A lo largo del eclosiona una nueva mentalidad que enlaza con la antropología renacentista y que en consecuencia viene a destruir la cosmovisión del mundo Barroco. Este período ha recibido el nombre de «Ilustración». Dicho movimiento se comenta, a grandes rasgos, en el espíritu crítico, que rompe abruptamente con el principio de autoridad, en el predominio de la razón y su fundamentación en la experiencia. Esta estructura del saber tiene como consecuencia que la filosofía y la ciencia sean las disciplinas más valoradas. Este período ha sido conocido en la Historia de las Ideas como "Siglo de las Luces" o "Siglo de la razón". Su característica más relevante es la búsqueda de la felicidad humana a través de la cultura y el progreso. Las nuevas ideas asociadas al pensamiento ilustrado hicieron que el arte y la literatura se orientaran hacia un nuevo clasicismo (Neoclasicismo), del que se deriva el adjetivo "neoclásico". En literatura se busca la expresión moderada de las emociones, y emular normas y reglas clásicas (puestas de actualidad gracias a los descubrimientos arqueológicos de este período). Al mismo tiempo se valoró el equilibrio y la armonía como el principio estético dominante. Tradicionalmente se ha tendido a afirmar que contra tanta rigidez se reaccionó a finales de siglo, por lo que se produjo una vuelta al mundo de los sentimientos a la que se le da el nombre de "Prerromanticismo". Para algunos autores como Marta Manrique Gómez en la línea del historiador de la literatura Russell P. Sebold el romanticismo no se constituye como una reacción contra formas obsoletas sino como el desarrollo de un modo de expresión previamente imbricado en los autores que reconocemos canónicamente como ilustrados. si
Marco histórico
300px|thumb|Batalla de Denain El comienza con la guerra de Sucesión española (1701-1714). Las potencias europeas, preocupadas ante el poder hegemónico del rey francés Luis XIV, unido a que su nieto Felipe de Anjou había sido nombrado heredero al trono de España por Carlos II, formaron la Gran Alianza y respaldaron el intento del archiduque Carlos de Austria para acceder a la corona. Tras el Tratado de Utrecht, Felipe V fue reconocido como rey de España(1700-1746), aunque ello acarreó la pérdida de sus dominios europeos, Menorca y Gibraltar. En 1724, abdicó a favor de su hijo Luis I, pero al morir este meses después, volvió a asumir el trono español. Durante su monarquía, desarrolló una política centralista y reorganizó la Hacienda Pública.
Tras la muerte de Felipe V, le sucedió Fernando VI (1746-1759), quien, con los ministros Carvajal y el marqués de la Ensenada, mejoró las comunicaciones y los caminos del país, fomentó las construcciones navales y favoreció el desarrollo de las ciencias.
Tras la monarquía de Fernando VI, su hermanastro Carlos III le sucedió en el trono. Prototipo de monarca ilustrado, contó con la asistencia de importantes ministros, como Floridablanca, Campomanes, Aranda, Grimaldi y el marqués de Esquilache. Sin salirse del modelo del Antiguo Régimen, modernizó el país, repobló Sierra Morena, favoreció la enseñanza, el comercio y las obras públicas.
Durante el reinado de Carlos IV, estalló la Revolución francesa (1789). Este abdicó en favor de su hijo Fernando VII, tras la invasión por los franceses en 1808.
La Ilustración en Europa
thumb|240px|Portada de L'encyclopedie (1751)
Hacia las últimas décadas del , entró en crisis en Europa el sistema del Antiguo Régimen, basado en el predominio de los dos estamentos eclesiástico y nobiliario sometidos a una monarquía absoluta. En este siglo, Europa revisó críticamente el orden establecido. Propone, frente al pensamiento anterior, la razón como método universal del conocimiento, la crítica sistemática e impulsa como base de la epistemología que lo sostiene el método experimental y los estudios basados en el propio raciocinio frente al argumento de autoridad que sostuvo el pensamiento en siglos anteriores.
El saber se desplazó desde las reuniones cortesanas hasta los salones burgueses, cafés o las instituciones culturales. Se sintió la necesidad de viajar por motivos de estudio o placer, de conocer otros idiomas, de realizar deporte para fortalecer el cuerpo o de mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos. Existía además un gran cansancio de la exuberancia ornamental barroca y de su dificultad conceptista; se deseaba mayor claridad y un mayor equilibrio; por eso en Roma nace, contra los excesos culteranos del Marinismo, bajo el impulso que le prestan los críticos Giovanni Mario Crescimbeni y Giovanni Vincenzo Gravina, la Academia de la Arcadia o de los Arcades en 1690, la cual, mediante sus sucursales o coloniae esparcirá por toda Italia el ideal del buen gusto o buon senso y del retorno a la literatura clásica.
En esta nueva actitud, el ilustrado es un filántropo que se preocupa por los demás, proponiendo y acometiendo reformas en los aspectos relacionados con la cultura y la sociedad. Defienden la tolerancia religiosa, se practica el escepticismo e incluso se llega a atacar a las religiones. En oposición a las monarquías absolutas, Montesquieu defendió las bases del constitucionalismo moderno con la separación de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Los ilustrados querían gozar de libertad y elegir a sus propios gobernantes. Todo ello inspiró el lema de la Revolución francesa: Libertad, Igualdad, Fraternidad.
Las teorías ilustradas tuvieron su origen en Inglaterra, aunque alcanzaron el culmen en Francia, donde fueron recogidas en la Encyclopédie (Enciclopedia o Diccionario razonado de las ciencias, las artes y los oficios, 1751-1772), editada por Jean Le Rond d'Alembert y Denis Diderot. En esta obra se recogieron todos los saberes existentes de la época, por orden alfabético. Esta obra nace de la intención de hacer accesible a todos los ciudadanos la totalidad del saber de la época.
Las Luces en España
Antecedentes del reformismo: los novatores del
Debido a la existencia de la Inquisición, el desarrollo científico durante la época de los Austrias se vio mermado por la posibilidad efectiva de la censura. El retraso, en consecuencia, con respecto a Europa se manifiesta ya como evidente a comienzos del . Aun así algunos intelectuales no abandonaron la investigación desarrollando sus estudios en materias como la astronomía, la matemática o la botánica. Además difundieron las teorías científicas de Galileo Galilei, Kepler, Linneo o Isaac Newton. Entre los novatores destacan: Juan de Cabriada, Antonio Hugo de Omerique, Juan Caramuel, Martín Martínez, Tomás Vicente Tosca, Juan Bautista Corachán, así como el jesuita Mateo Aymerich, profesor de las universidades de Cervera y Gandía y que sería uno de los maestros de Juan Andrés. En el , el legado que dejaron, fue continuado por otros científicos como Jorge Juan, Cosme Bueno, Antonio de Ulloa, etc.
Penetración de las luces en España
Tras la guerra de Sucesión, los borbones encontraron una España sumida en la ignorancia. La península ibérica tenía apenas siete millones y medio de habitantes. Con una concepción política francesa, Felipe V fortaleció el poder monárquico y potenció un proceso de centralización de la nación, aboliendo los fueros y las leyes pertenecientes a los territorios de la Corona de Aragón. La Iglesia mantuvo su dominio, pese a la expulsión en 1767 de órdenes religiosas como la Compañía de Jesús. Por otro lado, el pueblo llano, formado por ganaderos, agricultores, funcionarios y marginados, tenía pocos derechos. Los monarcas paulatinamente fueron reduciendo algunos privilegios a la aristocracia hereditaria y adoptaron una postura regalista frente a la Iglesia, con la finalidad de realizar una serie de reformas básicas. A finales de siglo, había mejorado la calidad de vida de los españoles, como así lo demuestra el aumento de la población en casi tres millones de habitantes, cifra sin embargo menor a la de otros países europeos.
Las ideas ilustradas fueron entrando en España a través de diversas vías: thumb|250px|Portada de la primera edición de Fundación y estatutos de la Real Academia Española (1715). La difusión de las ideas de algunos ilustrados como Gregorio Mayans, Martín Sarmiento y Benito Jerónimo Feijoo. La propagación de las ideas enciclopedistas francesas (Rousseau, Voltaire, Montesquieu), pese a la censura de la época para evitar su introducción en la Península y la vigilancia de la Inquisición. Las traducciones de libros franceses de todos los géneros y la contratación de profesores extranjeros o eruditos en determinadas materias. Los viajes de estudio y conocimiento de la vida y costumbres europeas realizados por los eruditos e intelectuales. La aparición de periódicos o publicaciones donde se difundían las ideas ilustradas. La creación de una serie de instituciones culturales y de Sociedades económicas de amigos del país destinadas a promover el progreso social y económico de España mediante la reforma de las prácticas tradicionales. La primera de las sociedades se fundó en el País Vasco en 1765, y pronto se difundieron por toda la nación. Estaban constituidas por ilustrados procedentes de la aristocracia, la burguesía y el clero. En este siglo se crearon organismos de gran importancia, como la Real Academia Española, fundada para ocuparse de la lengua castellana y su literatura. Su lema era Limpia, fija y da esplendor. Esta sociedad pretendía establecer normas para el uso correcto del lenguaje, y su primer esfuerzo se destinó a la elaboración de un Diccionario de la lengua castellana, conocido hoy como Diccionario de Autoridades, en seis tomos (1726-1739). En él se puede encontrar la etimología de cada palabra, y cada acepción va acompañada de una cita sacada de la obra de un escritor célebre (las autoridades) que demuestra su existencia e ilustra su uso. Otras instituciones que surgieron en aquella época fueron la Biblioteca Nacional (1712), la Real Academia de la Historia (1738), el Real Jardín Botánico (1755), la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (1751), la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona (1752) y el Museo del Prado (1819)
El máximo esplendor de la Ilustración en España fue durante el reinado de Carlos III, y su decadencia, por las fechas de la Revolución francesa (1789) y la invasión napoleónica de la península ibérica, en 1808. Los reformadores, pese a contar con el apoyo de la Corona, no obtuvieron el reconocimiento de los grupos privilegiados; muchos fueron calificados como extranjerizantes y acusados de atentar contra la tradición y la enseñanza religiosa. Tras la Revolución francesa, algunos fueron perseguidos, e incluso, encarcelados.
El castellano en el
En este siglo, se libra una lucha a favor de la claridad y naturalidad del lenguaje artístico, en la que muchos escritores combatían contra los restos que aún sobrevivían del estilo Barroco, es decir, la utilización de artificios a la que había llegado el Barroco tardío.
El latín era utilizado en las universidades como lengua académica, pero poco a poco se fue sustituyendo en ese papel. Querían volver al esplendor del Siglo de Oro como lengua literaria, pero para ello era necesario desarrollar formas de expresión acordes con las ciencias experimentales europeas, labor que desarrollaron Feijoo, Sarmiento, Mayans, Jovellanos, Forner, Capmany, entre otros. En el año 1813, tras la guerra de la Independencia, la Junta creada por la Regencia para realizar una reforma general de la enseñanza, ordenó el empleo exclusivo del castellano en la universidad.