El I Ching, Yijing o I King (en chino tradicional: 易經; en chino simplificado: 易经; en pinyin: yì jīng) es un libro oracular chino cuyos primeros textos se suponen escritos hacia el Es uno de los Cinco Clásicos confucianos.
El término i ching significa ‘libro de las mutaciones’. El texto fue aumentado durante la dinastía Zhou y posteriormente por comentaristas de la escuela de Confucio, pero su contenido original es de procedencia taoísta y no confucianista. Se cree que describe o interpreta la situación presente de quien lo consulta y aconseja el modo en que se puede resolver el futuro si se adopta ante él la posición correcta. Es un libro oracular, sapiencial y moral, a la vez que por su estructura y simbología es un libro filosófico y cosmogónico.
Fundamentación La filosofía del I Ching supone un universo regido por el principio del cambio y la relación dialéctica entre los opuestos. Nunca presenta una situación en la que no esté incluido el principio contrario al rector del signo, que conducirá a un nuevo estado. Los cambios se suceden de manera cíclica, como las estaciones del año, lo cual muestra claramente el concepto taoísta del yin y yang.
En su aspecto cosmogónico, el I Ching describe un universo en el que la energía creadora proviene del cielo, en tanto la tierra es receptora y fecundadora de esa energía primaria.
En cierto modo el I Ching considera el cambio como la única realidad existente, el ser. En Occidente se identifica el ser con aquello que mantiene unidas la forma (principio inmaterial) y la materia (principio material) y le da la virtud formal a la forma. Para el I Ching, la materia es sólo una manifestación pasajera de un principio más profundo.
Los comentarios de Zhou y principalmente los de la escuela confuciana añaden un principio moral que debe presidir la conducta del sujeto que aspire a ser «noble». Esta filosofía moral se inspira en la naturaleza y las formas en que ésta procede, de manera que las figuras del I Ching encuentran su correlato en la vida política y se comportan como metáforas de la conducta correcta.
En el I Ching se advierte un sistema de numeración binario, a la vez geométrico y aritmético, en el que una línea continua es a la vez todos los números impares, y una quebrada, los pares. Los trazos de los hexagramas se construyen de abajo arriba, al contrario de la escritura china posterior, que se construye de arriba abajo.
Historia miniatura|Un caparazón de tortuga oracular con antiguos escritos oraculares chinos inscritos en él.
Antes de que se escribieran los primeros comentarios del I Ching durante la dinastía Zhou (entre el siglo y el ), era una práctica frecuente en la corte y en la clase ilustrada consultar el futuro mediante tallos de milenrama (o aquilea). Desde esa época existían imágenes asignadas al resultado de la consulta.
El núcleo del I Ching es un texto de adivinación de Zhou occidental llamado los Cambios de Zhou (chino: 周易; pinyin: Zhōuyì).
El texto se debe de haber compuesto en su forma actual aproximada hacia el
Basándose en una comparación del lenguaje del Zhouyi con inscripciones de bronce fechadas mediante la arqueología, el sinólogo estadounidense Edward Shaughnessy (1952-) fechó la compilación en su forma actual durante las primeras décadas del reinado del rey Xuan de Zhou (quien gobernó entre el 827 y el ).
Una copia del texto en el corpus de tablillas de bambú y madera del Museo de Shanghái (descubierto en 1994) muestra que el yi de Zhou se utilizaba en todos los niveles de la sociedad china en su forma actual hacia el , pero aún contenía pequeñas variaciones en fecha tan tardía como el período de los Reinos Combatientes (entre el 475 y el ).
La mitología china afirma que el I Ching surgió de las enseñanzas del mítico emperador Fu-Hi, mitad hombre y mitad serpiente, a quien se atribuye la creación de la humanidad, y la invención de la caza, la pesca, la música y la escritura. Se afirma que Fu-Hi aprendió los trigramas del I Ching de su lectura del mapa del río Amarillo, que vio en el lomo de un dragón que surgió del río.
El rey Wen de Zhou y su hijo, el duque de Zhou.
En el , seguidores de Confucio influyeron en la interpretación del I Ching.
A esos textos se adicionaron comentarios de hechiceros y de la escuela del yin-yang, que en épocas recientes fueron descartados por los estudiosos.
Aunque, en rigor, la lectura mediante el sistema del yin y el yang (principio femenino y principio masculino) es posible, los estudiosos prefirieron no tenerla en cuenta, para conservar la pureza arcaica del libro. Con el mismo criterio se pueden descartar los comentarios confucianos, pero la autoridad de Confucio es muy fuerte en la cultura china como para pasarlos por alto.
A mediados del , el sacerdote jesuita alemán Athanasius Kircher (1602-1680) obtuvo una tabla con los signos del I Ching pero, completamente ignorante de su sentido original, los interpretó como una forma de lenguaje abstracto universal.Su interpretación anticipaba en cierto modo el establecimiento del código binario como lenguaje universal contemporáneo, vid. Eco, Umberto: La búsqueda de la lengua perfecta (pág. 165 y ss.).
En el el libro se hizo reconocido en Europa, con sus consiguientes intentos de traducción (por ejemplo la de Charles Joseph de Harlez, publicada en Bruselas en 1889).
La relativa difusión de su obra propagó el conocimiento del I Ching en Occidente, pero desde una perspectiva esotérica que distorsionaba su significado. Por tanto, se suele afirmar que esta práctica fue desconocida en Europa hasta hace poco más de un siglo.
Uno de los mayores especialistas occidentales en el I Ching fue el misionero cristiano y sinólogo alemán Richard Wilhelm (1873-1930), quien publicó una versión del libro en 1923.
Una nueva versión, publicada en 1948, llevaba un prólogo del psiquiatra suizo Carl Gustav Jung, autor de la teoría del inconsciente colectivo. La versión de Wilhelm presenta el libro en tres grandes secciones, con los textos más antiguos en la primera y reservando la segunda y la tercera para Las diez alas o comentarios de la escuela confuciana. Esta traducción alemana fue a su vez traducida en 1949 al inglés y en 1950 al italiano.
Al margen de las numerosas leyendas que existen en torno al origen del I Ching, los únicos datos fiables, lo sitúan hacia el , cuando el rey Wen, desarrolló un sistema de ideas basado en 64 hexagramas, al que llamó I, que se traduce por lagarto y también por fácil, y que simboliza la rapidez y la facilidad en el cambio.
Tras la muerte del rey Wen, su hijo el duque de Zhou continuó el desarrollo del sistema de ideas elaborado por su padre, e introdujo el concepto de relación entre los opuestos y de «acción y reacción», definiendo las 6 líneas de cada uno de los hexagramas.
Por tanto, no es hasta el cuando definitivamente surge el Chou Í o Los cambios de Chou, libro compuesto por los 64 hexagramas y sus correspondientes líneas.
A partir de este momento, el Chou I comienza a ser cada vez más conocido y su uso se extiende tanto con fines adivinatorios, como éticos y filosóficos.
Posteriormente, en torno al surgen dos de las principales corrientes de pensamiento de la cultura china, representadas por: Lao-Tsé, autor del Tao Te King, principal texto de la filosofía taoísta, y Confucio, que proponía la ética y la moral como las vías más eficaces para alcanzar el bienestar humano y social.
Entre los siglos y , el confucianismo comienza a extenderse a todos los niveles sociales y se establecen numerosas escuelas de seguidores de sus ideas.
Durante los siglos y , algunos miembros de las escuelas de Confucio, escribieron una serie de textos, tratados o apéndices que se conocen como Las Diez Alas, y que contienen aportaciones sobre la interpretación de los hexagramas del rey Wen, de las líneas del duque de Chou, de la simbología y las imágenes, del concepto del cambio, de los triagramas, de la secuencia de los hexagramas y de su asociación por pares.
Finalmente, al unir el Chou Í (‘los cambios de Chou’) junto con los textos o tratados que forman Las Diez Alas, es cuando surge el I Ching (o ‘libro de los cambios’) tal y como lo conocemos en la actualidad.
Usos miniatura|Los 64 hexagramas del I Ching. Experimentar el I Ching es intentar comprender cómo se generan y se producen los cambios en nuestras circunstancias y en nosotros mismos. Este milenario tratado de leyes universales, cuyo origen se remonta a más de 3000 años de antigüedad, nos indica la dirección natural o de menor resistencia al cambio que presenta la situación en la que nos encontramos.
La posibilidad de descubrir y desenmascarar las contradicciones que se esconden tras las apariencias y llegar a comprender los cambios que se producen en nuestra vida, es principalmente lo que nos ofrece el I Ching a través de la estructura de ideas representadas en los diferentes símbolos y hexagramas y de las relaciones que se establecen entre las mismas.
Si consiguiésemos comprender de antemano las posibles consecuencias de una determinada idea, palabra, hecho o actitud, algunos podrían creer que están adivinando el futuro, aunque realmente, se trataría de una simple previsión, resultado de la comprensión de la relación que existe entre los acontecimientos.
Medios de consulta Tallos de milenrama Se utilizan 50 varillas de milenrama o aquilea, dejando una aparte se van dividiendo de una manera determinada en grupos las demás. Es un sistema que asegura que solo intervendrá la energía del consultante. La división al azar y el recuento de los tallos era una compleja operación que se reducía a números, los que a su vez representaban líneas quebradas o líneas enteras, según fueran pares o impares.
Monedas miniatura|Tres monedas chinas. Las dos primeras de la izquierda están en Yang y la última en Yin. miniatura|Seis monedas chinas. Ya que el método de los tallos de aquilea es lento y exige cierta destreza manual, es posible utilizar un sistema consistente en la tirada simultánea de tres monedas. Las monedas pueden ser de cualquier tipo, preferiblemente unas del mismo tamaño y valor, y de curso actual. Una vez elegidas las monedas se aconseja usar siempre las mismas, y usarlas individual y personalmente.
Monedas chinas La consulta mediante el uso de monedas chinas adquiere una connotación especial por su simbólica conexión ancestral. Estas son redondas, con un agujero cuadrado en el centro. La circularidad representa el principio creativo del yang (Ch'en o Cielo), mientras que el orificio cuadrado simboliza el principio del yin, el espacio limitado de la Tierra receptiva (K'un). Cada lado de las monedas tiene asignado un valor estático, de forma que al sumar los de las tres monedas lanzadas se obtiene un sumatorio total que oscila entre seis y nueve, y así se determina si el trazo de la línea del hexagrama es yang (impar, línea continua) o yin (par, línea quebrada).
En las monedas chinas el lado que tiene más grabados o ideogramas, normalmente cuatro, es el valor Yang o lado positivo (valor tres), y el que tiene dos ideogramas es Yin o lado negativo (valor dos). Originalmente uno de los dos lados de las monedas no tenía caracteres, pero en la dinastía Man Ch'ing se introdujeron dos, denominados caracteres Man Chou o Manchú. Este corresponde con el lado de valor par, el lado yin o negativo. Los cuatro ideogramas de la cara de la moneda también representan las cuatro estaciones del año, considerados la unidad.
Tradicionalmente las monedas eran purificadas y bendecidas, para luego ser conservadas en un lugar alto como una repisa o altillo por encima del hombro, y sólo se movían para realizar la consulta.
Ejemplo de una tirada y su notación