Bactrocera oleae, conocida comúnmente como la mosca del olivo, es una especie de díptero de la familia Tephritidae. Sus larvas se alimentan de la pulpa del fruto del olivo, las aceitunas, de ahí su nombre vulgar. Su distribución coincide con la del olivo. Se encuentra en el norte, sur y este de África, Islas Canarias, India, Asia Occidental y Europa mediterránea. En el hemisferio occidental solo se encuentra actualmente en California.
Se le considera como la plaga más problemática que tiene el cultivo del olivo
Difusión e importancia Esta especie está asociada a las plantas del género Olea y en particular al olivo. Está presente en toda la zona del Mediterráneo y en Sudáfrica. Se le considera como la plaga más importante del cultivo del olivo en las regiones en la que está presente, llegando a condicionar la cantidad y calidad de la mayoría de las zonas de cultivo.
La incidencia de sus ataques tienden a acentuarse en las zonas más húmedas y frescas, con una gran variabilidad según la variedad cultivada, es menos pronunciada en las zonas con veranos calurosos y secos.
Morfología thumb|300px|left|Larva en su tercer estadio en una aceituna. El huevo tiene una longitud de entre 0,7 y 1,2 mm, es alargado, ligeramente aplanado en la base, con un pequeño tubérculo de color blanquecino, importante para la respiración del embrión.
La larva es ápoda de forma cónico-cilíndrica. En su desarrollo pasa por tres estadios. La larva madura mide entre 6 y 7 mm, es de color blanco amarillento, alargada.
La fase de pupa la desarrolla dentro del pupario que es una cápsula elíptica formada por la transformación del exuvio de la última muda de la larva. El pupario tiene forma elíptica y una longitud de 3,5 a 4,5 mm, su color es variable del blanco crema al amarillo rojizo.
thumb|220px|left|Pupario.
Los adultos miden entre 4 y 5 mm de longitud. En España se distinguen fácilmente de otros tefrítidos por la característica mancha negra en el ápice del ala y la extensión de la célula anal, estrecha y alargada.
El insecto adulto presenta una coloración pardo rojiza o anaranjada sobre la que destacan una serie de placas de color negro.
Tiene las alas transparentes e irisadas, y el borde posterior del tórax es de color amarillo.
Ciclo biológico thumb|220px|Macho adulto.
Las hembras ponen sus huevos a partir de que la aceituna tiene un diámetro de 7-8 mm. La oviposición la realiza perforando con su oviscapto la piel de la aceituna, poniendo un solo huevo debajo de ella en cada aceituna. La incisión que realiza tiene una característica forma triangular debido a un efecto óptico. Las picaduras nuevas tienen una coloración verde oscuro, mientras que las picaduras más antiguas tienen un color marrón-amarillento, como resultado de la cicatrización de la herida.
La eclosión del huevo tiene lugar en un período que varía entre 2 o 3 días en verano y hasta 10 en otoño. La larva neonata excava inicialmente una galería superficial, pero enseguida profundiza en la pulpa hasta llegar al hueso, al que no puede dañar. Durante el desarrollo larvario se producen dos mudas con el consiguiente incremento del tamaño de la larva.
left|thumb|220px|Hembra adulta.
Cuando la larva se aproxima a la tercera muda se acerca a la superficie de la aceituna y prepara la zona por donde saldrá y se dejará caer al suelo. Para ello roe la pulpa por la zona donde saldrá dejando solo la fina capa de la epidermis. En esta etapa, la aceituna muestra claramente los daños ya que la zona que ha roído debajo de la superficie es más oscura y destaca del resto de la aceituna que suele estar verde todavía. La pupa permanece en reposo por debajo de la epidermis, en la zona donde ha preparado su salida, protegida por el pupario formado por la exuvia de la larva madura.
Cuando la pupa se transforma en adulto, rompe el pupario saliendo de él. Presionando rompe la fina capa de epidermis que dejó y sale del fruto. A final de otoño y en invierno, el comportamiento cambia: la larva madura sale de la aceituna y se deja caer al terreno donde se transformará en pupa, y pasará así la época fría hasta la siguiente primavera.
Los adultos se alimentan principalmente de sustancias azucaradas como melazas naturales y otras sustancias. Como esta dieta es pobre en proteínas, también se sienten atraídas por materiales proteicos y que emiten sustancias nitrogenadas volátiles ya que con ellos completan su dieta. Un ejemplo son los excrementos de aves y otros animales. Este hábito es importante porque puede utilizarse en los programas de control y vigilancia mediante atrayentes a base de proteínas hidrolizadas y sales de amonio.
Necesidades ambientales thumb|220px|Punción reciente de oviposición en aceituna. La duración del ciclo biológico está estrechamente relacionado con las condiciones ambientales, en particular con el clima y las características de la aceituna. El conocimiento de estos parámetros, conjuntamente con la monitorización de sus poblaciones es necesario para actuar eficazmente en los programas de lucha integrada.
El clima influye en el ciclo, sobre todo la temperatura y en menor medida la humedad. La duración aproximada de cada una de las fases se expresa en la siguiente tabla:
Fase Duración en primavera-verano Duración en otoño-invierno Huevo 2-3 días 10 días (otoño) Larva 10-13 días 20 días o más Pupa 10 días Más de 4 meses (pupa invernante) Adulto Incluso varios meses No inverna como adulto
La duración de la fase juvenil varía entre un mínimo de 20 días a un máximo de 5 meses en la generación invernante.
La temperatura tiene un papel importante en su vitalidad y ritmo de reproducción. Temperaturas superiores a 30 °C provocan la reabsorción de los folículos ováricos reduciendo la fecundidad de las hembras: una hembra, deposita una media de 2 a 4 huevos el día en pleno verano, mientras que en otoño pone de 10 a 20. Temperaturas persistentes por encima de 32 °C durante varias horas al día provocan una mortalidad superior al 80% de los huevos y de larvas del primer instar.
Las bajas temperaturas tienen efecto en el desarrollo de este insecto, temperaturas por debajo de 0 °C impiden la viabilidad de este insecto. Dadas las condiciones habituales en las zonas de cultivo del olivo, se deduce que las bajas temperaturas interfieren en la dinámica poblacional de esta especie solo en las zonas olivareras más septentrionales donde los inviernos son particularmente rigurosos.
En general se puede decir que el rango de temperaturas óptimas para el desarrollo de esta especie está entre los 20 y 30 °C unidas a un ambiente húmedo, tanto para la oviposición como para el desarrollo larvario.
El segundo factor ambiental que incide en los ataques son las características intrínsecas de la oliva y del estado fenológico del árbol. La hembra recibe estímulos sensoriales que denotan el grado de receptividad de la aceituna, esto les permite elegir la aceituna adecuada para la puesta del huevo y el desarrollo de la larva: antes de la oviposición la hembra "comprueba" el tamaño, el color, el olor y parece ser que también la presencia de ciertas bacterias. En pleno verano son frecuentes las picaduras estériles, provocadas por la hembra para comprobar la receptividad de la oliva. La etología de la mosca es un aspecto al cual se le está prestando mucha atención en los últimos años para estudiar los métodos de lucha preventiva basados en el uso de productos repelente como productos cúpricos, caolín etc.
El desarrollo de la larva está condicionado por la consistencia de la pulpa y sobre todo por el tamaño de la drupa. En las aceitunas de mesa (normalmente más gruesas), de hecho, la mortalidad es menor en verano, porque la larva puede escapar del efecto letal de las altas temperaturas desplazándose a mayor profundidad. La consistencia de la pulpa es un carácter intrínseco a la variedad de olivo, por ello existen diferencias significativas en la intensidad de los ataques según sea la variedad de olivo cultivada.
Dinámica poblacional thumb|left|300px|Dinámina poblacional de adultos de B. oleae.
A diferencia de otras especies, las distintas generaciones de Bactrocera oleae no muestran diferencias en cuanto a la duración de la oviposición o la longevidad de los adultos. Durante un año se producen por lo general de 3 a 5 generaciones, pero en muchos años puede tener lugar una sexta generación, que se desarrolla en primavera sobre las aceitunas que no se recolectaron y quedaron en el árbol.
El tamaño de la población varía en el transcurso del año, pero hay dos picos: uno en la mitad de la primavera, que corresponde con la emergencia de los adultos de la generación invernante, la segunda, más intensa, a principios de otoño, que es cuando las aceitunas están en su mayor grado de receptividad y las temperaturas han descendido y aumenta la humedad ambiental. En España estos picos de población se producen generalmente durante los meses de abril-mayo y septiembre-octubre.
Factores que predisponen a sus ataques
La predisposición a los ataques de la mosca se debe a diversos factores, tanto intrínsecos como extrínsecos. El principal es la climatología (temperatura y humedad), por eso la incidencia de la plaga de un año a otro puede variar bastante. Sin embargo, no deben pasarse por alto otros factores de naturaleza genética o agronómica.
Las condiciones climáticas ideales para el desarrollo de la mosca y por tanto sus ataques son:
Temperaturas moderadas no superiores a 32-34 °C. Clima húmedo. Variedades de olivo precoces. Variedades para mesa o de doble aptitud (mesa y aceite). Cultivo de regadío.
Debido a estos factores, la incidencia de la mosca aumenta del sur al norte y de las regiones costeras a las interiores. En cuanto a la temporada, en principio, los ataques de verano suelen ser moderados excepto en los climas más frescos o las variedades más sensibles. Los picos de ataque se suelen producir a partir de septiembre y hasta los primeros fríos, especialmente con un clima húmedo.
Otro factor aparentemente curioso es la relación con la alternancia o vecería en la producción, fenómeno al que el olivo, sobre todo de secano, es muy propenso. En general, los ataques de mosca son más intensos en los años de baja producción y menores en los de producción elevada. Las razones de este comportamiento son en parte agronómicas y en parte biológicas.
Los años de baja producción suelen ir precedidos de otros de alta producción del cual suele quedar en el árbol bastante aceituna sin recolectar, aceitunas sobre las que los adultos que emergen tras el periodo invernal hacen sus puestas y favorecen el aumento de poblaciones. Si ese año de poca producción el ataque es elevado muchas de las aceitunas caerán prematuramente al suelo y por tanto quedarán menos en el árbol a la campaña siguiente por lo que al siguiente año, los ataques volverán a ser menores.
Entomología aplicada Daños thumb|220px|Daños en fruto. Los daños causado por la mosca del olivo son de dos tipos; cuantitativos y cualitativos.
Respecto a los daños cuantitativos, los daños son causados por las larvas de segundo y sobre todo de tercer estadio y consisten en que estas consumen una parte importante de la pulpa de la aceituna lo cual reduce el rendimiento en aceite. Una parte de la producción se pierde debido a que los frutos atacados caen prematuramente del árbol. En las aceitunas destinadas a aceite los daños causados por las picaduras de puesta y las larvas de primer estadio no se ha visto que sean de consideración. En la aceitunas de mesa las picaduras de puesta sí deprecian la producción.