Club Deportivo América, conocido también como América de Quito o simplemente América, es un club deportivo ecuatoriano con sede en la ciudad de Quito. Fue fundado el 25 de noviembre de 1939 por Elí Gilberto “Chagra” Puebla Bermúdez.

Su actividad principal es el fútbol, disciplina en la que compite actualmente en la Segunda Categoría de Ecuador desde 1989, después de su descenso inicial en 1988. Entre sus mayores logros figuran los subcampeonatos del Campeonato Ecuatoriano de Fútbol en 1969 y 1971. También fue el primer equipo ecuatoriano en proclamarse campeón de un torneo internacional: la Copa Ganadores de Copa de 1971; aunque este torneo culminó con carácter amistoso, contó con la organización de la Conmebol desde su inicio; aunque algunas fuentes lo reconocen como un título oficial, la propia Conmebol no lo reconoce formalmente, pues varios clubes desistieron de competir, lo que lo convirtió el torneo en una competición extraoficial.

Historia El América es un club de fútbol profesional de Quito fundado el 25 de noviembre de 1939. El club en la Serie A ha disputado 23 temporadas. Se ubica en el puesto 14 en la clasificación histórica de la Serie A de Ecuador.

Fue subcampeón de Ecuador en 1969 y 1971, por lo que participó en las Copa Libertadores 1970 y 1972.

Fue el primer equipo ecuatoriano campeón de un torneo internacional, al ganar la Copa Ganadores de Copa de 1971.

La historia del equipo verdolaga estaría incompleta si no se hace mención a uno de sus dirigentes más entusiastas, como fue Martin Lenk, que seguido de su hijo Alberto, no se perdieron un solo partido de los campeonatos del 1968 hasta 1976. Tal fue la pasión que le pusieron los "gringos" Lenk, como se los llamaba cariñosamente, que el junior llegó a despuntar en el equipo de reserva más por su teson y valentía que por una técnica depurada.

Siempre tuvo la misma característica, ser un equipo de garra; el chico que buscaba tumbar al grande. Tuvo sus momentos de oro entre 1969 y 1975; donde llegó a dos vicecampeonatos precisamente en 1969 y en 1971; luego en 1980 conformó un plantel que fue protagonista del torneo. Posteriormente, fue a menos convirtiéndose en equipo ascensor, es decir, que subía y bajaba constantemente de categoría, hasta virtualmente desaparecer a mediados de los noventa. Pero, tiene una linda historia de jugadores que vistieron su camiseta y dejaron un recuerdo imborrable por su calidad.

Ovidio Chacón se incorporó al América en 1966, nacido en Santa Fe, Argentina, procedente de Estudiantes de la Plata; llegó a Ecuador para enrolarse en Aucas, luego siguió su carrera en los “Cebollitas” y en Liga de Quito. Era un arquero de manos solventes que cuidaba bien su arco y cuando era necesario, se convertía en un peón más de la defensa. Fue posiblemente, el primer arquero que jugaba fuera de los tres palos en Ecuador. En 1965 fue considerado el mejor extranjero por AFNA. Rubén “Pastor” Montoya arquero argentino de gran solvencia y estilo. El análisis de su forma de juego, la realizamos en el capítulo relacionado con Barcelona donde fue un ídolo. Recordamos que también pasó por Liga; pero es importante anotar que se incorporó al fútbol ecuatoriano a través del América y que durante la campaña de 1969 fue una verdadera muralla, especialmente en aquel partido de ese año, donde los verdes derrotaron en el Modelo al ídolo del astillero.

Alfredo “Flaco” Fernández: nacido en Rivera, Uruguay, ciudad fronteriza con Brasil; flaco, muy alto, uno de los arqueros de mayor talla por ese entonces, 1,90 m de estatura, fue el baluarte que necesitaba el equipo para ser protagonista del torneo de 1971 donde estuvo a punto de ser campeón. Fernández era señor del área sobre todo cuando los rivales en momentos de desesperación solo atinaban a levantar centros; pero, pese a su gran estatura era muy bueno en la raya aún en tiros rasantes. Se incorporó al equipo en 1970 y formó parte de él durante varias temporadas de esa década. A partir de la salida de Fernández del equipo, cuidaron el marco cebollita, algunos arqueros nacionales

Edwin Mejía, arquero de oficio aunque irregular en su desempeño

N. Ramírez, de interesantes condiciones

N. Viteri que también pintaba bueno

Freddy Valdivieso arquero seguro, de oficio, dentro de un plantel que volvió a ser estelar en aquella temporada

Raúl Oscar “Gorila Verde” Constantino, portero del América, nacido en Santa Fe, Argentina, de 1,88 m de estatura, procedente de su tocayo América de Cali; lleno de oficio, experiencia, aportó seguridad a un plantel que buscaba repetir los momentos protagónicos del año anterior.

En la defensa, Patricio “El Pato” Echeverría fue el símbolo del América, comenzó como centrodelantero, luego fue acomodándose en las zonas de marca hasta acoplarse como volante tapón y zaguero central; también, en algunos momentos lo hacía de lateral. Era fuerte, recio, batallador, imprimió su tónica en las huestes verdes; su juego de temple, poco vistoso, pero efectivo; era el típico defensor que aplicaba el viejo lema de “Pasa la bola o el jugador”; por ello, fue su capitán en los momentos de gloria. Juntamente en la defensa con un inolvidable León del equipo cebollita Hernán Páez Batallador y recio que sabía jugarse el todo por el todo y salir airoso en momentos difíciles, siempre fue un gran aporte para el equipo Cebollita.

Otro buen defensor, que tuvo América fue Ataulfo Valencia. No era muy alto, apenas 1,70 m de estatura, pero si fuerte; iba a todas, el integrante perfecto de una defensa en donde no había fútbol elegante, pero sí muy cumplidor. Formó parte de aquellos equipos que quedaron en segundo lugar, en los torneos de 1969 y 1971.

A mediados de los setenta, aparecen dos jugadores interesantes. El central Jesús Meza y el lateral izquierdo Alberto Oyola. “Chucho” Meza, era un defensor de buena ubicación; aceptable técnica, aunque no tenía mayor estatura por lo que su déficit era el juego por arriba. Oyola era atrevido, iba siempre para delante y asfixiaba en la marca, aunque no poseía la potencia requerida para arremeter, que ya en esa época hacían gala, otros laterales como Klinger o el propio Escalante. Ambos, fueron transferidos en la temporada de 1976 al Barcelona.

La historia debe recoger como uno de los jugadores más brillantes, al argentino Horacio Raúl Capiello Merly. Un central de gran estampa, 1,86 m de estatura, seguro, ganador, era muy difícil pasarlo y con un remate contundente; era peligro de gol, cada vez que cobraba un tiro libre o penal. Era un zaguero con alma de delantero. Tenía temperamento, categoría y personalidad. Surgió de la escuela de Avellaneda, primero en Racing y luego en Independiente; fue campeón en Bolivia con el Oriente Petrolero y formó parte de la selección juvenil de Argentina en 1972. Estuvo a punto en 1975 de ser traspasado al Fiorentina de Italia. Llegó a Ecuador, por Liga de Cuenca en 1978 y marcó 13 goles en aquella temporada, en América hizo 11, cifras insólitas para un defensor. Su principal arma para aquello el cañón en su pierna derecha, así como su dominio del área, tanto para despejar como para arremeter en el arco rival al momento de un tiro de esquina.

En 1980, para reemplazar a Capiello quien se fue para Barcelona, llegó el argentino Gabriel Arias: Un jugador de enorme técnica, no tenía la fuerza ni el poder ofensivo de Capiello; pero en cambio, poseía una excelente ubicación, dominio del área y calidad enorme para salir jugando y anticipar. Tampoco era muy alto, pero portaba el liderazgo necesario para organizar a su defensa. Suple perfectamente en la tarea defensiva, la salida de Capiello y constituye una dupla central de gran nivel con un joven nacional que surgía con gran fuerza: Bolívar “El Bolo” Ruiz. Este, en cambio tenía muy buena talla, pasaba de 1,83 m de estatura y por tanto era solvente en el juego aéreo. Era fuerte, pero aprendió de Arias la calidad para salir jugando y la ubicación. Le ponía a su vez, ese temperamento arrollador del que hacía gala y que en poco tiempo lo convirtió en uno de los mejores defensores del país; al punto de formar parte de la selección en la Copa América de 1983, formando parte de aquel partido histórico en el estadio de River, donde empatamos 2-2 con Argentina. A estos grandes centrales que hemos recordado, debemos sumarles algunos laterales, que complementaban el sector defensivo. En aquella brillante época de 1969 al 1975; destacaban el lateral zurdo Servando Laso, así como los laterales Rafael Alberto Pérez y Hernán Páez. Todos ellos, eran cumplidores, marcadores asfixiantes, no eran los más destacados del país, pero para un equipo aguerrido como América servían mucho. Luego, en la década de los ochenta, surgieron dos grandes valores por las rayas. En la derecha, jugaba Carlos “Boa” Carrión, este sí, un jugador de salida rápida, aporte ofensivo de primer nivel, de buenas condiciones técnicas. Por izquierda, Julio César Rosero, un lateral de temperamento, buen dominio y excelente remate. Fue una de las grandes figuras, que tuvo América en 1984. Al punto, que los equipos más importantes lo querían, llevándoselo finalmente, El Nacional donde se acopló como volante de marca, puesto en el cual se consolidó como uno de los mejores jugadores de ese entonces confirmando posteriormente su clase en Barcelona. Pero, es en América como surge en la función de lateral izquierdo de gran proyección. En el medio sector, los verdes siempre se han caracterizado por tener jugadores de overol. De ellos, son Collahuazo y Lastra, en los primeros años de los ochenta; en los años setenta, bajo ese concepto cabe recordar a Edgar Cevallos, Carlos Aguirre, quien podía jugar en cualquier puesto del medio sector e incluso de marca punta, tal como lo hizo en el Deportivo Cuenca, varios años después, así como Antonio Pavón. Sin embargo, de la cantera cebollita, surgieron dos grandes jugadores, que merecen atención especial; José y Oswaldo Páez. Ambos, eran menuditos y surgieron en los primeros años de la década de los ochenta. José, era más dedicado a la marca, no brillaba mucho, metía mucha ficha, pero no era estilizado en el manejo del balón; sin embargo, era un pulmón que ventilaba y oxigenaba en el medio campo.Oswaldo, era enormemente talentoso, dueño de una habilidad digna de resaltar. Era 10 u 8, remataba muy bien, sobre todo en los tiros libres, muy inteligente, ponía pases magistrales, además, por su tamaño y estilo estaba lejos de creerse una estrella, actuaba como un verdadero obrero. Llegó a Guayaquil, primero a Emelec, donde fue figura en época donde a los azules les faltaba equipo; luego fue a Barcelona y contribuyó al título de 1985, siendo uno de los pocos jugadores capitalinos, en triunfar ampliamente en el astillero. Por ese mismo tiempo, surgieron otros dos jugadores, que poseían mucha habilidad, pero en cambio se quedaron en el camino, pintaban para más: Raúl Corella, a quien en sus inicios muchos apuntaban a igualarlo con Voltaire Villafuerte y Suber Carrera, al que se lo aplaudía por su velocidad y manejo de pelota, pero sin lograr consolidarse. Pero, si en América jugaban obreros, tampoco estuvo desprovisto de estrellas, tanto nacionales como internacionales.

1965 el argentino Héctor Gauna, conocido como “El Polaco” por su copete y pinta de “Beatle”; nacido en Santa Fe, procedente de Nacional de Uruguay y Estudiantes de La Plata, podía jugar de centrodelantero o armador, pero era el puesto del 10, el que más le asentaba. Tenía muy buena llegada al gol, era inteligente, buen definidor, temperamental, seguro en los pases, poseía habilidad y siempre encontraba los claros para habilitar o entrar y definir. Durante muchos años fue el referente que tuvo el escuadrón verde, especialmente en la gran campaña de 1969. Posteriormente fue al Emelec.