Gonzalo Queipo de Llano y Sierra (Tordesillas, 5 de febrero de 1875-Camas, 9 de marzo de 1951) fue un militar español, teniente general del arma de Caballería conocido por su participación en la guerra civil española. Primer marqués de Queipo de Llano desde 1950.
Educado en un seminario, combatió en la guerra hispano-estadounidense y en la guerra del Rif, ascendiendo a general de brigada en 1923. Aunque apoyó en un principio al dictador Miguel Primo de Rivera, sus críticas hacia su política provocaron su postergamiento y traslado a la reserva en 1928. Conspiró para derribar la monarquía alfonsina y dirigió la Cuartelada de Cuatro Vientos (1930), lo que le obligó a exiliarse en Portugal. Proclamada la República, fue nombrado capitán general de Madrid e inspector general del Ejército, contribuyendo de forma fundamental al éxito de las reformas militares de Manuel Azaña. Con posterioridad fue nombrado jefe del cuarto militar del presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, del que llegaría a ser consuegro, hasta que renunció en 1933 a raíz de las críticas recibidas, dado su cargo, por una serie de injerencias en la vida política.
Cada vez más descontento con el rumbo que iba tomando la política republicana, y en especial tras la destitución de Alcalá Zamora, fue junto con Mola y Sanjurjo uno de los cabecillas principales del golpe militar contra el gobierno del Frente Popular, cuyo fracaso parcial originó la guerra civil española.
Con 5000 hombres dirigió el golpe militar en Sevilla, uno de los baluartes frentepopulistas, e inició una fuerte represión que ocasionó solamente en Sevilla en el periodo comprendido entre el 18 de julio de 1936 y enero de 1937 la muerte de 3028 personas.Santos Juliá (coord.), Víctimas de la guerra civil, ISBN 84-8460-333-4, p. 411.
Se destacó por su uso de la radiodifusión como medio de guerra psicológica, con sus famosas charlas a través de Unión Radio Sevilla. Nombrado jefe del Ejército del Sur, asumió el gobierno militar y civil, y a lo largo de la guerra actuó con casi total independencia, lo que llevó a ser conocido como el «virrey de Andalucía».
Ascendido a teniente general y condecorado con la Laureada de San Fernando tras su triunfo en la Guerra Civil fue, sin embargo, cada vez más postergado por Franco.Franco y sus generalesPaul Preston, The Politics of Revenge: Fascism and the Military in 20th-century Spain, Routledge, 2003, ISBN 1134811136 p. 84.Daniel Arasa, Historias curiosas del franquismo, Ediciones Robinbook, 2008, ISBN 8479279796 p. 55.
Vida Primeros años Nacido el 5 de febrero de 1875 en Tordesillas, era hijo del juez municipal de la localidad, Gonzalo Queipo de Llano y Sánchez, y de Mercedes Sierra y Vázquez de Novoa; sus otros hermanos eran Tomás, Gerardo, Alfredo, Aurelio, Rosario, Encarnación y María Luisa.La huella de Queipo de Llano en Valladolid El Norte de Castilla (26 de octubre 2022)
Según costumbre de la época realizó los estudios secundarios en el seminario diocesano local. Tras una etapa formativa como músico de trompeta ingresó a los 18 años en la Academia de Caballería de Valladolid,Las familias de clase media de la época reservaban para alguno de sus hijos el asilo hospitalario de las Academias Militares; cf. M. Azaña, Obras completas, Giner, Madrid, 1990, vol. I, pág. 263. donde recibió una formación militar poco técnica aunque cimentada en los tradicionales principios del amor a la Patria, obediencia al mando, culto al honor, lealtad, valor frente al enemigo y disciplina ante todo. Aunque más dotado para las letras, en palabras de su madre, Gonzalo «tenía raza»Cf. Ana Quevedo y Queipo de Llano, Queipo de Llano. Gloria e infortunio de un general, Barcelona, Editorial Planeta, 2001, págs. 1 a 10. . y así finalizó su formación en la Academia (1893-1896). Con el grado de segundo teniente fue destinado a la guerra colonial de Cuba. Allí obtuvo cinco cruces de la reina Cristina por méritos de guerra y el ascenso a capitán.La concurrencia profesional en el Ejército español era entonces de 499 generales, 142 almirantes, 578 coroneles y aproximadamente 23.000 oficiales de rango inferior; cf. S. G. Payne, Los militares y la política en la España contemporánea, Ruedo Ibérico, París, 1968, pág. 75. Tras la derrota de 1898 regresó a EspañaCf. Ana Quevedo y Queipo de Llano, Queipo de Llano. Gloria e infortunio de un general, Barcelona, Editorial Planeta, 2001. y en 1901 contrajo matrimonio con Genoveva Martí Tovar, hija del presidente de la Audiencia de Valladolid.Los oficiales debían pedir permiso para casarse. El ministro de la Guerra, Weyler, estableció una norma que prohibía casarse a los tenientes hasta que dispusieran de una renta personal o tuvieran novia con una dote respetable. Se presumía que con el sueldo de teniente no se podía sostener una familia; cf. S. G. Payne, Los militares y la política en la España contemporánea, Ruedo Ibérico, París, 1968, pág. 75.
Tratándose de una biografía militar hay que tener en cuenta que el oficial que ingresa en el Ejército es un funcionario del Estado sujeto a reglas burocráticas comunes: sueldo con incentivos, escalafón e historial reflejado en hoja de servicio. La única posibilidad de promoción para muchos oficiales sin patrimonio era ir voluntarios a Marruecos, donde el sueldo era más alto en todos los grados,Un grave problema era la corrupción casi generalizada en todo el ejército de Marruecos y que iba desde el oficial, que teniendo un sueldo de quinientas pesetas al mes (sueldo de un capitán en 1921) tenía unos gastos de 15.000, hasta el recluta que vendía su munición a los futuros enemigos. Cf. S. G. Payne, Los militares y la política en la España contemporánea, Ruedo Ibérico, París, 1968. y donde se concedían generosamente los ascensos por méritos de guerra.
En 1909, marchó con el Regimiento de Lanceros de la Reina a una breve expedición a Melilla para intervenir en la campaña militar suscitada tras el Desastre del Barranco del Lobo.En la hemeroteca de La Vanguardia. Barcelona, 4 de octubre de 1909.
En 1910, saltó a la escena pública al ser uno de los promotores de unas protestas contra el ministro de la Guerra, Agustín Luque, por motivo de las recompensas recibidas por la pasada campaña de Melilla y también promovió una manifestación de oficiales en Madrid ante el periódico La Correspondencia Militar.Ver La Vanguardia. Barcelona, 14 y 15 de enero de 1910. También fue arrestado por la policía cuando se disponía a batirse en duelo con el director de la publicación El Ejército Español, Rafael Esbrí. Por todo ello fue encerrado 2 meses en la prisión militar del Castillo de Santa Catalina en Cádiz y le supuso la pérdida de destino.
En 1912, vuelto al Marruecos español, alcanzó el grado de coronel y se dedicó también a negocios propios de intermediación como comisionista de carbón inglés.Juan Ortiz Villalba, Del golpe militar a la guerra civil. Sevilla 1936, rd editores, Sevilla, 2006, págs. 21,26, 55, 83, 200. Regresó a la península en 1916. Apareció de nuevo en la prensa como partícipe en un duelo entre el general José Sanjurjo y el coronel José Riquelme, en calidad de padrino del primero.La Vanguardia, 8 de junio de 1922. En 1923 fue ascendido a general de brigada y saliendo destinado a la segunda jefatura de la zona de Ceuta.A las órdenes del Alto Comisario. Ver la hemeroteca de La Vanguardia, 4 de septiembre de 1924.
Actividad conspirativa A pesar de su formación militar, Queipo tenía una teoría recíproca y personalista, que no institucional, de la lealtad: «Solo debo lealtad a la persona que me es leal».Ver Jorge Fernández-Coppel op.cit. pág. 394 Proclamada la dictadura, Queipo de Llano tuvo roces continuos con el dictador, general Primo de Rivera, cinco años mayor que él, que había sido buen amigo suyo. Fundó en Ceuta en 1924 una publicación política llamada La Revista de las Tropas Coloniales.La Revista de Tropas Coloniales, mensual, fundada y dirigida por Gonzalo Queipo del Llano en 1924 en Ceuta; portavoz de los africanistas enemigos de replegarse. En sus páginas colaboraron Francisco Franco, Fermín Galán, Millán Astray y otros. Con varias alteraciones, la revista subsistió hasta reaparecer en Madrid, 1942-1976. Por desavenencias con su superior, el general Manuel Montero Navarro, fue expedientado y luego destinado como segundo jefe al Gobierno Militar de Cádiz. Al mes siguiente regresó a la campaña de Marruecos (30 de agosto de 1924), de nuevo como segundo jefe de la zona de Ceuta. El dictador se nombró a sí mismo alto comisario y general en Jefe del Ejército para dirigir de forma personal y directa su proyectada estrategia. En ese mes de septiembre Queipo participó activamente con su columna en numerosas y sonadas acciones, como las batallas de Beni-Selat y Zinat.La situación en Marruecos. La columna del general Riquelme. Combate en Beni-Selat. La columna de Queipo de Llano protege la retirada de la del general Riquelme. Ver hemeroteca de La Vanguardia. Barcelona, 11 y 13-9-1924. Experto en arriesgadas cargas de caballería, fue sumariado y arrestado dos meses en Ferrol,Ver hemeroteca La Vanguardia. Barcelona 4.11.1924. por una presunta negligencia en la protección de la columna del general José Riquelme y López-Bago.Queipo se referirá a este suceso y al general Riquelme (que permaneció leal al gobierno) en alguna de sus charlas radiofónicas. Ver ABC de Sevilla, 11 de agosto de 1936, Pág. 15 Ya en la península ibérica, el resentido general fue destituido como gobernador militar de Córdoba por haber afirmado públicamente que las letras UP, tanto podían significar Unión Patriótica, el partido del régimen, como «Urinario Público». En ese año se produjo el intento de derrocamiento de la dictadura conocido como la Sanjuanada de 1926. El 17 de mayo de 1928 la junta clasificadora del Ejército, controlada por Primo de Rivera, decidió pasar a Queipo a la reserva,Ver hemeroteca digital de La Vanguardia. Barcelona, 17.5.1928. por «indisciplinado, díscolo y difícil de ser mandado», por lo que no podía ascender. En una de sus destituciones tuvo que ayudarse económicamente fabricando jabón casero y vendiéndolo personalmente por los comercios de Madrid.Juan Ortiz Villalba. Del golpe militar a la guerra civil. Sevilla 1936, rd editores, Sevilla, 2006. Págs. 21, 26, 55 y 83.