right|200px|thumb|"Ciruelos blancos en primavera" (c.1705-10), por Ogata Kōrin. La pintura está realizada bajo el estilo Yamato-e, utilizando una técnica de témpera seca que exalta la sinuosidad de las líneas logrando un efecto de expansión del espacio que propasa los límites propios de la obra, y que es típicamente japonés. Los patrones y movimientos de las líneas influyeron en gran medida en la corriente artística del Modernismo.Piper (2004), p.296 La ella que se ha producido en el territorio de dicho país, o por artistas nacidos en el mismo. Es una de las más antiguas y refinadas artes niponas, abarcando una amplia variedad de géneros y estilos. La historia en general del arte japonés, al igual que la historia de la pintura de Japón es una síntesis extensa y una competición constante entre la estética japonesa y la adaptación de ideas importadas del extranjero. Las primeras referencias pictóricas de Japón pueden vislumbrarse en las cerámicas y murales pintados con diseños geométricos simples del período prehistórico Jōmon. En el período Nara, la dinastía china Tang influiría en el estilo de la pintura japonesa religiosa y de la corte.
Sin embargo, el verdadero desarrollo de la pintura japonesa ocurriría en el período Heian, con el surgimiento del estilo tradicionalista nipón denominado Yamato-e, en el cual destaca la pintura sobre rollos de pergamino conocida como emaki, y entre las obras más importantes consta la leyenda de Genji Monogatari. En la época Kamakura se prolongaría la elaboración de los emakis, pero con un enfoque hacia la pintura religiosa, en especial las representaciones de Buda Amitābha ejecutadas por la secta Shingon. Posteriormente, en la era Muromachi se enfatizaría la pintura monocromática en tinta, la cual poseía una profunda influencia de la cultura china y que fue promovida principalmente por los monjes zen a través del estilo Sumi-e. En el período Azuchi-Momoyama la pintura decorativa de palacios adquiriría una gran jerarquía, exaltando el uso de láminas de oro sobre superficies a gran escala. Esta tendencia pictórica fue patrocinada por los shōgunes y fue categorizada como el arte oficial por excelencia de esta clase social. En la era Edo floreció la escuela de pintura decorativa Rinpa que se centraba en temas tradicionales e impulsó el renacimiento del estilo Yamato-e. Sus principales exponentes fueron Ogata Kōrin, Tawaraya Sōtatsu y Honami Kōetsu.
A inicios del período Meiji la pintura japonesa sufrió un cambio profundo debido a que el gobierno japonés promulgó una campaña de occidentalización fomentando la pintura Yōga en la que se promovía un enfoque en la cultura europea. Esta tendencia perdió fuerza a medida que surgió un género artístico opuesto que buscaba recuperar las raíces culturales japonesas que se habían debilitado y que se lo denominó Nihonga. A pesar de las diferencias estilísticas de ambos movimientos pictóricos, a finales de la era Meiji los dos géneros iniciaron un proceso de síntesis.
Cronología Antiguo Japón La pintura en Japón tiene su inicio posiblemente durante el período prehistórico japonés. Algunos diseños geométricos y figuras simples se pueden encontrar trazadas sobre la cerámica neolítica del período Jōmon y en las campanas de bronce o dōtaku del período Yayoi (300 a. C. – 300 d.C.).Piper (2004), p.293Hall, Brown y Yakamura (1999), p.93-94 También se han descubierto pinturas murales con diseños geométricos y figurativos en numerosos túmulos pertenecientes al período Kofun (300 d. C.-700 d.C.).
Con la influencia de la cultura China en Japón durante el período Asuka, especialmente la introducción del sistema de escritura kanji, el sistema de administración gubernamental, y el budismo, muchas de las obras de arte eran importadas al Japón desde China y Corea, motivando la producción de copias locales muy similares al estilo pictórico del Este de Asia.
Período Nara thumb|200px|right|Pintura mural de la tumba Takamatsuzuka. Con la propagación del budismo en Japón durante los siglos y , floreció la pintura con motivos religiosos con el objetivo de decorar los múltiples templos construidos por las clases gobernantes. Sin embargo, el período Nara se caracterizó más por el arte de la escultura, que por la pintura.
Las pinturas más antiguas que aún sobreviven de este período incluyen los murales sobre las paredes del templo de Hōryū-ji en Ikaruga, prefectura de Nara; en las cuales se ilustran episodios de la vida de Buda, de los bodhisattva, y de otras deidades menores.Wada (2003), p.64 El estilo guarda semejanza con la pintura china de la dinastía Sui correspondiente a la época de los Dieciséis Reinos. Sin embargo, a mediados del período Nara, se volvieron populares pinturas bajo el estilo de la Dinastía Tang. Entre estas también se incluyen los murales de la tumba Takamatsuzuka, que fueron realizados alrededor del año 700 d. C., y en los cuales están representados cortesanos con togas y símbolos de la astrología china como el dragón (Seiryū), la serpiente o tortuga (Genbu), el tigre (Byakko) y el fénix bermellón (Suzaku).Ring, Salkin y La Boda (1996), p.461 Este estilo en particular evolucionó en el género (Kara-e) el cual permaneció en auge durante el inicio del período Heian.Hall, Shively y McCullough (1999), p.410
La mayoría de pinturas del período Nara son de naturaleza religiosa, y están ejecutadas en gran parte por artistas anónimos. Una amplia colección de arte del período Nara se conserva en la casa del tesoro Shōsōin, antiguamente propiedad perteneciente a Tōdai-ji, y ahora bajo el control de la Agencia Imperial.
Períodos Heian y Kamakura Con el desarrollo de la sectas budistas esotéricas de Shingon y Tendaishū en los siglos y en Japón, la imaginería religiosa, especialmente las pinturas o representaciones de Mándala se volvieron predominantes. Numerosas versiones de Mándala, en particular el mándala del Mundo del Diamante y el Mándala del Útero fueron creados como pergaminos colgantes, y también como murales para las paredes de los templos. Un célebre ejemplo antiguo conocido como el Mándala de los dos Mundos se encuentra en la pagoda Daigo-ji, que es un edificio religioso que posee cinco niveles de altura y está ubicado al sur de Kioto.Ten Grotenhuis (1999), p.87 En particular, el Mándala de los dos Mundos está compuesto por dos pergaminos decorados con pinturas del período Heian; sin embargo, hoy en día algunos de los detalles pictóricos pueden visualizarse parcialmente, ya que se han desgastado por la abrasión y el paso del tiempo. thumb|right|200px|Escena del capítulo Azuma-ya del Genji Monogatari, de estilo Onna-e. Con la continua evolución del budismo japonés hacia el budismo de Tierra Pura de la secta Jōdō durante el , un importante nuevo género fue añadido, denominado raigozu, en el cual se representaba a Buda Amitābha dando la bienvenida a las almas de los fieles a su paraíso occidental. Un popular ejemplo que data del año 1053 yace en el templo de Byōdō-in, en la ciudad de Uji, en la prefectura de Kioto, al que también se le considera una muestra temprana del estilo de pintura japonés Yamato-e. Mientras que las pinturas Kara-e se basaban en escenas de la vida cotidiana y leyendas chinas, el estilo Yamato-e se caracterizaba por las representaciones de los paisajes de los alrededores de la antigua capital de Japón (Kioto) y la ilustración de la literatura histórica japonesa.
A mediados del período Heian, el estilo de pintura Kara-e había perdido terreno siendo reemplazado por el estilo Yamato-e, el cual fue usado inicialmente en la decoración de mamparas y biombos. Sin embargo, el estilo Yamato-e desarrolló nuevos formatos (especialmente hacia finales del período Heian), incluyendo el pergamino emaki. El emaki abarcaba novelas ilustradas como la de Genji Monogatari, obras históricas como Ban Dainagon Ekotoba y trabajos religiosos. Los artistas e-maki inventaron sistemas de convención pictórica con el objetivo de que las pinturas transmitiesen el contenido emocional de cada escena. El Genji Monogatari está organizado en discretos episodios, mientras que el más vivaz Ban Dainago Ekotoba emplea una ilustración narrativa continua, enfatizando el movimiento activo de figuras mediante el uso de pinceladas rápidas y ligeras, en colores vibrantes. Otro ejemplo famoso que mantiene este estilo pictórico es la pintura del pergamino del Asedio del Palacio Sanjō. thumb|200px|right|Un ejemplo de la pintura Otoko-e, en el cual está representado un asedio nocturno al palacio Sanjō.
Los emaki también sirvieron como unos de los primeros y grandes ejemplos de los estilos pictóricos Otoko-e (pinturas de hombres) y Onna-e (pinturas de mujeres). Hay muchas diferencias sutiles entre los dos estilos que tienen el objetivo de cautivar las preferencias estéticas de los géneros. Sin embargo, son más notorias las diferencias temáticas. En el estilo Otoko-e generalmente se representa eventos históricos, particularmente batallas. No obstante, el Onna-e se fundamenta en el pergamino de la Leyenda de Genji, enfatizando tópicos sobre la vida en la corte, especialmente las damas de la corte, y temas románticos.Mostow, Bryson y Graybill (2003), p.25-34
Estos géneros artísticos continuaron en vigencia en Japón a través del período Kamakura, durante los años 1180 a 1333. Asimismo, se continuaron produciendo emakis de varios tipos; sin embargo, el período Kamakura se caracterizó primordialmente por el arte escultórico, en vez de la pintura. La mayoría de pinturas en los períodos Heian y Kamakura eran de naturaleza religiosa, y fueron ejecutadas por un vasto número de artistas anónimos.Hall, Shively y McCullough (1999), p.409-410Treat y Coburn (1981), p.112-115 No obstante, en la época Kamakura sobresalieron las pinturas realizadas por la secta Shingon de las diversas manifestaciones de "Buda Amitābha" ( que significa, Luz infinita completamente consciente), y las cuales generalmente han sido propiedad de los templos budistas o pagodas. Estas obras pictóricas eran ejecutadas en fondos oscuros, y las figuras religiosas eran realzadas con pan de oro, utilizando una técnica muy popular en ese tiempo denominada Kirikane. De esta manera, con el propósito de promover las artes plásticas, la secta Shingon estableció que, «el culto de la divinidad no debe y no puede estar desasociado del culto de la belleza, y del arte; por lo tanto, debe ser una parte integral de la religión».Fabens Kelley (1931), p.80
Período Muromachi miniatura| realizado por Hasegawa Tōhaku. Durante el el desarrollo de los monasterios zen en las ciudades de Kamakura y Kioto tuvo un gran impacto sobre las artes visuales. Un austero y monocromático estilo de pintura en tinta llamado Sumi-e fue introducido en Japón a través de la influencia de las dinastías chinas Song y Yuan, reemplazando los pergaminos polícromos del período anterior. A pesar de la introducción de este nuevo movimiento pictórico, en esta época se continuaron realizando los retratos religiosos denominados Chinsō, los cuales estaban pintados con una amplia paleta cromática y fueron plasmados principalmente por los monjes zen.Levine (2005), p.21-22 Un típico ejemplo es el retrato realizado por el pintor y sacerdote Tsung-kao (1089-1163), en el cual se representa al monje legendario Kensu (En idioma chino, Hsien-tzu) en el momento que adquirió la iluminación divina.Brinker (1995), p.78 Este tipo de pintura era ejecutado mediante pinceladas rápidas y con mínimo detalle, para lograr un efecto de profundidad, distancia y grandeza.Priest (1953), p.202