Felipe de Castilla (c. 1231-28 de noviembre de 1274). Infante de Castilla e hijo de Fernando III de Castilla y de su primera esposa, la reina Beatriz de Suabia.

Arzobispo electo de Sevilla, fue además canónigo de la catedral de Toledo, beneficiado en la catedral de Burgos y abad de la Colegiata de Valladolid, de la Colegiata de Castrojeriz y de la Colegiata de San Cosme y San Damián de Covarrubias hasta el año 1258, en que abandonó la carrera eclesiástica con el consentimiento de su hermano, Alfonso X el Sabio, y a pesar de la oposición de este, y contrajo matrimonio con la princesa Cristina de Noruega, hija del rey Haakon IV de Noruega.

Fue señor de Valdecorneja y de Piedrahíta, y algunos autores han destacado que «su bulliciosa vida contiene elementos para una novela», y otros que nunca sintió una verdadera vocación por la carrera eclesiástica. Además, ciertas fuentes aseguran que ingresó como caballero en la Orden del Templo, en una de cuyas iglesias, la de Santa María la Blanca de Villalcázar de Sirga, recibió sepultura el infante, en un sepulcro adornado con emblemas de la mencionada Orden de caballería.

Orígenes familiares Fue el quinto hijo de Fernando III el Santo, rey de Castilla y León, y de su primera esposa, la reina Beatriz de Suabia, y era por parte paterna nieto de Alfonso IX de León y de Berenguela de Castilla, reina de Castilla, que renunció al trono que había recibido por la muerte de su hermano, Enrique I de Castilla, siendo ambos hermanos hijos del rey Alfonso VIII de Castilla. Y por parte materna era nieto de Felipe de Suabia, rey de Romanos y duque de Suabia, y de Irene Ángelo, hija de Isaac II Ángelo, emperador del Imperio Romano de Oriente.

Fueron sus hermanos, entre otros, Alfonso X el Sabio, rey de Castilla y León, Fadrique de Castilla, ejecutado en 1277 por orden de su hermano Alfonso X, y Manuel de Castilla, padre del célebre magnate y escritor Don Juan Manuel.

Biografía Infancia y carrera eclesiástica (1231-1258) El infante Felipe de Castilla nació en 1231, y según el profesor Kinkade hacia el 5 de diciembre y en Carrión de los Condes, o bien en Sahagún, según Antonio Ballesteros Beretta, o con total seguridad, según Jaime de Salazar y Acha, antes de la mencionada fecha, asegurando sin embargo otros autores que nació entre 1229 y 1231. Desde su infancia fue orientado por su padre, Fernando III, hacia la carrera eclesiástica, al igual que su hermano, el infante Sancho, que llegaría a ser arzobispo de Toledo. La educación del infante primero tuvo lugar en Toledo, después de que su crianza fuera encomendada por su abuela la reina Berenguela de Castilla junto con la de su hermano Sancho a Rodrigo Jiménez de Rada, que llegaría a ser arzobispo de Toledo. Después, la educación del infante prosiguió en la ciudad de Burgos entre 1240 y 1244, y en 1243 fue nombrado abad de la colegiata de Castrojeriz y elegido abad de la de Santa María la Mayor de Valladolid.El día 19 de marzo de 1243 los canónigos capitulares y los racioneros de la colegiata de Santa María la Mayor de Valladolid otorgaron una escritura de poder, a favor del canónigo maestre Nicolás, para que en nombre de todos eligiera como abad de la colegiata al infante Felipe de Castilla, hijo de Fernando III y canónigo del templo en esos momentos. Cfr. Mañueco Villalobos y Zurita Nieto (1920a), p. 219.

En 1244 el infante fue enviado a la Universidad de París, donde recibió lecciones de San Alberto Magno, un profesor de Santo Tomás de Aquino, junto con su hermano Sancho. El infante viajó a la capital de Francia acompañado por Juan Domínguez, obispo de Burgos y canciller del rey, y por Raimundo de Losana, futuro obispo de Segovia y también futuro arzobispo de Sevilla. Y el sacerdote e historiador Hernández Parrales describió del siguiente modo el viaje a París del infante y de sus acompañantes:

265px|thumb|Vista general de la catedral de Sevilla y de la Giralda.

Sin embargo, la estancia en París del infante debió de ser breve, ya que en enero de 1247 se encontraba en Valladolid ocupando la silla abacial de la Colegiata de Santa María la Mayor, que era el principal templo de la ciudad, aunque ya había sido elegido abad de ese templo en 1243. Al parecer al rey Fernando III le complacía en extremo la vocación clerical de su hijo Felipe, «que vivía ejemplarmente», y a fin de obligarle a perseverar en ella intentó que se le concediera el obispado de Osma en 1246, ya que el gobierno de esta diócesis había quedado vacante al ser promovido su titular, Juan de Medina, a la diócesis de Burgos, pero el papa Inocencio IV se opuso tajantemente al proyecto debido a la tierna edad del joven infante, que ni siquiera había terminado sus estudios.

El infante permaneció en Valladolid hasta que tuvo lugar la conquista de Sevilla por los castellanos en 1248, ya que el rey San Fernando planeaba nombrar a su hijo arzobispo de la recién conquistada ciudad, a fin de establecer un vínculo permanente entre la archidiócesis hispalense y la Corona, como indicó Olga Pérez Monzón. El día 25 de mayo de 1249 el infante Felipe de Castilla fue nombrado procurador de la archidiócesis de Sevilla por el papa Inocencio IV, o lo que es lo mismo, administrador del arzobispado. Y en 1251, dos años más tarde, fue designado por el mismo pontífice arzobispo electo de la archidiócesis de Sevilla, que continuaba siendo gobernada por Raimundo de Losana, obispo de Segovia, debido a que el infante Felipe, aunque había sido nombrado arzobispo electo, aún no había sido consagrado como obispo, aunque otros autores señalan que hasta el 17 de mayo de 1252 no apareció en los documentos de la época usando el título de «arzobispo electo» de Sevilla, ya que el infante siempre usó ese título por no haber sido nunca consagrado, lo que le llevó a no figurar de modo oficial en el episcopologio hispalense.

El 30 de mayo de 1252 falleció el rey Fernando III de Castilla en el Real Alcázar de Sevilla. Y el monarca, después de haber recibido los últimos sacramentos, dio «saludables consejos» a su esposa, la reina Juana de Ponthieu, y a sus hijos allí presentes, y encomendó a su hijo Felipe y a Raimundo de Losana el cuidado de la Iglesia hispalense.420px|thumb|Las postrimerías de Fernando III el Santo, de Virgilio Mattoni. 1887. (Real Alcázar de Sevilla).

Sin embargo, en mayo de 1252 el papa sí que otorgó plena autorización al infante para que redactase y dotase a la archidiócesis de Sevilla de unas constituciones que no han llegado hasta nuestros días. Y teóricamente al menos, el infante Felipe gobernó la archidiócesis hispalense desde 1249 hasta 1258, año en que se casó, pero siempre con el título de «arzobispo electo», tal y cómo aparece en los privilegios rodados de la época. Pero el infante contó siempre con la colaboración en la sede de Raimundo de Losana, que le sucedería como arzobispo y que en esos momentos era obispo de Segovia y notario mayor de Castilla.Raimundo de Losana fue, después de la reconquista de la ciudad en 1248, el primer arzobispo «consagrado» de Sevilla. Y ocupó dicho cargo desde 1259 hasta su muerte en 1286, ya durante el reinado de Alfonso X el Sabio. Este prelado fue quien realmente organizó la administración de la archidiócesis de Sevilla, y durante su pontificado se redactaron y aprobaron las Constituciones de 1261, en vigor hasta el siglo XIX. Cfr. Belmonte Fernández (2022), p. 47.

Tradicionalmente se ha afirmado que, mientras vivió en Sevilla, el infante Felipe residió en la collación de San Lorenzo y, al mismo tiempo, se deshizo de algunas de sus posesiones en el norte del reino, según se desprende de algunos documentos conservados de la época. Y está documentado que el 10 de abril de 1253 el infante, titulándose «arzobispo electo de Sevilla», vendió al monasterio de las Huelgas de Burgos todos los terrenos que poseía en término de Burgos, en el camino de San Felices y lindando con la puebla del monasterio de las Huelgas, por 200 maravedíes y un manto en «robra».

El 4 de mayo de 1253 el infante fundó un aniversario perpetuo en memoria y por el alma de su difunta madre, la reina Beatriz de Suabia, que había fallecido en 1235, en la colegiata de Santa María la Mayor de Valladolid, de la que él mismo era abad, y para el sostenimiento de la fundación el infante cedió al cabildo de la colegiata varias casas de su propiedad situadas en la Plazuela de Santa María de la ciudad. Y tras la muerte del rey San Fernando, el infante Felipe obtuvo de su hermano Alfonso X numerosos privilegios para la archidiócesis de Sevilla, como por ejemplo la donación de todas las mezquitas de la ciudad, y a excepción de tres, por ser sinagogas de los judíos, que finalmente también serían cedidas a finales del a la sede hispalense.232px|thumb|Estatua de la princesa Cristina de Noruega en Covarrubias.

Según el profesor Kinkade, las relaciones en esta época entre el infante Felipe y su hermano, Alfonso X, debían ser cordiales, ya que en el Reparto de Sevilla tanto Felipe como su hermano, el futuro arzobispo Sancho de Castilla, recibieron en Buyena o Rebujena, que está situada a unos 20 kilómetros al suroeste de Sevilla, una impresionante donación de 30.000 pies de olivar y 600 aranzadas de tierra. Y en 1254, en la ciudad de Burgos, y con motivo del matrimonio entre la infanta Leonor de Castilla, hermana de Felipe, y el príncipe Eduardo de Inglaterra, hijo y heredero de Enrique III de Inglaterra, el rey Alfonso X el Sabio armó caballeros al infante Felipe y a otros hermanos suyos, como Manuel, Fernando y Luis.

En 1255, y a fin de seguir ampliando sus estudios, el infante volvió a París y fue alumno en la Sorbona de San Alberto Magno y compañero de Santo Tomás de Aquino. Y al volver a Castilla, el infante regresó acompañado por su ayo, que era un «inteligente y adulador» italiano llamado Gabo de Lombardía, que, según los testimonios de la época, se había ganado por completo la voluntad del infante y que era conocido en Sevilla como «miçer lombardín», al tiempo que a su esposa la llamaban «la placentina» por proceder de esa ciudad italiana, según afirmó el historiador Antonio Ballesteros Beretta en su obra Sevilla en el siglo XIII, publicada en 1913. Y Hernández Parrales afirmó lo siguiente con respecto a la renuncia al arzobispado de Sevilla por parte del infante:

La renuncia del infante Felipe al arzobispado de Sevilla tuvo que ocurrir, aproximadamente, entre el 21 de febrero y el 12 de marzo de 1258,Según Hernández Parrales, el 21 de febrero de 1258 el rey Alfonso X concedió un privilegio al cabildo catedralicio de Burgos que fue confirmado por el infante Felipe titulándose aún «don Felipe, electo de Sevilla». Pero en otro privilegio concedido el 12 de marzo de ese mismo año, ya aparece como vacante la archidiócesis de Sevilla, por lo que la renuncia del infante Felipe a sus prebendas eclesiásticas debió tener lugar entre esas fechas. Cfr. Hernández Parrales (1959), p. 198. y el principal motivo de su renuncia fue, «sin duda alguna», su matrimonio con la princesa Cristina de Noruega.

Matrimonio con Cristina de Noruega (1258-1262)