La influencia del idioma árabe en el español ha sido significativa, especialmente en el léxico, debido a la prolongada presencia arabófona en la península ibérica desde el siglo hasta el siglo . Se estima que un 75 % del vocabulario español proviene del latín (principalmente voces patrimoniales), mientras que al árabe se le atribuye un 8 % que se corresponde con las cuatro mil palabras que el filólogo Rafael Lapesa considera arabismos en el español.
La influencia árabe fue más notoria en el sur y este de al-Ándalus, como se denominó en árabe a la península ibérica. La conquista musulmana de Hispania se logró parcialmente en poco más de una década. Poblaciones arabófonas comenzaron a instalarse a partir de entonces. Más tarde, en el año 756, fue establecido el Emirato de Córdoba, seguido del Califato de Córdoba ya en el año 929 y más tarde los diversos reinos de taifas. El árabe fue la lengua dominante en al-Ándalus (superestrato), a la vez que entraba en contacto con las lenguas vecinas de los reinos cristianos septentrionales (adstrato).
El resultado en el español actual son muchos topónimos, sustantivos y nombres propios. Hay que distinguir entre las palabras tomadas directamente del árabe y aquellas que se han formado posteriormente en español por derivación. Así por ejemplo alcohol es una palabra de origen árabe, mientras que alcohólico estrictamente hablando no lo es, aunque su raíz sí es de origen árabe. Teniendo esto en cuenta, los verbos de origen árabe directo son muy escasos, tampoco hay demasiados adjetivos ni adverbios y existe una sola preposición procedente del árabe, hasta. Esto puede reflejar que la influencia —siendo amplia y muy importante— no varió la estructura romance del español.
Contexto histórico El árabe se habló en España en el periodo historiográfico conocido como al-Ándalus, que se inicia en el 711 con la batalla de Guadalete y finaliza con la conquista de Granada en 1492. Luego de la Reconquista cristiana, aún quedarían comunidades arabófonas aisladas hasta por lo menos la expulsión de los moriscos en el 1613. Se fue conformando en la península ibérica una variedad local del habla denominada árabe andalusí. Lo que hoy se conoce como español o castellano tuvo su origen en el Reino de Castilla, fundado en el siglo cuando la presencia islámica en la península era elevada. No solo el castellano antiguo fue influenciado por el árabe sino también las demás variedades romances de la península ibérica y, en menor medida, otras muchas lenguas en Europa. En el caso particular del idioma catalán el impacto del árabe ha sido menor, debido a la detención del avance musulmán en la batalla de Poitiers en 732 por Carlos Martel y la posterior formación de la Marca Hispánica. No obstante, sí hay abundante toponimia de origen árabe en las zonas de la antigua Corona de Aragón que fueron conquistadas de forma más tardía.
200px|miniaturadeimagen|El Poema de Yuçuf es un conocido ejemplo de aljamiado, es decir, escribir alguna lengua romance en alfabeto árabe en vez de latino. En muchas regiones, especialmente en la frontera entre los reinos musulmanes y cristianos, convivieron personas de hablas romances con arábigas, además de numerosos intercambios comerciales y tecnológicos. La existencia de bilingües y personas que transitaban entre una región y otra produjo situaciones sociolingüísticas para una influencia mutua. Un ejemplo es la aljamía, textos escritos en una variedad romance (castellano o aragonés sobre todo) por musulmanes de los reinos cristianos, que usa el alfabeto árabe por motivos principalmente religiosos.
Con el transcurso de la Reconquista, el castellano comenzó a tener un impacto creciente en las tierras musulmanas en donde la lengua castellana nunca había sido hablada. Mientras, los mozárabes, cristianos parcialmente arabizados que vivían en territorio andalusí, emigraban al norte durante las épocas de persecuciones religiosas (particularmente como resultado de la conquista de los almorávides en el siglo ).
El grado hasta el cual el árabe se infiltró en las capas de la sociedad ibérica en ese momento es todavía hoy objeto de debate académico, sin embargo es comúnmente aceptado el uso habitual de lengua árabe por lo menos entre las élites locales. Se hipotetiza si fue el Reino Nazarita de Granada, el último reino musulmán en la península ibérica, el único que fue totalmente arabizado. Sea como sea, los arabismos pueden encontrarse en muchos campos semánticos del español actual, como por ejemplo el de los oficios, la agricultura, el agua o los alimentos y utensilios. Los arabismos son más abundantes en los dialectos de la zona meridional, especialmente en la toponimia.
Influencia léxica La mayor influencia del árabe en el español es sobre todo léxica, pues poco influyó en aspectos estructurales como la morfosintaxis. Las palabras con origen árabe son denominadas «arabismos», y entre las lenguas romances, el español, el portugués, el catalán-valenciano y el siciliano son las que más presencia tienen, en ese orden. Además de arabismos, la influencia léxica en el español se extiende a refranes, proverbios, antropónimos y topónimos (nombres de lugar).
Arabismos
En el léxico del español se estima que existen unos dos mil arabismos (Corrientes), aunque la cifra puede variar a mil quinientos (). El número es tan variable debido a que existen diferentes variedades del español en espacio y en tiempo. Por ejemplo, los arabismos son más comunes en los dialectos aragonés, valenciano y andaluz, lugares que antaño tuvieron gran presencia mozárabe, mientras que los dialectos americanos del español cuentan con muchos menos arabismos. Es también sabido que en el español medieval existieron muchísimos más arabismos que en el actual. Hay palabras que hoy se ven como anticuadas o han quedado totalmente en desuso porque fueron sustituidas por sus equivalentes latinos, por ejemplo alfadía → soborno, alfaquín → doctor, alfayate → sastre, alcohela → escarola, albéitar → veterinario. De hecho, en el léxico castellano se da el caso de que un mismo concepto se puede expresar con dos palabras de diferentes etimologías, una de origen árabe y la otra de origen latino, es el caso de:
acebibe y pasa aceite y óleo aceituna y oliva adive y chacal alacrán y escorpión albotín y terebinto alcancía y hucha alfóncigo y pistacho alhaja y joya alhajero y joyero aljaba y carcaj almáciga y mástique almirez y mortero almona y jabonería alquiler y arriendo altramuz y lupino ajonjolí y sésamo baharí y halcón matalahúva y anís jaqueca y migraña jarabe y sirope regaifa y pan zumo y jugo alfajeme y barbero alcama y coloquíntida zoco y mercado
Los arabismos del español se refieren casi siempre a objetos materiales. Se da una elevada cantidad de arabismos en ciertas categorías, como en el caso de las plantas: acelga ajedrea alcachofa alcornoque alfalfa algarrobo alpiste arrayán aulaga azamboa berenjena calabaza sábila sandía jara jaramago jazmín tamarindo
En la artesanía: ajorca alahílca alamar alcadafe alcanfor alcarraza alicate alfarería alpargata garrafa jarra redoma
En la tecnología hidráulica: aceña acequia alarife albañal alberca aljibe almenara azud noria
En astronomía y ciencia: acimut Aldebarán álgebra algoritmo almanaque almicantarat alquimia atíncar cénit cero cifra química
En la milicia: aladar alarde alcazaba alcázar alfanje alférez almirante almogávar atalaya moharra tahalí velmez
En el comercio: abacería aduana alatar alcabala alcaicería alhóndiga almojarife arancel fanega quintal tarifa zoco
En la organización territorial: aduana alcudia aldea alfoz almunia arrabal o rabal arriate barrio marjal
En la arquitectura y la construcción: alambor alarife aldaba alfarje alféizar arrocabe gálibo jabalcón tabique talud taujel zaguán
Los mudéjares convivieron durante cuatro o cinco siglos con castellanos, aragoneses o catalanes dentro de los reinos cristianos. Por eso varios autores, como el arabista Federico Corriente, dan origen mudéjar a bastantes arabismos tardíos («mudejarismos»), como chivo, enchufar, belez, caire y calilo.
El castellano es la lengua indoeuropea que más ha aglutinado el artículo árabe al- a los préstamos árabes de su vocabulario, pasando a formar parte de muchas palabras y perdiendo su sentido de artículo, por ejemplo: almohada, albaricoque, almeja, algodón, etcétera. Si la palabra original árabe se iniciaba con alguna de las «letras solares» (aquellas que modifican la pronunciación de la ele anterior), el artículo pasa a aglutinarse como a-, como en aceite, arrecife, atarraya, azafrán, etc. Para más información léase Aglutinación del artículo «al-».
Algunos autores también dan origen árabe a algunas interjecciones y expresiones como: «¡Ole!», «¡Hala!» o «¡Arre!». Federico Corriente atribuyó al árabe varios modismos, como «troche y moche», «trancas y barrancas» y «jolín», así como el nombre para las canciones de cuna, las nanas, y cómo suelen empezar, «nana, nanita, nana» (del árabe نام نام أنت نام nām nām inta nām, ‘duerme, duerme, duérmete’). La frase «guájete por guájete», hoy inusual o prácticamente en desuso pero antiguamente muy común, proviene de wāḥida bi-wāḥida (wāḥid significa ‘1’, ergo ‘uno por uno’), y en español quiere decir «una cosa por la otra».
La inmensa mayoría de los arabismos en el español son de la época andalusí, aunque algunos también han sido tomados durante los siglos y de la variante del árabe hablada en Marruecos, no sólo debido a la proximidad de ambos países, sino también debido al protectorado español en el territorio del norte del actual Marruecos, así como sobre el denominado Sáhara Occidental. Ejemplos de arabismos recientes son: hachís, majzén, caíd o esdader.
Paremiología y fraseología A mediados del siglo se comienza a estudiar la influencia árabe en la paremiología (proverbios y refranes) del idioma español. Si bien previamente encontramos algunas observaciones sugestivas, casi siempre genéricas, el primer estudio paremiológico con carácter riguroso que compara árabe y español es realizado por al-ʾAhwānī en 1962. Posteriormente destacan los estudios de su discípulo Bencherifa, así como de Emilio García Gómez, y posteriormente de Soha Abboud Haggar y José María Fórneas. Algunos ejemplos de paralelismos en refranes y proverbios:Para un estudio más exhaustivo léase
كُلَّ بَرْطَالَ عَلَى سُبُولَة kul-la berṭala ʿala subūla (‘cada gorrión con su espiga’) → «Cada gorrión con su espigón» خُبْزْ أَلْمُقِيتْ مَرَّتَي يُؤْكَلْ jubz al-muqīt marratey yuʾkal (‘el pan del avaro, dos veces es comido’) → «Pan de mendigo, dos veces es comido» أَعْمَي أَلَّذِي لَا يَرَى مِنْ عَيْنْ أَلْغِرْبَالْ aʾmey alaḍi la yarā min ʿeyn alġirbal (‘el ciego que no ve por el ojo del cedazo’) → «Cuán ciego es aquel que no ve por la tela de cedazo» إِذَا رَأَيْتْ لَحْيَة جَارِكْ تَنْتَتِفْ أَجْعَلْ مِتَاعَكَ فِي الدِّبَاغُ iḍa raʿeyt lahyat ǧarik tantatif ʿaǧʿal mitaʿak fi ad-dibaġ (‘cuando la barba de tu vecino vieres pelar, pon la tuya a remojar’) → «Cuando las barbas de tu vecino veas afeitar, pon las tuyas a remojar» طشطون أخير من الجوع ṭuštūn ʾajīr min al-ǧūʿ (‘tostones mejor que el hambre’) → «A falta de pan, buenas son las tortas» En cuanto a fraseología, algunas frases religiosas como «si Dios quiere» se atribuyen al árabe إِنْ شَاءَ ٱللَّٰهُ in šāʾa -llāh, que significa lo mismo.
Toponimia La influencia de la lengua árabe es más notoria en los topónimos de la península ibérica que en las lenguas romances de la península. Entre los topónimos más conocidos están los siguientes: Albarracín:: pueblo de Aragón. Deriva del árabe Al Banū Razin, nombre de uno de sus históricos gobernadores de origen bereber. Albacete: ciudad de la región de Castilla-La Mancha. Su nombre proviene del árabe al-basīṭ (البسيط), ‘la planicie, la llanura’.