La evacuación de Dunkerque o el milagro de Dunkerque —nombre en clave: Operación Dinamo— fue una operación de evacuación de las tropas aliadas del territorio francés durante la Segunda Guerra Mundial. Tuvo lugar en Dunkerque (Francia) a finales de mayo de 1940, y fue ideada, planificada y organizada por el almirante Bertram Home Ramsay y con apoyo del mariscal británico y comandante en jefe de la Fuerza Expedicionaria Británica (BEF), John Vereker Gort. La operación comenzó después de que un gran número de tropas belgas, británicas y francesas quedaran aisladas y rodeadas por tropas alemanas durante las seis semanas que duró la batalla de Francia (después de que Francia fuera derrotada por el Ejército alemán). En un discurso ante la Cámara de los Comunes, el primer ministro británico Winston Churchill lo calificó de «desastre militar colosal», afirmando que «toda la raíz, el núcleo y el cerebro del ejército británico» habían quedado varados en Dunkerque y parecían a punto de perecer o ser capturados. En su discurso «Lucharemos en las playas» del 4 de junio, saludó su rescate como un «milagro de liberación». La operación permitió rescatar a más de 230 000 soldados británicos y 100 000 franceses y belgas, convirtiéndose en la mayor evacuación militar de la historia.
Antecedentes
thumb|izquierda|Soldados británicos pasando delante de un bombero francés, un camión incendiado y víctimas de un bombardeo de la Luftwaffe en Dunkerque. En septiembre de 1939, después de que Alemania invadiera Polonia, el Reino Unido desembarcó en Cherburgo, Nantes y Saint-Nazaire a la Fuerza Expedicionaria Británica (BEF) para ayudar en la defensa de Francia. En mayo de 1940, la fuerza constaba de diez divisiones en tres cuerpos bajo el mando del general John Vereker, 6.º vizconde Gort, además del apoyo proporcionado por el Ejército belga y los ejércitos franceses Primero, Séptimo y Noveno.
En la década de 1930, los franceses habían construido la línea Maginot, una serie de fortificaciones a lo largo de su frontera con Alemania. Esta línea se había diseñado para disuadir una posible invasión alemana a través de la frontera franco-alemana y canalizar un ataque hacia Bélgica, a la que podrían hacer frente las mejores divisiones del Ejército francés. Así, cualquier guerra futura tendría lugar fuera del territorio francés, lo que evitaría una repetición de la Primera Guerra Mundial. El área inmediatamente al norte de la línea Maginot estaba cubierta por la región de las Ardenas, densamente arbolada, que el general francés Philippe Pétain declaró «impenetrable» siempre que se tomaran «disposiciones especiales», debido a su creencia de que cualquier fuerza enemiga que saliera del bosque sería vulnerable a un ataque en pinza y destruida. El comandante en jefe francés, Maurice Gamelin, también creía que la zona representaba una amenaza limitada, señalando que «nunca favoreció las grandes operaciones». Teniendo esto en cuenta, la zona se dejó ligeramente defendida.
El plan inicial para la invasión alemana de Francia preveía un ataque de cerco a través de Países Bajos y Bélgica, lo que evitaría el paso por la línea Maginot. Erich von Manstein, entonces jefe de Estado Mayor del Grupo de Ejércitos A, preparó el esbozo de un plan diferente y lo presentó al Oberkommando des Heeres (OKH; Alto Mando alemán) a través de su superior, el Generaloberst Gerd von Rundstedt. El plan de Manstein sugería que las divisiones panzer atacaran a través de las Ardenas, luego establecieran cabezas de puente en el río Mosa y se dirigieran rápidamente hacia el canal de la Mancha, lo que permitiría que los alemanes cortaran así el paso a los ejércitos aliados en Bélgica. Esta parte del plan se conoció más tarde como el Sichelschnitt («corte de la hoz»). Adolf Hitler aprobó una versión modificada de las ideas de Manstein, hoy conocida como el Plan Amarillo, tras reunirse con él el 17 de febrero.
El 10 de mayo, Alemania invadió Bélgica y los Países Bajos. El Grupo de Ejércitos B, al mando del Generaloberst Fedor von Bock, atacó Bélgica, mientras que los tres cuerpos panzer del Grupo de Ejércitos A, al mando de Rundstedt, giraron hacia el sur y se dirigieron hacia el canal de la Mancha. La BEF avanzó desde la frontera belga hasta posiciones a lo largo del río Dyle dentro de Bélgica, donde a partir del 10 de mayo lucharon contra elementos del Grupo de Ejércitos B. Sin embargo, el 14 de mayo se les ordenó iniciar una retirada hacia el río Escalda cuando las posiciones belgas y francesas en sus flancos no resistieron. Durante una visita a París el 17 de mayo, el primer ministro Winston Churchill se sorprendió al enterarse por Gamelin de que los franceses habían comprometido todas sus tropas en los combates en curso y no tenían reservas estratégicas. El 19 de mayo, Gort se reunió con el general francés Gaston Billotte, comandante del Primer Ejército francés y coordinador general de las fuerzas aliadas. Billotte reveló que los franceses no tenían tropas entre los alemanes y el mar. Gort vio inmediatamente que la evacuación a través del canal era el mejor curso de acción, y comenzó a planear una retirada a Dunkerque, el lugar más cercano con buenas instalaciones portuarias. Rodeada de pantanos, esta ciudad contaba con antiguas fortificaciones y una playa de arena muy larga donde podían reunirse grandes grupos. El 20 de mayo, por sugerencia de Churchill, el Almirantazgo comenzó a preparar todos los buques pequeños disponibles para dirigirse a Francia. Tras continuos enfrentamientos y un intento fallido de los Aliados el 21 de mayo en Arras de cortar la punta de lanza alemana, la BEF quedó atrapada, junto con los restos de las fuerzas belgas y los tres ejércitos franceses, en una zona a lo largo de la costa del norte de Francia y Bélgica.
Preludio Sin informar a los franceses, el 20 de mayo los británicos empezaron a planear la Operación Dinamo, la evacuación de la BEF, dirigida por el vicealmirante Bertram Ramsay en el cuartel general naval bajo el castillo de Dover, desde donde informó a Churchill mientras el plan se ponía en marcha. Con el fin de llevar a cabo la evacuación, se empezaron a reunir barcos en el puerto de Dover. El 20 de mayo, la BEF envió al brigadier Gerald Whitfield a Dunkerque para empezar a evacuar al personal innecesario. Abrumado por lo que más tarde describió como «un movimiento algo alarmante hacia Dunkerque por parte de los oficiales como de los soldados», debido a la escasez de alimentos y agua, tuvo que enviar a muchos sin comprobar minuciosamente sus credenciales. Incluso oficiales a los que se había ordenado quedarse para ayudar en la evacuación fueron devueltos en los barcos.
El 22 de mayo, Churchill ordenó a la BEF atacar hacia el sur en coordinación con el Primer Ejército francés al mando del general Georges Blanchard para volver a conectar con el resto de las fuerzas francesas, acción bautizada como Plan Weygand en honor al general Maxime Weygand, nombrado comandante supremo tras la destitución de Gamelin el 18 de mayo. El 25 de mayo, Gort tuvo que abandonar toda esperanza de alcanzar este objetivo y se retiró por iniciativa propia, junto con las fuerzas de Blanchard, detrás del canal del Lys, parte de un sistema de canales que llegaba hasta el mar en Gravelines. En ese momento ya se habían abierto compuertas a lo largo de todo el canal para inundar el sistema y crear una barrera (la línea del canal) contra el avance alemán.
Batalla de Dunkerque
left|thumb|Soldados británicos ametrallados y bombardeados por la aviación alemana mientras esperan el transporte.
El 24 de mayo, los alemanes capturaron el puerto de Boulogne y rodearon Calais. Los ingenieros de la 2.ª División Panzer, al mando del Generalmajor Rudolf Veiel, construyeron cinco puentes sobre la línea del canal, mientras que un solo batallón británico impedía el paso a Dunkerque. El 23 de mayo, a sugerencia del comandante del 4.º Ejército, el Generalfeldmarschall Günther von Kluge, Rundstedt ordenó a las unidades panzer que se detuvieran, preocupado por la vulnerabilidad de sus flancos y la cuestión del suministro a sus tropas de vanguardia. Además, le inquietaba el terreno pantanoso de los alrededores de Dunkerque, inadecuado para sus tanques, que deseaba conservarlos para operaciones posteriores —en algunas unidades, las pérdidas de blindados fueron del 30-50%—. Hitler también estaba preocupado, y el 24 de mayo, en una visita al cuartel general del Grupo de Ejércitos A, refrendó la orden.
El Mariscal del Aire Hermann Göring instó a Hitler a dejar que la Luftwaffe, ayudada por el Grupo de Ejércitos B, acabara con los británicos, para consternación del general Franz Halder, quien anotó en su diario que dicha fuerza aérea dependía del tiempo y que las tripulaciones estaban agotadas después de dos semanas de batalla. Rundstedt emitió otra orden, enviada sin codificar, que fue interceptada por la red de inteligencia del servicio Y de la Royal Air Force (RAF) a las 12:42: «Por orden del Führer... el ataque al noroeste de Arras se limitará a la línea general Lens-Bethune-Aire-St Omer-Gravelines. No se cruzará el Canal». Más tarde ese mismo día, Hitler emitió la Directiva 13, que ordenaba a la Luftwaffe que acabara con las fuerzas aliadas atrapadas e impidiera su huida. A las 15:30 del 26 de mayo, Hitler ordenó a los grupos panzer que continuaran su avance, pero la mayoría de las unidades tardaron otras dieciséis horas en atacar. Algunos relatos citan a Hitler diciendo que permitió deliberadamente que los británicos escaparan. El retraso dio tiempo a los aliados a preparar defensas vitales para la evacuación e impidió a los alemanes detener la retirada aliada de Lille.
La orden de alto ha sido objeto de muchas discusiones por parte de los historiadores. Guderian consideró que no ordenar un asalto a Dunkerque a tiempo fue uno de los principales errores alemanes en el frente occidental. Rundstedt lo calificó como «uno de los grandes puntos de inflexión de la guerra», y Manstein lo describió como «uno de los errores más críticos de Hitler». B. H. Liddell Hart entrevistó a muchos de los generales después de la guerra y elaboró una imagen del pensamiento estratégico de Hitler al respecto, quien al parecer creía que una vez que las tropas británicas abandonaran la Europa continental, nunca volverían.
Evacuación 26-27 de mayo thumb|Tropas británicas evacuadas de Dunkerque llegan a Dover, 31 de mayo de 1940
La retirada se llevó a cabo en medio del caos, con vehículos abandonados que bloqueaban las carreteras y una avalancha de refugiados que se dirigían en dirección contraria. Debido a la censura de guerra y al deseo de mantener alta la moral británica, inicialmente no se dio atención mediática a la magnitud del desastre de Dunkerque. El 26 de mayo se celebró en la abadía de Westminster una misa especial a la que asistió el rey Jorge VI y que fue declarada día nacional de oración. Ese día, el arzobispo de Canterbury dirigió oraciones «por nuestros soldados en grave peligro en Francia», y se ofrecieron oraciones similares en sinagogas e iglesias de todo el Reino Unido, lo que confirmaba al público su sospecha de la desesperada situación de las tropas. Poco antes de las 19:00 del 26 de mayo, Churchill ordenó el inicio de Dinamo, momento en el que ya habían partido veintiocho mil hombres. Los planes iniciales preveían el rescate de cuarenta y cinco mil soldados de la BEF en dos días, momento en el que se esperaba que las tropas alemanas bloquearan la evacuación. Sin embargo, sólo veinticinco mil hombres escaparon durante este período, incluyendo 7669 el primer día.