La excitación sexual es la segunda fase de una respuesta sexual humana. Se refiere a un estado emocional/motivacional que puede ser desencadenado por estímulos internos o externos y surge de una interacción entre respuestas periféricas (incluyendo las genitales), factores centrales (incluyendo pensamientos, sentimientos, etc.), y conductuales (incluyendo tendencias de acción y preparación motriz). Sin embargo, no existe consenso académico sobre su definición exacta, particularmente en lo tocante a las discrepancias entre sus manifestaciones físicas y psicológicas o subjetivas, en tanto la excitación sexual comprende tanto la excitación genital como la subjetiva (es decir, la experiencia emocional de activación sexual, incluyendo la consciencia de sentir activación autonómica, la expectativa de recompensa y el deseo motivado). La excitación genital resulta en general de la vasodilatación de los tejidos genitales: Durante la excitación sexual, el pene del hombre experimenta una erección (es decir, se llena de sangre y aumenta sensiblemente de tamaño). En la mujer se dilata la vulva y se humedece la vagina (porque en sus paredes aumenta la irrigación sanguínea, así como su lubricación). Ambos sexos experimentan un aumento del ritmo cardíaco mediante el sistema nervioso simpático, así como cambios en la amplitud del pulso genital, la conductancia de la piel y la dilatación de las pupilas.

Se inicia con la estimulación, que puede ser física, psicológica o una combinación de ambas a través de la vista, el oído, el olfato, el tacto, el gusto, el pensamiento o las emociones. En términos fisiológicos, se relaciona con el fenómeno vasocongestivo: flujo de sangre en ciertas regiones del cuerpo, particularmente en los órganos pélvicos. Sus manifestaciones fundamentales, que pueden no ser instantáneas ni duraderas, son la erección del pene, la erección del clítoris y la lubricación vaginal, detalladas a continuación:

Fases de respuesta sexual Fases de la respuesta sexual femeninaFases de la respuesta sexual masculina250px|right La primera señal es la lubricación vaginal, que se inicia de diez a treinta segundos después del principio de la excitación sexual. Se presenta en forma de gotas aisladas que acaban por humedecer toda la superficie interna de la vagina, así como de la zona vestibular por la acción de las glándulas de Skene y de Bartolino. La densidad, cantidad y olor varían no sólo de una mujer a otra, sino en función de las diferentes etapas de la vida. Los dos tercios interiores de la vagina se expanden, el cérvix y el útero son empujados hacia arriba, mientras que los labios se aplanan y abren. El clítoris y los labios vulvares aumentan de tamaño, lo mismo que los senos, mientras que los pezones se tornan rígidos a consecuencia de las contracciones de pequeñas fibras musculares. Incluso las venas de la mama se hacen más visibles. La erección del pene es producida a escasos segundos de iniciada la estimulación. La sangre fluye con rapidez llenando los tejidos esponjosos y cavernosos, lo que endurece y agranda el miembro. Otro de los tejidos externos que experimentan una transformación son los pliegues del escroto, que se alisan mientras los testículos se aproximan más al cuerpo y aumentan ligeramente de tamaño. Los músculos del perineo se contraen rítmicamente y suelen aparecer en la punta del pene gotas de líquido preseminal.

El tiempo de excitación puede variar entre ambos sexos, de forma que alcanzar la siguiente fase (fase de meseta) suele ser más rápido en el hombre que en la mujer.

Los trastornos de la sexualidad relacionados con problemas en la fase de excitación son: la disfunción eréctil en el sexo masculino y la sequedad vaginal en el sexo femenino.

Véase también Aparato genital Gónada Masturbación Reproducción Sexo Seducción

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