thumb|Tagosaku to Mokube no Tokyo Kenbutsu, considerado el primer manga de la historia. Obra del artista Rakuten Kitazawa, del año 1902. es la palabra japonesa para designar las historietas en general. Fuera de Japón, se utiliza para referirse a las historietas de origen japonés.
El manga japonés constituye una de las tres grandes tradiciones de historietas a nivel mundial, junto con la estadounidense y la franco-belga. Abarca una extensa variedad de géneros y llega a públicos diversos. Es una parte muy importante del mercado editorial de Japón y motiva múltiples adaptaciones a distintos formatos: series de animación, conocidas como anime, o de imagen real, películas, videojuegos y novelas. Cada semana o mes se editan nuevas revistas con entregas de cada serie, al más puro estilo del folletín, protagonizadas por héroes cuyas aventuras en algunos casos seducen a los lectores durante años.Los Mundos Manga Desde los años ochenta han ido conquistando también los mercados extranjeros.García (2010), p. 32.
Los cómics con influencia del manga, entre otras obras originales, existen en otras partes del mundo, particularmente en aquellos lugares donde se habla chino (manhua), coreano (manhwa), inglés (OEL manga) y francés (manfra), así como en la nación de Argelia (DZ-manga).
Terminología Hokusai Katsushika, un representante del ukiyo-e, acuñó el término manga combinando los kanji correspondientes a informal (漫 man) y dibujo (画 ga). Se traduce, literalmente, como «dibujos caprichosos» o «garabatos». Al profesional que escribe o dibuja mangas se le conoce como mangaka. Algunos autores producen asimismo sus mangas en vídeo.
Actualmente, la palabra manga se usa en Japón para referirse a "historietas", de forma general. Fuera de Japón, esta palabra se emplea más concretamente para referirse al estilo japonés de dibujar y contar historias.
Características distintivas thumb|Diagrama de lectura de un manga. En Japón el 40% de todas las publicaciones impresas vendidas son mangas.
En el manga las viñetas y páginas se leen de derecha a izquierda, la mayoría de los mangas originales que se traducen a otros idiomas han respetado este orden. El más popular y reconocido estilo de manga tiene otras características distintivas, muchas de ellas por influencia de Osamu Tezuka, considerado el padre del manga moderno.
Scott McCloud señala, por ejemplo, la tradicional preeminencia de lo que denomina efecto máscara, es decir, la combinación gráfica de unos personajes caricaturescos con un entorno realista, como sucede en la línea clara.Cómo se hace un cómic: El arte invisible, pág. 51-52 y 63, de Scott McCloud. Ediciones B. Barcelona, 1995. En el manga es frecuente, sin embargo, que se dibujen de forma más realista algunos de los personajes u objetos (estos últimos para indicar cuando sea necesario sus detalles).Cómo se hace un cómic: El arte invisible, pág. 53, de Scott McCloud. Ediciones B. Barcelona, 1995. Poitras rastrea el color del peinado para cubrir las ilustraciones del manga, donde las ilustraciones llamativas y los tonos coloridos son atractivos para el manga infantil. McCloud detecta asimismo una mayor variedad de las transiciones entre viñetas que en los cómics occidentales, con una presencia más sustancial del tipo que denomina «aspecto a aspecto», en la que el tiempo no parece avanzar.Pág. 86 a 92 en El arte invisible. Igualmente, hay que destacar el gran tamaño de los ojos de muchos de los personajes, más propio de individuos occidentales que japoneses, y que tiene su origen en la influencia que ejerció el estilo de la franquicia Disney sobre Osamu Tezuka.
A pesar de ello, el manga es muy variado y no todas las historietas son asimilables a las más popularizadas fuera del país, abordando de hecho todo tipo de estilos y temáticas, y comprendiendo autores de dibujo realista como Ryōichi Ikegami, Katsuhiro Otomo o Takeshi Obata.
Historia thumb|Dos páginas del manga de Hokusai con una representación de los baños termales. El manga comienza su vida entre los años 1790-1912 debido a la llegada de inmigrantes a Japón, tomando pronto mayor popularidad entre los japoneses. El manga nace de la combinación de dos tradiciones: la del arte gráfico japonés, producto de una larga evolución a partir del , y la de la historieta, afianzada en el . Solo se cristalizaría con los rasgos que hoy se conocen tras la Segunda Guerra Mundial y la labor pionera de Osamu Tezuka.
La tradición gráfica japonesa Las primeras características del manga pueden encontrarse en el Chōjugiga (dibujos satíricos de animales), atribuidos a Toba no Sōjō (siglos -), del que apenas se conservan actualmente unos escasos ejemplares en blanco y negro.
Durante el período Edo, el ukiyo-e se desarrolló con vigor y produjo las primeras narraciones remotamente comparables a los géneros actuales del manga, que van de la historia y el erotismo a la comedia y la crítica. Hokusai, una de sus figuras, implantaría el uso del vocablo manga en uno de sus libros, Hokusai Manga, recopilado a lo largo del . Otros dibujantes, como Kawanabe Kyōsai, destacaron también en este período artístico.
La prensa satírica de origen occidental (1862) thumb|left|Comparación de Charles Wirgman (arriba) y Kōtarō Nagahara (abajo) en 1897. Durante el , en plena transición de la era feudal a la industrializada, los artistas occidentales se maravillaban del ukiyo-e por la exótica belleza que transmitía. Con todo, los verdaderos inicios del manga moderno no se debieron al esteticismo del arte del período Edo, sino a la expansión de la influencia cultural europea en Japón.García (2010), 47.
Fueron Charles Wirgman y George Bigot (ambos críticos de la sociedad japonesa de su tiempo) quienes sentaron las bases para el desarrollo ulterior del manga. La revista británica Punch (1841) fue el modelo para la revista The Japan Punch (1862-87) de Wirgman, como lo había sido antes para otras revistas similares en otros países. Además en 1877 se publicó el primer libro infantil extranjero: Max y Moritz del alemán Wilhelm Busch.García (2010), 54.
La expansión de las técnicas de historietas europeas se tradujo en una producción lenta pero segura por parte de artistas autóctonos japoneses, como Kiyochika Kayashi, Takeo Nagamatsu, Ippei Okomoto, Ichiro Suzuki y sobre todo Rakuten Kitazawa, cuya historieta Tagosaku to Mokube no Tokyo Kenbutsu 『田吾作と杢兵衛の東京見物』 se considera el primer manga en su sentido moderno. Todos ellos oficiaron de pioneros, difundiendo su obra a través de publicaciones, como Tokyo Puck (1905), aunque, igual que en Europa, el uso de globos de diálogo, que ya era habitual en la prensa estadounidense desde The Yellow Kid (1894), todavía no se había generalizado. Desde 1915 se empezó a ensayar simultáneamente la adaptación del manga a la animación, lo que más tarde devendría en el surgimiento anime.
Los primeros mangas infantiles (1923) thumb|Manga anónimo (1912-1926). Los años 1920 y 1930 fueron muy halagüeños, con la aparición y triunfo del kodomo manga (historietas infantiles), como Las aventuras de Shochan (1923) de Shousei Oda/Tofujin y Los Tres Mosqueteros con botas en la cabeza (1930) de Taisei Makino/Suimei Imoto. Curiosamente, la primera historieta de estilo manga aparecida en España fue un cómic infantil de esta época, publicado en el número 35 bis de Bobín«Ficha de BOBÍN (GATO NEGRO, 1930)», Adolfo Gracia, Antonio García y Manuel Barrero, Tebeosfera, Sevilla, 2012. en 1931, un mes antes de que se proclamase la Segunda República Española.««El primer manga en España, en 1931», Manuel Barrero, Tebeosblog, Sevilla, 02/11/2012.
El cómic estadounidense -en especial Bringing up father (1913) de George McManus - se imita mucho en los años 20, lo que ayuda a implantar el globo de diálogo en series como Speed Taro (1930-33) de Sako Shishido, Ogon Bat (1930, un primer superhéroe) de Ichiro Suzaki/Takeo Nagamatsu y Las aventuras de Dankichi (1934), de Keizo Shimada, así como la tira cómica Fuku-chan (1936-1971), de Ryūichi Yokoyama.Mangavisión: Guía del cómic japonés, pág. 19-26, por Trajano Bermúdez en Ediciones Glénat, 1995 Para entonces, habían surgido historietas bélicas como Norakuro (1931-41) de Suihou Tagawa, ya que el manga sufría la influencia de las políticas militaristas que preludiaban la Segunda Guerra Mundial, durante la cual fue usado con fines propagandísticos. En 1945, las autoridades de ocupación estadounidenses prohibieron de manera generalizada este género.
Nacimiento del manga moderno (1945) Tras su rendición incondicional, Japón entraría en una nueva era. El entretenimiento emergió como industria, respondiendo a la necesidad psicológica de evasión ante una cruda posguerra. La falta de recursos de la población en general requería de medios baratos de entretenimiento, y la industria tokiota de mangas basados en revistas vio surgir competidores. Apareció así el Kamishibai, una especie de leyendas de ciego, que recorría los pueblos ofreciendo su espectáculo a cambio de la compra de caramelos. El Kamishibai no competía con las revistas, pero sí otros dos nuevos sistemas de distribución centrados en Osaka: Las bibliotecas de pago, que llegaron a constituir una red de 30 000 centros de préstamo que producían sus propios mangas en forma de revistas o tomos de 150 páginas. Los libros rojos, tomos de unas doscientas páginas de papel de baja calidad en blanco y negro, cuyos rasgos característicos eran sus portadas en color rojo y su bajo precio. Esta industria pagaba a sus artistas sueldos próximos a la miseria, pero a cambio les otorgaba una amplia libertad creativa.
Osamu Tezuka, un estudiante de medicina veinteañero apasionado de los dibujos animados de Fleischer y Disney, cambiaría la faz de la historieta nipona con su primer libro rojo: La nueva isla del tesoro, que vendió de súbito entre 400 000 y 800 000 ejemplares, gracias a la aplicación a la historia de un estilo cinematográfico que descomponía los movimientos en varias viñetas y combinaba este dinamismo con abundantes efectos sonoros.
El gran éxito de Tezuka lo llevó a las revistas de Tokio, particularmente a la nueva Manga Shōnen (1947), que fue la primera revista infantil dedicada en exclusiva al manga, y en la que Tezuka publicó Astroboy. En estas revistas impuso su esquema de epopeya en forma de serie de relatos y diversificó su producción en múltiples géneros, de los que destacan sus adaptaciones literarias y el manga para chicas o shōjo manga. A mediados de la década de 1950, Tezuka se trasladó a un edificio de la capital llamado Tokiwasi, al que peregrinarían los nuevos autores. Habría espacio, sin embargo, para autores como Machiko Hasegawa, creadora de la tira cómica Sazae-san (1946-1974), Kon Shimizu o Shigeru Sugiura con un grafismo muy diferente, nada parecido a Disney.
Un año después, Shōnen desapareció y los libros rojos agonizaron. Entre ambos, y por obra de Osamu Tezuka, habían puesto los pilares de la industria del manga y anime contemporáneos.
El lenguaje del manga (1959) thumb|Leiji Matsumoto en 2008. El triunfo de las revistas de manga acabó con el Kamishibai, y muchos de sus autores se refugiaron en el sistema de bibliotecas. Las revistas de manga eran todas infantiles y las bibliotecas encontraron su nicho creando un manga orientado hacia un público más adulto: el gekiga. Abandonaron el estilo de Disney por otro más realista y fotográfico y se abrieron a nuevos géneros más violentos, escatológicos o sensuales como el horror, las historias de samuráis, los mangas sobre yakuzas, el erotismo, etc. Entre ellos cabe destacar a Sanpei Shirato que en 1964 patrocinaría la única revista underground de la historia del manga, Garo. La competencia en el terreno gráfico del gekiga obligó a las revistas a reducir la presencia del texto, aumentando el número de páginas y el tamaño para mejorar su visión.