el último suplente de su equipo —apenas jugó un minuto en toda la temporada—, lo que le llevó a dedicar el siguiente verano a entrenar para mejorar su juego. En el noveno grado consiguió convertirse en jugador regular del equipo, para pasar a ser integrante del quinteto titular durante el grado siguiente. En el duodécimo grado, junto con su mejor amigo Doug Alward, recibió el premio de «atleta del año» de su escuela secundaria.
Terminada la enseñanza secundaria, Fox no tenía claro si quería ir a la universidad. Fue su madre la que le persuadió de que se matriculara en la Universidad Simon Fraser, una universidad pública situada en el área metropolitana de Vancouver, donde estudió quinesiología para luego poder convertirse en profesor de educación física. Una vez matriculado hizo una prueba para formar parte del equipo universitario junior de baloncesto y sobresalió gracias a su determinación, incluso frente a jugadores con más talento que él.
Manifestación de su enfermedad right|thumb|270px|Estatua de Terry Fox dentro de la casa consistorial de Ottawa. El 12 de noviembre de 1976, mientras conducía de vuelta a su casa en Port Coquitlam, Fox se distrajo al mirar un puente en construcción y chocó contra la parte trasera de una camioneta. Aunque su automóvil quedó inservible, solamente sufrió una herida en la rodilla derecha. Al mes siguiente volvió a sentir dolor, pero no quiso prestar atención al asunto hasta que no terminara la temporada de baloncesto. Sin embargo, en marzo del año siguiente el dolor se había intensificado de tal forma que acudió finalmente al Royal Columbian Hospital —situado en New Westminster, junto a Vancouver—, donde le diagnosticaron osteosarcoma, una variante de cáncer que surge normalmente cerca de las rodillas. Inicialmente Fox creyó que el accidente había debilitado la rodilla, dejándola vulnerable al cáncer, aunque los médicos le explicaron que no había tal relación. El tratamiento que le prescribieron era agresivo: para detener el avance de la enfermedad habría que amputarle la pierna quince centímetros por encima de la rodilla, y después someterle a un largo tratamiento de quimioterapia. El equipo médico le explicó también que gracias a los avances médicos experimentados en los años anteriores tenía una probabilidad de sobrevivir del 50 %. Cuando Fox supo que dos años antes la tasa de supervivencia era de apenas un 15 %, quedó impresionado. Este avance le convenció de la importancia de la investigación contra el cáncer.
La operación quirúrgica tuvo lugar el 9 de marzo. Con ayuda de una pierna artificial provisional, Fox pudo caminar a las tres semanas de la amputación. Otras tres semanas después fue capaz incluso de jugar al pitch and putt con su padre. Los médicos estaban impresionados por la actitud positiva del joven, y coincidieron en que eso había contribuido a su rápida recuperación. Tras la operación se sometió durante dieciséis meses a quimioterapia en la British Columbia Cancer Control Agency de Vancouver, período que el propio Fox describió como «difícil», ya que veía como otros pacientes con cáncer sufrían y morían a causa de la enfermedad. Cuando terminó el tratamiento, Fox tenía un nuevo objetivo en su vida. Sentía que le debía su vida a los avances médicos y quería vivir de forma que alentara a otros a ser valientes.
En el verano de 1977 Rick Hansen, que trabajaba con la Asociación de Deportes en Silla de Ruedas de Canadá, lo invitó a incorporarse a su equipo de baloncesto en silla de ruedas. Aunque para entonces se sometía aún a quimioterapia, la energía del joven impresionó a Hansen. Menos de dos meses después de aprender a jugar esa variante de baloncesto, Fox se integró en el equipo que participaría en el campeonato nacional, que se celebraba ese año en Edmonton. Fox ganaría tres campeonatos nacionales con su equipo, y la Asociación de Baloncesto en Silla de Ruedas de América del Norte lo nombró all-star en 1980.
Maratón de la Esperanza La noche previa a la cirugía, Fox leyó un artículo sobre Dick Traum, el primer amputado en completar el Maratón de Nueva York, en 1976, que le había traído su entrenador de baloncesto. El texto lo motivó de tal forma que comenzó un programa de entrenamiento que duraría catorce meses, diciéndole a su familia que él mismo pensaba competir en un maratón. En realidad, Fox había ideado un plan más ambicioso. Durante su experiencia hospitalaria el poco dinero que se destinaba a la investigación contra el cáncer le había causado un profundo malestar, por lo que planeó correr a lo largo de todo Canadá, con la esperanza de aumentar la conciencia social sobre el cáncer, un propósito que solamente había compartido hasta entonces con su amigo Douglas Alward. No se trataba, sin embargo, del primer intento de correr de costa a costa para recaudar fondos. En 1974, Mark Kent cruzó el país con el propósito de conseguir financiación para el equipo canadiense que iba a participar en los Juegos Olímpicos de Verano de ese año en Montreal.
Su protésico le construyó una prótesis utilizando un pogo saltarín equipado con un amortiguador, pero a Fox no le gustó este nuevo dispositivo y volvieron a una pierna protésica más tradicional, aunque con algunas modificaciones para afrontar carreras de larga distancia (por ejemplo, se reemplazó una válvula metálica por otra de acero inoxidable para impedir que se oxidara con el sudor del corredor). A pesar de las modificaciones, el resultado era inusual, ya que tenía que saltar dos veces sobre su pierna izquierda —la amputada era la derecha— por cada paso que daba con la pierna artificial, ya que esta necesitaba un tiempo extra para volver a su posición inicial tras cada paso —de hecho, durante el maratón, Fox se enojó ocasionalmente cuando se cuestionó su estilo de marcha—. El entrenamiento le resultaba penoso porque la presión adicional que ejercía, tanto en su pierna izquierda como en su muñón, le provocaba hematomas, ampollas y un dolor intenso. También se dio cuenta de que después de aproximadamente veinte minutos de carrera traspasaba el umbral del dolor y podía continuar la carrera más cómodamente.
En agosto de 1979, acompañado por su amigo Doug, compitió en un maratón en Prince George (Columbia Británica). Terminó en último lugar, diez minutos por detrás de su competidor más cercano, pero su esfuerzo mereció los aplausos y lágrimas de los demás participantes. Tras el maratón, le reveló a su familia el plan que había mantenido en secreto hasta entonces. En un principio su madre rechazó el proyecto, lo que enfureció a Fox, aunque finalmente le mostró su apoyo. Según relató posteriormente: «[Terry] me dijo "creí que serías una de las primeras personas en creer en mí". Y no lo fui. Fui la primera persona que lo decepcionó». Al principio, esperaba recaudar un millón de dólares canadienses, luego diez millones y al final estaba seguro de que lograría el equivalente a un dólar por cada uno de los veinticuatro millones de habitantes de Canadá en esa época.
Preparación