Comechingón es la denominación vulgar con la cual se alude a dos etnias originarias de la República Argentina, los hênîa y los kâmîare, que a la llegada de los conquistadores españoles en el habitaban las Sierras Pampeanas, de las actuales provincias de Córdoba y San Luis. La denominación comechingones se cree que les fue dada por los invasores indoamericanos sanavirones, procedentes del centro de lo que hoy es la provincia de Santiago del Estero. Fue tomada por los descubridores españoles, quienes nominaron a los pueblos henia-kamiare de esa manera, al comprender la heterogénea diversidad cultural que existía en lo que hoy son las sierras de Córdoba, e intentar reducir tal complejidad a una idea más simple y por lo tanto, nombrable. "Kaminchingon" viene, según Aníbal Montes, de "kami" (serranía), "chin" o "hin" (pueblos) y la pluralización quechua "gon". Es decir "serranía con muchos pueblos". El investigador asegura que se confundió, por entonces, un etnónimo con un toponímico.
Jerónimo Luis de Cabrera expresó en el año 1573 que realizaba su fundación principal en:
thumb|240px|Vista de la sierra de Comechingones.
Denominación y etnónimos
Los comechingones se autodenominaban como hênîa -al norte- y kâmîare -al sur-(los dos grupos principales), subdivididos en aproximadamente una decena de parcialidades.
El apelativo «comechingón» parece ser la deformación de una palabra peyorativa que les daba la etnia salavinón -o sanavirona- que hacia el , procedente del interfluvio río Dulce-río Salado (actual Provincia de Santiago del Estero), invadía los territorios ancestrales de los henîa-kamiare. Los sanavirones los llamaban kamichingan, que en idioma salavirón parece haber significado 'vizcacha' o 'habitante de cuevas', esto debido al tipo de vivienda semisubterránea de los henia-kamiare.
Sin embargo según la crónica del conquistador español Jerónimo de Vivar, escrita en 1558, el apodo les fue dado directamente por los españoles al escuchar el grito de guerra de los henîa: «¡Kom-chingôn!». Según Vivar este grito se traduciría por «muerte-a-ellos» (a los invasores). Es probable que los sanavirones "entendieran" y "tradujeran" con mofa tal clamor de guerra de sus enemigos con la palabra «kámichingan».
Al olvidarse con los siglos los étimos, ya desde el estaba divulgada la pseudo-etimología que suponía muy erróneamente que la palabra comechingones significaba comedores de trozos de tierra.
Etnogénesis Muchos antropólogos tienden a considerar a los hênia-kamiare como un conjunto muy diferenciado del grupo huárpido. Dos rasgos de los comechingones que más han llamado la atención son su aspecto caucasoide (los varones eran barbudos ya en la pubertad), sus tallas relativamente elevadas para su época (aproximadamente 1,71 m en los varones) y la existencia de una frecuencia de quizás el 15% de individuos de ojos grisáceos/verdosos. Los ojos claros eran llamados soto, y esta singularidad más el hecho de ser barbados y las pictografías como las de Cerro Colorado en donde se observan grafismos que en su forma recuerdan a las runas y que reproducen individuos montados sobre caballos y con algo que parecieran ser yelmos hizo que varios antropólogos del creyeran en un origen (o al menos un fuerte influjo) vikingo en la etnogénesis de los hênia kamiâre,Dick Edgar Ibarra Grasso: Los hombres Barbados en la América precolombina: razas indígenas americanas, Editorial Kier S.A., Buenos Aires, Argentina, 1997. aunque en la actualidad tales teorías están prácticamente descartadas y el hecho por el cual en algunas pictografías aparecen dibujos muy estilizados que parecen drakkars o la presencia de personajes ecuestres se explica por la sencilla razón de que en tales pictografías los hênia kamiâre estaban representando la irrupción de los españoles en el s XVI.
Aunque los estudios revelan un predominio huárpido (al parecer el más antiguo), en la etnogénesis de este pueblo, a lo largo de miles de años, influyeron también linajes pámpidos, ándidos e incluso amazónidos, esto se explica por la ubicación geográfica de su territorio, que era la encrucijada de las diversas corrientes poblacionales prehistóricas del territorio que hoy es Argentina.
Quizás los hênia-kamiare remonten sus orígenes a poblaciones de la cultura Ayampitín milenaria (al menos existente desde el 6000 a. C.), cultura arqueológica que ha dejado rastros hasta en Tarija (que contiene una similitud en su habla con el habla cordobesa), pero, por el momento (diciembre de 2006) no existen datos que permitan decir con certeza plena que la cultura Ayampitín (nombre de un sitio del noroeste cordobés) sea correspondiente de un modo absoluto a un "momento formativo" de la etnia de los hênia y kamiare o "comechingones".
Casi con certeza la llamada Cultura Ongamira que comprendía Ongamira, Quebrada de Luna (los Terrones), cerro Minas y cerro Colchiquín, surgida hacia el 4600 a. C., es precedente directo de la cultura comechingón, aunque recién se puede hablar de una cultura comechingón en el período que va del 500 al 1600 d.C., diluyéndose esta cultura con la criolla-española tras el ; uno de los últimos asentamientos con una cultura "comechingona" típica se ubicó en la localidad de Nono hasta el 1750, y tras 1600 corresponde hablar de una cultura "comechingón"-española. La última comunidad hênia kamiâre de linajes reconocidos fue la de Tulián o Tolian, reconocida por los primeros gobiernos patrios argentinos y existente hasta mediados del s XIX en la zona de San Marcos Sierra; luego tal comunidad se mezcló totalmente con gente de origen europeo.
Historia
miniaturadeimagen|Vista del hábitat de los hênîa y los kâmîare (Comechingones). El poblamiento de las Sierras de Córdoba izquierda|miniaturadeimagen|Punta de proyectil “cola de pescado” (Dique San Roque, Museo Arqueológico Numba Charava). miniaturadeimagen|Sitio El Alto 3 (Pampa de Achala). Las investigaciones confirman la presencia humana en las Sierras de Córdoba desde hace 11000 años, a partir de hallazgos en el sitio El Alto 3 (Pampa de Achala).Rivero, D. 2012. La ocupación humana durante la transición Pleistoceno-Holoceno (11.000–9000 AP) en las Sierras Centrales de Argentina. Latin American Antiquity 23(4): 551-564. Los artefactos indican el establecimiento de campamentos de corta duración. Otros restos fueron registrados en la Gruta de Candonga, con una antigüedad de 10.400 años,Cornero, S.; Neves, W. y D. Rivero. 2014. Nuevos aportes a la cronología de las ocupaciones tempranas en las Sierras de Córdoba. La Gruta de Candonga (Córdoba, Argentina). Relaciones de la Sociedad Argentina de Antropología XXXIX(1): 285-292. además del hallazgo de algunas puntas de proyectil conocidas como “cola de pescado”, empleadas por cazadores-recolectores sudamericanos entre 11000 y 9000 años atrás.Rivero, D.; Heider, G. y S. Pastor. 2015. Identificación de una punta cola de pescado en las Sierras de Córdoba. Implicancias para el poblamiento del centro de Argentina. Cuadernos del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano 24(1): 151-155.
Estos primeros habitantes integraban pequeños grupos muy dispersos y móviles, que cubrían amplios territorios en busca de recursos. Su subsistencia se basaba en la caza de guanacos (Lama guanicoe) y venados de las pampas (Ozotoceros bezoarticus), y posiblemente frutos y semillas silvestres. En cuanto a su origen, se trataría de desprendimientos de grupos establecidos en las llanuras bonaerenses y uruguayas.Laguens, A. 2009. De la diáspora al laberinto: notas y reflexiones sobre la dinámica relacional del poblamiento humano en el centro-sur de Sudamérica. Revista de Arqueología Suramericana 5(1): 42-67.Rivero, D.; Pastor, S. y G. Heider. 2018. The Tigre projectile point in Central Argentina. Implications for the initial peopling of the region. PaleoAmerica DOI: 10.1080/20555563.2017.1395257
Los cazadores-recolectores del Holoceno
Los cazadores-recolectores que habitaron la región serrana de Córdoba entre hace aproximadamente 8000 y 4000 años, al igual que en momentos más tempranos conformaban pequeños grupos dispersos y móviles. Además de la caza de guanacos y ciervos, hay un mayor énfasis en la captura de pequeños vertebrados como roedores. Además recolectaban frutos de especies silvestres como el algarrobo (Prosopis spp.) y el chañar (Geoffroea decorticans), así como huevos de ñandú (Rhea spp.). Para la captura de las presas principales empleaban lanzas con puntas de piedra de forma lanceolada, conocidas como “puntas ayampitín”, arrojadas manualmente o mediante un propulsor. miniaturadeimagen|Puntas “ayampitín” de sitios arqueológicos de la Pampa de Achala.
En el período que abarca desde hace 4000 a 2000 años antes del presente aumentó la demografía y surgieron diferencias en la tecnología y en las estrategias de obtención de alimentos. Se adoptaron nuevos diseños de puntas de proyectil, de forma triangular, y se entablaron vínculos de larga distancia con otros grupos, como lo sugieren hallazgos de artefactos en valvas de moluscos del río Paraná y de la costa Atlántica.
miniaturadeimagen|Puntas triangulares de sitios arqueológicos de la Pampa de Achala. miniaturadeimagen|a) colgante en valva de almeja nacarada (Anodontites sp. o Diplodon sp.), procedente del sitio arqueológico Quebrada del Real 1 (Pampa de Achala); b) fragmento de artefacto en una valva de molusco marino (sitio Arqueológico Arroyo El Gaucho 1, Pampa de Achala). miniaturadeimagen|Grabados rupestres de las sierras de Serrezuela.
También aumentó la importancia en la dieta de plantas silvestres y pequeños animales como armadillos (Dasypodidae) y roedores.Rivero, D.; Medina, M.; Recalde, A. y S. Pastor. 2010. Variabilidad en la explotación de recursos faunísticos durante el Holoceno en las Sierras de Córdoba (Argentina): una aproximación zooarqueológica. En Zooarqueología a Principios del Siglo XXI: Aportes Teóricos, Metodológicos y Casos de Estudio, M. Gutiérrez, M. De Nigris, P. Fernández, M. Giardina, A. Gil, A. Izeta, G. Neme y H. Yacobaccio (eds.), pp. 321-331. Ediciones El Espinillo, Buenos Aires Hace 3000 años se registra el consumo de maíz (Zea mays), una planta alóctona probablemente obtenida a través de intercambios con vecinos agricultores.Pastor, S.; López, L. y D. Rivero. 2012. Access to maize (Zea mays) & its manipulation in hunter-gatherer contexts in central Argentina (c 3000-2500 bp). Before Farming 2012/4, article 4.
Los cambios ocurridos durante este período se materializaron, entre otros aspectos, en las primeras expresiones simbólicas relacionadas con la construcción de identidades sociales y la pertenencia de los grupos a determinados territorios, como es el caso del arte rupestre y las sepulturas. También surgieron nuevos tipos de roles, posiciones e identidades personales, relacionadas con esferas como la gestión política, ritual o de redes de intercambio.Recalde, A.; Rivero, D.; Tissera, L.; Colqui, E. y G. Pampiglione. 2017. Grabados rupestres, memoria social y demarcación del paisaje en el ambiente de pastizales de altura de las Sierras de Córdoba. Cuadernos del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano Series Especiales 5(1): 81-95.
Transición hacia la producción de alimentos
Hace unos 2000 años se acentuaron las transformaciones en el modo de vida de los cazadores-recolectores serranos. Estos grupos produjeron cambios en la subsistencia, en la movilidad y en la aparición de nuevas tecnologías, como la incorporación del arco y flecha y los primeros indicios de producción de cerámica.