Islandia (, AFI: ['istlant]) es un país insular europeo, cuyo territorio abarca la isla homónima y algunas pequeñas islas e islotes adyacentes en el océano Atlántico. Su capital es Reikiavik. Cuenta con una población de cerca de 366 425 habitantes y un área de 103 000 km². A causa de su localización en la dorsal mesoatlántica, es un país con gran actividad volcánica y geológica, factor que afecta en gran medida al paisaje del territorio islandés. El interior del país consiste en una meseta caracterizada por desiertos, montañas, glaciares y ríos glaciales que fluyen hacia el mar a través de las tierras bajas. Gracias a los efectos de la corriente del Golfo, tiene un clima templado, en relación con su latitud, y provee un entorno habitable.
El primer asentamiento humano en Islandia data del año 874, cuando, de acuerdo con el Landnámabók o «Libro del asentamiento», el líder noruego Ingólfur Arnarson se convirtió en el primer colono permanente de la isla. Otros navegantes, como el vikingo feroés Naddoddr, posible descubridor, visitaron la isla hacia el año 860 para pasar en ella el invierno. Sin embargo, nunca fundaron allí un asentamiento permanente. A través de los siglos siguientes, grupos humanos de origen nórdico y gaélico se asentaron en Islandia. Hasta el , la población islandesa dependía de la pesca y la agricultura. Desde 1262 a 1397, formó parte del reino de Noruega y, posteriormente, de Dinamarca. En el , consiguió su independencia y la economía islandesa se desarrolló rápidamente, a pesar de su aislamiento del mundo debido a su ubicación geográfica.
Cuenta con una economía de mercado mixta, con un esfuerzo fiscal relativamente alto comparado con el resto del mundo, pero con una cuña fiscal al trabajo algo inferior a la media de la OCDE, manteniendo así un gran estado de bienestar, enmarcado dentro del modelo nórdico, que provee una fuerte política social a sus ciudadanos. Forma parte del Espacio Schengen y del Espacio Económico Europeo como uno de los países miembros de la AELC. Se convirtió en uno de los países más acaudalados, y en la actualidad es clasificado por la Organización de las Naciones Unidas como el cuarto país más desarrollado del mundo, además de ocupar el primer lugar en el índice de paz global.
En el 2008, el sistema financiero islandés sufrió un colapso, lo que provocó una fuerte contracción económica y manifestaciones que llevaron a adelantar las elecciones parlamentarias, en las que Jóhanna Sigurðardóttir ganó el puesto de primera ministra. Paralelamente, cobró importancia la conocida como Revolución islandesa, una serie de protestas y movimientos de organización ciudadana que, en conjunto con el nuevo gobierno, provocó el encausamiento del anterior primer ministro de Islandia durante la crisis, Geir Haarde, dos referendos para decidir sobre el pago de la deuda externa de los bancos nacionales y un proceso ciudadano que desembocase en cambios en la Constitución que culminó en un borrador constitucional el 29 de julio de 2011, a debatirse en el Parlamento. Desde entonces, la economía se ha recuperado significativamente, en gran parte debido a un aumento del turismo.
Islandia posee una sociedad desarrollada y tecnológicamente avanzada, cuya cultura está basada en la herencia nórdica. La mayor parte de la población es de origen celta y escandinavo. El idioma oficial es el islandés, una lengua nórdica muy relacionada con el feroés y con los dialectos occidentales del noruego. La herencia cultural del país incluye su cocina tradicional, su arte y su literatura.
Etimología La palabra Islandia deriva del islandés Ísland, vocablo que proviene del nórdico antiguo, que significa ‘tierra de hielo’. Sin embargo, el primer nombre del país fue Snæland (‘tierra de nieve’), acuñado por el navegante vikingo Naddoddr, uno de los primeros pobladores de las islas Feroe. Gardar Svavarsson, uno de los primeros islandeses, rebautizó la isla como Garðarshólmur (‘islotes de Gardar’).
El nombre definitivo de Ísland fue dado por Flóki Vilgerðarson, en alusión al paisaje invernal del actual territorio islandés. A pesar de que algunos documentos oficiales mencionan Lýðveldið Ísland (República de Islandia) para nombrar al país, la constitución actual lo define como simplemente Ísland (Islandia), sin anteponer el término república.
Historia
Establecimiento y Mancomunidad Islandesa (874-1262)
thumb|El noruego Ingólfur Arnarson, primer habitante permanente de Islandia.
Una de las teorías sobre el poblamiento de su territorio actual afirma que los primeros habitantes de la isla llegaron en el y que eran miembros de una misión de monjes ermitaños, también conocidos como papar, provenientes de Irlanda o Escocia, aunque no existen descubrimientos arqueológicos que apoyen esta hipótesis.
Se presume que los monjes dejaron la isla cuando arribaron los escandinavos, quienes se asentaron sistemáticamente en el período entre los años 870 a 930. Un artículo de la publicación Skirnir, donde se muestran los resultados de investigaciones realizadas con radiocarbono, sugiere que el país pudo haber estado habitado desde la segunda mitad del .
El primer colono nórdico permanente conocido fue Ingólfur Arnarson, quien construyó su granja en la zona de la actual capital en el año 874. Ingólfur fue seguido por muchos otros colonos emigrantes, en gran medida nórdicos, y sus esclavos irlandeses. En 930, se había ocupado la mayor parte del terreno cultivable y se fundó el Alþingi, un parlamento legislativo y judicial, como centro político de la Mancomunidad Islandesa.
El culto pagano comenzó a abandonarse hacia el año 1000, con la cristianización de la isla. La Mancomunidad duró solo hasta 1262, cuando el sistema político ideado por los colonos originales se mostró incapaz de afrontar el creciente poder de los caciques islandeses sobre la población campesina.
Colonización escandinava (1262-1814) thumb|left|Ósvör, réplica de un antiguo puesto de pesca a las afueras de Bolungarvík. Las luchas internas y civiles de la era Sturlung llevaron al país a la firma del gamli sáttmáli (pacto antiguo) en 1262, tratado que lo situó bajo la Corona Noruega. La posesión de Islandia pasó a Dinamarca-Noruega a finales del , cuando los reinos de Noruega, Dinamarca y Suecia se unieron en la Unión de Kalmar.
Los suelos estériles, las erupciones volcánicas y un clima implacable hacían la vida muy difícil en una sociedad cuya subsistencia dependía casi en su totalidad de la agricultura. La peste negra barrió a la población entre 1402 y 1404 y nuevamente, entre 1494 y 1495, cada vez matando a cerca de la mitad de los habitantes. thumb|Estatua de Jón Arason en Munkaþverá. A mediados del , Cristián III de Dinamarca comenzó a imponer el luteranismo a todos sus súbditos. El último obispo católico del país (antes de 1968), Jón Arason, fue decapitado en 1550 junto con dos de sus hijos. Posteriormente, el país se convirtió totalmente al luteranismo, que desde entonces es la confesión dominante.
En los siglos y , Dinamarca impuso una serie de restricciones más estrictas al comercio, mientras piratas de Inglaterra y Argelia («secuestros turcos») irrumpían en sus costas. Una epidemia de viruela en el le causó la muerte a alrededor de un tercio de la población.
En 1615, se llevaron a cabo enfrentamientos entre vascos e islandeses en la cercanía de la región de Fiordos Occidentales por la caza de ballenas. Por este motivo, en Islandia se activó una ley que permitía matar a los vascos. Esta ley siguió vigente hasta el 2015.
En 1783, la erupción del volcán Laki condujo a una de las mayores catástrofes medioambientales en la historia europea. Esta duró 8 meses, acabó con quizás un 25% de la población islandesa y produjo una nube (la «bruma de Laki») que trajo una hambruna de tres años en todo el mundo, que mató aproximadamente a 6 millones de personas en lo que se conoció como «Las Penurias en la Niebla» (en islandés: Móðuharðindin), y que se considera uno de los acontecimientos climáticos más importantes y con mayores repercusiones sociales del último milenio.Brayshay and Grattan, 1999; Demarée and Ogilvie, 2001.
Movimiento de independencia (1814-1918) thumb|170px|Retrato de Jón Sigurðsson por Þórarinn B. Þorláksson. En 1814, después de las guerras napoleónicas, Dinamarca-Noruega fue dividida en dos reinos separados mediante el Tratado de Kiel. Este tratado puso fin a más de cuatro siglos de unión entre Dinamarca y Noruega, y redefinió las posesiones en el Atlántico Norte y el Ártico, consolidando la soberanía danesa sobre Islandia, Groenlandia y las Islas Feroe. Islandia, sin embargo, permaneció como una dependencia danesa. A pesar de esta subordinación, la isla mantenía un grado significativo de autonomía local, con el Althing —el parlamento más antiguo del mundo— conservando ciertas funciones legislativas y judiciales.
Durante el , el clima del país continuó empeorando, lo que provocó una emigración en masa hacia el Nuevo Mundo, especialmente hacia la provincia de Manitoba en Canadá. Esta emigración estuvo motivada por la combinación de crisis agrícolas, erupciones volcánicas y malas cosechas, lo que generó hambre y dificultades económicas. Cerca de 15 000 personas, de una población total de 70 000, abandonaron el país. La diáspora islandesa contribuyó a la formación de comunidades islandesas en América del Norte, donde conservaron su lengua y tradiciones, influyendo además en la política local de inmigración y en la preservación de la cultura islandesa fuera de la isla.
Sin embargo, en medio de la migración surgió un nuevo movimiento nacionalista, inspirado en las ideas románticas y nacionalistas de la Europa continental. El nacionalismo islandés promovía el rescate de la lengua, la literatura medieval y las sagas islandesas, considerándolas pilares de la identidad nacional frente al dominio danés. De esta manera nació el movimiento de independencia de Islandia bajo el liderazgo de Jón Sigurðsson, quien se convirtió en un símbolo de la lucha pacífica por la soberanía, abogando por reformas legales, educación y derechos políticos que fortalecieran la identidad islandesa dentro del marco danés. En 1874, Dinamarca le concedió una Constitución y un gobierno limitado, que fue ampliado en 1904. Esta Constitución permitió la creación de un primer gobierno autónomo con un primer ministro islandés, aumentando gradualmente el control de Islandia sobre sus asuntos internos y sentando las bases para la independencia total que llegaría décadas más tarde.
Reino de Islandia (1918-1944)
miniaturadeimagen|Kristján X, único monarca de Islandia entre 1918 y 1944. El Acta de Unión, un acuerdo con Dinamarca firmado el 1 de diciembre de 1918 y válido durante 25 años, le brindó a Islandia el reconocimiento como un Estado plenamente soberano en una unión personal con el rey de Dinamarca. Este acuerdo permitió a Islandia mantener una relación simbólica con Dinamarca, compartiendo al mismo monarca pero conservando plena autonomía en sus asuntos internos, marcando un paso importante hacia la independencia total que se lograría en 1944. El estatus que alcanzó Islandia es similar al de los países que pertenecen a la Commonwealth británica, cuyo soberano es el monarca del Reino Unido. Sin embargo, a diferencia de estos países, Islandia no mantuvo vínculos formales en defensa o política exterior con Dinamarca más allá de la unión personal del monarca.