Una marcha procesional es la melodía utilizada para acompañar a las procesiones de Semana Santa. Es un género musical que debe contar con unos requisitos de estructura y estilo o carácter; la estructura hace referencia a la forma musical conocida como marcha, la cual consta de tema, desarrollo, trío y reexposición del tema, pudiendo en ocasiones contar con una introducción y una coda. El estilo o carácter queda fijado por el compás, el ritmo, el tempo y la adaptación y adecuación al acto para el que ha sido concebida la obra, la procesión.
La marcha procesional goza de gran popularidad en España y en otros países como Italia, Guatemala El Salvador y Perú, y forma parte del repertorio musical de las bandas procesionales de música.
Historia : Orígenes thumb|Banda de Música de Sarria. Sarria, Galicia. La marcha procesional se creó en la segunda mitad del y lo hace bajo el concepto de marcha fúnebre, como forma musical muy recurrida durante dicha centuria, albergada bajo la corriente estilista del Romanticismo. De ella emanaron grandes composiciones que posteriormente, y debido al escaso repertorio a que tuvieron que enfrentarse las primeras bandas de música, fueron adaptadas, siendo tocadas en las procesiones de Semana Santa, continuando hoy en día, vigentes en algunos lugares. Este es el caso del segundo movimiento de la Tercera Sinfonía de Beethoven; de la marcha fúnebre que Frédéric Chopin compuso para el segundo movimiento de su Sonata para piano n.º 2; la marcha fúnebre de Sigfrido de la ópera El ocaso de los dioses de Richard Wagner; la marcha Juana de Arco de Gounod; las marchas fúnebres de Schubert; o el «Adiós a la vida» de la ópera Tosca de Giacomo Puccini; entre otras.
Pero muy pronto comenzarían a aparecer las primeras marchas fúnebres compuestas específicamente para cofradías y hermandades.
Aunque aún hoy queda mucho por investigar, se considera a José Gabaldá Bel, quien fuera director de la Banda de la Guardia Real en Madrid, uno de los primeros autores en componer expresamente música para la Semana Santa. Su serie de marchas fúnebres, entre las que se encuentran las tituladas «El llanto» o «Soledad», acompañan a la adaptación de la marcha fúnebre de la ópera Ione del maestro Enrico Petrella.
Pronto tomaría la alternativa Andalucía. Así, aunque existen referencias que apuntan a la existencia de marchas fúnebres ya en la segunda mitad del XIX, según los documentos existentes, es la marcha fúnebre compuesta por Rafael Cebreros para la Semana Santa de Sevilla, y que se publicó en 1874. En 1876, y en Cádiz, Eduardo López Juarranz, compone la marcha fúnebre «¡Piedad!» en honor a la corporación del mismo nombre de esta ciudad. En años sucesivos, Juarranz, acometería nuevas marchas, entre la que destaca «Pobre Carmen», común en innumerables ciudades españolas.
En Córdoba, Eduardo Lucena Vallejo, músico destacado del romanticismo andaluz, compone, en 1883 «Un recuerdo», marcha dedicada expresamente al Ayuntamiento de Córdoba, siendo director de la Banda Municipal de esta ciudad andaluza, formación en la que el propio Lucena, Cipriano Martínez Rücker y Juan Antonio Gómez Navarro, dejaron un curioso e importante catálogo de marchas fúnebres.
Pero, si hay una época dentro del que resultó verdaderamente prolífica, esta fue la década de los noventa, saliendo a la luz marchas como «El Señor de Pasión» de Ramón González, compuesta en Sevilla en 1897; «El destierro» de Vicente Victoria Valls, compuesta en 1891 en la ciudad de Cartagena; «Pange Lingua» y «Sacris Solemnis» compuestas en 1898 en San Fernando por Camilo Pérez Montllor; o «Virgen del Valle», compuesta por Vicente Gómez-Zarzuela en 1898 y «Quinta Angustia», compuesta por José Font Marimont en 1895. Ambas marcarían el estilo de otras muchas composiciones que les sucederían.
Ya desde esta época tan temprana, algunas de ellas comenzarían a introducir melodías que se pueden denominar «alegres» dentro del patetismo propio de la marcha fúnebre. Así es el caso de las mencionadas «Pobre Carmen», «Un Recuerdo» o «El Señor de Pasión».
Consolidación y desarrollo Aunque como ya se ha mencionado, existe un punto de inflexión personificado en Sevilla en Vicente Gómez-Zarzuela y en la saga de los Font; en otros lugares de España como Cartagena, Madrid e incluso Canarias, donde, en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, Santiago Tejera Ossavarry, compone la marcha titulada «La Espada del Dolor»; se continuaba componiendo siguiendo estrictamente la estética establecida por la marcha fúnebre, es decir, haciendo caso omiso a lo establecido por «Virgen del Valle». Es en este momento cuando el género comienza a desarrollarse, adquiriendo personalidad propia, y haciendo que las bandas militares se constituyan como referente en este estilo musical.
thumb|Banda Primitiva de Llíria en el Palau de la Música de Valencia. Los años veinte serían testigos de la aparición de la revista musical Harmonía, fundada por el empresario y músico guipuzcoano Mariano San Miguel Urcelay, y autor de dos piezas que dejarían clara la maestría de su autor, «El héroe muerto», compuesta en 1919, y «Mektub», que data de 1925. A su revista acudirían a enriquecer sus repertorios las bandas, surtiéndose de piezas famosas y desconocidas.
Es en este momento, 1929, cuando surge una de las marchas que hoy por hoy goza de mayor popularidad. Se trata de «Rocío», marcha que aunque no puede ser calificada como original, fue compuesta por Manuel Ruiz Vidriet, y dedicada a la Virgen del Rocío, sirviéndose de una melodía mexicana, la canción «Peregrina» del yucateco Ricardo Palmerín, y de parte de una composición original de Joaquín Turina Pérez, perteneciente a su poema sinfónico «La Procesión del Rocío». A su vez surgen de los primeros poemas sinfónicos en forma de marchas fúnebres, dos aspectos diametralmente opuesto.
El género de las cornetas y tambores. Alberto Escámez.
En el primer tercio del se produce un hecho verdaderamente curioso, la aparición de las primeras marchas para bandas de cornetas y tambores, siendo la primera de todas la Banda de CC. y TT. del Real Cuerpo de Bomberos de Málaga, cuyo compositor de cabecera fue el maestro Alberto Escámez, que fue músico militar y el creador de las marchas de cornetas y tambores.
Sus marchas procesionales se consideran dentro del repertorio clásico. Compuso marchas como "Consolación y Lágrimas" en 1922, "La Expiración" en 1926, "Virgen de la Paloma", "Virgen del Rocío" o la más famosa de ellas, "Cristo del Amor" compuesta en 1944, siendo referente de las marchas de cornetas y tambores. La mayor parte de su actividad se desarrolló en Málaga y otras zonas de Andalucía.
Las marchas de Alberto Escámez se consideran un clásico y se interpretan por toda España. A su vez surgen de los primeros poemas sinfónicos en forma de marchas fúnebres, dos aspectos diametralmente opuesto.
Grandes maestros
Los Font Se ha mencionado anteriormente a la famosa saga de músicos de la familia Font, que tiene su origen en José Font Marimont, músico llegado a Sevilla procedente de Barcelona en 1876 para ponerse al frente de la Banda de Música Militar del Regimiento Soria 9, y que en 1887 firma su primera marcha fúnebre dedicada a la Carretería, fue el iniciador de esta familia. Pero es su hijo Manuel Font Fernández de la Herranz, quien realiza la orquestación de la composición de su padre «Quinta Angustia», y quien fuera director fundador de la Banda Municipal de Sevilla, anterior Banda del asilo medicinal de San Fernando, quien se constituiría como verdadero tronco de la saga.
Las composiciones de los Font emanan sinfonismo. «A la memoria de mi padre», «Expiración», «La Sagrada Lanzada» de Manuel Font Fernández, y «Resignación» de José Font de Anta son ejemplos de sus marchas. «Camino del Calvario» compuesta en 1905, y «Amarguras», en 1919 , emblema musical de la Semana Santa de Sevilla, ambas de Manuel Font de Anta, son ejemplos de verdaderos poemas sinfónicos en forma de marchas fúnebres. En 1924, este último sorprendió con «Soleá dame la mano» una composición marcada por el nacionalismo e impresionismo
Germán Álvarez Beigbeder Germán Álvarez Beigbeder vive durante su actividad artística diferentes etapas dentro de la historia de la marcha procesional. Así, sus primeras marchas fúnebres, que verían la luz en 1900, están impregnadas de un gran patetismo, mientras que las últimas, están marcadas por un carácter más alegre. Entre unas otras pasarían 73 años durante los cuales, nos dejaría un repertorio limpio, bello, perfecto, que enaltecería la calidad media de las marchas que hasta su desaparición se estrenaron.
Germán Álvarez Beigbeder vino a enriquecer el patrimonio musical de las cofradías de la zona de Jerez de la Frontera, su ciudad natal, y Cádiz, destacando entre sus bellas marchas fúnebres «Al pie de la cruz» compuesta en 1900, «Nuestra Señora de la Soledad» en 1905, o «Memoria eterna» en 1907.
En 1906, con «Nuestra Señora del Rosario» introduce novedosamente la corneta en una marcha para banda de música. Coetáneo de músicos como Joaquín Turina, su obra está impregnada de un marcado carácter nacionalista. Fue músico Mayor de la Armada estando al frente de la Banda del Tercio de Infantería de Marina de San Fernando, y fundador de la Banda Municipal de Jerez de la Frontera.
Manuel López Farfán Manuel López Farfán (1872 - 1944) marcó una época en la historia de la marcha procesional a partir de los años 20 del , estando al frente de la Banda del Soria 9. Así, en marchas como Nuestra Señora del Mayor Dolor, de 1927, La Virgen en sus lágrimas, compuesta en 1926, o La Victoria de María, de 1921, se hacen presentes unos amplios pasajes en los que las tubas cobran gran protagonismo. Pero 1924 y 1925 tienen gran importancia dentro de su historia compositiva, porque en esos años ven la luz dos marchas insignias de la Semana Santa andaluza: Pasan los campanilleros (1924) y La estrella sublime (1925). También destacan La Esperanza de Triana y El Dulce Nombre. En 2013, 85 años después de ser escrita, se descubre en el archivo personal de la hermandad de arriba de Aznalcóllar la marcha procesional "viva la cruz de Arriba" compuesta por Farfán y dedicada a esta hermandad .
Manuel Borrego Hernández
Compositor nacido en 1888 en la localidada sevillana de Huévar del Aljarafe y fallecido en Sevilla en 1958. Desde muy joven comenzó a componer marchas procesionales, algunas de las cuales aún se escuchan aunque desgraciadamente no tanto como sería deseable para muchos. Dirigió, entre otras, bandas como la de Sanlúcar la Mayor, la del Regimiento de Ingenieros, la Sociedad Filarmónica Hispalense y la precursora de la actual banda de la Cruz Roja. Compuso gran número de marchas procesionales entre las que podríamos destacar "El Lirio Tronchado", "Mater Lacrimosa", "VI Dolor", "El Cristo de la Vera Cruz", "El Varal de los Dolores", "Regina Pacis" y "Salus Infirmorum".
Cartagena
Cartagena merece, como ciudad, un lugar destacado en la historia de la marcha procesional, ya que ha sido testigo de grandes momentos para la música para banda en España. En esta ciudad se produjo el estreno del pasodoble «Suspiros de España» obra del Maestro Antonio Álvarez Alonso, estando al frente de la Banda de la Infantería Marina, el músico Ramón Roig Torné.
thumb|left|La Piedad, Semana Santa de Cartagena. Fueron ellos, Roig Torné y la Banda de la Infantería Marina, junto a otros muchos compositores que pusieron su genio creativo al servicio de la Semana Santa, quienes dieron forma a la música procesional de Cartagena en concreto, y, por extensión, de toda la provincia de Murcia. Así, se pueden citar la marcha fúnebre titulada «Marcha lenta» de Gerónimo Oliver Albiol dedicada a la memoria de Ángel Bruna Egea, alcalde de Cartagena; «El destierro» de Vicente Victoria o «La Agonía» de Alfredo Javaloyes, así como la obra «Primera caída» del propio Ramón Roig Torné, entre otras muchas.
Guerra y postguerra