thumb|300px|right|Reliquias de la expedición de Franklin de 1845, del Illustrated London News, 1854. thumb|300px|Mapa de las probables rutas seguidas por los barcos HMS Erebus y HMS Terror en la expedición de Franklin.La bahía Disko (5) se encuentra a 3.200 kilómetros de la desembocadura del río Mackenzie (6).
La expedición perdida de Franklin fue un viaje fallido de exploración británica del Ártico, dirigido por el capitán sir John Franklin, que partió de Inglaterra en 1845. Franklin era un oficial de la Armada Real y un experimentado explorador que ya había participado anteriormente en tres expediciones árticas, las dos últimas como comandante en jefe. Su cuarta y última expedición comenzó cuando ya tenía 59 años, y tenía como objetivo atravesar y explorar el último tramo del Paso del Noroeste, aún inexplorado. Franklin y los 128 miembros de la tripulación murieron al quedar sus barcos atrapados en el hielo en el estrecho Victoria, cerca de la Isla del Rey Guillermo, en el Ártico canadiense.
Presionado por la esposa de Franklin y por los familiares de los desaparecidos, el Almirantazgo inició en 1848 la búsqueda de la expedición perdida. Animadas en parte por la fama de Franklin —y en parte por la recompensa ofrecida por el Almirantazgo— muchas expediciones se lanzaron a su búsqueda, siendo así que durante cierto período de 1850 participaban en la búsqueda once buques británicos y dos estadounidenses. Varios de estos buques convergieron en la costa este de la isla Beechey, donde se encontraron los primeros vestigios de la expedición, incluyendo las tumbas de tres tripulantes. En 1854, el explorador John Rae, que realizaba una exploración científica desde la costa ártica de Canadá al sureste de la isla del Rey Guillermo, pudo contactar con los inuits, que le refirieron algunas historias sobre los tripulantes de la expedición de Franklin y además le dieron algunos de sus objetos personales que aún conservaban. Una búsqueda dirigida por Francis Leopold McClintock en 1859 descubrió una nota en la isla del Rey Guillermo, que habían dejado allí con detalles sobre el destino de la expedición. La búsqueda continuó infructuosamente durante décadas.
En 1981, un equipo de científicos dirigido por Owen Beattie —profesor de antropología en la Universidad de Alberta— comenzó una serie de estudios científicos de las tumbas, los cuerpos, y otras pruebas materiales dejadas por los miembros de la tripulación de Franklin en las islas de Beechey y del Rey Guillermo. Llegaron a la conclusión de que los miembros de la tripulación cuyos cuerpos habían sido enterrados en la isla de Beechey habrían muerto probablemente de neumonía y tuberculosis, aunque también señalaron la posibilidad de que hubiesen fallecido a causa de un envenenamiento por plomo, proveniente de las soldaduras de las latas de conservas. Más recientemente se ha sugerido que la causa principal no fue la comida enlatada —habitualmente utilizada en la Royal Navy en aquella época— sino las conducciones del sistema de agua potable de los barcos. Se encontraron marcas de cortes en los huesos humanos hallados en la isla del Rey Guillermo, lo que alentó sospechas de canibalismo. La combinación de los resultados de todos los estudios realizados sugirieron que la muerte de los miembros de la expedición fue debida a la hipotermia, el hambre, el envenenamiento por plomo, el escorbuto, las enfermedades y, en general, la exposición a un ambiente hostil para el que carecían de ropa adecuada, todo ello acompañado por una mala nutrición y falta de alimentos.
Después de la pérdida del grupo de Franklin, los medios de comunicación victorianos retrataron a Franklin como un héroe, minimizando el fracaso de la expedición y los informes sobre canibalismo. Se le dedicaron canciones, se levantaron estatuas en su honor en su ciudad natal, Londres, y en Tasmania se le atribuyó el descubrimiento del Paso del Noroeste, aunque en realidad este no fue atravesado hasta la expedición de 1903–06 de Roald Amundsen. Se han realizado muchas obras artísticas sobre la expedición perdida de Franklin: canciones, poemas, cuentos cortos y novelas, así como documentales y series de televisión.
El 7 de septiembre de 2014 uno de los dos barcos perdidos, el HMS Erebus, fue hallado en una expediciónHallan un barco británico desaparecido en el Ártico hace casi 170 años realizada por investigadores de Parks Canada en un vehículo submarino teledirigido. Los restos del navío fueron hallados cerca de la isla Rey Guillermo, en el territorio de Nunavut.Un misterio conveniente: el hallazgo de un barco, estratégico para Canadá. El 12 de septiembre de 2016 se conoció que había sido encontrado el segundo barco, el HMS Terror, también cerca de la isla del Rey Guillermo.Ship found in Arctic 168 years after doomed Northwest Passage attempt .
Antecedentes La búsqueda de un paso directo desde Europa a Asia propició el Descubrimiento de América por parte de Cristóbal Colón en 1492, y hasta mediados del se convirtió en el motivo principal de una larga serie de expediciones de exploración, las originadas en Inglaterra se dirigieron principalmente a América del Norte y las que financió España a Sudamérica, siendo las principales la expedición de Magallanes-Elcano, y la de Vasco Núñez de Balboa a Centroamérica. Estos viajes, que no siempre resultaban un éxito, fueron incrementando progresivamente el conocimiento que los europeos tenían sobre el Hemisferio Occidental, y en particular sobre América del Norte. La propia geografía del continente americano causó que estas expediciones se fuesen desplazando gradualmente hacia el Ártico canadiense. Durante los siglos y , los navegantes más destacados que hicieron descubrimientos geográficos sobre América del Norte fueron Martin Frobisher, John Davis, Henry Hudson y William Baffin. En 1670, la aparición de la Compañía de la Bahía de Hudson supuso un incremento en las exploraciones de las costas, del interior de Canadá y de los mares árticos. Los principales exploradores del fueron James Knight, Christopher Middleton, Samuel Hearne, James Cook, Alexander MacKenzie y George Vancouver. En 1800, sus descubrimientos demostraron concluyentemente que no existía ningún pasaje del Noroeste navegable por los barcos que estuviese en las latitudes templadas entre el océano Pacífico y el océano Atlántico.Savours (1999) América siguió siendo un enorme escollo para la navegación hacia Asia hasta 1914, cuando finalmente se inauguró el Canal de Panamá.
thumb|left|Sir John Barrow promovió los viajes de exploración al Ártico durante el largo período en que ejerció el cargo de Segundo Secretario del Almirantazgo. En 1804, Sir John Barrow se convirtió en el Segundo Secretario del Almirantazgo, cargo que desempeñó hasta 1845, y comenzó a estimular a la Royal Navy para completar la exploración del pasaje del Noroeste en el norte de Canadá y para navegar hacia el Polo Norte. Durante las siguientes cuatro décadas, los exploradores John Ross, David Buchan, William Edward Parry, Frederick William Beechey, James Clark Ross, George Back, Peter Warren Dease y Thomas Simpson hicieron productivos viajes a la región ártica canadiense. Entre estos exploradores destacó John Franklin, segundo al mando de una expedición hacia el Polo Norte en los buques Dorothea y Trent en 1818, y líder de muchas de esas expediciones por el interior y a lo largo de la costa ártica canadiense en 1819-1822 y 1825-1827. En 1845, como resultado de todas esas expediciones, se había reducido el área inexplorada del Ártico canadiense a un cuadrilátero de unos . Fue a esta área inexplorada a la que Franklin se dirigió, en dirección oeste a través del Lancaster Sound y luego al oeste y al sur según le permitiese el hielo, las islas y otros obstáculos, para completar así el pasaje del Noroeste. La distancia que navegó fue de aproximadamente .Cyriax (1939)
Preparativos Mando thumb|Sir John Franklin. Barrow fue reticente a su nombramiento como jefe de la expedición.
Barrow, que con sus 61 años ya veía acercarse el final de su carrera, estuvo deliberando acerca de quién debía ser nombrado líder de la expedición que completase el pasaje del Noroeste, creyendo erróneamente que toda la zona alrededor del Polo Norte era mar abierto libre de hielo. Parry, su primera elección, alegó estar cansado del Ártico, y educadamente rechazó el mando.Sandler (2006) Su segunda elección, James Clark Ross, también rehusó debido a que había prometido a su nueva esposa que para él «el Ártico se había acabado». La tercera opción de Barrow, el joven James Fitzjames, fue rechazada por el Almirantazgo en razón de su inexperiencia. Barrow sopesó la candidatura de George Back, pero no lo propuso porque le consideraba demasiado polémico. Francis Crozier, otro posible candidato, era irlandés y de baja cuna, lo que jugó en su contra. Aunque no estaba muy convencido, Barrow no tuvo más remedio que proponer a Franklin, quien por entonces contaba ya 59 años. La expedición se componía de dos barcos, el HMS Erebus y el HMS Terror, cada uno de los cuales había viajado a la Antártida con James Clark Ross. A Fitzjames se le dio el mando del Erebus, y a Crozier, que había mandado el Terror durante la expedición antártica de Ross en 1841-1844, se le nombró oficial ejecutivo y capitán del Terror. Franklin recibió el mando de la expedición el 7 de febrero de 1845, y sus instrucciones oficiales el 5 de mayo de 1845.
Barcos, tripulación y provisiones El , de 378 toneladas, y el , de 331 toneladas, eran barcos sólidamente construidos, de relativa corta eslora; pero con manga ancha, equipados con los últimos avances técnicos en náutica. Los componentes de la máquina de vapor del Erebus vinieron de Greenwich y Londres por ferrocarril y los del Terror, procedentes más que probablemente de Londres y Birmingham, también llegaron por ferrocarril. Esos motores permitían a los barcos navegar por sus propios medios a una velocidad de 7,4 km/h. Otros avances tecnológicos incluían refuerzos hechos con vigas arqueadas y placas de hierro, y un dispositivo interno de calefacción por vapor. Además, las hélices llevaban protecciones de hierro para evitar que se dañaran con el hielo. Cada barco llevaba una biblioteca con más de 1000 volúmenes y provisiones para tres años, tanto conservas tradicionales como en el sistema más moderno de conservación en latas. Desafortunadamente, los alimentos en lata se pidieron a última hora y a bajo precio a un proveedor, Stephen Goldner, al que se le adjudicó el contrato el 1 de abril de 1845, solo siete semanas antes de que Franklin zarpase.Beattie (1987). Goldner fabricó precipitadamente 8000 latas, que según se supo más tarde habían sido soldadas con plomo, además de que «se hicieron de una forma burda y descuidada, haciendo que el plomo se infiltrase al interior de la lata como cera derretida».
La mayoría de los miembros de la tripulación eran ingleses —muchos de ellos originarios del norte del país—, a los que se sumaba un pequeño número de irlandeses y escoceses. Además de Franklin y Crozier, los únicos oficiales con experiencia en el Ártico eran el cirujano y los dos capitanes de los hielos.El termino en inglés para el puesto de estos dos oficiales es el de ice-masters.
Perdidos La expedición zarpó de Greenhithe (Inglaterra) la mañana del 19 de mayo de 1845, con una tripulación de 24 oficiales al mando de 110 hombres. Los barcos se detuvieron brevemente en el Puerto Stromness en las islas Orcadas, en el norte de Escocia, y de allí navegaron a Groenlandia junto al HMS Rattler y un buque de transporte, el Barretto Junior.Cookman (2000)
thumb|left|Retrato de Jane Griffin (más tarde Lady Jane Franklin) en 1815 a sus 24 años. Se casó con John Franklin en 1828, un año antes de que fuese nombrado caballero.