Francisco Pizarro González (Trujillo, Extremadura, c. 1478 - Lima, 26 de junio de 1541) fue un conquistador español que lideró durante la primera mitad del la expedición que desembocaría en el inicio de la conquista del imperio incaico, a través del derrocamiento del inca Atahualpa, y el establecimiento de un nuevo orden político y religioso en la región. Posteriormente sería nombrado gobernador de Nueva Castilla, con sede de gobierno en Ciudad de los Reyes (Lima).

Pizarro integró la expedición que descubrió el Mar del Sur (Océano Pacífico), empresa liderada por Vasco Núñez de Balboa en 1516. En 1535, tras capturar y ajusticiar al inca Atahualpa, pudo imponerse sobre el Imperio incaico con ayuda de diversos rebeldes locales, conquistando el mencionado estado imperial cuyo centro de gobierno se ubicaba en el actual Cuzco, Perú, además de establecer una dependencia española sobre él. Obtuvo el título de marqués y sus descendientes tuvieron el título de marqueses de la Conquista, siendo este el título utilizado por el cronista don Francisco López de Gómara en su Historia General de las Indias, capítulo CXXXII. También fue referido como marqués por Pedro Cieza de León en su libro Crónica del Perú. Para sus huestes indígenas era conocido como apu (‘jefe’, ‘señor’, ‘general’) o machu capitán (‘viejo’ capitán). Cúneo-Vidal, R.: «Los hijos americanos de los Pizarros de la conquista.»

Infancia y juventud izquierda|miniatura|Casa-Museo de Francisco Pizarro en Trujillo (España)Francisco Pizarro nació en la ciudad extremeña de Trujillo. Existen dudas acerca de la fecha exacta de su nacimiento puesto que, si para unos historiadores fue el 12 de mayo de 1468, para otros fue la misma fecha pero del año 1469. Algunos historiadores llegan a hablar de 1471 y otras fuentes fechan su nacimiento en el 16 de marzo de 1478.

Fue hijo natural del hidalgo Gonzalo Pizarro Rodríguez de Aguilar (ca.1446-1522), llamado el Largo o el Romano, importante personaje de la época con gran influencia que participó en las campañas de Italia bajo el mando de Gonzalo Fernández de Córdoba y de Francisca González Mateos, dama de cámara de Beatriz Pizarro, la tía de Gonzalo, devota del convento de San Francisco el Real (junto a la Puerta de la Coria). Pizarro era pariente lejano de Hernán Cortés, quien conquistó el Imperio azteca.Esteban Mira Caballos: Hernán Cortés: Mitos y leyendas del conquistador de Nueva España, Asociación cultural "Coloquios Históricos de Extremadura" (16 de junio de 2016).

A la edad de veinte años se alistó en los tercios españoles que, a las órdenes de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, luchaban en las conocidas como campañas de Nápoles contra los franceses. Según López de Gómara, habría servido bajo las órdenes de este, siempre como soldado, en el sur de la península, Calabria y Sicilia. Viajó a Sevilla, donde permanecería hasta su marcha a América.

Primeros años en América En 1502 llegó a América en la expedición de Nicolás de Ovando, el nuevo gobernador de La Española. De sus primeros años en América se sabe muy poco. Probablemente pasó un tiempo en la isla de La Española. Se crearon dos nuevas gobernaciones en las tierras comprendidas entre los cabos de la Vela (Colombia) y de Gracias a Dios (en la frontera entre Honduras y Nicaragua). Se tomó el golfo de Urabá como límite de ambas gobernaciones: gobernación de Nueva Andalucía y Urabá al este, gobernada por Alonso de Ojeda, y la de Veragua al oeste, gobernada por Diego de Nicuesa.

Descubrimiento del Mar del Sur (Océano Pacífico) miniaturadeimagen|left|Pizarro tomando posesión del Pacífico en nombre de los reyes de España, pintura de Ignacio Merino (1850) En 1509, una expedición liderada por Martín Fernández de Enciso, bachiller y alcalde mayor de Nueva Andalucía, partió para socorrer al gobernador Alonso de Ojeda. Ojeda, junto con 70 hombres, había fundado el poblado de San Sebastián de Urabá en Nueva Andalucía, en la región donde más tarde se fundaría la ciudad de Cartagena de Indias. Sin embargo, el área estaba habitada por indígenas belicosos que usaban armas venenosas, y Ojeda resultó herido en una pierna durante un enfrentamiento.

Debido a su herida, Ojeda se retiró en un barco hacia La Española, dejando a Francisco Pizarro a cargo del pequeño asentamiento. En ese momento, Pizarro no era más que un soldado, esperando la llegada de la expedición de Enciso. Ojeda le pidió que se mantuviera en el poblado con unos pocos hombres durante cincuenta días, o que, si no era posible, hiciera todo lo necesario para regresar a La Española.

Pizarro, un hombre de carácter fuerte y poco interesado en una vida sedentaria, se mantuvo en la región y participó en la expedición de Ojeda que exploró América Central y Colombia en 1510. Posteriormente, se unió a la expedición de Vasco Núñez de Balboa, que en 1513 culminó con el descubrimiento del Mar del Sur, conocido más tarde como el océano Pacífico.

Al año siguiente, Pedro Arias Dávila se convirtió en el nuevo gobernador de Castilla de Oro y sucedió a Balboa. Durante los siguientes cinco años, Pizarro se convirtió en un estrecho colaborador de Dávila y el gobernador le asignó un repartimiento de indígenas y ganado.

Cuando Dávila empezó a desconfiar de Balboa y decidió eliminarlo, ordenó a Pizarro que lo arrestara y lo llevara a juicio. Pizarro cumplió con la orden, y Balboa fue decapitado en enero de 1519. Por su lealtad a Dávila, Pizarro fue recompensado con los cargos de alcalde y encomendero de Panamá desde 1519 hasta 1523.

Sin embargo, hay discrepancias sobre el estado de la fortuna de Pizarro durante su estancia en Panamá. Algunos historiadores, como Horacio Urteaga, han debatido si Pizarro realmente acumuló una gran riqueza en ese período o si su situación económica era más modesta. Al respecto, Horacio Urteaga afirmó que:

Los socios de la conquista

En 1524 Pizarro se asoció con Diego de Almagro y Hernando de Luque, un hombre influyente, cura de Panamá, para conquistar «Birú» o «El Birú» (el Imperio incaico), del que tenían vagas noticias, repartiéndose las responsabilidades de la expedición. Pizarro la capitanearía, Almagro se encargaría de la intendencia y Luque estaría al cargo de las finanzas y de la provisión de ayuda. Existen noticias de un cuarto asociado, el licenciado Espinosa, que no quiso figurar oficialmente y que habría sido el financiador principal de las expediciones hacia el Perú.

Trece de la Fama

A finales de septiembre de 1526, cuando habían transcurrido dos años de viajes hacia el sur afrontando toda clase de inclemencias y calamidades, llegaron extenuados a la isla del Gallo, en la bahía de Tumaco, actual sur de Colombia en la costa del Pacífico. El descontento entre los soldados era muy grande; llevaban varios años pasando calamidades sin conseguir ningún resultado. Pizarro intentó convencer a sus hombres para que siguieran adelante; sin embargo, la mayoría de sus huestes quería desertar y regresar. Allí se produjo la acción extrema de Pizarro de trazar una raya en el suelo de la isla, obligando a sus hombres a decidir entre seguir o no en la expedición descubridora. Tan solo cruzaron la línea los que posteriormente serían conocidos como losTrece de la Fama, o los Trece caballeros de la isla del Gallo, quienes fueron: Bartolomé Ruiz de Estrada, Pedro de Halcón, Alonso Briceño, Pedro de Candía, Antón de Carrión, Francisco de Cuéllar, García Jerén, Alonso de Molina, Martín de Paz, Cristóbal de Peralta, Nicolás de Ribera y Laredo, Domingo de Soraluce y Juan de la Torre.

Sobre la escena que se vivió en la isla del Gallo, luego de que Juan Tafur le transmitiera la orden del gobernador Pedro de los Ríos, nos la cuenta el historiador José Antonio del Busto:

Pizarro y los Trece de la Fama esperaron refuerzos cinco meses en la isla del Gallo, los cuales llegaron de Panamá enviados por Diego de Almagro y Hernando de Luque, al mando de Bartolomé Ruiz. El navío encontró a Pizarro y los suyos en la isla de la Gorgona, hambrientos y acosados por los indios. Ese mismo día, Pizarro ordenó zarpar hacia el sur. Pizarro no fue ni el primero ni el único que intentó la conquista del Perú. Dos años antes, en 1522, Pascual de Andagoya intentó la aventura: su expedición terminó en un estrepitoso fracaso. Sin embargo, las noticias de la existencia de «Birú» y de sus enormes riquezas en oro y plata influyeron sin duda en el ánimo de los asociados y pudieron haber sido decisivas en la toma de decisión para acometer la empresa. También se cree que en 1529 en virtud de Real Cédula despachada en Toledo el 1 de junio de ese año por frey Pedro Alonso, se unió a la Orden de Santiago.

La conquista del Perú

Pizarro viajó a España junto con el bachiler Diego del Corral y el artillero Pedro de Candia, llegando a Sevilla en enero de 1529. Allí se topó con la justicia porque el bachiller Martín Fernández de Enciso le denunció por unas cuentas pendientes de su época en el Darién. Pizarro y Del Corral fueron encarcelados hasta que la Corona ordenó liberarlos el 6 de febrero, dejando eso sí sus bienes secuestrados. Pizarro partió entonces rápidamente hacia la Corte, que se encontraba en Toledo.

Con la Capitulación de Toledo de 1529, firmada por Isabel de Portugal con la autoridad del rey Carlos I, se concedieron los derechos de dominio sobre la zona de Perú explorada hasta ese entonces. El territorio que correspondía a Pizarro iba desde el río de Santiago (río de Tempula o Cayapas) en el norte de Ecuador, hasta el Cuzco. En 1531 Pizarro zarpó desde la ciudad de Panamá con 180 soldados, desembarcando cerca de Puerto Bolívar, en lo que ahora es la ciudad de Machala, que entonces formaba parte del Imperio incaico llamado Tahuantinsuyo, que se extendía desde Colombia hasta Chile con una población aproximada de 12 millones de personas.

Los incas tenían una leyenda sobre que un día el dios Huiracocha regresaría desde la tierra del sol poniente, una deidad que según ellos vestía de oro y plata, con barba blanca y ojos verdes, y que se había ido a través del océano Pacífico para volver en tiempos de gran necesidad. Los nativos norteños vieron la llegada de los españoles que tenían características semejantes a las de Huiracocha, narradas en su leyenda. Los tallanes le comunicaron a Atahualpa que los españoles eran dioses, dada su piel blanca, sus barbas, sus brillantes armaduras y que habían venido en grandes naves desde el océano Pacífico.

Atahualpa creyó el origen mitológico de los conquistadores y lo tomó como buen presagio en ánimos de acabar con la guerra civil en que estaba sumido el Tahuantinsuyo por la sucesión del emperador Inca Huayna Cápac, muerto por viruela. Los príncipes Huáscar y Atahualpa luchaban por la toma del Cuzco (capital del imperio).

La captura de Atahualpa

thumb|220x220px|left|Pintura que representa a Pizarro capturando a Atahualpa. miniatura|Los trece de la isla del Gallo, pintura de Juan Lepiani (1902)|230x230px miniaturadeimagen|Francisco Pizarro a caballo, óleo de Daniel Hernández Morillo. Fue invitado por Atahualpa a encontrarse en la fortaleza inca de Cajamarca, por intermedio de un emisario muy allegado a él. El emisario se encontró con los españoles en Caxas y además de llevarle regalos (patos desollados, vasijas en forma de fortaleza, etc.) midió las fuerzas de los españoles y lo invitó a continuar su marcha por el valle del Chancay, cerca del pueblo de Chongoyape hasta Cajamarca para entrevistarse con Atahualpa. Pizarro aceptó y le envió una fina camisa de Holanda y dos copas de vidrio al Inca como regalo. Así, se adentró en territorio inca con 168 soldados y 37 caballos, y se dirigió a Cajamarca.