Escocia en las Guerras de los Tres Reinos trata sobre la participación de Escocia en el conflicto conocido como Guerras de los Tres Reinos que ocurrió entre 1644 y 1650. Las guerras de los Tres Reinos fueron una serie de guerras civiles que se lucharon en Escocia, Inglaterra e Irlanda, y que también incluyen la Guerra de los obispos, la Revolución inglesa y las guerras confederadas de Irlanda.
Solamente en Escocia durante 1644 a 1645 se luchó la guerra civil escocesa entre los escoceses Realistas (partidarios de Carlos I), bajo el comando de James Graham, primer marqués de Montrose, y los Covenanters quienes habían controlado Escocia desde 1639 y los cuales se aliaron con el Parlamento de Inglaterra.Smith (1998), p.142 Los Realistas escoceses auxiliaron a las tropas irlandesas, teniendo una serie rápida de victorias entre 1644 a 1645, pero finalmente fueron derrotados por los Covenanters.
Sin embargo, los Covenanters pronto se enemistaron con el Parlamento inglés y respaldaron la demanda realizada por Carlos II al trono de Inglaterra y Escocia. Esto motivó la tercera guerra civil inglesa, y Escocia fue invadida y ocupada por el nuevo ejército modelo parlamentario bajo el mando de Oliver Cromwell.
Causas de la guerra Escocia había ayudado a provocar esta serie de batallas civiles en 1638 cuando se alzó en revuelta contra las políticas religiosas de Carlos I. El movimiento de la National Covenant de Escocia fue formulado para resistir las innovaciones del rey, en particular el Libro de Oración. De hecho, en el Covenant (documento oficial) también se demostró una amplia insatisfacción escocesa con las políticas de Carlos I, especialmente la línea de bando de Escocia desde que los reyes Estuardos también se convirtiesen en monarcas de Inglaterra en 1603. Los Covenanters reclutaron un gran ejército conformado por los dependientes de su clase terrateniente y resistieron exitosamente el intento de Carlos I de imponer su voluntad en Escocia durante la guerra de los obispos.
El levantamiento escocés provocó la guerra civil en los otros dos reinos bajo el dominio de Carlos I, primero en Irlanda y luego en Inglaterra. El rey y su ministro Wentworth no pudieron persuadir al Parlamento de Inglaterra, el cual también estaba insatisfecho con las políticas civiles y religiosas de Carlos I, de que pagase a un ejército para sofocar la rebelión escocesa. Como resultado, el rey y su ayudante habían propuesto reclutar un ejército de católicos irlandeses, a cambio de que se aboliesen las leyes discriminatorias contra ellos. Este prospecto alarmó a los enemigos de Carlos I en Inglaterra y Escocia, y los Covenanters amenazaron con invadir Irlanda. En respuesta a estos hechos, un grupo de conspiradores irlandeses comenzaron la Rebelión irlandesa de 1641, la cual rápidamente se degeneró en una serie de masacres de ingleses y colonos protestantes escoceses en Irlanda.
Estos eventos provocaron la guerra civil en Inglaterra, debido a que el Parlamento largo no confiaba que un ejército bajo el comando de Carlos I lograse sofocar la rebelión irlandesa, y temían que este pudiese ser usado en contra de ellos. Sin embargo, la Revolución inglesa estalló en 1642.
En 1642, los escoceses Covenanters enviaron un ejército a la provincia de Ulster en Irlanda con el propósito de que protegiese a los colonos escoceses establecidos ahí. En 1644, después de que se firmase el tratado denominado Liga y Pacto Solemne (en inglés, The Solemn League and Covenant) con el parlamento de Inglaterra, la mayor parte de las fuerzas armadas Covenanters fueron enviadas al sur para que luchasen en el bando parlamentario durante la revolución inglesa.Lacombe y Gibert (1860), p.241
Realistas escoceses thumb|right|300px|James Graham, primer marqués de Montrose, y líder de los Realistas escoceses. Sin embargo, en algunas partes de Escocia se continuó apoyando al rey, especialmente en los highlands (Tierras altas escocesas) y en el noreste del país. Hubo muchos factores por los cuales la gente se inclinaba a favor del realismo, y entre los cuales se encontraban la religión, la cultura, las políticas de clan y la lealtad política.
Los Covenanters estaban comprometidos a establecer el presbiterianismo como la religión nacional de Escocia, a pesar de que mucha gente en el norte y en los highlands eran episcopalistas y católicos.
Además, los Highlands eran una región de Escocia culturalmente, políticamente y económicamente distinta. Su idioma y costumbres eran gaélicos, y en esta época estaba fuera de control de los gobiernos de Inglaterra y Escocia, debido a que esta zona estaba dominada por los clanes nativos. Algunos clanes de esta región preferían la autoridad distante de Carlos I en comparación al poderoso y bien organizado gobierno de los Covenanters en los Lowlands (Tierras bajas escocesas).
Sin embargo, el clan más grande en los Highlands era el de los Campbell, liderado por Archibald Campbell, I marqués de Argyll, y el cual se afilió al bando de los covenanters. Esto significó que los rivales principales de los Campbell en el mundo violento de la política de clanes, que eran los MacDonald, automáticamente se asociaron con la oposición. Cabe mencionar que algunos de estos factores coinciden parcialmente por el hecho de que los MacDonalds eran católicos y enemigos declarados de los Campbell, y que además tenían una profunda identidad gaélica (irlandesa al igual que de las tierras altas escocesas).Roberts (2000), p.33-36
Finalmente, personajes como James Graham, primer marqués de Montrose que era perteneciente a las tierras bajas y presbiterano advirtió que la lealtad al rey era más importante que cualquier otro principio religioso o político.
La intervención irlandesa En 1644, Montorose intentó y fracasó liderar un alzamiento Realista, después de que se le hubiese otorgado un ejército listo para el combate. La confederación de irlandeses católicos estaban alineados con los Realistas, y accedieron ese año enviar una expedición a Escocia. Desde su punto de vista, esta igualaría el número de tropas de los Covenanters escoceses, que de otros modos serían utilizados en Irlanda o Inglaterra. Los irlandeses enviaron 1.500 hombres a Escocia bajo el mando de Alasdair MacColla perteneciente al clan MacDonald de las Hébridas Exteriores escocesas. En las tropas estaban Manis O'Cahan (primo irlandés de MacColla) y su regimiento de 500 hombres. Poco después de que llegasen, los irlandeses se unieron a Montrose en Blair Atholl y procedieron a reclutar más soldados de los MacDonald y de otros clanes enemigos de los Campbell.
El nuevo ejército Realista dirigido por Montrose y MacColla era en cierto sentido extraordinario. Sus tropas provenientes de Irlanda y de las sierras escocesas tenían facilidad de trasladarse eficazmente a otros lugares, marchando de forma rápida en distancias extensas (especialmente en territorios escabrosos) y eran capaces de soportar condiciones severas y raciones escasas. No luchaban bajo las formaciones convencionales de la infantería de pica o mosquete de esa época, pero al contrario lanzaban cargas rápidas, disparando sus mosquetes en un rango corto, antes de que se acercasen a luchar con las espadas y las picas. Esta táctica ayudó a derrotar a sus enemigos, especialmente a las milicias Covenanters que habían sido pobremente entrenadas. Frecuentemente estos reclutas que habían sido alistados localmente huían cuando se enfrentaban con la Carga Highland, y eran asesinados conforme se escapaban.
Por otro lado, a los clanes del oeste de Escocia no se les pudo convencer de que combatiesen alejados de sus hogares por un largo período, y percibieron a los Campbell como sus enemigos principales en vez de los Covenanters. Los Realistas carecían de caballería siendo más vulnerables en el campo de batalla. Finalmente, a pesar de que vencieron en varias batallas sucesivas, los Realistas escoceses no pudieron mantener el territorio en sus manos luego de haberlo tomado, retirándose cada vez más, y refugiándose en las sierras.
Tippermuir, Aberdeen e Inverlochy thumb|200px|right|Retrato de Archibald Campbell, Covenanter y jefe del clan Campbell. En el otoño de 1644, los Realistas marcharon a través de los Highlands hacia Perth, donde derrotaron a tropas Covenanters en la Batalla de Tippermuir. Poco después, otra milicia Covenanter tuvo el mismo destino en las afueras de Aberdeen. Imprudentemente, Montrose permitió a sus hombres el saqueo de Perth y Aberdeen, después de haberlas tomado, causando la hostilidad hacia sus tropas en una zona donde la simpatía hacia los Realistas había sido fuerte.
Después de estas victorias, MacColla insistió en continuar la guerra de los Macdonald contra los Campbell en Argyll, al oeste de Escocia. En diciembre de 1644, los Realistas arrasaron el país de los Campbell, asesinando 900 hombres civiles de edad militar y quemando sus casas.
En respuesta al ataque contra los miembros de su clan, Campbell, reunió a sus hombres con el objetivo de que repeliesen a los invasores. En febrero de 1645, los Campbell se encontraron con los Realistas y las tropas de los Highlands en la batalla de Inverlochy (1645), cerca de la montaña Ben Nevis en el distrito de Lochaber. Los Campbell fueron derrotados, sufriendo cuantiosas bajas militares.
Las tropas de Montrose, en particular los hombres del Clan Donald y los Confederados Irlandeses, ganaron una mala reputación entre la población escocesa. Habían cometido una serie de atrocidades contra los civiles, especialmente durante su campaña en el territorio Campbell en Argyll. De acuerdo a los estándares modernos, los Realistas escoceses fueron ciertamente culpables de crímenes de guerra, a pesar de que se podría decir que las tropas Covenanters se comportaron de la misma manera en los Highlands (al noreste de Escocia), y en Úlster con los civiles que se encontraban en territorio controlado por los Realistas o Confederados.
Triunfo y desastre para los Realistas La victoria en Inverlochy confirió el control a los Realistas sobre las sierras occidentales escocesas, atrayendo a otros clanes y nobles a su causa. Entre los más importantes clanes que se unieron al bando Realista, estaban los Gordon, los cuales les proporcionaron una caballería. Otro ejército Covenanter se formó apresuradamente bajo el comando de John Urry y fue enviado contra los Realistas; sin embargo, fue derrotado en Auldearn, cerca de Nairn. Asimismo otra armada Covenanter fue arrasada por los hombres de Montrose en Alford, y otra el Kilsyth, cuando esta intentó bloquear el avance de los victoriosos Realistas hacia los Lowlands. Esta serie de batallas demostraron los peligros de enviar tropas entrenadas medianamente, incluso sin preparación a las batallas, lo cual permitió a Montrose obtener el control temporal de la mayoría de Escocia. A finales de 1645, algunas ciudades importantes como Dundee y Glasgow cayeron bajo su dominio.
Sin embargo, mientras Montrose deseaba avanzar con los objetivos Realistas reclutando tropas en el sureste de Escocia y a lo largo de su marcha a Inglaterra, MacColla demostró que sus prioridades se enfocaban en la guerra de los MacDonald contra los Campbell, y ocupó Argyll. Los Gordon regresaron a sus hogares, para defender sus tierras al noreste. Después de que se dividiesen los ejércitos de Montrose, este fue dirigido por los Covenanters hacia la batalla de Philiphaugh. MacColla se retiró a Kintyre, donde permaneció hasta el próximo año. De esta manera, las victorias Realistas en Escocia se evaporaron casi de la noche a la mañana, debido a la naturaleza desunida de sus fuerzas.
El fin de la guerra civil en Escocia