Pedro Ruperto Arenas i Aranda (Arequipa, 27 de marzo de 1902 – Arequipa, 17 de agosto de 1995) fue un poeta peruano. Laureado en los Juegos Florales organizados por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en Lima, el año 1923 por su poema épico “Canto al Bronce”. No publicó ningún libro. A pesar de ello, por los pocos poemas que se difundieron a través de diarios, revistas y recitales fue reconocido a nivel internacional (Argentina y México). Seis poemarios fueron publicados por sus hijos, recién en 1990 cuando el vate tenía 88 años de edad, en un solo volumen titulado “Obra Poética”.

Maestro universitario en la Universidad Nacional de San Agustín durante más de 40 años, enseñó los cursos de "Filosofía Antigua", "Lógica, Moral y Metafísica", "Historia del Perú", "Castellano, Lengua y Literatura". Llegó a ser catedrático principal de la Facultad de Letras, decano, y rector de dicha universidad. Se jubiló a finales de 1968.

Biografía

Hijo de Isabel Aranda Navarro y Pedro J. Arenas Zarzosa, un bancario limeño que llegó a Arequipa para fundar la sucursal del Banco Perú- Londres y que, posteriormente, también instituyó la Sociedad de Empleados de Comercio y Socorros Mutuos de Arequipa y asimismo fue fundador del Partido Liberal de Arequipa, aunque no podía figurar por su condición de empleado bancario que lo prohibía.

Nieto de Manuel Agustín Arenas Barraza, limeño, catedrático de la Universidad de San Marcos, Ministro, y Primer Director de Penitenciarías de Lima.

Biznieto de Antonio Arenas Merino, limeño, político y jurisconsulto famoso, ministro de diversas carteras en varias ocasiones, y que convocó el Primer Congreso Internacional de Juristas en Lima y fue Ministro Plenipotenciario del Perú en la Conferencia de Paz de Arica durante la guerra con Chile, sin llegar a firmar el tratado pues, con firmeza, se negó a ceder ni un palmo de territorio a ese país. Es el único peruano que llegó a presidir los tres poderes del estado: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. También fue fundador de la Gran Logia de Antiguos Libres y Aceptados Masones de la República del Perú, llegando a ser su primer Gran Maestro (1882).

Tataranieto del médico español Don Francisco Agustín Arenas quien, junto con Hipólito Unanue, fundaron en 1810 la Escuela de Medicina de Lima. Se casó con Rosa Merino, cantatriz, que fue la primera persona en cantar, en acto solemne, el Himno Nacional del Perú frente al General Don José de San Martín, quien independizó el Perú del yugo español el 28 de julio de 1821. Interpretación que fue narrada por Don Ricardo Palma en sus "Tradiciones Peruanas", bajo el título "La tradición del Himno Nacional".

Pedro Arenas i Aranda estudió música con el famoso compositor Luis Duncker Lavalle, y tocaba piano en forma magistral. Fue estudiante del tradicional Colegio Nacional de la Independencia Americana de Arequipa, fundado por Simón Bolivar. Estudió en la Escuela de Ingenieros de Lima, Universidad Católica de Lima, Universidad San Agustín de Arequipa y Universidad San Marcos de Lima siendo en todas alumno distinguido.

Políglota destacado. Dominaba varios idiomas además del español: italiano, inglés, alemán, francés —especialmente este idioma, porque su pronunciación era perfecta debido a su "defecto natural" de pronunciar la "R" como lo hacen los franceses— también hablaba un poco de japonés.

Obtuvo grado de doctor en 5 especialidades:

Filosofía, Historia y Letras. Derecho. Ciencias Político Económicas y administrativas. Ciencias Físicas y Naturales. Ciencias Matemáticas.

Contrajo nupcias con doña Lucrecia González Manrique. Unión ejemplar que duró cerca de 50 años, hasta la muerte de ella en el año 1987. Tuvieron doce hijos.

Se jubiló en el año 1968, a los 66 años de edad, y murió —por causas naturales y no por el cáncer que lo atacó en 1989— el 17 de agosto de 1995 habiendo alcanzado a tener 93 años de vida .

Compendio

En el año 1922, cuando tenía veinte años de edad y estudiaba en la Escuela de Ingenieros, Lima, el Presidente de la República Don Augusto B. Leguía dispuso que en el Teatro Forero, hoy Teatro Municipal, se brindaría un homenaje a José Santos Chocano en el cual se le coronaría con los Laureles de Oro. Convocó a un concurso para escribir un poema en su honor. Los diez mejores, se declamarían en la ceremonia. Los compañeros de estudio de Arenas lo animaron a hacerlo y escribió “Salve Poeta” a pesar de que no estudiaba una carrera afín al área literaria, pero no quiso presentarlo al concurso y sus amigos lo hicieron a escondidas. El día de la coronación, el vate José Gálvez, fue el encargado de presentar y leer los diez poemas ganadores. Antes de darles lectura él hacía comentarios sobre la vida y obra de cada uno de los autores. Por fin llegó el momento de anunciarse el décimo y último, que por costumbre siempre es el mejor para cerrar con “broche de oro” el acto. Anunció: "aquí un poeta del cual no puedo decir nada pues su nombre nos llega por primera vez, pero tengo el encargo de Chocano de decir que se trata de toda una revelación. Con ustedes el poema Salve Poeta de Pedro Arenas i Aranda.” Éste no se explicaba cómo había llegado su poema a ese evento. Se quedó perplejo y muchísimo mayor fue su asombro cuando una cerrada ovación consagró la calidad su poema.

"El Cantor de América" quedó muy impresionado por la excelente obra literaria y pidió a todos que localizaran a su autor, pues quería conocerlo. Nadie pudo ubicarlo. Cierto día el versificador José Fiansón se encontró con su colega literario Alberto Arenas y se enteró que éste era tío del buscado autor de “Salve Poeta” por lo cual le pidió el favor de darle el encargo de que visitara a Chocano. Pedro Arenas dilató el encuentro lo más que pudo. Cuando fue ya imposible seguir postergando el encuentro, se dirigió a la casa de Chocano. Lo hicieron pasar a una sala que se encontraba atestada de gente que quería entrevistarse con el coronado vate, porque se estaba preparando el Libro de la Coronación y porque él viajaría en poco tiempo a Centroamérica. Cuando dijo su nombre al recepcionista, en lugar de hacerlo tomar asiento con los demás, le pidió que tocara a una mampara de un segundo piso donde quedaban las habitaciones del famoso bardo. Así lo hizo y salió a abrirle José Santos Chocano en persona. El joven dijo: “soy Pedro Arenas i Aranda”, el famoso vate hizo un gesto de gran sorpresa y agrado y expresó efusivamente: “¡El poeta!... Mi querido amigo —le manifestó Chocano al mismo tiempo que lo abrazaba— he querido conocerlo antes de viajar y nadie me daba razón de usted, pese a las muchas personas a quienes interrogué”. Sin dejar de abrazarlo penetraron en el recinto y lo presentó a sus amistades, entraron a otra habitación donde quedaron solos y conversaron largamente y luego el poeta le rogó lo acompañara a su cita con un médico y prosiguieron charlando hasta el anochecer, yendo juntos a todos los lugares a los que se dirigió ese famoso personaje. Desde ese momento se estableció una sincera amistad entre ambos, a pesar de la diferencia de edades, Chocano tenía 47 años de edad y el joven 20.

Tanto apreció el reconocido vate la poesía del novato poeta, que en cierta oportunidad, poco tiempo después de que éste fuera laureado en los Juegos Florales de 1923, le dijo: "Pedro, tú serás el próximo poeta que coronen en el Perú". En este gran evento literario "donde intervinieron los más altos valores del Parnaso Peruano", volvió a suceder algo parecido con relación al poco interés que tenía Arenas por hacer conocer sus versos. Volvió a suceder lo mismo en cuanto a la creación poética y la presentación al concurso por sus amigos. En las bases del concurso se especificaba que el poeta ganador del premio épico debía elegir a la Reina de los Juegos Florales y que ganaría, además, un premio pecuniario otorgado por la Municipalidad de Lima, por ser el poema épico el principal del concurso. Faltando uno o dos días para que terminara el plazo de entrega, apareció en los diarios un aviso por el cual se postergaba por unos días la fecha de recepción de los trabajos y que —extrañamente— "elegiría a la reina, el laureado lírico".

Después se supo que “Canto al Bronce” era indiscutiblemente el ganador, pero el autor era desconocido en absoluto y los organizadores cambiaron todo para que un versificador con prestigio fuera el que eligiera a la reina. Una vez conocidos los resultados el 28 de julio de 1923, al saberse ganador en el género épico, Arenas mandó a confeccionar un medallón de oro, con una lira de platino, incrustada en el anverso, ya que en el reverso debería grabarse el nombre de la reina y del poeta oferente, pero no se sabía quién sería ella, porque debería elegirla el ganador del género lírico, según las nuevas disposiciones. Resultó favorecido en esta categoría otro vate arequipeño: Alberto Guillén y segundo premio con la "Flor Natural" la poetisa Magda Portal. Guillén eligió como reina a la hija de Leguía, hecho este que motivó la abstención del joven poeta para rendir homenaje a la reina y a asistir a la fiesta. En una nota de su puño y letra al costado de una copia del poema, que tienen sus hijos dice: "No protesté contra la reina, simplemente ordené al joyero que no vaciara el sello de oro y platino, que pendería de la cinta que cerraría la carta regia que iba a ser mi homenaje, de no haber sido la hija del dictador Leguía”, y aclara que él "era amigo de saludo de María Isabel Leguía" lo que no impidió su abstención por estar en contra de sus ideas. Efectivamente era así porque frecuentaban los mismos círculos sociales. Él quería marcar distancia porque estaba en contra del dictador, porque sus ideas y convicciones estaban en contra de la tiranía (Leguía había llegado al poder, por segunda vez, tomándolo por la fuerza y se hizo nombrar presidente por el congreso). Por eso su abstención de rendir homenaje a su hija y su resolución de no asistir a la fiesta que se realizó en su honor. Es por este motivo, también, que no aceptó el premio que le ofreció Leguía, consistente en un viaje a Europa, e ir a ocupar un cargo “cualquiera que escogiese” en la embajada de Perú en Francia.

Por haber triunfado en los Juegos Florales, la Universidad de San Marcos le entregó como galardón una bella violeta de oro con incrustaciones de piedras preciosas. En cuanto al premio pecuniario otorgado por la municipalidad de Lima consistente en 300 soles, dada la forma de ser del joven vate, que no daba importancia ni a los halagos ni a los premios, tampoco se acercó a cobrarlo. Pasado un tiempo, a insistencia de otros se acercó a tesorería para hacerlo efectivo pero ya había sido cobrado con una falsa firma. Se descubrió que había sido hecho efectivo por el padre de la que fue, años después, esposa de un famoso personaje político. Parece ser que esa persona, viendo que pasó el tiempo, que nadie cobraba, y enterado que era un estudiante venido de una provincia, cobró el premio creyéndose inalcanzable para cualquier sanción, pero él ignoraba que el “provinciano” pertenecía a una conocida familia de Lima y aunque el agraviado no movió un dedo para recuperarlo, su padre indignado más por el acto delictivo que porque habían arrebatado el premio a su hijo, pidió ayuda a sus familiares de Lima los cuales no tardaron en dar con el inmoral. El sujeto al verse descubierto y sobre todo porque Pedro Arenas contaba con un apoyo familiar de mucho poder, ofreció devolver el dinero pero el agraviado no quiso recibirlo y generosamente dijo: “No lo necesito, tengo una familia lo suficientemente pudiente y por lo tanto no necesito premios pecuniarios. Que se quede con el dinero”. “Debe tener un gran problema quien es capaz de delinquir para cubrir una necesidad”.