Abū Bakr Muḥammad ibn ˁAmmār, también conocido como Ibn Ammar de Silves o Abenamar (1031-1086), fue un poeta andalusí y visir de la Taifa de Sevilla.

De origen humilde y poco conocido, su talento para la poesía atrajo al joven Al-Mu'támid, que se convirtió en su amante y amigo y lo nombró visir de Sevilla tras la muerte de su padre, Al-Mutádid. Abenamar tenía la reputación de ser invencible jugando al ajedrez; según el historiador Abdelwáhid al-Marrakushi, su victoria en una partida convenció a Alfonso VI de León a abandonar Sevilla.

En Silves conoció al príncipe Al-Mutámid y comenzó una estrecha relación sentimental. Tras acceder Al-Mutámid al trono de la Taifa de Sevilla, Abenamar planeó la anexión de la Taifa de Murcia al reino sevillano y convenció al rey poeta para que lo nombrara gobernador. Conquistada a fines de 1079 con la ayuda del general del ejército Ibn Rašiq, se nombró a sí mismo rey y cortó relaciones con Al-Mutámid. Pero su poder duró poco, pues comenzó a utilizarlo para fines suntuosos que le granjearon la desafección del pueblo murciano. Ibn Rašiq lideró la oposición a Abenamar, que se vio impelido a abandonar la ciudad y buscar refugio en la Taifa de Toledo, donde se entrevistó con Alfonso VI e incitó a la población a sublevarse contra Al-Qádir (mayo de 1080), quien tuvo que refugiarse en Cuenca. Pero finalmente, las intrigas políticas toledanas se volvieron en su contra y Abenamar tuvo que huir en mayo de 1082 a Madrid.Afif Turk, loc. cit., 1978.

A comienzos del verano de 1082 Abenamar recala en la corte de la Taifa de Zaragoza de Al-Mutamán, donde permaneció hasta 1084. El monarca zaragozano le recibió con grandes honores, le proporcionó una buena vivienda y sueldo, y posiblemente le nombró visir. Allí se dio una vida regalada, y era criticado entre la población saraqustí por su afición al vino, de la que él se defendió en un poema. Además, ayudó a Al-Mutamán a someter a un alcaide rebelde, lo que consiguió haciendo que lo matasen, y fue premiado por el monarca zaragozano con el disfrute de esa fortaleza.

Desde aquel lugar de la corte de Zaragoza envió a su amigo, el rey de Sevilla Al-Mutámid, una elegía por la que solicitaba el perdón. La casida evocaba el estilo de Ibn Zaydun, pero adoptaba un estilo más solemne y nostálgico, recordando los días felices de Silves:

Al-Mutámid se inclinó inicialmente por el perdón, pero más adelante se indignó tras leer una carta interceptada que Abenamar había enviado desde su celda, y lo mató con sus propias manos.Louis Crompton, Homosexuality and Civilization, p.167

Ibn Ammar destacó sobre todo en el cultivo de la gacela o gazal homoerótico. Su poesía supone una de las cimas del cultivo de la poesía amorosa en Al-Ándalus, en la que Abenamar es uno de sus representantes más destacados, pues se dedicó a la lírica culta amorosa árabe por pasión, y no por oficio como era común entre los poetas cortesanos andalusíes.

Referencias

Bibliografía HITTI, Philip K., History of the Arabs: From the Earliest Times to the Present, Londres, Macmillan, 1956. RUBIERA MATA, María Jesús, Literatura hispanoárabe, Madrid, Mapfre, 1992. Edición digital Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2001. Véase el capítulo «Sevilla», con información y poemas de Abenamar. SORDO, Enrique, Moorish Spain: Cordoba, Seville, Granada., Londres, Elek Books, 1963. TURK, Afif, El Reino de Zaragoza en el siglo XI de Cristo (V de la Hégira), Madrid, Instituto Egipcio de Estudios Islámicos, 1978, págs. 132-137. ISBN 978-84-600-1064-7 WATT, W. Montgomery, Historia de la España Islámica, Edimburgo, Edinburgh University Press, 1965. Ed. en español en Alianza Editorial, 1988. ISBN 84-206-1244-8

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