Dov Gruner () (Kisvarda, Hungría, 6 de diciembre de 1912) fue un líder judío sionista. El 19 de abril de 1947 fue ejecutado por las autoridades del Mandato Británico de Palestina por su participación en una operación del Irgún.

Biografía Dov Gruner nació en el seno de una familia judía religiosa de Kisvarda, donde asistió a una yeshivá (centro de estudios judaicos) desde temprana edad. En su juventud estudió ingeniería en la localidad alemana de Brno. En 1938 se unió a las filas del Movimiento Juvenil Sionista Beitar y se trasladó a Eretz Israel en 1940 como parte del convoy de pasajeros ilegales que integraba el barco Sakaria, con el objetivo de salvarse del genocidio nazi que estaba teniendo lugar en Europa.

Luego de su estancia de seis meses en el campo de internamiento de Atlit por su entrada ilegal en el Mandato Británico, se unió al movimiento Beitar que operaba en la localidad de Rosh Pina. Poco tiempo después de recibir entrenamiento militar se convirtió en miembro del Irgún Tzvaí Leumí. En 1941, ingresó a una unidad del ejército británico para unirse al esfuerzo bélico internacional contra la Alemania Nazi y, junto con sus camaradas, integró la Brigada Judía que trató de rescatar a los judíos europeos que sufrían la persecución nazi.

Actividades en el Irgún Luego de la desmovilización y el retiro de Gruner del ejército británico, en marzo de 1946, se dedicó especialmente a aplicar todos sus conocimientos militares en favor de organizar debidamente al Irgún y unirse a una unidad de combate. Una de las primeras operaciones de las que formó parte activa en la época de lucha contra las autoridades mandatarias, fue un ataque masivo del Irgún contra un blanco militar con el propósito de capturar armas de un campamento del ejército británico en las cercanías de Netanya. Diez días después, Gruner participó en su segunda y última operación contra una estación policial británica en Ramat Gan. En este ataque, fue gravemente herido (especialmente en la mandíbula), capturado por las fuerzas británicas y se le negó tratamiento médico. En la prisión, entabló amistad con algunos de sus guardias, quienes aportaron su punto de vista sobre su persona luego de conocerlo.

Cuando compareció ante el juicio, pronunció un discurso acusador contra los jueces británicos que fue documentado por Menájem Beguin en su libro "La Revuelta":

Sentencia de muerte Rehusando a participar de su propia defensa judicial y rehusándose a cooperar con sus consejeros, Gruner dijo que se le había ofrecido una conmutación de su pena capital a condición de que admitiera su culpabilidad, por lo que inmediatamente se rehusó también a aceptar eso y le fue otorgada por el tribunal de justicia una sentencia de muerte irrevocable.

A pesar de la seguridad máxima que había en la prisión donde residía en Jerusalén, Gruner logró seguir manteniendo correspondencia y comunicación frecuente con el cuartel general del Irgún. A través de la correspondencia entre Gruner y el cuartel general, se destaca la negación de Gruner de recibir asistencia por parte del Irgún con consejeros legales (sosteniendo esta postura sobre la base de que no reconocía al sistema judicial británico impuesto en Eretz Israel), su disconformidad con que le enviaran un médico especialista para inspeccionarlo por temor a que la curación le costara dinero al movimiento, convencimiento de que debía suicidarse en la cárcel (el liderazgo del Irgún se manifestó rápidamente en contra de esta iniciativa, por lo que acató esa decisión) y su famosa carta final antes de que fuera ahorcado escrita al Comandante Supremo Menajem Beguin:

Señor:

Le agradezco de todo corazón el gran estímulo que he recibido de usted en estos días de destino. Esté seguro y confiado en que, ocurra lo que hubiere de ocurrir, no olvidaré la doctrina que me ha abrevado, la doctrina del "Gaón, Venadiv, Veajzar" [Referencia al "Shir Beitar" (canción del Beitar), de Zeev Jabotinsky, que comienza así: "Beitar: del fondo de la podredumbre y la ceniza, por la sangre y el sudor nacerá un nuevo lineaje gaón, venadiv, veajzar" (altivo, generoso y combativo)]. Y sabré defender mi dignidad, la dignidad del soldado hebreo combatiente.

''Yo podría lanzar divisas ruidosas como el conocido dicho romano: "Dulce est pro patria mori", pero en este momento me parece que tales divisas son demasiado baratas y que los escépticos pueden añadir también: "No tienen mas remedio". Y quizás tengan razon en ello.

Por supuesto, yo quiero vivir. ¿Quién no lo quiere? Pero si por algo lamento verdaderamente que esté por concluir mi vida, ello es, sobre todo, porque no he alcanzado a actuar bastante, no pude hacer suficiente. También yo he tenido la posibilidad de dejarle al porvenir que se "preocupara del porvenir", y, entre tanto, de gozar (?) de un trabajo que me habían prometido o irme completamente del país y vivir una vida segura en Estados Unidos junto a mi querida hermana. Pero ese camino no me habría brindado mi satisfacción personal como judío ni menos aún como sionista.

Muchos son los caminos en que se embandera a la judeidad. Uno de ellos es el de los "asimilados", que constituye una renuncia a su nacionalidad y, poco a poco, también a su religión, lo cual significa de antemano el suicidio del pueblo de Israel. El segundo camino es el de los que se dan a sí mismos el nombre de "sionistas" y se funda en las negociaciones. Como si la existencia de un pueblo no fuera algo distinto a una transacción mercantil, sin la disposición a aportar un sacrificio y de por sí llena de concesiones, con lo que se aplaza quizás el final, pero que conduce a un gueto. Y no olvidemos que también en el ghetto de Varsovia hubo quinientos mil judíos.

El camino acertado, en mi opinión, es el del Irgún, que no niega el esfuerzo político sin renunciar a palmo alguno de nuestra tierra, porque ella es nuestra; pero si el esfuerzo político no trae los resultados apetecidos, está dispuesto a luchar por nuestro país y nuestra libertad -que son los que aseguran la subsistencia de nuestro pueblo- por todas las vías.

Y este debe ser el camino del pueblo de Israel en estos días nuestros: defender lo nuestro y estar dispuesto a ir a la batalla, aunque ello conduzca, en casos aislados, al patíbulo. Porque se sabe bien en el mundo que un país se redime con sangre.

Escribo estas líneas cuarenta y ocho horas antes de aquél momento en que nuestros tiranos se disponen a ejecutar su asesinato. Y en tales horas, no se miente. Y juro que si me fuera dado empezar de nuevo, escogería nuevamente el mismo camino por el que he andado sin tomar en consideración las posibles consecuencias para mí.

Su fiel soldado, Dov.

A pesar de los reclamos de que Gruner era un prisionero de guerra y por este motivo debía ser sometido a regulaciones especiales según lo acordado en la Convención de Ginebra, fue ahorcado en la prisión de Acre el 19 de abril de 1947, a la edad de 34 años. Junto con él, también fueron ahorcados sus compañeros Yehiel Drezner, Mordechai El'kachi y Eliezer Kashani.

Conmemoración thumb|Monumento en honor a Dov Gruner. Una calle en el barrio Armon Hanatziv de Jerusalén fue nombrada en su honor. A su vez, en el centro de la ciudad de Ramat Gan se erige un monumento en su memoria y la de los otros once prisioneros judíos ejecutados en la horca por los británicos en la época del Mandato.

Enlaces externos Sitio Oficial del Irgún (en inglés)

Categoría:Emigrantes hacia el Mandato británico de Palestina Categoría:Historia de Israel Categoría:Miembros del Irgún Categoría:Ahorcados Categoría:Sionistas de Hungría Categoría:Olei Hagardom Categoría:Judíos de Hungría Categoría:Nacidos en el condado de Szabolcs-Szatmár-Bereg