Se conoce con el nombre de Semana Trágica a los sucesos acontecidos en Barcelona y otras ciudades de Cataluña entre el 26 de julio y el 2 de agosto de 1909. El desencadenante de estos violentos eventos fue el decreto del gobierno de Antonio Maura de enviar tropas de reserva a la guerra de Melilla, que causó un fuerte descontento social por ser la mayoría de estos reservistas padres de familia de las clases obreras. Los sindicatos convocaron una huelga general y el ejército llevó a cabo una dura represión para dominar los disturbios.

Contexto histórico

A principios del España no se había recuperado del golpe a su influencia en la política internacional, así como la crisis política y económica que supuso la guerra hispano-estadounidense de 1898, con la pérdida de Cuba, Puerto Rico, Islas Filipinas y en menor medida de las Islas Marianas e Islas Carolinas (estos dos últimos archipiélagos fueron vendidos a Alemania en 1899 por considerarse indefendibles).

Durante el periodo constitucional del reinado de Alfonso XIII algunos de los elementos fundamentales del sistema fueron la alternancia en el gobierno de los dos partidos dinásticos (conservador y liberal) conocido como turnismo y la intervención activa del rey en la vida política, sobre todo en asuntos militares. La alternancia era organizada desde el poder mediante el reparto de escaños previo a las elecciones (conocido como encasillado), a través de una red de influencias denominada caciquismo y el pucherazo o adulteración de los resultados y la decisión última del monarca de entregar el poder a unos u otros. Como respuesta la Ley de Jurisdicciones, en 1906 se forma en Cataluña bajo el nombre de Solidaridad Catalana una coalición electoral cuya victoria aplastante en las elecciones de 1907 supondrá el inicio de la crisis del caciquismo y del sistema de turno. En ésta se integraron los republicanos (a excepción del Partido Republicano Radical), los catalanistas Liga Regionalista, Unión Catalanista y el Centro Nacionalista Republicano e incluso los carlistas.

Socialmente, los obreros españoles comienzan a tomar conciencia sindical y se hace fuerte movimiento obrero en las zonas industriales y especialmente en Barcelona, donde surge el sindicato Solidaridad Obrera, una confederación sindical de socialistas, anarquistas y republicanos que nació como rechazo al acercamiento de Solidaridad Catalana al Partido Conservador de Maura.

Dentro de esta situación general de descontento y agitación, las mujeres también empezaron a organizarse como colectivo que aspiraba a la igualdad con los varones desde los valores del republicanismo y buscando el acceso a la vida pública. Fue el caso de la Damas Radicales y las Damas Rojas, nacidas entre 1908 y 1909 en Barcelona.

Desencadenante

Tras la pérdida de Cuba, Puerto Rico y las Filipinas, España buscó compensarlo con una mayor presencia en el continente de África (por ejemplo, consiguió por el Tratado de París de 1900 la ampliación de la pequeña colonia africana de la Guinea española), logrando también en el reparto colonial efectuado en 1904 y en la Conferencia Internacional de Algeciras de 1906, el control sobre la zona norte de Marruecos (conocida como Rif) y donde posteriormente se acabaría estableciendo un protectorado español en 1912.

thumb|left|180px|Antonio Maura, presidente del gobierno durante los sucesos de la Semana Trágica El 9 de julio de 1909 las cabilas rifeñas llevaron a cabo la agresión a los obreros de la construcción del ferrocarril de San Juan de las Minas, que uniría Melilla con las minas de Beni Buifrur. Estas minas de hierro pertenecían a la Compañía Española de Minas del Rif en cuyo capital y consejo de administración se encontraba la élite política y económica del reinado de Alfonso XIII, como el conde de Romanones y el hijo del conde de Güell, Juan Antonio Güell y López. Este incidente que constituirá el inicio de la guerra de Melilla. El día siguiente,10 de julio de 1909, el gobierno de Antonio Maura decretó la movilización de tres Brigadas Mixtas: la de Madrid, Campo de Gibraltar y Cataluña, y el embarque inmediato de esta última. La orden de movilización, que incluía la llamada a los reservistas de los cupos de 1902 a 1907 fue muy mal acogida por las clases populares. El motivo fue la legislación de reclutamiento vigente que permitía quedar exento de la incorporación a filas, bien consiguiendo que fuera otra persona en su lugar (sustitución) a cambio de dinero, o bien mediante la redención en metálico con el pago de un canon de 6000 reales, cantidades y privilegios para los hijos de la burguesía y fuera del alcance de la clase obrera ya que el sustento diario de un trabajador ascendía en la época aproximadamente a 10 reales. Además, la mayor parte de los reservistas eran padres de familia, en las que la única fuente de ingresos era el trabajo de estos.

A partir de la publicación del decreto de movilización el 10 de julio se sucedieron las protestas en contra de la guerra en forma de artículos en la prensa, de mítines y manifestaciones, que en muchas ocasiones fueron prohibidos por el gobierno, y en algunas localidades se vivieron momentos de tensión con motivo de la salida de las tropas (aunque en otras, como Cádiz o Málaga, se produjeron despedidas entusiásticas y patrióticas). En Madrid se produjeron incidentes en la estación de ferrocarril de Mediodía (actual Estación de Atocha) en la noche y la madrugada del 20 al 21 de julio cuando se procedió al embarque de la Brigada Mixta de Madrid al mando del general Pintos. También los hubo en las estaciones de tren de Zaragoza y de Tudela. El gobierno, ante la presión popular y de la prensa, acordó el 23 de julio conceder una pensión de 50 céntimos diarios a las esposas e hijos huérfanos de madre de los reservistas movilizados.

thumb|El gobernador Evaristo Crespo Azorín entra en Barcelona el 6 de agosto de 1909, acompañado del general Santiago.

En Barcelona los embarques de tropas en el puerto comenzaron el día 11 de julio sin que se produjeran incidentes. Pero en la tarde del domingo 18 de julio cuando se procedía al embarque del batallón de Cazadores de Reus, integrado en la Brigada Mixta de Cataluña, la tensión estalló. Algunos soldados arrojaron al mar los escapularios y medallas que varias aristócratas barcelonesas les habían entregado antes de subir al vapor militar Cataluña, mientras hombres y mujeres gritaban desde los muelles:

La policía tuvo que hacer varios disparos al aire y detuvo a varias personas. Las protestas aumentaron en los días siguientes cuando llegaron noticias de que se habían producido gran número de bajas entre los soldados españoles enviados a Marruecos. El jueves 22 de julio los diputados de Solidaridad Catalana se hacían eco del "sentimiento popular" y exigían al gobierno la "reunión inmediata de las Cortes" para debatir la cuestión de la guerra y las "condiciones en que se practica el reclutamiento de las tropas expedicionarias". El gobernador civil de Barcelona, Ángel Ossorio y Gallardo, prohibió la reunión de Solidaritat Obrera que iba a celebrar el sábado 24 de julio para confirmar la propuesta de ir a una huelga general, por lo que fue un Comité de Huelga clandestino, integrado por Antoni Fabra i Ribas (un socialista que intentó sin éxito que la movilización barcelonesa se pospusiera para que coincidiera con la huelga general que el PSOE y la UGT iban a convocar en toda España, y que finalmente tendría lugar el 2 de agosto con poco seguimiento, debido a las medidas represivas adoptadas por el gobierno que incluyeron la detención en Madrid el 28 de julio de Pablo Iglesias y el resto de la cúpula dirigente socialista), José Rodríguez Romero (sindicalista) y Miguel V. Moreno (anarquista), el que fijó un paro de 24 horas para el lunes 26 de julio, el cual degenerará en la Semana Trágica.

Ángel Osorio declaró con posterioridad:

Cronología

Lunes, 26 de julio thumb|Barcelona se convirtió en La ciudad quemada durante la Semana Trágica. thumb|Tranvía tirado durante la Semana Trágica. En Barcelona la huelga se inició en los barrios periféricos, donde se encontraban la mayoría de las fábricas. Allí se quemaron las casetas donde se cobraban los odiados consumos. Después los obreros se trasladaron al centro de la ciudad donde se produjeron disturbios cuando intentaron detener por la fuerza los tranvías y obligaron a cerrar los comercios y los cafés. El capitán general de Cataluña, Luis de Santiago, siguiendo las directrices del ministro de la Gobernación De la Cierva, proclamó el "estado de guerra", a lo que se opuso el gobernador civil, Ángel Ossorio y Gallardo, que dimitió de su cargo (su sustituto, Evaristo Crespo Azorín, no llegará a Barcelona hasta el 6 de agosto). De Santiago decidió esperar a recibir refuerzos desde Valencia y Zaragoza para empezar a actuar y se limitó a proteger los principales edificios públicos. Por la tarde se generalizaron los disturbios, en los que murieron dos personas, cuando los huelguistas intentaron detener completamente la circulación de los tranvías. Además dos comisarías de policía fueron asaltadas. Barcelona quedó paralizada, sin gas y sin luz, sin periódicos, e incomunicada con el exterior por ferrocarril, por telégrafo o por teléfono. Una manifestación encabezada por mujeres y niños fue disuelta a tiros en el Paseo de Colón, frente al edificio de la Capitanía General. A partir de entonces la revuelta se transformó en insurrección. Sin embargo, ningún dirigente republicano, ni lerrouxista ni del Centre Nacionalista Republicà, quiso asumir la dirección de la misma. A medianoche ardió el primer edificio religioso, el Patronato Obrero de San José, en Pueblo Nuevo, regentado por los hermanos maristas.

La huelga y la revuelta se extendieron a muchas localidades catalanas, especialmente de las provincias de Barcelona y Gerona. En Sabadell, Mataró y Granollers tomó el carácter de una verdadera insurrección en la que se formaron juntas revolucionarias que proclamaron la República, se cortaron las líneas telegráficas y telefónicas y las vías de ferrocarril, se incendiaron edificios religiosos y se produjeron todo tipo de disturbios, siendo los de Sabadell los más graves (en el asalto al Ayuntamiento, algunas de cuyas dependencias fueron incendiadas, murieron ocho personas y veinte resultaron heridas, entre ciudadanos y fuerza pública). Hubo incidentes en otras muchas poblaciones, aunque solo se produjeron incendios de edificios religiosos en Badalona, Premiá de Mar (donde también se proclamó la República), Manresa y San Adrián del Besós (en las comarcas de Barcelona), y Palamós, Calonge y San Feliu de Guixols (en las de Gerona).

Martes, 27 de julio