Carlos Hugo de Borbón-Parma y Borbón-Busset (París, 8 de abril de 1930-Barcelona, 18 de agosto de 2010), hijo de Javier de Borbón-Parma y de María Magdalena de Borbón-Busset, desde 1977 fue duque de Parma, Guastalla y Plasencia (Carlos IV de Parma). También fue desde 1975 pretendiente carlista al trono español, con el nombre de Carlos Hugo I.
Biografía Polémica sobre el nombre Según afirmó Victoria Kent en 1964, fue bautizado con los nombres de Hugo María Sixto Roberto Luis Juan Jorge Benedicto Miguel. Sin embargo, desde finales de los 50 sería conocido en España como Carlos Hugo. Según Kent, no fue hasta el 20 de septiembre de 1962 que pidió en el registro francés una rectificación de su primer nombre, que deseaba que fuese Charles. En 1964 la Hoja del Lunes publicaba la copia de su partida de bautismo, desmintiendo esa información. De acuerdo con Manuel de Santa Cruz, se modificó el acta del sacramento y después se cambió en el registro civil, a fin de incluir el nombre de Carlos que habían tenido varios pretenidentes carlistas. Durante los años 1960 hubo cierta campaña desde el diario ABC y otros medios cercanos a Juan de Borbón en la que le negaban tanto su condición de príncipe de la Casa Real española como el nombre de Carlos, refiriéndose a él de manera irónica como el príncipe francés Hugues de Bourbon-Parme.
Primeros años de vida Era el segundo hijo, de un total de seis, de Javier de Borbón-Parma y de Marie Madeleine de Bourbon-Busset. Era descendiente directo por línea agnada de Felipe I de Parma, hijo de Felipe V de España y fundador de la Casa Real y Ducal de Borbón-Parma.
La infancia de Carlos Hugo en Francia coincide con los últimos y turbulentos años de la Tercera República Francesa y con la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial, contra la cual lucharía su padre en la Resistencia antifascista hasta su apresamiento por los nazis y posterior internamiento en el campo de concentración de Dachau.
Al finalizar la II Guerra Mundial, Carlos Hugo cursó en CanadáBernier Arcand, Philippe, « Les Bourbon-Parme dans les institutions d’enseignement du Québec », Histoire Québec, 202, p. 24-28 (lire en ligne [archive]) estudios, que completó tras su regreso al continente europeo, donde se doctoró por la universidad de la Sorbona (Francia) y en Ciencias Económicas por Oxford (Reino Unido), siendo el primer príncipe español en adquirir una formación completamente universitaria en la que predominarían los conocimientos filosóficos y humanistas sobre los puramente militares lo que posteriormente le sirve para iniciarse en el mundo laboral trabajando en el Deutsche Bank, lo que le permitió conocer de primera mano la política económica que llevaría al llamado “Milagro Alemán”.
Su padre lo envió a España en 1956 para presentarlo a los españoles como su heredero y el «príncipe del 18 de Julio». Realizó numerosos viajes por la geografía española, generalmente tolerados por el régimen franquista.
En 1962 fue recibido en audiencia por Francisco Franco en el palacio de El Pardo. El pretendiente iba acompañado de Álvaro d'Ors, Cristóbal Ignacio Pérez del Pulgar y Ramón Massó. La entrevista duró tres cuartos de hora. El general Franco le habló de la necesidad de conseguir la unidad de todos los monárquicos, a lo que Carlos Hugo contestó que sí pero que esa unidad debía ser de los «monárquicos del 18 de julio». Según Francisco Elías de Tejada, el general Franco manifestó después que durante la entrevista Carlos Hugo había adoptado una actitud de «adulación servil».
El verano de ese mismo año Carlos Hugo trabajó en la mina asturiana de El Sotón bajo el seudónimo de Javier Ipiña (ficha 310 del pozo), lo que sería difundido por la prensa; desde entonces, sería presentado en muchas ocasiones por la propaganda carlista como el príncipe minero.
La actividad política de Carlos Hugo y su pretensión de ser nombrado sucesor de Franco a título de rey en lugar de Juan Carlos fue fuente de múltiples tensiones con el régimen franquista. El 25 de noviembre de 1964 Franco daría personalmente instrucciones explícitas a sus ministros para obstaculizar los viajes de Carlos Hugo por España, ya que según declaró el mismo dictador entonces: «No puedo dejarle a España una guerra de sucesión. Todavía no puedo tomar las últimas decisiones, pero sí debo aclarar las que están concluidas. Este señor no va a ninguna parte...».
El 30 de abril de 1965 fue recibido, en compañía de su padre Javier de Borbón-Parma, en la Ciudad del Vaticano por el papa Pablo VI.
Durante estos años, la secretaría de Carlos Hugo conectó con los sectores progresistas del carlismo, agrupados mayoritariamente en torno a la Agrupación de Estudiantes Tradicionalistas (AET) y el Movimiento Obrero Tradicionalista (MOT). De acuerdo con Ricardo de la Cierva, los secretarios de Carlos Hugo crearían el mito de Carlos Hugo como príncipe socialista. Por entonces se estaba desarrollando la renovación ideológica de un sector del movimiento, que influenciado por el Concilio Vaticano II, y en especial por la declaración conciliar Dignitatis humanae sobre libertad religiosa, iría evolucionando hacia posiciones de nueva izquierda. Ese proceso parecería consolidarse a partir del Congreso Carlista de 1966 pero en 1967 su propia secretaría afirmaría desvincularse del carlismo cuando, según La Cierva, Carlos Hugo «volvió al integrismo». Tras ser reivindicado de nuevo el tradicionalismo ortodoxo en los actos de Montejurra de 1967, un comunicado el 10 de mayo de ese año publicado en la prensa por los que habían sido secretarios de Carlos Hugo manifestaba:
El manifiesto iba firmado por Ramón Massó, último jefe de la secretaría técnica de Carlos Hugo; Víctor Perea, último delegado nacional de los estudiantes carlistas; José Antonio Parrilla, exsecretario particular de Carlos Hugo y exjefe de prensa de la Comunión Tradicionalista; Fernando Truyols, último secretario nacional de los estudiantes carlistas; Pedro Olazábal, exmiembro de la secretaría técnica y exdelegado de asuntos económicos; y Luis Olazábal, exmiembro de la secretaría técnica y exvicepresidente de los estudiantes carlistas de Madrid.
En aquel nuevo giro en su política, Carlos Hugo llegó a declarar con motivo de la celebración del 18 de julio de 1967:
El 20 de diciembre de 1968, pocos meses antes del nombramiento de Juan Carlos como príncipe de España, el Gobierno franquista decidió la expulsión colectiva de toda la Familia Borbón-Parma de manera definitiva, acusándoles de ser unos extranjeros que estaban interfiriendo en la política española. La excusa fue la celebración el 15 de diciembre de un acto político en el monasterio de Valvanera. Aquel acto fue presidido de manera conjunta por Javier de Borbón-Parma y su hijo Carlos Hugo, contando con la presencia y adhesión de más de dos centenares de antiguos oficiales de los Tercios de Requetés. En este acto se reconoció a La Rioja como región singular del País Vasco-Navarro en la estructura organizativa territorial del carlismo, se criticó duramente al régimen, y se denunció el paso atrás, respecto a las promesas aperturistas, que significaba el Estatuto Orgánico del Movimiento. La razón que dio el Gobierno al ser interpelado en las Cortes por los cuatro procuradores carlistas por el tercio familiar, elegidos por Navarra y Guipúzcoa, fue que en aquel acto los Borbón-Parma «incurrieron en manifestaciones contrarias al orden público que rozaban facultades potestativas del Poder estatal».
La expulsión de Carlos Hugo de España por parte del régimen franquista y la elección al año siguiente de su rival Juan Carlos de Borbón como futuro rey supuso el abandono brusco de la estrategia que consistía en bascular entre la oposición y la colaboración con el régimen franquista, y se dieron pasos agigantados en el que los partidarios de Carlos Hugo designaron como la "clarificación ideológica" del carlismo, que desembocó en la formulación de un carlismo socialista autogestionario.
Dirección del Partido Carlista Tras su expulsión de España y la designación de Juan Carlos de Borbón como sucesor de Franco en 1969, Carlos Hugo, junto con sus hermanas y su equipo político en aquellos momentos, iniciaron un proceso en el que pretendían cambiar la doctrina tradicionalista del carlismo por el socialismo autogestionario, inspirados en el modelo implantado en Yugoslavia por el presidente Tito. Dicho cambio produjo una profunda división y enfrentamiento entre los carlistas que acabaría colisionando en 1976 en los llamados sucesos de Montejurra.
Por aquel entonces hubo también rumores de «pactos de familia» en Portugal entre Carlos Hugo y Juan de Borbón, según habría afirmado con preocupación Manuel Fal Conde.
En los tres Congresos del Pueblo Carlista celebrados entre 1970 y 1972, el sector dirigente de la Comunión Tradicionalista refundó la organización como Partido Carlista, denominación que consideraban que era la original del movimiento, rechazando la de «Comunión Tradicionalista», uno de los nombres que había tenido el carlismo desde su establecimiento como partido político en 1869. Sin embargo, el proceso no tuvo una aceptación unánime, y la mayoría de los carlistas se desvincularon de este nuevo partido.
En febrero de 1972, tras sufrir un grave accidente de tráfico, Javier de Borbón-Parma concede plenos poderes a su hijo, Carlos Hugo, para dirigir el Partido Carlista formado a raíz de los llamados «Congresos del pueblo carlista».
Poco después de la formación de la Junta Democrática de España, Santiago Carrillo, secretario general del Partido Comunista de España, estableció cierta relación en París con la familia Borbón-Parma, y en sus Memorias se referiría a la nueva versión del carlismo encarnada en Carlos Hugo como próxima a las convicciones comunistas y a Carlos Hugo como líder de un partido de futuro incierto.
El 8 de abril de 1975, al abdicar su padre a los derechos a la Corona española, Carlos Hugo se convirtió en el pretendiente carlista al trono, además de ocupar la presidencia del Partido Carlista. La abdicación de Javier de Borbón, en quien todavía confiaban los sectores tradicionalistas del carlismo javierista para restaurar la "pureza doctrinal", provocó la separación definitiva de estos. Sixto se negó a guardar lealtad a su hermano Carlos Hugo e inició una serie de contactos con los tradicionalistas españoles opuestos a la línea carlohuguista, a quienes estaba dispuesto a liderar como abanderado de la Comunión Tradicionalista, escribiendo a su hermano que se negaba a reconocerle como "rey de los carlistas".
El 3 de octubre de 1976, Carlos Hugo manifestaría desde Portugal, en relación con el papel de la reivindicación monárquica en la agenda política del Partido Carlista en esos momentos, que:
En marzo de 1976 intentó entrar en España pero las autoridades no lo autorizaron y no pudo salir del Aeropuerto de Madrid-Barajas. Regresó de forma clandestina a territorio español para presidir los actos de Montejurra, en Navarra, tradicional festividad del carlismo. Este día acabó con la muerte de dos partidarios de Carlos Hugo cuando algunos grupos de carlistas tradicionalistas trataban de «reconquistar Montejurra» acompañados de ultraderechistas españoles, italianos, alemanes y argentinos.
Ruptura familiar