Marcel-François Marie Lefebvre C.S.Sp. (Tourcoing, Francia, 29 de noviembre de 1905-Martigny, Suiza, 25 de marzo de 1991) fue un sacerdote y arzobispo católico francés.
Trabajó durante años como misionero espiritano en el África francófona. Participó como obispo en el Concilio Vaticano II, al que luego criticó por considerarlo como una ruptura con la tradición de la Iglesia católica.
En noviembre de 1970, Lefebvre fundó la Fraternidad Sacerdotal San Pío X con la aprobación del obispo de Friburgo. Opuesto a la reforma del ordinario de la misa y a las nuevas doctrinas emanadas del Vaticano II, en 1976 fue suspendido a divinis por Pablo VI y en 1988, alegando un estado de necesidad, pero contra la prohibición expresa de Juan Pablo II, consagró cuatro obispos. Inmediatamente, la Congregación para los Obispos de la Santa Sede emitió un decreto declarando que la consagración era un acto cismático y que, en consecuencia, tanto él como otros obispos participantes en la ceremonia, habían incurrido en la excomunión automática, de acuerdo con el derecho canónico. En 2009 el papa Benedicto XVI remitió estas excomuniones.
Vida
Familia y primeros años Marcel Lafebvre nació en Tourcoing, una ciudad francesa cercana a la frontera belga, el 29 de noviembre de 1905. Hijo de un matrimonio piadoso formado por un fabricante textil llamado René Lefebvre y su mujer Gabrielle, Marcel es el tercero de ocho hermanos, cinco de los cuales entraron en religión: René y Marcel, con los padres espiritanos, Jeanne, en las religiosas reparadoras, Bernadette, futura fundadora de las hermanas de la Hermandad San Pío X y Christiane con el carmelo reformado.
Estudios Marcel hizo sus primeros estudios en el Colegio del Sagrado Corazón de Tourcoing. Padeció la invasión alemana de su ciudad durante la Primera Guerra Mundial. Su padre debió huir en 1915 por ayudar a los prisioneros ingleses y franceses a pasar las líneas, por lo que la familia sufrió mucho su ausencia agravada con la escasez de bienes básicos.
Cursó sus estudios eclesiásticos, como colegial del Pontifico Colegio Francés, en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, donde obtuvo el doctorado en Filosofía y el doctorado en Sagrada Teología. Fue ordenado sacerdote en 1929 por Achille Liénart, arzobispo de Lille.
Sacerdote, religioso y obispo thumb|left|La familia Lefebvre en 1908. El futuro obispo Marcel está situado a la izquierda.
Habiendo madurado en él la idea misionera y siguiendo los pasos de su hermano René, se unió a la Congregación del Espíritu Santo. Tras su noviciado, de solo un año de duración, hizo su profesión religiosa el 8 de septiembre de 1932. Posteriormente fue enviado a África, más concretamente a Gabón, donde se desempeñó como misionero en diversos lugares.
En 1939 regresó a Francia, pero durante el trayecto se declaró la Segunda Guerra Mundial. Al poco de desembarcar fue movilizado y enviado, esta vez como soldado, a África. Así con el tiempo justo para despedirse de su padre, al que no volvería a ver: arrestado en abril de 1942 por pasar información a Gran Bretaña, murió en el campo de concentración de Sonnenburg.
Episcopado
Pío XII lo nombró obispo de Dakar, cargo que ejerció entre 1948 y 1962. El mismo Pío XII lo elevó posteriormente al rango de arzobispo y lo designó legado apostólico para toda el África francófona. A la muerte de Pío XII cesó como legado apostólico, conservando el arzobispado de Dakar. Con motivo de la promoción del clero nativo que impulsó Pío XII, Lefebvre dejó la cátedra de Dakar a su discípulo Hyacinthe Thiandoum. Las presiones de los obispos y cardenales franceses obligaron al papa Juan XXIII a dar a Lefebvre una pequeña diócesis, la diócesis de Tulle, en lugar de un arzobispado, aunque reconociéndole su dignidad de arzobispo. Las otras condiciones fueron que no podía pertenecer a la asamblea de los cardenales y arzobispos franceses (germen de la futura Conferencia de Obispos de Francia) y que estas condiciones no creasen un precedente o una costumbre para los futuros obispos de Francia.
Concilio Vaticano II
En calidad de superior general de los Padres Espiritanos, fue llamado por Juan XXIII para formar parte de la Comisión Central Preparatoria del Concilio Vaticano II.
El arzobispo Lefebvre fue uno de los padres conciliares y pudo constatar lo conflictivas que estaban siendo sus sesiones. Fue uno de los prelados que se agruparon para oponerse a las ideas consideradas extremistas de la alianza de obispos centroeuropeos. Fundó junto a Don Antonio de Castro-Mayer, obispo de Campos (Brasil), Geraldo Proença Sigaud, obispo de Diamantina (Brasil) y Carli, obispo de Segni (Italia) el Cœtus Internationalis Patrum, al que se adhirieron 250 obispos, con el objeto de defender en el aula conciliar la doctrina y disciplina tradicional de la Iglesia. Esto le valió la oposición y enemistad con los obispos franceses y alemanes.
La Fraternidad Sacerdotal San Pío X
Después de renunciar a su cargo de superior general de su congregación en 1968 y a iniciativa de un grupo de seminaristas descontentos con la orientación que habían tomado los seminarios a los que concurrían, en particular, el Seminario Francés de Roma, a cargo de los Padres Espiritanos, fundó en 1970 en Friburgo (Suiza) la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), con la autorización del obispo del lugar, François Charrière. La casa de formación que primero funcionó en la Rue de la Vignettaz fue posteriormente trasladada a Écône (cantón del Vales, Suiza), donde la congregación tiene su principal instituto de formación sacerdotal.
Eligió para su organización sacerdotal el nombre del papa San Pío X, por haber sido este pontífice el que en su encíclica Pascendi condenó el «error del modernismo» propugnado desde finales del por algunos católicos que ponían todas las religiones en pie de igualdad mediante un sofisticado razonamiento teológico.
Debido a la creciente concurrencia de jóvenes deseosos de recibir una formación tradicional en el sacerdocio, rápidamente se granjeó la enemistad del episcopado francés, que llamaba al Seminario de Écône «seminario salvaje». Vencido el término de cinco años, durante el cual la existencia de la congregación es puesta a prueba de acuerdo con las normas canónicas, el sucesor de Charrière en la sede de Friburgo, Pierre Mamie, tras recibir una solicitud de Roma, no renovó el permiso para que la misma subsistiera, acto que posteriormente fue refrendado por una comisión de tres cardenales nombrada por Pablo VI.
En ese estado, Lefebvre interpuso un recurso suspensivo ante el Tribunal de la Signatura Apostólica, pero su presidente, el cardenal Dino Staffa, se negó a darle trámite respondiendo —según parece— a un pedido del cardenal Jean-Marie Villot, entonces secretario de Estado de Pablo VI.
Dado que el recurso suspensivo de supresión estaba pendiente, Lefebvre consideró que, a falta de pronunciamiento sobre un recurso suspensivo, la medida de suprimir su congregación quedaba pendiente de resolución, y por lo tanto, su congregación continuaría existiendo hasta tanto la Santa Sede no se expidiese sobre el fondo del asunto.
Con ese razonamiento, no secundó el pedido que se le hiciera de cerrar el seminario y dispersar a los seminaristas, a los cuales prosiguió formando hasta las puertas del sacerdocio.
miniaturadeimagen|izquierda|Lefebvre en 1976. En 1976 recibió una monición canónica para que no procediera a la ordenación de la primera tanda de jóvenes formados en Écône, la cual desoída, hizo recaer sobre él la suspensión a divinis el 22 de julio de 1976. El 29 de agosto de 1976, Lefebvre celebró la Misa de LilleEmisora sobre la cadena francesa A2, el 29 août 1976 donde declaró: En un actaFolleto verde titulado «Ordenanzas sobre las potestades y facultades de que gozan los miembros de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X». que data del 1 de mayo de 1980, Monseñor Lefebvre concede a sus sacerdotes multitud de potestades y facultades canónicas o litúrgicas (entre los cuales: el "poder" de prescindir de ciertos impedimentos para el matrimonio y también los "poderes" de administrar el sacramento de la confirmación).
Excomunión y conversaciones con Roma
thumb|Marcel Lefebvre en Córdoba, Argentina, hacia 1980 junto con Jean Michel Faure, en aquel tiempo director del seminario de La Reja. Consolidándose la situación en el tiempo, y por interposición de otros factores, tal el caso de la reunión ecuménica de Asís de 1986, Lefebvre, ya octogenario, avizora que se le acaba el tiempo para nombrar un sucesor en el episcopado que garantice la prosecución de su obra de sostén de la Tradición. Tras una serie de reuniones con autoridades romanas, durante cuyo transcurso se le aseguró que el papa Juan Pablo II no se oponía, en principio, a darle un sucesor, se bosquejó un proyecto de acuerdo. Una vez firmado el documento, el entonces cardenal Ratzinger le envió un subalterno para solicitar de él una carta pidiendo perdón al papa por lo que había hecho.
Tras su negativa a hacerlo, en el entendimiento de que no se ha de pedir perdón por «hacer lo que debe hacerse», se desdice del acuerdo y poco después, remitiéndose a aquella seguridad que se le había dado que el papa no se oponía a darle un sucesor, decide consagrar cuatro obispos escogidos de entre miembros de su congregación: los padres Alfonso de Galarreta (hispano-argentino), Bernard Fellay (suizo), Richard Williamson (inglés, converso del anglicanismo) y Bernard Tissier de Mallerais (francés).
Los puntos centrales de la controversia entre Lefebvre y la Santa Sede son esencialmente cuatro: la protestantización del nuevo ritual de la misa, el ecumenismo, la libertad religiosa y la colegialidad.
El papa Juan Pablo II afirmó públicamente que Lefebvre incurrió en excomunión latae sententiae, al realizar un acto formalmente cismático. En su carta apostólica «Ecclesia Dei», escrita el 2 de julio de 1988 en forma de motu proprio, decía:
El papa también advirtió en aquel momento de que los fieles podían incurrir en cisma en caso de que se adhirieran formalmente a este movimiento. No obstante, años después se produjo un acercamiento. La posición oficial de la Iglesia católica en lo referente a la situación canónica de la Fraternidad San Pío X, recogida en las declaraciones del cardenal Darío Castrillón Hoyos, prefecto de la Sagrada Congregación para el Clero y presidente de la Comisión Pontificia Ecclesia Dei, en entrevista a la revista 30 Giorni, es que «no se trata de un cisma formal». De igual manera, en entrevista concedida al canal 5 de Italia el 13 de noviembre de 2005 indicaba:
El hecho de que no exista cisma formal no significa que las excomuniones no fuesen válidas, sino que no existía la intención de separarse de Roma, intención que es necesaria para que se declare un verdadero cisma. La posición de la Fraternidad San Pío X ha sido siempre de obediencia y sujeción al romano pontífice en todo lo que es magisterio infalible, aunque resisten las orientaciones pastorales que se han realizado después del Concilio Vaticano II, cosa que por sí misma no constituye negación de ningún dogma de fe. El problema entre la Santa Sede y la Fraternidad San Pío X es, por tanto, de materia disciplinar, no dogmática.