Santo Domingo de Guzmán (Caleruega, c. 1170Hubert Jedin,Manual de Historia de la Iglesia.Tomo IV,p.300-Bolonia, ) fue un presbítero castellano y santo católico. Fundó en Toulouse la Orden de Predicadores o "dominicos", aprobada por el papa Honorio III en 1216, para predicar a la manera de los cátaros en contra de sus herejías.

Biografía

El dominico Pedro Ferrando, que escribió sobre este santo hacia 1240, menciona que sus padres se llamaban Félix y Juana. Con los datos que aporta sobre el padre el historiador Rodrigo de Cerrato hacia 1260 se deduce que no perteneció a una familia pudiente que accediese a la nobleza. Una tradición del siglo XIII señala que descendía de los poderosos linajes Guzmán y Aza.

En la década de 1730 los bolandistas pusieron en duda que santo Domingo descendiese de una estirpe noble, como era la de los Guzmán. En 1732 el dominico Joseph Manzano escribió en su Vida y portentosos milagros del glorioso san Isidoro que esta duda sobre santo Domingo no tenía fundamento y en 1737 Pedro Joseph de Mesa Benítez escribió Ascendencia de santo Domingo de Guzmán donde afirmaba que había certeza de eso y se indignaba de que se pensase lo contrario. En 1740 el dominico Antonin Brémond publicó una obra para probar que santo Domingo efectivamente descendía de los Guzmán. Según Géraud de Frachet tanto Domingo como sus hermanos, Antonio y Manés, fueron hidalgos.

Según una leyenda recogida por el dominico Géraud de Frachet en 1259, Juana peregrinó al monasterio benedictino de Silos para rezar ante el sepulcro del abad santo Domingo, muerto en el 1073, y pedirle que le concediera un hijo. El espíritu del abad se habría aparecido a Juana y le habría anunciado que daría a luz a su primogénito, al que quiso llamar Domingo.

Según el dominico del siglo XIII Jordán de Sajonia, Juana tuvo el sueño de que un perro salía de su vientre con una antorcha en la boca antes de tener a Domingo. Ella habría entendido que su hijo llevaría el fuego de Jesucristo al mundo (véase ). Domingo viene del latín Dominicus, que significa "Del Señor", pero también los religiosos han hecho un juego de palabras en latín con Domini canis, que significaría "el perro del Señor". Este perro se ha representado posteriormente de color negro con manchas blancas. Se decía que la madre de san Bernardo de Claraval, Aleth, había tenido una visión similar, solo que el perro no llevaba una antorcha en la boca y era blanco con manchas rojas.

En una audiencia general del 3 de febrero de 2010 el papa Benedicto XVI declaró sobre Domingo:

Domingo nació en el pueblo castellano Caleruega entre 1170 y 1174. En 1723 el premonstratense José Esteban Noriega citó unos versos falsos de Gonzalo de Berceo que decían que santo Domingo nació el día de san Juan y que había sido canónigo regular de la Orden de San Norberto en el Monasterio de Santa María de La Vid, lo que ha sido repetido por otros posteriormente.

El dominico Thierry de Apoldia escribió en 1290 que la madre de Domingo le amamantó personalmente, sin permitir que lo hiciera una nodriza.

Su madre, Juana, fue beatificada en 1828. Su hermano Antonio fue sacerdote y vivió en un hospital de Silos atendiendo a los peregrinos. Su hermano Manés se hizo fraile dominico, fundó el Convento de Santiago en París y regresó a España para propagar la orden. Manés fue beatificado en 1834.

Géraud de Frachet, dominico del siglo XIII, y Galvano Fiamma, dominico del siglo XIV, han sostenido que Domingo también tuvo una hermana, que a su vez tuvo dos hijos.

Jordán de Sajonia especifica que Domingo estuvo durante sus primeros años cuidado por sus padres y por "un arcipreste, tío suyo". Una tradición muy posterior dice que este último era hermano de su madre y que tenía el arciprestazgo en Gumiel de Izán.

Constantino de Orvieto, dominico del siglo XIII, dice que Domingo, al dejar de ser niño, fue enviado al prestigioso Estudio General de Palencia donde primero estudió con intensidad Artes Liberales y, posteriormente y durante cuatro años, pasó a estudiar con "sumo interés" Teología.

Terminó sus estudios y, hacia 1195 o 1196, fue nombrado por el obispo de Osma, Martín de Bazán, canónigo regular en la Catedral de la Asunción de la Virgen de Osma. Probablemente, en los primeros meses o tras un año de prueba en Osma tuvo lugar su ordenación sacerdotal. Por entonces conoció al prior Diego de Acebes, que sucedería a Bazán en el obispado en 1201. Domingo, por su parte, tenía el rango de subprior.

El cabildo catedralicio de Osma estaba regido por la Regla de la Orden de San Agustín, pero se estaba cayendo en la relajación de su cumplimiento. Alfonso VIII y los obispos castellanos pidieron al papa Inocencio III una reforma de la regla, que fue aprobada en Letrán en 1199.

Domingo regresó a Palencia para ser regente de la Cátedra de Sagradas Escrituras en el Estudio General. Tras finalizar los cuatro cursos de docencia y magisterio universitario, regresó al cabildo catedralicio de Osma y fue vicario general de la diócesis.

El fraile Jordán escribió una oración dedicada a Domingo donde le define como "sacerdote santísimo de Dios" y "confesor admirable". Domingo, por su parte, firmó hasta 1216 como "DOMINGO Canonicus Ecclesiae Oxomensis".

Jordán escribe, sucintamente, que Alfonso VIII de Castilla quería establecer un contrato matrimonial entre su hijo, el infante Fernando, y una doncella noble de "las Marcas". Según el dominico e historiador Luis G. Alonso Getino se conocía como "las Marcas" a las fronteras de los países europeos. La opinión más generalizada es que su intención era casas a Fernando con la princesa Ingeborg de Dinamarca. Hacia 1203 el monarca castellano decidió mandar a ese lugar una embajada presidida por el obispo de Osma, Acebes, que fue acompañado de Domingo. La comitiva pasó por Navarra, Huesca y cruzó los Pirineos.

Tras llegar a su destino, ser bien recibidos y recoger a la prometida, emprendieron el regreso. La doncella falleció por el camino. En su viaje por Europa, Acebes y Domingo tuvieron conocimiento de que había un grupo de paganos conocidos como "cumanos" y decidieron dedicarse a su conversión. Sin embargo, tenían responsabilidades en Osma y necesitaban permiso de la Santa Sede para hacerlo. Por ello, Acebes y Domingo, con algunos miembros de la comitiva, se encaminaron a Roma. En esta ciudad consiguieron audiencia con Inocencio III pero este no accedió a las peticiones de los castellanos.

En la primavera de 1205 cruzaron los Alpes de camino a Castilla y visitaron la abadía del Císter. Acebedo solicitó el hábito de esta orden y la compañía de frailes que le enseñasen esa forma de vida.

Para enfrentar la crisis que se habría en Occitania con los herejes cátaros, Inocencio III se dedicó a mandar legados con plenos poderes, como el de excomunión, el de pronunciar interdictos o el de relevar a los obispos que no fuesen lo suficientemente decididos.

En 1203 el papa designó como legados a dos frailes cistercienses de la abadía de Fontfroide: Raoul de Fontfroide y Pedro de Castelnau. En 1204 el papa mandó unirse a ellos al abad de Santa María del Císter, Arnaud Amaury, con el propósito de liderarlos y dedicar también los esfuerzos a la predicación.

En 1206 los legados cistercienses estaban en Montpellier. Entonces se encontraron con Diego de Acebes y Domingo. El segundo propuso centrarse en la predicación, llevar una vida de pobreza para acallar las críticas y ser itinerantes, imitando en todo la vida de los apóstoles. Los cistercienses le dijeron que si alguna autoridad de la Iglesia católica adoptase esa vida ellos la seguirían con gusto. Entonces el obispo Diego renunció a sus pertenencias y se unió al proyecto de Domingo. Es en este momento cuando Arnaud Amaury decidió regresar a la abadía del Císter y volver con refuerzos y los otros dos legados se unieron a Domingo para predicar en pobreza.

Domingo de Guzmán y Diego de Acebes predicaron en Montpellier sin éxito. Luego lo hicieron en Servian, donde los cátaros Baudoin y Thierry debatieron con ellos durante ocho días, consiguiendo tan solo la admiración de los habitantes que ya eran católicos. Luego estuvieron predicando quince días en Béziers, donde los católicos eran una pequeña minoría con respecto a los cátaros y hasta el obispo había sido suspendido por el papa. En Carcasona predicaron ocho días sin ningún provecho. En la primavera de 1207 en Montreal conocieron al importante predicador cátaro Ghilhabert de Castras y a los diáconos cátaros Benet de Termas y Pons Jordan, así como a un gran número de «perfectos» (cátaros que habían recibido un sacramento llamado consolamentum y vivían de acuerdo a esa fe).Duvernoy, J. (1989). La religion des cathares, Toulouse, pp. 93-97 y 114-115. El cátaro Arnaut Oth sostuvo que la Iglesia católica era la Babilonia del Apocalipsis y Diego de Acebes quiso demostrarle lo contrario usando el Nuevo Testamento, sin resultados. En Verfeil discutieron con los cátaros Pons Jordan y Arnaut Arrufat, pero no se entendieron bien entre ellos, ya sea por el desconocimiento del latín o por la gran diferencia entre los dos discursos. Según un noble local, Bernardo de Villanueva, que formó parte del jurado de los debates de Verfeil, con estos se convirtieron hasta 150 personas al catolicismo.

En 1207 Arnaud Amaury regresó a la región con doce abades y quince frailes para predicar en pobreza como indicaba Diego de Guzmán.

Domingo y Acebes fueron a Fanjeaux, donde convirtieron a un pequeño grupo de perfectas y de mujeres creyentes en el catarismo. Estas fundaron en el santuario de Santa María de Prohuile, con la autorización del obispo de Toulouse Fulco, un monasterio con centro educativo y hospital.

miniatura|210px|Santo Domingo y los albigenses, cuadro de Pedro Berruguete de entre 1491 y 1499 que se encuentra en el Museo del Prado de Madrid. Representa el milagro en el cual el cuaderno con los argumentos de Domingo evita el fuego. Según Jordán, en Fanjeaux ocurrió un milagro cuando se decidió probar las verdades con fuego. Se arrojó al fuego un cuaderno con los argumentos de Domingo frente a los herejes y, atizadas las llamas por un fuerte viento, el cuaderno fue a parar a los pies del jurado nombrado para los debates sin haber ardido. Se intentó dos veces más y sucedió lo mismo.

Diego de Acebes decidió regresar a Osma, según Jordán para recabar apoyos en Castilla para el proyecto de predicación en Occitania. En otoño de 1207 Domingo le acompañó hasta Pamiers, donde se encontraron con Fulco y el obispo de Couserans, Navarre. El conde de Foix puso a disposición de Domingo y Diego el castillo de Castelà en este lugar. La hermana del conde de Foix, Esclarmonda, era una perfecta y tomó parte en los debates. En Pamiers lugar debatieron contra herejes valdenses, entre los que se encontraba Durán de Huesca. Tras acalorados debates Durán decidió convertirse al catolicismo y fundó una congregación de pobres católicos solicitando autorización de Inocencio III. Con posterioridad, esta congregación integraría entre los terciarios dominicos.

Diego de Acebes murió en Osma en diciembre de 1207. El compañero de Domingo pasó a ser clérigo Guillaume Claret.

Los cistercienses abandonaron en cuestión de meses la predicación en pobreza propuesta por Domingo. Muchos seguidores de Domingo le abandonaron tras la muerte de Acebes, quedando entre los pocos seguidores un tal fray Domingo Español, que a la postre sería prior de un convento dominico en Madrid.

El 9 de mayo de 1208 el papa Inocencio III escribió una carta dirigida a los arzobispos de Narbona, Arles, Embrun y Lyon, así como a los nobles y poblaciones de Francia promulgando la indulgencia de cruzada a favor de todos los que tomasen las armas contra los cátaros. En este documento, el papa asimiló la herejía a la peste y dijo que los herejes eran peores que los sarracenos.