miniaturadeimagen|250x250px|Ilustración que muestra el Bulo a medio camino entre la desinformación y la información errónea La desinformación es una campaña en la que múltiples tipos de información y conocimiento (incluyendo juicios de valor, verdades, mentiras, verdades a medias, exageración y descontextualización) se usan como arma para manipular, explotar, o intensificar controversias con fines políticos, militares, o comerciales. Se refiere a información engañosa y malintencionada que intenta manipular creencias, emociones y opiniones del público en general, y está relacionada estrechamente con la propaganda y las fake news.

Según la UE, la desinformación es «la información verificablemente falsa o engañosa que se crea, presenta y divulga con fines lucrativos o para inducir a error deliberadamente a la población, y que puede causar un perjuicio público».

Normalmente, es una de las argucias de la agnotología y suele estar presente en los medios de comunicación, pero estos no son los únicos medios por los cuales se puede manifestar una desinformación. Puede darse en países, sectas religiosas, gobiernos que no acatan medios de oposición o extranjeros (dictaduras o tiranías), naciones en guerra que ocultan información, etc. La desinformación tiene formas muy variadas de manifestarse en el panorama mediático, hecho que obliga a la sociedad a estar alerta en todo momento para evitar la propagación de este fenómeno.

Se ha visto que la desinformación tiene mayor capacidad que la verdad para propagarse, más lejos, más rápido y más profundamente, en todas las categorías de la información.

Historia miniatura|El ex alto funcionario de la policía secreta rumana Ion Mihai Pacepa expuso la historia de la desinformación en su libro Disinformation. Su origen data de 1923, momento en que la desinformación fue utilizada como arma táctica, cuando Józef Unszlicht, vicepresidente del GPU, solicitó la creación de “una oficina especial de desinformación para realizar operaciones de inteligencia activas”, como petición personal. Esta organización fue precursora en la Unión Soviética en nombrar este término para sus tácticas de inteligencia. A raíz de este momento, se utilizó la desinformación como una táctica que se ejecutaría en la guerra política soviética. Aparece por primera vez en el diccionario de la lengua rusa de S. Ojegov en 1949, descrita como “la acción de inducir a error mediante el uso de informaciones falsas”. Este término se populariza en 1980, cuando un agente de la Dirección de Surveillance du Territoire (DST) amplía la difusión a las técnicas del Comité para la Seguridad del Estado, en el juicio contra el comentarista Pierre Charles Pathé.

Según el Oxford Dictionaries, la palabra inglesa disinformation, traducida del ruso desinformatsiya,H. Shultz, Richard (1984). Dezinformatsia: Medias Activas en la Estrategia Soviética. CLIO. p. 214. ISBN 950-9377-05-8. comenzó a usarse en la década de 1950. Durante el período más activo de la Guerra Fría, la táctica fue utilizada por múltiples agencias de inteligencia, además de la KGB, como el Servicio Secreto de Inteligencia británico y la CIA estadounidense.Henry Watson Fowler; Jeremy Butterfield (2015), Fowler's Dictionary of Modern English Usage, Oxford University Press, p. 223

Procedimientos La desinformación está basada en distintos procedimientos retóricos tales como la presuposición, la mentira, el uso de bulos y falacias, la sobreinformación, la generalización y el oscurantismo.

Por parte de la publicidad pública de un régimen político, generalmente organizada por un spin doctor por medio de los mecanismos de la ingeniería social, o de la publicidad privada o por medio de engaños o bulos (en inglés, hoaxes), filtraciones interesadas o rumores,Martin J. Manning; Herbert Romerstein (2004), "Disinformation", Historical Dictionary of American Propaganda, Greenwood, pp. 82–83 "sondeos", estadísticas alteradas o estudios científicos presuntamente imparciales, pero pagados por las empresas o corporaciones económicas interesadas, uso de "globos sonda" o afirmaciones no autorizadas para inspeccionar los argumentos adversos que pueda suscitar una medida y anticipar respuestas y uso de medios no independientes o financiados en parte por quien divulga la noticia o con periodistas sin contrato fijo y, por tanto, sin opinión autorizada, o por apropiación o manipulación o creación de supuestos movimientos populares (astroturfing). Un tipo particular de desinformación es la contrainformación estatal.

La desinformación se realiza a través de diversos procedimientos retóricos como demonización, astroturfing, oscurecimiento, esoterismo, presuposición, uso de falacias, mentira, omisión, sobreinformación, descontextualización, negativismo, generalización, especificación, analogía, metáfora, eufemismo, desorganización del contenido, uso del adjetivo disuasivo, etc.

Investigaciones académicas demuestran que la desinformación se convierte en creencias personales cuando la audiencia internaliza la desinformación de manera antagónica. Es decir, los conflictos de identidad sirven como vehículo para circular desinformación cuando la audiencia toma parte en los llamados debates o guerras culturales En la medida que se entreteje con proyectos de identidad de grupo, la desinformación se solidifica como creencia personal.

A continuación se explican algunos de los procedimientos propios de la desinformación:

Demonización La demonización o satanización es la técnica retórica e ideológica de desinformación o alteración de hechos y descripciones (próxima a la inversa sacralización, o al victimismo) que consiste en presentar a entidades políticas, étnicas, culturales o religiosas, etc., como malas y nocivas. Es una forma de posicionarse positivamente respecto a esas entidades (llamar demonio al otro "diviniza" y hace tan indiscutible como un Dios a quien lo hace) para justificarse, por omisión, un trato político, militar o social mejor, o atribuir maldad a lo que sencillamente es distinto.

La demonización o satanización consiste pues en relacionar la opinión contraria con el mal, de forma que la propia opinión quede ennoblecida o glorificada. Hablar del opuesto como de un demonio nos convierte a nosotros en ángeles. Si convertimos a nuestro oponente en villano, nosotros seremos el héroe. Se trata ante todo de convencer con sentimientos y no con razones a la gente, habitualmente una mayoría, que se convence más con sentimientos que con razones. Habitualmente se emplea en defensa de intereses económicos o políticos.

Adjetivos disuasivos Algunas palabras y expresiones no admiten réplica ni razonamiento lógico: son los llamados adjetivos disuasivos, contundentes y negativistas. Para ello se utiliza la polaridad, un concepto lingüístico y semántico por el cual las palabras negativas atraen por concordancia otras palabras negativas en el sintagma de negación.

Es una característica muy propia del lenguaje utilizado por algunos políticos, definida como el uso de calificativos que pretenden el descrédito del oponente, pero que terminan siendo una logomaquia, esto es, la abundancia de palabras vacuas que dejan escapar las ideas.

Ejemplo de esta técnica de desinformación son los adjetivos: incuestionable, inquebrantable, inasequible, insoslayable, indeclinable y consustancial. Su maximalismo sirve para remachar cualquier discurso y crear una atmósfera irrespirable de monología. Además, según Noam Chomsky, muchas de estas palabras suelen atraer otros elementos en cadena formando lexías pleonásticas: adhesión inquebrantable, inasequible al desaliento (incorrecto, ya que inasequible significa inalcanzable, inconseguible),Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española. «inasequible». Diccionario de la lengua española (23.ª edición).

Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española. «asequible». Diccionario de la lengua española (23.ª edición). deber insoslayable, turbios manejos, legítimas aspiraciones, absolutamente imprescindible o lexías redundantes como totalmente lleno o absolutamente indiscutible, inaceptable o inadmisible.

Misticismo La mística (del verbo griego myein, «encerrar», de donde mystikós, «cerrado, arcano o misterioso») designa un tipo de experiencia muy difícil de alcanzar en que se llega al grado máximo de unión del alma a lo Sagrado durante la existencia terrenal. Se da en las religiones monoteístas (zoroastrismo, judaísmo, cristianismo, islam), así como en algunas politeístas (hinduismo) y en religiones no teístas (budismo), donde se identifica con un grado máximo de perfección y conocimiento.

El esoterismo es la tendencia al enigma y al oscurantismo en la expresión sibilina, ambigua, enredada y cercana a razones que no atan ni desatan o bernardinas, así que cualquier interpretación es plausible y por tanto errada. Se suprime cualquier conclusión lógica y se deja el poder de interpretación en manos de quien está y las posiciones en que estaban sin iniciar ningún camino y negando toda posible evolución o pensamiento.

Es habitual entre los políticos hablar de las reglas del juego, pero nadie dice cuáles son; también se habla del marco institucional si bien nadie ha descrito ese marco; tampoco existe quien lleve el árbol genealógico de las llamadas familias políticas. Es frecuente el alargamiento de las construcciones verbales en forma de perífrasis verbales paralizantes y fatigosas construcciones pasivas analíticas. Se usa además la hipérbole, la dilogía o disemia, la eufonía, el pleonasmo, la perífrasis y el énfasis (dar a entender más de lo que se dice) recurriendo a hiperónimos.

Las palabras del político abusan del léxico abstracto, toman segundos acentos enfáticos al principio o en los prefijos y se alargan mediante procedimientos inútiles de derivación: ejercitar por ejercer, complementar por completar, señalizar por señalar, metodología por método, problemática por problema. Son característicos los verbos ‘ampliados’ viciosamente con el sufijo –izar, como judicializar por encausar, criminalizar por incriminar, concretizar por concretar, sectorializar, potencializar, institucionalizar, funcionalizar, instrumentalizar, racionalizar, desdramatizar, ideologizar, sobredesideologizar, objetivizar. Algunos llaman a este frenesí por alargar las palabras sesquipedalismo.

Otros artificios de retórica desinformativa Adulación: Uso de interpelaciones agradables, en ocasiones inmoderadamente, con la intención de convencer al receptor: "Usted es muy inteligente, debería estar de acuerdo con lo que le digo". Apelación a la autoridad: citar a personajes importantes para sostener una idea, un argumento o una línea de conducta y ningunear otras opiniones. Apelación al miedo: un público que tiene miedo está en situación de receptividad pasiva y admite más fácilmente cualquier tipo de indoctrinación o la idea que se le quiere inculcar; se recurre a sentimientos instalados en la psicología del ciudadano por prejuicios escolares y de educación, pero no a razones ni a pruebas. Chivo expiatorio: lanzando anatemas de demonización sobre un individuo o un grupo de individuos, acusado de ser responsable de un problema real o supuesto, el propagandista puede evitar hablar de los verdaderos responsables y profundizar en el problema mismo. Demanda de desaprobación o poner palabras en la boca de uno: relacionada con lo anterior, consiste en sugerir o presentar que una idea o acción es adoptada por un grupo adverso sin estudiarla verdaderamente. Sostener que en un grupo sostiene una opinión y que los individuos indeseables, subversivos, reprobables y despreciables la sostienen también. Eso predispone a los demás a cambiar de opinión.