El Real Monasterio de Santa María de Santes Creus () es una abadía cisterciense erigida a partir del , que se encuentra en el término municipal de Aiguamurcia, en el pueblo de Santes Creus, en la provincia de Tarragona (España).
En el , bajo el patrocinio del rey Pedro III de Aragón (r. 1276-1285) que expresó su deseo de ser enterrado en el monasterio, se construyó el panteón real, en el cual a su vez fue sepultado su hijo el rey Jaime II. Parte de la nobleza siguió esta costumbre medieval y escogió este lugar para su descanso eterno. Así, el cenobio alcanzó su momento de máximo esplendor y grandeza gracias a los numerosos donativos recibidos, hasta la decisión de Pedro IV en 1340 de instalar el panteón de la monarquía en el monasterio de Poblet.
En 1835 y como consecuencia de la desamortización de Mendizábal, la comunidad cisterciense abandonó el edificio. Fue declarado monumento nacional por real orden de 13 de julio de 1921. Es el único de los tres monasterios incluidos en la turística Ruta del Císter (Vallbona, Poblet y el propio Santes Creus) en el que no existe vida monástica.
Apunte histórico miniatura|Escudo del Císter La Orden del Císter se había establecido en la península ibérica, a partir del primer cuarto del , con fundaciones en los monasterios de Osera, Fitero y de Moreruela, todos bajo patrocinio real por la gran necesidad que había en ese momento para conseguir una rápida repoblación del espacio reconquistado a los musulmanes. Convirtiéndose los monjes en: Bajo el mandato del conde de Barcelona Ramón Berenguer IV (1131-1162) y con el mismo fin, se crearon los monasterios de Poblet, Santes Creus y en terrenos cedidos por este mismo conde el monasterio femenino de Vallbona de las Monjas, todos ellos situados en la llamada Cataluña Nueva. Como era norma habitual en la orden cisterciense, sus monasterios fueron dedicados a Santa María.
Fundación La fundación del monasterio se remonta a 1150 gracias al poderoso linaje de la Casa de Moncada, cuando Guillén Ramón de Moncada, senescal de Barcelona, y sus hijos hacen donación en aquella fecha a los monjes cistercienses de la abadía de la Grand Selva, de Toulouse (Languedoc), de unos terrenos en el lugar denominado Valldaura, cerca del actual municipio barcelonés de Sardañola del Vallés. Junto con el terreno se les concedía un permiso para utilizar los molinos de Rocabruna, además de una ayuda de 100 morabatines de oro anuales y grano suficiente, mientras durase la edificación del nuevo monasterio. El que se escogiera para la ubicación del edificio del monasterio una parte baja y no la cima de la montaña, debió de ser por la existencia en ese lugar de algún tipo construcción, ya que poco tiempo después de la donación ya se encontraban en Santa María de Valldaura doce monjes, tres conversos y el abad Guillem procedentes del monasterio de la Grand Selva. La falta de suministros hídricos, así como la proximidad del gran monasterio San Cugat del Vallés y la cercanía de la ciudad de Barcelona que impedían su expansión, hicieron aconsejable enseguida pensar en el cambio de emplazamiento del cenobio. miniatura|Maqueta del monasterio, en Cataluña en Miniatura
Comunicados sus deseos al senescal Moncada, este consiguió ayuda del obispo de Barcelona, Guillem de Torroja, y del conde de Barcelona Ramón Berenguer IV. El conde accedió y concedió en 1155 unas tierras en Ancosa cerca de La Llacuna en la comarca de Noya. El lugar tampoco era adecuado por la falta de agua para dedicarse a la agricultura, hecho primordial dentro de la orden cisterciense. Por lo tanto nunca llegó a construirse un monasterio, aunque sí una granja donde se trasladó una parte de la comunidad.
Nuevamente la influencia de la familia Moncada, cuyo deseo era conseguir la fundación del monasterio para que fuera panteón familiar —de ahí que su intención primera fuera la proximidad a la ciudad de Barcelona, lugar de residencia de dicha familia— hizo que solicitara ayuda a su amigo Guerau Alamany de Cervelló, señor de varios castillos en tierras del Gayá, que vio con buenos ojos el establecimiento de un monasterio en sus tierras. Junto con la cooperación de los nobles Gerard de Jorba y Guillem de Montagut hicieron una donación en 1160 del paraje de Santas Creus, a orillas del río Gayá, con agua abundante y suficientes terrenos de calidad para garantizar la buena economía del monasterio. Su ubicación alejada de poblaciones y situada en plena naturaleza debió gustar a los monjes para poder llevar una vida espiritual tranquila. No obstante, por una disputa jurisdiccional entre las diócesis de Barcelona y Tarragona, en la que ambas consideraban tener derecho sobre el territorio de Santes Creus, el asentamiento se demoró hasta que el papa Alejandro III decretó la independencia del monasterio en 1168/1169, quedando exento de la obediencia ordinaria tanto del arzobispado de Tarragona como del obispado de Barcelona. El monasterio de Valldaura daba paso al de Santes Creus, el abad Pere firmó documentos como abad de Valldaura el 17 de julio de 1169 y como abad de Santes Creus el 9 de enero de 1170.
Expansión miniatura|Vista exterior del monasterio Por fin, en 1174 se pudieron comenzar las obras de construcción del conjunto monástico: primero, la iglesia y la sala capitular; luego, el primitivo claustro románico, hoy desaparecido; más tarde, la sala de los monjes, el refectorio y el dormitorio. Hacia 1225 quedaban concluidas las principales dependencias.
En su expansión territorial, a pesar de los contratiempos sufridos durante la búsqueda del espacio ideal donde edificar finalmente el monasterio, a finales del ya habían conseguido establecer diferentes granjas cistercienses, por donde habían tenido la donación de territorios y abandonarlos por no creer oportuno instalar el cenobio, así ocurrió en Valldaura, la de Ancosa en la Llacuna y más tarde junto a Santes Creus, la granja de Fontscaldetes en Cabra del Campo, la de Valldossera en Querol, la del Codony en Morell o la de Montornés en Puebla de Montornés. Igualmente hay noticias de los numerosos pastos que poseían para sus ganados en ambos lados de los Pirineos. Además, privilegios otorgados por diversos condados les permitían pastorear por todas sus tierras. Las donaciones y legados entre los siglos y fueron aumentando en dominios que se extendían mucho más allá de los alrededores del monasterio; así, al acabar el se contabilizan entre sus bienes diecinueve castillos.
A mediados del la monarquía aragonesa interfiere en el ritmo de la abadía mostrando un interés por la misma, que a la vez perturba la sencillez de la vida monástica cisterciense y engrandece el complejo monacal con nuevas y valiosas construcciones. Es época del abad Bernardo Calbó, consejero del rey Jaime I el Conquistador (1213-1276), a quien acompañó en las conquistas de Mallorca y Valencia. El sucesor en la corona, Pedro III el Grande (1276-1285), dispensó su real patrocinio a la abadía y quiso ser sepultado en ella. A su vez lo serían después su hijo Jaime II (1291-1327) y su esposa, Blanca de Anjou. A instancias de este último monarca se convirtieron las habitaciones abaciales en palacio real y a su voluntad se debe el derribo del claustro románico para ser sustituido por el gótico actual, obra del maestro inglés Reinard de Fonoll y de Guillem de Seguer, así como la construcción del cimborrio sobre el crucero de la iglesia. A Pedro IV el Ceremonioso (1336-1387) hay que atribuir el amurallamiento del recinto monacal y que, debido a su predilección por el Monasterio de Poblet, el de Santes Creus dejase de ser palacio y panteón real en favor de aquel; por ello, las dependencias palaciegas volvieron a destinarse a habitaciones abaciales.
El papa Benedicto XIII de Aviñón visitó el monasterio en 1410. Cuando se extinguió el monasterio cisterciense femenino de Bonrepòs en la localidad de La Morera de Montsant (El Priorato), sus bienes fueron incorporados a Santes Creus junto con el traslado de los restos de la reina Margarita de Prades, segunda esposa de Martín I el Humano, que se encuentran conservados en una urna de piedra en el muro de la nave del lado del Evangelio de la iglesia del monasterio. A finales del el cenobio experimentó un cambio en la explotación de sus propiedades. La práctica desaparición del monje converso, debido a los cambios económicos producidos en la Baja Edad Media, motivó que los monjes de Santes Creus se vieran obligados a establecer en sus campos de cultivo el régimen de contratos enfitéuticos. Durante los siglos y se siguieron efectuando obras de ampliación y reforma, añadiendo nuevas dependencias exteriores. Esta continua actividad se ve truncada bruscamente en 1835 con la desamortización de Mendizábal, momento en que el monasterio sufre el abandono por parte de la comunidad cisterciense y se ve abocado a la ruina. Declarado Monumento Nacional en 1921, ha sido objeto de sucesivas obras de restauración y acondicionamiento, siendo hoy lugar de manifestaciones culturales de variada índole bajo gestión de la Generalidad de Cataluña a partir del año 1981.
Filiales miniatura|Monasterio de Santa María de la Valldigna, primera filial del monasterio de Santes Creus La primera filial de Santes Creus se llevó a cabo en 1298 gracias al rey Jaime II de Aragón, cuando después de sus campañas de conquista por tierras de Murcia y Alicante, al pasar por el valle de Alfandec (Valencia), impresionado por su belleza se dirigió a su capellán y abad de Santes Creus, Bonnanat de Vilaseca, diciéndole: «Vall digna para un monasterio de vuestra religión». Así se fundó un nuevo monasterio de la orden del Cister con el nombre de Santa María de la Valldigna, cuya vida monástica finalizó con la desamortización de Mendizábal en 1835. En 1307, Federico II de Sicilia, hijo de Pedro III el Grande, donaba el territorio de Altofonte en Sicilia, cerca de Palermo, donde se fundó el monasterio de Santa María de Altofonte. Se considera, así mismo, una filial de Santes Creus a la desaparecida abadía femenina cisterciense de Santa María d'Eula en Perpiñán del año 1360, que al extinguirse en 1567 pasó a depender de Santes Creus, donde servía de estancia a monjes que eran enviados a estudiar a esa ciudad. Perteneció a Santes Creus hasta que el Rosellón pasó a manos de Francia en 1659.
Privilegios Existen documentos que señalan una serie de privilegios que tuvieron los abades de Santes Creus, como el decreto de 1210 firmado por Pedro II que les dio atribuciones de notario público; Alfonso III les autorizó el uso del sello real para sus documentos; Jaime II permitió que pudieran hacer declaraciones donde la palabra del abad o incluso de un monje tuviese credibilidad sin necesidad de juramento; inmunidad en muchos pagos como en la exención de tributos reales; poder extraer metales de las montañas, cortar madera y pastorear por los bosques reales; poder establecer mercados en poblaciones; así como al abad del monasterio de Poblet se le dio el título de Limosnero Real,Limosnero real fue un cargo de nombramiento real, normalmente efectuado por un clérigo, cuya misión era repartir las limosnas provenientes del monarca. —Gran Enciclopedia Aragonesa, voz: «Limosnero real» al de Santes Creus, a principios de , se le nombró capellán mayor real. El abad Pedro de Mendoza, pariente lejano de Fernando el Católico, consiguió ser el único abad de Santes Creus que presidió, durante el trienio 1497 a 1500, el «brazo eclesiástico» de la Diputación del General del Principado de Cataluña. Los abades de Santes Creus fueron priores de la Orden militar de Montesa que ostentaron hasta el año 1660, cuando a causa de su fidelidad hacia la Diputación del General durante la Guerra de los Segadores, lo perdieron como represalia. En 1616 la Congregación Cisterciense de los Monasterios de la Corona de Aragón estableció, entre otras reglas, que los abades pasaban de ser vitalicios a un mandato temporal de cuatro años, con lo que se logró una menor proyección política del abad.