La Rebelión de Olañeta, conocida también como la Guerra Doméstica, fue una sublevación ocurrida el 22 de enero de 1824, liderada por el jefe militar de la Provincia de Charcas, Pedro Antonio de Olañeta, en contra de la autoridad del virrey del Perú, José de la Serna, que involucró a todo el Ejército Real del Perú, el cual, dividido en el Alto Perú, resultó diezmado.

Las razones alegadas por Olañeta en su proclama del 4 de febrero de 1824 a los pueblos del Perú se centraron en su posición como partidario del régimen absolutista restaurado, una postura que no había manifestado previamente. No obstante, la denominada “Guerra doméstica” de 1824, que debilitó al ejército realista, no puede definirse como un enfrentamiento bélico entre generales con ideales absolutistas y constitucionales, sino como una coyuntura derivada de la propia restauración, utilizada por Olañeta para desvincularse de la autoridad política del Virrey del Perú. Antecedentes Las primeras noticias de la restauración absolutista en España llegaron a Lima a primeros de febrero de 1824, durante la recuperación de las fortalezas del Callao, de la mano de los periódicos patriotas descontentos con el curso de la guerra. El bando oficial del virrey la Serna con la restauración absolutista en el virreinato peruano se publicó en Lima el 3 de abril de 1824.

Para Olañeta, su posición como partidario del antiguo régimen absolutista de Fernando VII y enemigo declarado de la revolución liberal en España, sumada a su distanciamiento de la cúpula militar del ejército español en el Perú debido a ser acusado de enriquecimiento ilícito, y a la influencia desleal de algunos consejeros afines a la independencia, como su sobrino Casimiro Olañeta, lo llevó a un enfrentamiento fatal con el virrey del Perú, José de la Serna. Al sublevarse, Olañeta se proclamó defensor del trono español, desobedeciendo al gobierno del Virreinato del Perú al que acusó de ilegítimo. Como consecuencia, Simón Bolívar, en contacto por cartas con Olañeta, aprovechó el desmantelamiento del aparato defensivo realista para mover su ejército “todo el mes de mayo contra Jauja” y enfrentarse en el Perú a un solitario José de Canterac, quien quedó aislado con su división, y tuvo que dar batalla en Junín el 6 de agosto de 1824.

La rebelión de Olañeta influyó notablemente en el ánimo y la moral de los bandos enfrentados:

Las fuerzas que guarnecían el Alto Perú eran los 4000 soldados acantonados en Potosí al mando del mismo Olañeta y 1000 en Santa Cruz dirigidos por su subordinado, el comandante Francisco Javier Aguilera.Valencia, 1981: 14

La rebelión En enero de 1823, Olañeta recibió dos cartas provenientes de España a través de Montevideo, ambas enviadas por miembros del Consejo de Regencia instalado en Urgel y fechadas en agosto de 1822. En una de estas cartas, se instaba a Olañeta a proclamarse defensor de la monarquía absoluta, prometiéndole el cargo de virrey del Río de la Plata y asegurándole que la Santa Alianza invadiría España con tropas francesas. En la otra carta, se le informaba sobre el traslado del Consejo de Regencia a territorio francés debido al avance del general Francisco Javier Mina. Olañeta abrazó con entusiasmo la causa absolutista.Urcullu, 1855: 128 Posteriormente, recibió la noticia de que el duque de Angulema había invadido España en abril de 1823. El 22 de enero de 1824, Olañeta recibió en Potosí una gaceta española que informaba que el rey había sido liberado por el duque de Angulema el 1 de octubre de 1823, anulando todo lo realizado por el Trienio Liberal y restableciendo la situación al estado en que se encontraba antes del Pronunciamiento de Riego. Absolutistas del Cusco habían convencido a Olañeta de que el virrey de la Serna pensaba establecer un estado independiente en el Perú, para acoger a los liberales escapados de España.

El mismo día 22 de enero de 1824, inició la rebelión en contra del virrey del Perú que comenzó intimando al gobernador intendente de Potosí, José Santos La Hera, para que la guarnición de 300 hombres a su mando quedaran a órdenes directas suyas. Esto lo hacía argumentando que él era el jefe de las provincias del Río de la Plata hasta el río Desaguadero y que no reconocía otra autoridad que la del rey absoluto. La Hera resistió refugiándose con sus fuerzas en la Casa de Moneda de Potosí, pero luego evitó el enfrentamiento entregando las tropas a Olañeta y partiendo hacia el Perú con los oficiales.

Luego Olañeta se dirigió a Chuquisaca para intimar al presidente de la Real Audiencia de Charcas, Rafael Maroto, este abandonó la guarnición y la ciudad dirigiéndose a Oruro, por lo que Olañeta entró en Chuquisaca el 8 de febrero.

Jerónimo Valdés, quien partió de Arequipa, fue enviado por el virrey hacia Potosí y le propuso un arreglo pacífico mediante la llamada entrevista de Tarapaya, ocurrida en la población homónima (afueras de Potosí) el 9 de marzo de 1824. Olañeta mostró las comunicaciones que había recibido de España y exigió la restauración del absolutismo y la separación de los gobernadores La Hera y Maroto. Valdés accedió a las exigencias de Olañeta y se convino que el brigadier Francisco Javier Aguilera (o el coronel Guillermo Marquiegui si aquel no podía) quedara como presidente de Charcas. En Potosí Olañeta podría elegir un gobernador y todo el Alto Perú quedaría bajo su mando con la obligación de enviar mensualmente dinero al Cusco y asistir con tropas si los revolucionarios desembarcaban en las costas de adyacentes del océano Pacífico entre Iquique y Arequipa.

El objeto del convenio había sido ganar tiempo en espera de los acontecimientos que se esperaban en Lima, en donde José Canterac negociaba secretamente con el gobierno republicano. Valdés, con la excusa de enviar tropas contra la Republiqueta de Ayopaya que comandaba José Miguel Lanza, no desocupó las intendencias de Cochabamba y de La Paz como había convenido en Tarapaya.

La sublevación del Callao ocurrida el 5 de febrero de 1824, permitió la reocupación realista de Lima e hizo pensar al virrey que la revolución estaba muy disminuida en el Perú, por eso tomó la decisión de suprimir la rebelión de Olañeta. El virrey hizo marchar hacia Oruro a los batallones de Gerona, los escuadrones de la Guardia y otros cuerpos, poniéndolos al mando de Valdés. Olañeta y Valdés firmaron el acuerdo de Tarapaya, el 9 de marzo de 1824, por el que el Alto Perú quedaba al mando de Olañeta.

El virrey la Serna, antes incluso de saber del convenio, ya había hecho la abolición del régimen constitucional el 11 de marzo de 1824. Pero Olañeta negó autoridad alguna a de la Serna, y Valdés quien quedó situado en Cochabamba, recibió la orden del 4 de junio de 1824 para usar la fuerza, lo que dio comienzo a la campaña militar contra la rebelión de Olañeta.

Olañeta no había permanecido estático después de la entrevista de Tarapaya, pues había enviado a su sobrino Casimiro a Montevideo en busca de fusiles y se dirigió a Chuquisaca en donde alistó un nuevo cuerpo de 1000 soldados y liberó a revolucionarios (muchos de ellos rioplatenses) que se le unieron.

La totalidad del ejército realista del Alto Perú, más de 5000 hombres, se repartían con Olañeta que se hallaba en Potosí, con el coronel Marquiegui y su segundo el comandante José María Valdez (conocido como el Barbarucho) en Chuquisaca, y con el brigadier Aguilera en Cochabamba. En Oruro Jerónimo Valdés reunió al cuerpo sur del ejército real del Perú que incluía los dos batallones del regimiento Gerona, el 2.º del Imperial, el 1.º del primer regimiento del Cuzco. Su caballería con tres escuadrones de granaderos de la Guardia, y el escuadrón de granaderos de Cochabamba y dos piezas de montaña. Le acompañaban los oficiales Carratalá, Valentín Ferraz, Cayetano Ameller, La Hera y Rafael Maroto. Con un grupo, Valdés se dirigió a Chuquisaca, y con otro Carratalá a Potosí.

Rompimiento del convenio El 19 de junio llegó a Potosí el coronel Diego Pacheco enviado por Valdez para intimar a Olañeta a que opte entre presentarse ante el virrey para ser sometido a un consejo de guerra o se dirigiera a España para postrarse ante el trono, en caso contrario sería atacado por las fuerzas que ya estaban en marcha. Le comunicaba también que quedaba anulado el convenio de Tarapaya.

El 20 de junio Olañeta hizo conocer en Potosí un manifiesto redactado por su sobrino Casimiro:

Orden de batalla

Desarrollo de la campaña

El 28 de junio Olañeta salió de Potosí para situarse en Tarija, mientras Jerónimo Valdés entró con 5000 hombres en Chuquisaca el 8 de julio, ciudad que había sido desocupada unos días antes por Barbarucho Valdez. Dejó de presidente de Charcas al coronel Antonio Vigil y envió de gobernador de Potosí al general José Carratalá con 200 infantes.

El 12 de julio de 1824, se dio la batalla de Tarabuquillo (Tomina-Chuquisaca), el comandante Barbarucho (barba roja, apodo que él mismo se daba) con el primer batallón de la Unión rechazó la carga de 800 caballos de Valdés, cuyo ejército se componía de 4000 hombres. Barbarucho perdió 80 (presentó 350) hombres y sus enemigos unos 500.

El 13 de julio se pasó a las fuerzas de Jerónimo Valdés el comandante de la villa de La Laguna, hoy llamada Padilla (Tomina-Chuquisaca), Ignacio Rivas, con el 2.º escuadrón de Dragones de la Frontera. Ese día los comandantes Pedro Arraya, Juan Ortuño y Felipe Marquiegui con 70 dragones de Santa Victoria salieron del pueblo de Puna y al día siguiente entraron por sorpresa en Potosí y se llevaron prisionero al gobernador Carratalá. La guarnición escapó hacia Oruro y el día 18 Barbarucho entró en la ciudad desprotegida.

Valdés continuó en dirección a Tarija vía Pomabamba (actual provincia de Azurduy, departamento de Chuquisaca), el 26 de julio llegó al pueblo de San Lorenzo, (actual departamento de Tarija), en donde el comandante Bernabé Vaca entregó la guarnición y a Carratalá, que allí se hallaba prisionero. Luego entró en Tarija. Valdés dejaba en sus posiciones a los comandantes que desertaban, entre ellos a Vaca, quien salió en persecución del parque retirado días antes de San Lorenzo por orden de Olañeta, tomando 6 piezas de artillería y 300 fusiles al darle alcance.

El 3 de agosto Olañeta logró engañar a Valdés en Livilivi, desapareciendo en la oscuridad con sus fuerzas, mientras Valdés avanzó hacia Santa Victoria (en la actual Argentina). Olañeta dispersó sus fuerzas en Tojo enviando a Barbarucho hacia en Suipacha con el Unión, al teniente coronel Carlos Medinaceli a Santiago de Cotagaita con el Cazadores y el Chichas, y al coronel Francisco de Ostria con el regimiento de Dragones americanos a Cinti (hoy Camargo), mientras Olañeta con dos escuadrones de Tarija avanzó hacia la misma Tarija, entrando en la villa el 5 de agosto, tomando prisionero al comandante Diego Roldán y recuperando el escuadrón de 60 soldados desertado en San Lorenzo y dejados allí días antes por Valdés. Ese día Valdés llegó a Santa Victoria, en donde tomó prisioneros al coronel Marquiegui (cuñado de Olañeta) y las 31 personas enviadas allí por Olañeta desde Livilivi, las que Valdés había perseguido pensando que eran las tropas del propio Olañeta.

El mismo 5 de agosto el coronel Francisco López, enviado por Aguilera desde Vallegrande, copó la villa de La Laguna, tomando prisionero a Rivas y recuperando el escuadrón que mandaba.Urcullu, 1855: 139-140

En la noche del 5 de agosto en Salo (Sud Chichas-Potosí), Barbarucho con 250 hombres del batallón Unión sorprendió a Carratalá (quien dormía con 700 hombres del Gerona) y lo tomó prisionero junto con 22 soldados y otros 8 oficiales. Capturando además 2 cañones, 236 caballos y mulas, fusiles y otros pertrechos.