La Batalla de San Carlos de Bolívar fue un enfrentamiento militar ocurrido el 8 de marzo de 1872 en el paraje de Pichí Caruhué, cerca del fortín de San Carlos, en el área rural de San Carlos de Bolívar, en el interior de la Provincia de Buenos Aires, Argentina. Sucedió en el contexto de las campañas previas a la Conquista del Desierto. En ella se encontraron las fuerzas del Ejército Argentino comandadas por el general Ignacio Rivas con una coalición de tribus mapuches y araucanizadas lideradas por el toqui Juan Calfucurá. El combate finalizó con la victoria de los soldados argentinos.
Antecedentes Situación previa La guerra a muerte en el actual Chile causó una fuerte emigración araucana a las pampas de la moderna Argentina. Esto fue animado porque las guerras civiles argentinas debilitaron las defensas fronterizas rioplatenses, facilitando el abigeato, una problema crónico en la región. En 1810, un gran grupo de huilliches emigró a las Salinas Grandes, convirtiéndose en los chadiches (salineros). En alianza con el toqui abajino (nagche) Venancio Coñoepán, 6000 a 7000 vorogas incluyendo 2000 lanzas, cruzaron la cordillera de los Andes y se apoderaron de las Salinas Grandes en 1819.
Sin embargo, en 1830 el poderoso cacique pehuenche Martín Toriano cruzó las montañas con 2000 guerreros para ayudar a los tehuelches, ranqueles y pampas contra una coalición de vorogas, ranqueles, toris, araucanos, ranqueles y la montonera de los hermanos Pincheira. Sin embargo, en 1832 fue vencido y muerto por los ranqueles de Yanquetruz y los vorogas de Cañiuquir. Tres cuartos de sus guerreros volvieron a oeste de los Andes rápidamente, pero uno de sus lugartenientes, el huilliche Juan Calfucurá, y unos pocos seguidores se refugiaron con los puelches (manzaneros). En 1835, Calfucurá masacró a los caciques vorogas en una reunión comercial y se apoderó de las Salinas Grandes. En 1836, Coñoepán realizó una campaña contra Calfucurá pero fue vencido y muerto. Derrotados abajinos y vorogas, la única amenaza a la hegemonía de Calfucurá la representaban los arribanos (wenteches), por lo que de inmediato decidió aliarse con su cabecilla, Juan Maguin Hueno, quien deseaba unificar la Araucanía bajo su mando, aunque jamás lo logró plenamente.
El toqui Lorenzo Colipí se hizo con el control de los abajinos, pero fue muerto por los arribanos en 1838 y los abajinos se dividieron, consolidándose la hegemonía de los arribanos. Maguin Hueno consolido una alianza con pehuenches y pampas para apoyar a los caudillos federales Justo José de Urquiza y José María de la Cruz Prieto en sus guerras con los gobiernos centralistas de Buenos Aires y Santiago respectivamente; sin embargo, al momento de su muerte los federalistas habían sido vencido. Se preocupó mucho de mantener buenos contactos con Calfucurá. Fue sucedido por su hijo José Santos Quilapán en 1866, quien reforzó su alianza con los pehuenches casando a una hija o hermana con el cacique Feliciano Purrán.
Como jefe indiscutible de los arribanos, Quilapán cruzó varias veces a las pampas para aportar guerreros a su alianza con Calfucurá, quien desde los años 1840, Calfucurá creó un sistema de alianzas que le permitió mantener la hegemonía sobre las pampas. Se había aliado con el Ulmanato ranquel de Painé (sucesor de Yanquetruz) y luego de Mariano Rosas; también con los manzaneros (puelches) del jefe Valentín Sayhueque, quien a su vez era aliado de Casimiro Biguá, cacique de los tehuelches. Gracias a esa red de alianzas pudieron anular a sus rivales, los clanes abajinos de los Colipí y los Coñoepán, los ranqueles de los Catriel y los vorogas de Ignacio Coliqueo.
Malones fronterizos El 14 de junio de 1870, Calfucurá atacó el pueblo de Tres Arroyos, entonces un poblado de 100 casas y 500 habitantes. Este ataque fue respondido por asaltos a las tolderías donde se mató a indios no combatientes, se violó a mujeres y se recuperó parte del ganado. El 25 de julio, el presidente argentino Domingo Faustino Sarmiento inició negociaciones de paz. El 23 de octubre, su hijo y futuro sucesor, Manuel Namuncurá, atacó con 2000 lanzas Bahía Blanca, matando a 100 criollos, tomando decenas de cautivas y robando cabezas de ganado. Así, Sarmiento compró la paz otorgando un subsidio de pesos a Calfucurá, a Catriel, a Cipriano Rosas, otra suma igual a Baigorrita y a Sayhueque; sin embargo, las malas relaciones continuaron y la solución se vio como temporal.
El 9 de octubre de 1870, el coronel Francisco de Elías, comandante de la frontera sur, y el cacique ranquel Catriel firmaron en Azul un tratado por el cual el primero era reconocido como cacique principal de todos los indios y se le garantizaba apoyo militar. Sin embargo, en mayo siguiente los jefes pampas (tehuelches) Manuel Grande, Calfuquir (Calfucir) y Gervasio Chipitruz se alzaron contra Catriel, por lo que Elías atacó las tolderías, capturando ganado y familias que fueron incorporadas al grupo de Catriel.
La respuesta de Calfucurá no se hizo esperar, pues le servía para justificar una guerra en que podía asegurar su mando de las tribus. El 5 de marzo de 1872 entró en la provincia de Buenos Aires secundado por sus hijos Manuel Namuncurá y José Morales Catricurá y los caciques Epumer Rosas, Reuquecurá, Vicente Pincén y Mariano Rosas. Las estancias alrededor de San Carlos de Bolívar, Alvear y 9 de Julio fueron saqueadas. Posiblemente fue el mayor malón de la historia del conflicto, más de 300 criollos murieron, 500 fueron capturados y se robaron a cabezas de ganado ( bovinos, equinos y ovejas según Zeballos). El ejército se vio completamente superado, incapaz de defender la frontera.
A las 14:00 horas, el coronel Juan Carlos Boerr, jefe de la frontera oeste, que marchaba de 9 de Julio a Buenos Aires fue informado por el capitán de guardias nacionales, capitán Inocencio Núñez, del malón. De inmediato, el coronel ordenó a Núñez movilizar sus fuerzas al igual que el cacique general Simón Coliqueo y el jefe del fuerte General Paz, teniente coronel Nicolás Levalle. Mientras Boerr también pedía ayuda al jefe de la frontera norte de Buenos Aires, coronel Francisco Borges.
En media hora, Boerr partió con 100 guardias nacionales hacia laguna del Curá, pero al enterarse de que el cacique aliado Raninqueo se había pasado a Calfucurá decidió marchar a General Paz para unirse a Levalle y Coliqueo, llegando a las 22:00 horas, enterándose de que Calfucurá estaba en laguna Verde con 3000 guerreros. Como Borges no llegada, el coronel Boerr decidió marchar al fuerte San Carlos con el batallón N.° 5 de Línea de Infantería, los guardias nacionales y los vorogas de Coliqueo, quien se le había unido en Quemhuimn, a las 21:00 horas del 6 de marzo. Llegó a su objetivo a las 09:00 horas de la mañana siguiente, donde se le sumó Levalle con hombres de la frontera oeste, formándose un contingente de 390 hombres de los que apenas 100 eran soldados regulares. Fue entonces que Calfucurá empezó a hostigarlo. Entre tanto, Borges estaba movilizando las fuerzas de la frontera norte de Buenos Aires y sur de Santa Fe, pero estaba atrasado.
En cuanto llegaron las noticias del malón, en Azul el coronel mayor (general) y jefe de la frontera costa sur de Buenos Aires, Ignacio Rivas, reunió 220 soldados y 800 indios aliados aportados por Catriel en Azul y partió el 6 de marzo a las 02:00 horas. Su plan era marchar a San Carlos y unirse al coronel Boerr.
Fuerzas enfrentadas Argentinos Producto de la Guerra del Paraguay, con su movilización de hombres al norte y sus enormes bajas, las defensas meridionales de la República Argentina se vieron debilitadas, permitiendo a los indios lanzar malones a los pueblos, haciendas, fuertes y fortines fronterizos. Después de la guerra, se había reducido a menos de hombres, incluidos 1300 oficiales, dispersos por todo el territorio, por lo que les era imposible concentrarse en los números que podían las huestes de Calfucurá; sólo la capital tenía una guarnición superior al millar de soldados. También se carecía de una extensa red de ferrocarriles y telégrafos, por lo que toda comunicación o movimiento sólo se podía hacer a caballo.
El ejército en la frontera sur sumaba menos de 5000 efectivos cuando autores como Zeballos consideraban que se requerían al menos 6000 hombres bien armados y entrenados guarneciéndola de forma permanente. La mayoría de los fuertes fronterizos, dispersos en una línea de miles de kilómetros desde Bahía Blanca hasta la cordillera de los Andes tenían 200 a 300 soldados, mientras que cada fortín un puñado cuya misión era detectar malones, no impedirlos. Para enfrentar estas incursiones, se debían reunir pequeños núcleos de soldados profesionales a los que se sumaban indios amigos, la reserva de guardias nacionales y vecinos que querían defender sus vidas, familias y propiedades.
Según Zeballos, durante la batalla Rivas y Boerr reunieron apenas 365 hombres de línea, 220 aportados por Rivas, aunque Fraga los rebaja a sólo 320 soldados de línea. Para Zeballos, se organizaban en 170 infantes del batallón N.° 2 de Línea y 95 del N.° 5 de Infantería de Línea, más 50 jinetes del regimiento N.° 9 de Caballería de Línea y otros tantos del N.° 5 de Caballería de Línea. Ninguno tenía fusiles Remington, 270 eran infantes armados con carabinas Merrol a fulminante y 50 jinetes con otras carabinas; la variedad de armamento era patente incluso en el ejército profesional por las diversas compras hechas en los años previos. Entre ambos oficiales movilizaron a 295 o 300 milicianos criollos para la expedición, dos tercios reunidos por Rivas, que se concentraron en el ala izquierda (más algunos guardias nacionales en la reserva). Las armas, vestimentas y caballos de los guardias nacionales y vecinos debían ser aportados por ellos mismos, habiendo casos en que ni armas tenían. Sin embargo, la mayoría de la tropa eran indios aliados, tanto que Zeballos denomina a la división «casi salvaje», 800 ranqueles aportados por el Cacique General Cipriano Catriel (apodados catrieleros) y 200 vorogas por Ignacio Coliqueo. La división también contaba con una pieza de artillería y el servicio sanitario de las fronteras del oeste y sur a cargo de los cirujanos Juan Mateo Franceschi y Eduardo Herter.
Araucanos