La plaza de San Pedro (; ) es la plaza situada delante de la basílica de San Pedro en la Ciudad del Vaticano, enclavada dentro de Roma. Situada en el límite del centro histórico, a 19 m. s. n. m., la plaza forma parte de la Ciudad del Vaticano y está delimitada por la frontera con el Estado italiano. Sus principales accesos, a través del rione de Borgo, que se encuentra al este de la plaza, son la Via della Conciliazione y la Via di Porta Angelica.
Descripción miniaturadeimagen|La plaza de San Pedro vista por Giovanni Battista Piranesi (1748). La célebre plaza, notable ejemplo de la arquitectura y el urbanismo barroco, está dedicada al santo homónimo y es el lugar de encuentro cotidiano de miles de fieles católicos procedentes de todo el mundo. El espacio de la plaza está formado por dos partes: la primera tiene forma de trapecio, cuyo lado mayor corresponde a la fachada de la basílica, con motivaciones de perspectiva (anular la gran distancia que hay entre la plaza y la basílica); y la segunda tiene forma de óvalo (construcción geométrica elemental que Borromini estudió de Sebastiano Serlio, el cual a su vez aprendió de su maestro Baldassarre Peruzzi) con el obelisco egipcio en el centro.
Estos dos grandes espacios están unificados por cuatro columnatas que cuentan con un total de 284 columnas y 88 pilastras que sostienen un arquitrabe, y 140 estatuas de mármol. Actualmente, delante de la plaza propiamente dicha se encuentra otro espacio que sirve de vestíbulo de la misma (la Piazza Pio XII, antigua Piazza Rusticucci), en la cual desemboca la Via della Conciliazione.
Las 140 estatuas son:Las 140 estatuas de santos en las columnatas stpetersbasilica.info¿Qué santos presiden la Plaza de San Pedro?
Historia La Platea Sancti Petri hasta el thumb|right|Grabado de la antigua basílica de San Pedro en torno al año 1450. La plaza de San Pedro y la basílica ocupan un pequeño valle situado entre la colina Vaticana y el Janículo, ocupado en la época clásica por el Circo de Nerón, la Vía Cornelia y un cementerio actualmente denominado necrópolis vaticana, donde se colocó, según la tradición, la tumba de san Pedro tras su martirio en el circo. Por ese motivo, en el siglo se erigió en esta zona la gran basílica constantiniana de san Pedro. Con esta construcción se creó, en parte sobre la necrópolis,Su questa pietra. La Fabbrica di San Pietro in Vaticano, catálogo de la exposición, 2000. una amplia explanada llamada Platea Sancti Petri, en la que se encontraban la iglesia y el cuadripórtico.
En su exterior, en la Edad Media, cuando asumió también el nombre de Cortina Sancti Petri, nació el barrio de Borgo, que ocupaba la zona comprendida entre el Tíber y la explanada. El papa Pío II hizo construir una escalinata de mármol delante de la fachada de la basílica e iniciar una logia para las bendiciones, diseñada por Francesco del Borgo.
El papa Nicolás V había proyectado transformar el espacio informe de tierra batida de la platea en una plaza porticada, en el marco de la remodelación general de la zona del Vaticano en la que trabajaba Bernardo Rossellino, regularizando al mismo tiempo las tres calles medievales del Borgo que allí confluían, pero el proyecto no tuvo un seguimiento inmediato. A principios del siglo , la plaza era aproximadamente rectangular, sin pavimentar, y con un desnivel de unos diez metros entre el pie de la escalinata que conducía a la basílica y el barrio del Borgo.
La Via Recta o Via Alessandrina El papa Alejandro VI, para el jubileo del 1500, hizo abrir la primera calle nueva rectilínea de Roma, entre el puente Sant'Angelo y la puerta del Palacio Apostólico, quizá regularizando la calle medieval porticada conocida como Portica Sancti Petri, que atravesaba la platea con una franja pavimentada, inclinada unos seis grados respecto al eje de la antigua basílica. Para realizar esta calle hizo demoler, con la ayuda de los peregrinos, la llamada Meta Romuli, una sepultura monumental romana con forma de pirámide.
Este eje viario, que inicialmente recibió el nombre del papa, Via Alessandrina, y más tarde el de Borgo Nuovo, creaba delante del gran portal de entrada a los palacios vaticanos una perspectiva de unos ochocientos metros (el Borgo más el cruce pavimentado de la platea): se trataba de la confirmación de que Alejandro VI no asignaba un papel prioritario a la basílica de San Pedro en la creación de la ciudadela pontificia, sino que en su lugar proponía como referencia para esta intervención el palacio, la curia y residencia del papa.
La Via Recta, Via Alessandrina o Borgo Nuovo es por tanto la primera calle rectilínea centrada en la puerta de un palacio, como un largo pasillo que desde su vestíbulo entra en la ciudad. El prototipo alejandrino nació en el ámbito de un programa que no era arquitectónico, ya que en esos años no se contemplaba reconstruir ni la basílica ni los palacios vaticanos siguiendo un diseño unitario. Aunque todo sería demolido y reconstruido alrededor de esa puerta, este eje nunca sería eliminado: la puerta se convertiría en la puerta de bronce del Palacio Apostólico; el atrio que había detrás se convertiría en el largo pasillo de Bernini, alineado con la Scala Regia, al fondo, que conduce a la sala homónima, desde la cual se accede por un lado a la Capilla Sixtina y por el otro a la habitación del pontífice. Rápidamente el Borgo, previamente en estado de abandono, se reorganiza alrededor a ese eje en una mezcla de arquitectura popular y palacios de cardenales proyectados por los arquitectos más importantes de principios del siglo .
La basílica de San Pedro derecha|miniaturadeimagen|Imagen de la basílica. Durante el pontificado de Julio II se decidió reedificar completamente la gran basílica, iniciando las obras por la zona del ábside, de manera que durante más de un siglo la plaza no se vería afectada por esta intervención. No obstante, la larga historia de los diferentes proyectos y la alternancia entre la planta central a cruz griega cubierta con la gran cúpula (propuesta por Bramante y Miguel Ángel) y la planta a cruz latina que se afirmaría definitivamente en el clima de la Contrarreforma, determinará la relación de la basílica con la ciudad y el futuro aspecto de la plaza.
La construcción del gran edificio avanzó lentamente, con una larga lista de diseñadores: Bramante, Rafael (junto con Giuliano da Sangallo y Fra' Giocondo), Antonio da Sangallo el Joven con Baldassarre Peruzzi, Miguel Ángel, Jacopo Vignola, Giacomo della Porta con Domenico Fontana y Carlo Maderno.
Intervenciones en la platea desde el miniaturadeimagen|La plaza a finales del siglo . Durante todo el siglo la plaza no se vio afectada por las obras de reconstrucción de la basílica, que continuaba dirigiendo hacia la plaza su antigua fachada, el cuadripórtico y varias construcciones adosadas. A mediados del siglo , Pío IV ensanchó la plaza por sus dos lados.
En 1586 Sixto V hizo transportar delante de la basílica, aproximadamente a medio camino entre los pies de la antigua escalinata y la manzana que había delante de la plaza, el antiguo obelisco egipcio que, después de haber sido usado como meta del Circo de Nerón, se elevaba en el lado sur de la basílica, no muy lejos del edificio.
Sin embargo, cuando veinte años después se erigió la nueva fachada de San Pedro al fondo de la plaza, el obelisco fue trasladado 1.56 metros hacia el norte respecto a su eje, porque el arquitecto Domenico Fontana, al colocarlo, se basó probablemente en la basílica constantiniana que entonces estaba todavía parcialmente en pie. Además, si se hubiera colocado sobre el eje del edificio nuevo, habría estado casi junto a las manzanas al sur de la plaza, cuya demolición se acometería mucho más tarde.
La cuestión de la plaza right|miniaturadeimagen|La fachada con los campanarios de Maderno no realizados. No fue hasta el siglo cuando se planteó la cuestión de la plaza. En las primeras décadas del siglo, el papa Paulo V hizo que Maderno construyera el cuerpo longitudinal de la iglesia, descartando así definitivamente el proyecto de planta central de Miguel Ángel. En este contexto se pasó de las antiguas cuestiones relativas a la planimetría de la basílica a las cuestiones relativas a su fachada y a la definición de su espacio delantero.
El problema consistía en transformar un espacio poco definido como era la Platea Sancti Petri en un espacio monumental y representativo, directamente funcional para la basílica. Mientras, para construir la nave, se destruyó el antiguo cuadripórtico del Paraíso y se repropuso el problema de cumplir sus funciones como antecámara de la basílica.
Además, ahora los papas miraban hacia San Pedro desde el Palacio del Quirinal en una perspectiva formal e ideológica muy diferente de la que tenían desde el Vaticano. San Pedro dejó de ser la grandiosa capilla del palacio papal y volvió a ser una de las basílicas de Roma: fue entonces cuando se concreta el laborioso proyecto, iniciado por Julio II y Bramante, de hacer de ella el centro simbólico de la cristiandad.
En los años posteriores, la plaza fue siempre concebida como cerrada en parte por evidente contraposición a la precedente Platea Sancti Petri, completamente abierta en todas las direcciones. En realidad, la intervención del siglo comprende tres partes sucesivas: la nave longitudinal, junto con su fachada; la plaza de San Pedro interior, «cerrada» y proyectada de manera unitaria; y la Piazza Rusticucci exterior, «abierta», un espacio vacío obtenido sin ningún diseño ni «proyecto».
La fachada miniaturadeimagen|Una celebración litúrgica papal en 1983. Inmediatamente después de la nave, Maderno realizó también la fachada. El proyecto fue elegido en 1607 en un concurso en el que participaron Domenico y Giovanni Fontana, Girolamo Rainaldi, Giovanni Antonio Dosio y Ludovico Cigoli. Maderno repropuso la fachada diseñada por Miguel Ángel, incluido el orden gigante, reinterpretándolo sin embargo en un único plano, sin adelantar el pronaos central. Se obtuvo así una fachada más ancha que alta. Después de que fuera finalizada se decidió construir dos campanarios que flanquearan la fachada, quizás para «corregir» sus inusuales proporciones, pero su construcción se interrumpió en 1622 y las dos torres, que se habían quedado incompletas en el primer orden, terminarían por aumentar la dimensión horizontal de la fachada, tanto que Bernini la definió como «agazapada».
En esa misma época Martino Ferrabosco adecuó la entrada a los palacios vaticanos construyendo un nuevo avant-corps monumental, marcado por una torre con reloj, situado también en el eje de la Via Alessandrina. En la primera mitad del siglo Bernini también intentó delimitar la cúpula con dos campanarios para dar un mayor protagonismo al edificio, pero las críticas y el hundimiento de los cimientos le impidieron continuar con las obras. Posteriormente propondría una solución diferente, vinculada a la remodelación completa de la plaza.
El primer proyecto de Bernini Cuando Bernini afrontó la remodelación general de la articulación entre la nueva plaza de San Pedro y la ciudad, se encontró con que tenía que conciliar diferentes elementos arquitectónicos (como la fachada de la basílica), urbanísticos (como el eje alejandrino, excéntrico respecto a la fachada), funcionales (como la necesidad de amplios pórticos para los peregrinos) y litúrgicos (relativos a las rituales bendiciones papales). La solución de un problema tal no podía dejar de tener un gran impacto urbanístico.