thumb|Taller francés de encuadernación del |300x300px La palabra encuadernación proviene del latín quaternos con el prefijo quaterni ‘cuatro’. Cuadernillo es cada pliego que se dobla en forma de cruz o en cuatro, para ser incluido en un libro. Por lo tanto, la encuadernación es la unión de cuadernillos por uno de sus costados con las tapas a modo de cubiertas.

Generalidades

Los tipos de encuadernación tienen por objeto facilitar tres funciones: conservación, fácil manejo y presentación artística y comercial.

Antes del , la encuadernación se hacía artesanalmente y era relativamente costosa, aunque muchos propietarios mandaban hacer a mano encuadernaciones refinadas o utilitarias. Con la industrialización, los procesos se abarataron mucho y se desarrollaron nuevas técnicas para vender libros y publicaciones a un coste más bajo, por lo que nacieron técnicas para encuadernar más sencillas, más rápidas y menos costosas. La idea era llegar a un mayor número de consumidores abaratando el producto.

En la comercialización de libros se distingue entre las encuadernaciones "en tapa" y "en rústica". La encuadernación en tapa también se llama encuadernación cartoné o en tapa dura, mientras que a la encuadernación rústica, más económica y menos duradera, se denomina de tapa blanda. Ambos sistemas pueden consistir en distintos métodos en función de los materiales utilizados y la técnica empleada: encolados, cosidos o grapados, o una combinación de algunos de estos sistemas. La encuadernación en rústica, en inglés conocida como paperback o softcover, es un tipo de encuadernación en la que el libro, cosido o pegado con cola, está forrado simplemente con una cubierta de papel o de cartón, generalmente fuerte pero a menudo flexible, y encolada al lomo. Si los pliegos forman cuadernillos y luego se cosen, se denomina encuadernación rústica cosida. Si no hay cuadernillos, sino que las hojas van sueltas y se unen a las cubiertas directamente encoladas por su canto, se denomina rústica fresada.

El coste es menor en rústica fresada que en cosida. Si en vez de pegarse, tanto las hojas interiores como las tapas van simplemente grapadas, el coste es menor todavía. La encuadernación grapada es de varios tipos: la más sencilla consiste en una única grapa que fija las hojas del cuaderno y las tapas. Por esta misma razón, el papel en este tipo de libros suele ser de baja calidad, de pulpa de madera (pulp).

El cosido o fijación puede ser realizado con materiales, como grapas o alambres, por lo cual recibe distintas denominaciones. Las ediciones de bolsillo usan casi sistemáticamente la encuadernación rústica. La calidad de las páginas interiores del libro (calidad del papel, cosido, impresión de las hojas, entintado, etc.) es independiente del tipo de cubierta elegida. Muchas veces la publicación solo se diferencia por las tapas en cartoné o rústica, siendo una misma edición de la cual una vez acabada la parte interior, se completa su cubierta, destinando una parte de la tirada a encuadernar en tapa y otra parte a rústica. La encuadernación grapada es de varios tipos: la más sencilla consiste en una única grapa que fija a la vez las hojas del cuaderno y las tapas. Pero hay versiones más elaboradas. No se usan grapadoras de oficina, sino máquinas industriales que sustituyen el cosido con hilo por cosido con hilo metálico o alambres de diversos tipos. El grapado y otras variantes como el anillado o la espiral se usa en revistas, periódicos, panfletos, folletos, carpetas, cuadernos, blocs, talonarios, libretas y fotocopias. A su vez, con las publicaciones se puede hacer un retapado. Esto consiste en unir varias publicaciones (como cuadernos o revistas) mediante una encuadernación por encolado y una nueva cubierta exterior. El TPB, Trade Paperback, se refiere específicamente a una colección de historias originalmente publicadas en cómics reimpresas en formato tomo.

En los últimos años del comenzaron a aparecer editoriales que empleaban la técnica de la encuadernación en rústica y la publicación editorial masiva para comercializar ejemplares literarios de forma barata y, por tanto, accesible a personas con menor capacidad económica. La encuadernación en rústica existe desde mediados del , pero se popularizó alrededor de 1930. Generalmente, los libros encuadernados de este modo son los de ediciones baratas, ya que una encuadernación así es mucho más económica que una encuadernación cartoné de cubiertas rígidas.

Las primeras publicaciones pulp de pulpa de papel eran baratas y de consumo popular y se especializaban en narraciones e historietas de diferentes géneros de la literatura de ficción. El consumo de estos productos aumentó debido a la disminución de la tasa de analfabetismo. Este tipo de publicaciones eran además más propicias para el intercambio y el préstamo (por una pequeña cantidad de calderilla) en kioscos, por su escaso valor económico, su abundancia y su escasa durabilidad física. Las ediciones de bolsillo usan casi sistemáticamente la encuadernación en rústica. Las historietas cómicas o pasquines (comic books) son también un buen ejemplo de este tipo de encuadernación.

Técnicas El proceso de encuadernación se divide en tres pasos principales: unión de hojas, enlomado y montaje de tapas.

La unión de hojas puede hacerse mediante cosido o encolado. El cosido ofrece más garantías, sobre todo si el libro es grueso, y consiste en unir las hojas con un hilo consistente, habitualmente de nailon, cáñamo o lino, utilizando un telar pequeño específico. La costura puede ser de varios tipos, por ejemplo de diente de perro (en zigzag, para agarrar los nervios del lomo, usado sobre todo para legajos notariales y documentales). El encolado une las hojas cada una con una leve pincelada de cola en el lado pertinente; las hojas luego (pero inmediatamente, para que no se sequen) se aprietan con el instrumento denominado burro.

El propósito del enlomado es fortalecer la unión de las hojas; es un proceso necesario para que no se deshaga ni descomponga el libro, para lo que necesitaremos cabezadas (gasa o tejido claro que va unido en la parte superior a un cordoncillo de hilo de diversos colores), percalina o tarlatana (trozo de tela que se pega entre las cabezadas, para favorecer así la unión a las tapas) y un papel algo recio para hacer el forro.

El montaje de tapas es la unión de las cubiertas del libro con el lomo, variando sustancialmente en función de los materiales utilizados (tela, pergamino, cuero o piel…) Cuando se trata de una encuadernación en tela (terciopelo de cualquier color, seda...), la base es una tapa de cartón o madera que se forra con la tela designada; esta debe tener una capa de apresto o un papel en el lado posterior por evitar manchas de cola. Por la parte de fuera se le puede añadir papel o cualquier materia que sirva para darle gordo, cuerpo y redondeado a la tapa. El lomo se hace con una cartulina flexible que permita abrir el libro y cogerlo cómodamente. Cuando la tapa esté seca la cartulina del lomo se redondeará con una lomera. Las tapas se unen al cuerpo del libro mediante las hojas de guarda, de tamaño doble al de las páginas del libro, que se pegan con cola al principio y al final. Antiguamente las tapas podían tener cada una un cordón para hacer un nudo y resguardar las hojas; a veces incluso, una modesta cerradura o cerrojo. Las encuadernaciones en pergamino o rústicas de época eran consideradas menos lujosas que las de tela noble, y eran más baratas, pero también más resistentes al tiempo y los xilófagos. se cosían con hilo de cáñamo, al igual que la cabezada, cosida directamente a los pliegos de forma tal que unían cuerpo del libro y tapas, que podían llevar un cartón, una fina tabla, o pergaminos o papelotes doblados en su interior. La encuadernación en piel o tapa montada daba mayor solidez al libro (si la piel es fuerte y gruesa y no es chiflada o un sucedáneo, en las encuadernaciones a media piel o con puntas). Contiene hojas de respeto, pliegos en blanco que se colocan al principio y al final para anotaciones o proteger el libro.

Edad Antigua

No empiezan a utilizarse hasta la época romana con la invención de los códices, pero ya en los volúmenes egipcios y grecorromanos se adoptó cierta encuadernación de forma rudimentaria que consistía en un envoltorio de piel sobre el rollo de papiro o de pergamino y que iba ligado al mismo con tiras o correas. Para guardar los volúmenes con su envoltorio o sin él, se colocaban verticalmente en cajas cilíndricas de madera o metal conocidas con el nombre de scrinium, las cuales podían contener cierto número de volúmenes juntos. A veces, para libros o volúmenes preciosos, se hacían estuches y cajas de metal precioso y se adornaban con pedrería, en cuyo arte destacó la España visigoda.

Rudimentos de encuadernación pueden descubrirse también en los pugilares que usaban los romanos, cuadernillos que se unían con anillas y cordones y más aún cuando tenían la forma de múltiples dípticos a modo de tapas con charnela. Pero la verdadera encuadernación no pudo tener lugar hasta que se inventaron los códices de pergamino. Al principio, debió ser muy sencilla y poco artística formando las cubiertas del códice otra piel más gruesa sobre tablitas de madera. Pero ya desde el siglo empieza el lujo en la encuadernación, con labores de orfebrería y escultura en las tapas, dando ejemplo y sirviendo de modelo desde el tiempo de Constantino la fastuosa Bizancio.

Edad Media

thumb|Encuadernación en piel repujada con guarniciones, siglo thumb|Encuadernación con guarniciones metálicas, siglo

Tres clases de encuadernaciones se distinguen a partir de dicha época y por toda la Edad Media:

Sencillas o de pura utilidad Es el libro manual y corriente, sobre todo, en los monasterios, que se encuadernaba con dos sencillas tablas cubiertas de piel o de pergamino sin labores artísticas y se ataba con alguna correa o se cerraba con manezuelas metálicas o bien se cubrían los cortes con una prolongación de la piel a modo de cartera. En las universidades, los libros mayores solían guarnecerse con punteras de bronce o hierro y se ataban con una cadena a un poste dentro de un pupitre a fin de evitar extravíos. Por ello, recibían el nombre de libros de cadena o encadenados. Los códices se guardaban en armarios y cajas no en posición vertical o de canto, sino tumbados, recibiendo por ello el nombre de tumbos cuando eran registros de alguna magnitud, custodiados en los archivos y por la clase de piel que los recubría se llamaban becerros. Elegantes Se formaban con tablas que se recubrían de terciopelo sobre el que se añadía alguna guarnición de plata o bien se forraban con guadameciles tachonados con clavos de adorno. Esta forma debió de empezar a usarse en Constantinopla hacia el siglo , pues en mosaicos de la época se representan ministros o servidores del Emperador llevando grandes libros encuadernados de forma parecida. Pero no se decoraban por entonces las pieles con gofrados repujados que no parecen ser conocidos antes del siglo . En los siglos y hasta principios del se llevó mucho la encuadernación con estas últimas labores, sobre todo en España ya comenzados por lo menos en el siglo , siendo de estilo mudéjar los gofrados conocidos. De gran lujo En éstas se empleaban los marfiles labrados, las placas de oro y plata con relieves y esmaltes y las piedras finas. Se destinaban casi exclusivamente a libros litúrgicos y Evangelios. En su ornamentación se refleja siempre el estilo de las épocas y regiones que las produjeron.

Encuadernación de libros religiosos

thumb|Misal de finales del siglo