miniaturadeimagen|Fuente ornamental en el claustro del Monasterio El Real Monasterio de Santa María de Guadalupe es un monasterio franciscano situado en la localidad española de Guadalupe, en la provincia de Cáceres. Su templo custodia la imagen de la Virgen de Guadalupe, patrona de Extremadura y Reina de la Hispanidad, y tiene el título de basílica, otorgado por el papa Pío XII en 1955.García (1992), p. 26. Comenzada la construcción del monasterio en el , en su interior se aprecian distintos estilos artísticos: gótico, mudéjar, renacentista, barroco y neoclásico. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1993.

Antes de la ampliación monástica, el santuario se mantuvo como priorato secular entre 1341 y 1389, bajo patronato real y señorío civil. En 1389 pasó a ser monasterio, según una real provisión expedida por el rey Juan I (r. 1379-1390), el segundo Trastámara. Sus nuevos moradores fueron una comunidad de 32 monjes jerónimos procedentes del monasterio de San Bartolomé en Lupiana (Guadalajara). En 1835 tuvo lugar la exclaustración, quedando la iglesia para uso de parroquia dependiente de Toledo.

Cuatro décadas después, durante la Restauración borbónica (1874-1931), se declaró al conjunto Monumento Nacional (1879). El rey Alfonso XIII (r. 1886-1931) consignó una Real Orden para la entrega del monasterio a una comunidad de franciscanos observantes, con lo que comenzó una nueva etapa. En la década de 1950 la comunidad franciscana que habitaba el monasterio contaba con unos cincuenta miembros; en la actualidad está formada por ocho miembros.Su actual guardián es Guillermo Cerrato.

Contexto histórico

Después de la batalla de las Navas de Tolosa en 1212, la hegemonía de los almohades llegó a su fin y tuvieron que replegarse al norte de África. En la península quedó como reino fuerte el reino de Granada. Pero en África los almohades se encontraron con otro enemigo, los benimerines, que una vez conquistados Marruecos, Argelia y Túnez, pusieron los ojos en la península declarando la guerra santa a los reinos cristianos y ocupando las ciudades de Ronda, Algeciras y Gibraltar. La oposición les llegó años más tarde, cuando en 1340 se dio la batalla del Salado: Benimerines contra la coalición cristiana castellano-portuguesa al mando de los reyes Alfonso XI de Castilla y Alfonso IV de Portugal. La victoria fue para la coalición cristiana y los benimerines tuvieron que retirarse al norte de África.

La tradición cuenta que Alfonso XI se había encomendado a la imagen de la Virgen de Guadalupe, muy venerada, y que había sido encontrada tiempo atrás en las inmediaciones del río Guadalupe. Entre los siglos y se vivió un tiempo de apariciones divinas con imágenes de la Virgen ocultas en lugares frecuentados por pastores.García (1993), p. 12. El rey no tuvo ninguna duda sobre la intercesión de la Virgen en la victoria de la batalla del Salado y en agradecimiento mandó construir una iglesia en el lugar donde ya había una modesta ermita. Así se convirtió en el protector del primer santuario dedicado a esta virgen. A partir de ese momento se fue formando alrededor del santuario una puebla reconocida por Alfonso XI como lugar de realengo.

Historia y evolución thumb|Virgen de Guadalupe.

Los orígenes de la iglesia del monasterio como santuario dedicado a la Virgen de Guadalupe tienen una estrecha relación con el reinado de Alfonso XI.

Hubo un monje llamado Diego de ÉcijaRevista Folklore en que se da información sobre este monje. que escribió una crónica del monasterio entre los años 1467-1534 con el título de Libro de la invención de esta Santa Imagen de Guadalupe y de la erección y fundación de este monasterio; y de algunas cosas particulares y vida de algunos religiosos de él.Este códice salió a la luz en 1953, comentado y publicado en Cáceres por el franciscano Arcángel Barrado Según fray Diego, el origen fue una capilla o eremitorio que se levantó a raíz de la aparición de la imagen a un pastor de nombre desconocido, en los albores del .

Siglos después, en 1743, el monje llamado Francisco de San José puso nombre al pastor de la leyenda identificándolo con Gil Cordero de Santa María, uno de los primeros pobladores del lugar.García (1993), p. 15. Siguiendo la narración del cronista, sobre el sitio del humilde eremitorio se levantó una iglesia pequeña en los primeros años del ; fue el edificio que conoció el rey Alfonso XI en 1330 y que por entonces ya estaba ruinoso. El rey mandó agrandarlo y ampliarlo para que se trasformara en un templo digno de la devoción de la Virgen de Guadalupe, con el añadido de hospitales para los numerosos peregrinos que allí acudían (vid. Caminos de Guadalupe). En seis años se hicieron las ampliaciones y arreglos oportunos bajo la supervisión de Toribio Fernández que era el procurador del cardenal de Curia y Corte Pedro Gómez Barroso. Este cardenal fue el principal custodio del santuario. Por su intervención, Alfonso XI mandó que se establecieran los límites, en una carta escrita en Illescas en 1337.Se considera que esta fue la verdadera carta puebla de fundación de Guadalupe. García (1993), p. 17. El siguiente paso fue el amojonamiento de la puebla y el santuario, tras lo cual quedó Guadalupe independiente y emancipada de Talavera de la Reina. Para la reconstrucción del santuario se aplicó el estilo mudéjar toledano.

Priorato secular (1341-1389) A raíz de la victoria obtenida contra los benimerines en la batalla del Salado (1340), el rey castellano Alfonso XI visitó de nuevo el lugar para ofrecer su agradecimiento a la Virgen de Guadalupe. Esta segunda visita tuvo una importante repercusión en el devenir del santuario. El rey hizo donación de varios trofeos obtenidos en la batalla y además dictó un real privilegio en 25 de diciembre de 1340 en el que se exponían dos peticiones a la autoridad eclesiástica: la creación de un priorato secular y la declaración de patronato real. La respuesta no se hizo esperar y el 6 de enero de 1341 el arzobispo de Toledo redactó un documento por el que se instituía el priorato secular de Santa María de Guadalupe y se reconocía el patronazgo en la figura del rey y de sus sucesores. A continuación el rey propuso como primer prior al ya mencionado cardenal Pedro Gómez Barroso, principal custodio del santuario. thumb|right|Claustro gótico del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe.

Pedro Gómez Barroso murió en Aviñón en 1345 y el rey presentó a su sucesor Toribio Fernández de Mena (1345-1367). Con este motivo hubo una confirmación de las concesiones de priorato y patronazgo expedida en el mes de agosto, firmada en el monasterio del Paular. En octubre el arzobispo toledano ratificó la confirmación. En ese mismo año hubo otro acuerdo: Alfonso XI cambió sobre la puebla la condición de realengo por la de señorío civil, de manera que pasó a ser propiedad de la autoridad eclesiástica, es decir del prior secular.

El prior Toribio murió en 1367 y fue enterrado en la iglesia de Guadalupe. Lo sucedió Diego Fernández, cuyo mandato coincidió con los reinados de Enrique II y Juan I. A Diego Fernández lo sucedió Juan Serrano en 1383, que fue el último de los priores seculares. A los seis años de su priorato, en 1389, hizo entrega del santuario a la Orden de San Jerónimo y marchó a ocupar su nuevo puesto como obispo de Segovia.

Durante estos 48 años de priorato secular, el santuario creció en importancia, especialmente por la devoción a la Virgen de Guadalupe muy extendida por todo el reino. A ella acudían peregrinos de distintas procedencias. Para facilitar el acceso a los viajeros que llegaban desde el norte, el arzobispo de Toledo Pedro Tenorio mandó construir en 1383 un puente sobre el río Tajo, en cuyo entorno se fue formando la villa de El Puente del Arzobispo.García (1993), p. 18.

De santuario a monasterio Juan I había heredado el patronazgo sobre el santuario tal y como estaba establecido desde los tiempos de Alfonso XI. Estando todavía en posesión de sus derechos como patrono, dictó el 15 de agosto de 1389 en Sotosalbos una real provisión por la que ordenaba que el santuario se ampliase y se elevase en monasterio regido por monjes regulares en sustitución de los canónigos seculares. De acuerdo con esta disposición real, Juan Serrano —último prior de Guadalupe — entregó el santuario a fray Fernando Yáñez de Figueroa que por entonces era prior del convento jerónimo de San Bartolomé de Lupiana situado a 20 km de Guadalajara. De esta forma pasó la iglesia de Guadalupe a formar parte de un extenso complejo monástico. A continuación el rey renunció a su derecho de patronazgo entregándolo a fray Fernando y a sus sucesores. Todo esto se hizo con los trámites respectivos y requeridos para el cambio: El rey entregó también todas las propiedades vinculadas al santuario y que él mismo había recibido de sus antecesores. Entregó y detalló los términos y el señorío de «mero y mixto imperio» que gobernaba sobre la Puebla reciente de Guadalupe. Por su parte el arzobispo de Toledo Pedro Tenorio, que tenía jurisdicción sobre el territorio donde se hallaba el santuario, otorgó su consentimiento por medio de una carta escrita en Alcalá de Henares. Según el documento, otorgaba al prior Juan Serrano poder para que a su vez entregara el santuario a la orden jerónima. A continuación el rey convocó al concejo de la Puebla para comunicar los hechos. Llegados los monjes jerónimos desde Lupiana tomaron posesión del monasterio en octubre de 1389. Al día siguiente celebraron el primer capítulo donde fue elegido como prior fray Fernando Yáñez que se hizo cargo del priorato y de la jurisdicción eclesiástica más el señorío sobre la Puebla de Guadalupe. En ese mismo mes de octubre se dio notificación a la Puebla y sus autoridades de todos estos cambios.

Finalizó la toma de posesión el 30 de octubre aceptando públicamente el inventario de los bienes. Cinco años más tarde, en 1394, Benedicto XIII entregó la bula «his quae pro utilitate» confirmando la transformación del santuario de Guadalupe en monasterio.García (1993), p. 20.

La Puebla de Guadalupe no admitió de buen grado el sometimiento civil al prior del monasterio. Hubo protestas y pleitos sobre todo a lo largo de los tres primeros siglos del mandato; pero el pueblo no consiguió nunca un concejo propio e independiente. Los monjes jerónimos fueron durante 463 años los gobernantes absolutos. A lo largo de los siglos el conjunto monástico fue creciendo y haciéndose grandioso, con una extensión de alrededor de 22 000 m² cuadrados. Muchas y muy importantes fueron las obras y mejoras hechas por los jerónimos durante este tiempo. Creció también en espiritualidad y devoción a la Virgen de Guadalupe, devoción que se extendió por toda la península e islas Canarias y que fue extensible a Hispanoamérica a partir del Descubrimiento.García (1993), p. 23.

Colón y los Reyes Católicos thumb|El claustro de estilo mudéjar.

Es histórica y conocida la relación que tuvo este monasterio con los Reyes Católicos y Cristóbal Colón. Los reyes recibieron aquí a Colón en 1486 y 1489; en 1492 tras la conquista de Granada vinieron a este lugar en busca de paz y descanso. En el mes de junio los monarcas firmaron dos sobrecartasDefinición que enviaron a Juan de Peñalosa,García (1993), p. 40. una era para Moguer y otros lugares; otra para Palos. El texto requería el cumplimiento de las reales provisiones de 30 de abril de 1492:

En 1493 volvió Colón a Guadalupe en cumplimiento de la promesa escrita en su diario de a bordo para dar las gracias por haber sobrevivido al viaje de vuelta desde las Indias. El 29 de julio de 1496 tuvo lugar el bautizo de los indígenas americanos trasladados al Viejo Continente en concepto de criados.Por estos años, el humanista alemán Hieronymus Münzer visitó el monasterio e, impresionado, dejó de él una descripción detallada.

Desamortización y parroquia miniatura|right|Vista del monasterio en el Semanario Pintoresco Español (1847)