Sticky & Sweet Tour es el tercer álbum en vivo de la cantante estadounidense Madonna. Contiene el registro de los cuatro conciertos realizados entre el 4 y el 8 de diciembre de 2008 en el Estadio Monumental de Buenos Aires, en Argentina, en el marco de su octava gira Sticky & Sweet Tour, con la que promocionó su undécimo álbum de estudio, Hard Candy (2008). Meses antes de su lanzamiento comercial, concretamente entre julio de 2009 y abril de 2010, el espectáculo fue transmitido como un especial televisivo por las cadenas Sky1 en Reino Unido, MTV en Italia, Nederland 3 en los Países Bajos, Wowow en Japón, Cityvibe en América Latina y Epix en Estados Unidos y el resto del mundo. En este último caso, la emisión coincidió con el lanzamiento oficial del canal, por lo que el concierto se convirtió en el primer especial musical en la historia de la cadena.
Sticky & Sweet Tour se editó en tres formatos físicos: DVD, Blu-ray y CD. Los dos primeros contienen el concierto completo, dirigido por Nathan Rissman y Nick Wickham, con una duración de dos horas y veintiséis canciones, nueve de ellas de Hard Candy y el resto conformado por la introducción, tres interludios y una selección de temas de todos los álbumes de Madonna. El repertorio comprende una mezcla heterogénea de clásicos de la artista y canciones dance contemporáneas, a menudo en formato de popurrí o de mashups. Además, incorpora un documental de treinta minutos con imágenes detrás de escena. La edición en CD, compuesta por trece temas, se centró principalmente en material de Hard Candy, aunque también incluye éxitos anteriores de la cantante en versiones renovadas. Debido a la variedad de estilos musicales, ha sido descrito como un álbum de dance pop y rock.
El álbum salió a la venta entre el 26 de marzo y el 6 de abril de 2010 a través de Warner Bros. Records en formatos DVD+CD en digipak, Blu-ray+CD en una caja Blu-ray estándar y como descarga digital a través de la plataforma iTunes. Marcó el último lanzamiento oficial de Madonna con Warner Bros., luego de que la artista firmara un contrato con la promotora de conciertos Live Nation por un valor estimado de 120 millones de dólares, y selló el final de una relación de más de veinte años con su antigua casa discográfica. La artista se asoció con BlackBerry para una promoción exclusiva en la que los usuarios podían acceder gratuitamente y por tiempo limitado a la transmisión de diez actuaciones extraídas del concierto. Días antes de su lanzamiento, estuvieron disponibles las presentaciones de «Ray of Light» y «Vogue» como adelantos exclusivos.
El álbum alcanzó la primera posición en Croacia, Grecia, México, Portugal y Uruguay, y se ubicó entre los diez primeros en Brasil, Corea del Sur, Estados Unidos, Japón y otros países europeos. En la lista estadounidense Billboard 200, representó el decimonoveno top diez de Madonna, con lo que empató con Bob Dylan en el sexto lugar de los artistas con la mayor cantidad de álbumes entre los diez primeros lugares. En términos generales, el material obtuvo reseñas variadas. La crítica destacó diversos aspectos como el despliegue visual y técnico del concierto, el trabajo de dirección y montaje, la energía y el desempeño físico de Madonna, el documental y las reinterpretaciones de las canciones. Sin embargo, otros críticos cuestionaron el uso de material pregrabado, los retoques en la voz de la artista, la falta de innovación del concierto y la selección del repertorio de la edición en CD.
Antecedentes
Álbum
Hard Candy es el undécimo álbum de estudio de la cantante estadounidense Madonna, publicado en abril de 2008. Tras haberse apartado de las tendencias musicales contemporáneas con Confessions on a Dance Floor (2005), su anterior trabajo de estudio, la artista consideró que era un momento adecuado para adoptar el sonido que dominaba las listas de éxitos. Mientras que su predecesor incorporó sonidos de club de la década de 1970 y eurodisco moderno, Hard Candy adoptó una dirección más orientada al R&B y al urban pop, con ritmos marcados por líneas de bajo y elementos del hiphop y la música dance. No obstante, mantuvo elementos característicos de su estilo, con referencias a la música disco de la década de 1980, al sonido de Filadelfia de los años 1970 y a estructuras melódicas propias de su repertorio. La cantante promovió una imagen de la cultura hiphop y rap, así como de la música dance estadounidense, e integró su anterior sonido tecnoelectrónico con un ambiente urbano más «terrenal y áspero». Al componer y grabar las canciones, su objetivo era «hacer bailar a la gente». Para ello, recurrió a colaboradores vinculados al éxito comercial en las listas de Billboard de ese momento, como Timbaland, Justin Timberlake, Danja y el dúo The Neptunes, integrado por Pharrell Williams y Chad Hugo. El disco sigue un enfoque «desenfadado» y ligero; en este sentido, está dedicado principalmente a la diversión, con un toque de melancolía, y muchas de las canciones son de carácter autobiográfico.
Hard Candy fue el último álbum de Madonna de material nuevo publicado con Warner Bros. Records, el sello con el que había estado vinculada desde 1982, luego de que en 2007 firmara un acuerdo «histórico» de diez años con la promotora de conciertos Live Nation por un valor estimado de 120 millones USD. En términos generales, obtuvo reseñas favorables a variadas de la crítica musical; de hecho, las opiniones completamente positivas fueron escasas. Madonna fue elogiada por lograr «imprimir su marca indeleble» y por crear una versión comercial de la fusión entre hiphop y música dance que predominaba en la cultura underground estadounidense. Incluso, la revista People lo denominó uno de los favoritos para figurar entre los mejores álbumes del año. Sin embargo, una crítica recurrente fue que la cantante se hubiera puesto a merced de los productores, quienes asumieron un papel más predominante que ella, lo que la hacía parecer casi una artista invitada en su propio disco; otros lo calificaron como un «intento de aprovechar el mercado urbano». Expresiones como «mediocre», «sin vida», «no original» o «fracaso bienintencionado» reflejaron el tono de decepción presente en diversas reseñas. A pesar del carácter emotivo del material, fue desestimado como una obra «sin vida» e «inferior a la suma de sus partes», y la crítica concluyó que Madonna había dejado de «romper tendencia para montarse a la moda musical del momento» al recurrir a productores de éxitos.
Desde el punto de vista comercial, llegó al número uno en 37 países, entre ellos Australia, Canadá, Francia, el Reino Unido y Estados Unidos —donde comercializó 100000 ejemplares solo en su primer día—, y se convirtió en el undécimo álbum más exitoso del año a nivel mundial; para 2012, sus ventas globales ascendían a cuatro millones de copias. Marcó el séptimo número uno de la cantante en el Billboard 200, siendo en su momento la segunda artista femenina con más entradas en la primera posición en la historia del conteo, solo detrás de Barbra Streisand. El sencillo principal fue «4 Minutes», un dúo con Justin Timberlake, que alcanzó la tercera posición en la lista estadounidense Billboard Hot 100 y marcó el 37.º top diez de Madonna; con ello, rompió el récord establecido previamente por Elvis Presley como el artista con la mayor cantidad de entradas entre los diez primeros puestos. Además, se ubicó entre los tres primeros en una docena de países y alcanzó el primer lugar en el Reino Unido. Los siguientes sencillos, sin embargo, no tuvieron gran impacto. «Give It 2 Me» entró a los diez primeros puestos en el Reino Unido, pero no llegó al top 50 en Estados Unidos, mientras que «Miles Away», pese a recibir críticas favorables, se convirtió en el sencillo con la posición más baja en la lista británica de toda su carrera; tras una racha de 63 canciones dentro del top veinte en el Reino Unido, alcanzó el número 39 y no logró posicionarse en las listas estadounidenses.
Gira
Para la promoción de Hard Candy, Madonna emprendió el Sticky & Sweet Tour, su octava gira musical. Anunciada oficialmente en mayo de 2008, fue producida por Arthur Fogel y representó su cuarta gira organizada por la división Live Nation Global Touring, así como la primera tras firmar el acuerdo de diez años con Live Nation. El recorrido abarcó Europa, América del Norte y del Sur, donde marcó su regreso a esta última región tras quince años de ausencia. Aunque estuvo previsto que también incluyera Australia, la depreciación del dólar australiano como consecuencia de la recesión impidió dichos planes. Comenzó el 23 de agosto de 2008 en Cardiff (Gales) y visitó múltiples ciudades de Europa y Estados Unidos, así como Canadá, México, Argentina, Chile y Brasil hasta diciembre de ese año. Tuvo una prolongación en el verano boreal de 2009, siendo la primera vez que una gira de Madonna abarcaba dos años. Tras veintisiete fechas adicionales en ciudades europeas, finalizó en Tel Aviv (Israel) el 2 de septiembre de 2009. Jamie King, quien dirigió y coreografió las anteriores giras de Madonna, asumió nuevamente el papel de director artístico. Kevin Antunes fue el director musical, mientras que la coreografía estuvo a cargo de Stephanie Ross, Jamal Sims y los hermanos Richmond y Tone Talauega, entre otros.
La producción, caracterizada por una mayor profesionalidad y complejidad, se presentó como una experiencia de música club itinerante con iluminación LED y pantallas de vídeo gigantes, así como remezclas y mashups de canciones del repertorio de la artista, tanto antiguas como recientes. El uso del apartado visual fue central: el espectáculo contó con diecisiete pantallas, de las cuales las tres más grandes podían unirse para formar una imagen continua de mayor tamaño. Asimismo, se emplearon tres pantallas circulares que descendían de una estructura sobre el escenario, así como nueve láseres y veinticinco reflectores de alta potencia para lograr los efectos de iluminación. El vestuario fue confeccionado por una variedad de estilistas y marcas de moda, tales como Riccardo Tisci de Givenchy, Tom Ford, Miu Miu, Moschino, Jean-Paul Gaultier y Arianne Phillips, entre otros. El vestuario comprendía indumentaria urbana de la década de 1980, levita de satén negro, atuendos con lentejuelas inspirados en el fútbol y vestidos negros de alta costura adornados con lazos de colores. En total, la artista lució ocho atuendos diferentes y se confeccionaron más de 3500 trajes.
La gira no estuvo acompañada de una narrativa teatral, sino que el único hilo conductor fue un enfoque centrado en la diversión; además, sirvió como un homenaje a las «constantes reinvenciones» de Madonna a lo largo de las últimas tres décadas. En este sentido, trasladó el ambiente festivo del álbum y la pista de baile al escenario, con el objetivo de «entrar en ritmo para una fiesta sin parar». King describió el concierto como «una celebración de la vida y un concierto de pura energía». Para Madonna, el desafío era ofrecer un espectáculo de gran envergadura y, al mismo tiempo, mantener una conexión con el público y dotar a la gran producción de la intimidad que los admiradores esperaban. Descrito como un «viaje fantástico de baile con tintes de rock», Sticky & Sweet se dividió en cuatro actos o segmentos completamente independientes que reflejaban las diferentes facetas y etapas de su carrera. El primero de ellos, Pimp, abordaba el art déco de los años 1920 con reminiscencias del sadomasoquismo; Old School, que incluía clásicos de Madonna e influencias de la obra del artista Keith Haring; Gypsy, una fusión de música y danza folclórica junto a una banda de folk rumana, con indumentaria gitana y coreografías inspiradas en el pasodoble y el flamenco; y Rave, con estética futurista y de ciencia ficción, influencias orientales y elementos visuales de carácter industrial.