Los vetones (), etnónimo que podría significar "los guerreros", "los saqueadores" o "los viajeros", fue el demónimo que los historiadores griegos y romanos emplearon sobre el conjunto de los pobladores prerromanos que habitaban un sector de la parte occidental de la península ibérica y que compartían un denominador más o menos común. Su asentamiento tuvo lugar entre los ríos Duero y Tajo, principalmente en el territorio de las actuales provincias españolas de Ávila, Salamanca y Cáceres, y en parte de las de Toledo y Zamora. En la parte del oriente de Portugal también existen ejemplares de una de sus creaciones más características: los verracos de piedra, figuras totémicas zoomorfas con formas de toro, cerdo o jabalíes distintivos de esta cultura y cuyo origen y significado aún se desconocen. Si bien pudieron ser marcas territoriales, esculturas religiosas o funerarias, lo cierto es que estas esculturas constituyen un rasgo característico y único de este pueblo prerromano, hasta el punto de que dichas esculturas siguieron vigentes como símbolo de los vetones tras la conquista, llegando a ser utilizados hasta bien entrado el como signo de identidad propia de este pueblo y sus descendientes ya romanizados: así lo atestiguan diversos ejemplares de carácter funerario ya en época romana. En su cosmología religiosa también incluían al dios lobo (Endovélico o Vaelico) como figura religiosa dominante.
En líneas generales, los vetones limitaban con los pueblos vacceos al norte, con los astures al noroeste, al este con los carpetanos, al sur con los oretanos, túrdulos y célticos y al oeste con los lusitanos (pueblo esté muy unido y hermanado original y ancestralmente, compartiendo probablemente cultura, religión, lengua, costumbre y a veces incluso territorios). Es posible que también limitaran con el territorio arevaco al noreste.
Su cultura se caracterizó por su carácter guerrero, ecuestre y ganadero. Las diferentes comunidades vetonas estaban dirigidas por una «estratocracia» que controlaba los recursos, en particular el ganado. Construyeron asentamientos defensivos en zonas elevadas; algunos ejemplos que han llegado a nuestros días son los castros u oppida de Ulaca, El Raso, Sanchorreja, Las Cogotas o el de Mesa de Miranda.
El concepto Vetonia como ente etno-político, cultural y nacional es probablemente un producto posterior fruto de la nueva organización territorial de la Hispania romana que realizó Augusto en los últimos estertores del
Origen y filiación celta Martín Almagro Gorbea considera «evidente» que los vetones pertenecieron a un conjunto de pueblos prerromanos calificable como celta por sus características culturales.El origen de este pueblo es desconocido: probablemente proviene del norte europeo, aunque varios expertos consideran que fue el resultado de una fusión entre la cultura autóctona indoeuropea hispánica precelta, y la céltica. En cualquier caso, parece ser que dicho pueblo fue uno de los primeros pueblos celtas de la península del que se conoce el significado de su etimología. Vetones y lusitanos debieron tener un origen ancestral común y muy antiguo, de ahí que ambas comunidades estuviesen muy unidas por lazos ancestrales muy estrecho, hasta el punto de que el propio Viriato fue Rey de lusitanos y vetones. En investigaciones recientes se ha llegado incluso a plantear el origen vetón y no lusitano de Viriato. Sea como fuere, ambos pueblos, aunque diferenciados, siempre estuvieron hermanados y ancestralmente unidos, llegando incluso a casarse entre ellos y compartir lazos de sangre, religión y lengua, y a guerrear unidos frente a sus enemigos propios o comunes.
Historia miniatura|Castro de las Cogotas. Reconstrucción de la puerta principal. Arqueológicamente, el territorio vetón corresponde al que ocupa la cultura denominada Cogotas II o de los verracos; esta cultura se desarrolla a partir del como una evolución de la cultura preexistente, Cogotas I, de finales de la Edad del Bronce, sobre la que influye la progresiva llegada de pobladores indoeuropeos, siendo con probabilidad los vetones uno o el más antiguo de los pueblos indoeuropeos que penetraron en la península ibérica.
La construcción de murallas de los castros salmantinos y abulenses en la segunda mitad del denota un incremento de la riqueza y los recursos de la comunidad, necesarios para hacer frente al coste económico y humano (horas de trabajo invertidas en la construcción en detrimento de tareas productivas primarias) de la edificación de dichas defensas. En este incremento de la riqueza debieron jugar un gran papel los contactos con sociedades más avanzadas del sur de la península ibérica y la influencia de los pueblos colonizadores, con quienes se realizaban intercambios a través de una ruta prehistórica que luego dará origen a la Vía de la Plata. Si bien es también conocido que vetones y lusitanos efectuaban incursiones a las ciudades de la Bética, incluso llegando a cruzar al norte de África en sus incursiones guerreras y de rapiña.
En torno al 500- se produjo un cambio profundo en el interior de la península. La puesta en práctica de nuevas tecnologías agrícolas (proceso de deforestación, conversión de zonas de bosque en pastos y campos para el cultivo) provocó que los asentamientos fuesen más grandes y de ocupación más prolongada (sedentarización), además de un crecimiento demográfico y una mayor jerarquización social.
El cambio de las prácticas agrícolas, el aumento de la producción y la acumulación de riqueza repercutió en las redes de intercambio y en los contactos regionales. La aparición de posibles invasores hace que se empiecen a construir murallas, torres, fosos; estos poblados fortificados se denominan genéricamente «castros».
Oppida y la llegada de Roma Los vetones, como el resto de las culturas de la península, sufrieron cambios en vísperas o a lo largo de la conquista romana. Estos cambios se observan a principios del y se aprecian claramente en la arquitectura y en el trazado de algunos poblados.
Nuevas ciudades miniatura|Muralla ciclópea del Castro de la Mesa de Miranda.
Las murallas que se van construyendo tienen sillares angulosos y de gran tamaño, de arquitectura ciclópea. Aparecen torres de planta cuadrada, como en La Mesa de Miranda, puertas en embudo y baluartes muy estratégicos, así como diversos recursos defensivos contra la infantería y la caballería, como grandes fosos o las llamadas piedras hincadas (hileras de piedras afiladas dispuestas frente a los muros para entorpecer y dificultar los asaltos a las poblaciones). También aumenta la superficie ocupada de los poblados, como en Las Cogotas o Salamanca, y se fundan otros nuevos, como El Raso. Es ahora cuando se observa que existen jerarquías entre ellos, y los poblados que son más importantes: se organizan en barrios, talleres, zonas de santuario, mercados... Estos poblados fortificados de la Segunda Edad del Hierro reciben el nombre de Oppida, palabra que empezó a usar Julio César para los grandes asentamientos de la Galia.
Estos centros, por su tamaño y por sus defensas, se consideran por algunos los primeros centros urbanos prehistóricos de la Meseta occidental. Por ejemplo, hacia el Salamanca ya tenía una superficie de 20 ha. Es casi seguro que otros poblados alcanzasen en este momento su tamaño actual, como Las Cogotas, sus casi 15 ha, o La Mesa de Miranda sus 19 ha. Por entonces se fundaría El Raso, con la misma superficie que Salamanca. Más tarde, La Mesa de Miranda amplía sus recintos a tres y ocupa 30 ha, llegando a invadir parte de la necrópolis. Esto se ha relacionado con la conquista romana y los periodos de inseguridad asociados, ya fueran las expediciones del pretor Postumio en el o las de Viriato a mediados del .
Las prospecciones y excavaciones arqueológicas llevadas a cabo han permitido observar que en estos poblados vivió mucha gente en viviendas, talleres y otros posibles edificios públicos repartidos por calles; esto es, algo planificados. También se han hallado zonas no construidas, que pudieron servir como lugares para la estabulación del ganado colectivo. La zonificación en barrios de viviendas ricas, otros más pobres, viviendas extramuros, talleres, basureros... podría incluso significar una diferenciación social, que se refleja asimismo en los cementerios. El caso más claro de jerarquización de poblados podría ser Ulaca, en la provincia de Ávila, considerado un Oppidum, por su santuario rupestre, la sauna —ambos forman un centro sagrado y ceremonial que debió ser el más importante de la zona incluso un importante centro de peregrinación—. Por la superficie de sus defensas, unas 70 ha, incluso llega a ser uno de los centros urbanos más grandes de la Península durante la Segunda Edad del Hierro.
Sociedad urbana miniatura|derecha|Casas excavadas en el castro de Ulaca.
Se podría pensar que gracias a la influencia de Roma la sociedad vetona se fue convirtiendo en una sociedad urbana. Sin embargo, nunca perdieron sus costumbres militares y guerreras, su fama como hábiles jinetes, unida a las tácticas de guerrillas, provocaron grandes estragos en los ejércitos de Roma, tomando buena nota de estos el propio Julio César, quien, tras la conquista, decidió crear unidades de caballería auxiliares compuestas por jinetes y guerreros vetones muy afamados, llegando a ser una de las unidades más importantes en la guerra de Britania, y pasando muchos de sus miembros a ser recompensados con triunfos, la ciudadanía romana, incluidos en la orden ecuestre por sus capacidades militares, como lo prueban diversos testimonios documentales. Algunos textos dan testimonio histórico de que la primera toma de contacto entre los vetones y los romanos fue en el año , en la campaña del pretor Marco Fulvio Nobilior, que vence y hace huir en el oppidum de Toletum a un ejército formado por carpetanos, vaceos y celtíberos, acudiendo la caballería vetona en su auxilio.
En esos años, llegan objetos romanos, como vajillas para el consumo del vino, aceite y telas, y es posible que los materiales romanos de los yacimientos como Salamanca, Toro, Coca, Las Cogotas, La Mesa de Miranda o El Raso de Candeleda sean de esta época. Su llegada seguramente supuso un gran impacto de tipo económico, lo cual podría hacer pensar que el desarrollo de los oppida fue impulsado por esta necesidad de relación y defensa con Roma. No se debe pensar que fue Roma la impulsora de este fenómeno, ya que desde el hay pruebas del proceso que desembocará en los centros urbanos. Quizás las influencias que recibieran a través de la Vía de la Plata y oír o llegar a conocer formas de vida urbana al final de ella misma, en los asentamientos púnicos y griegos a ambos lados del estrecho, ya les habrían indicado o marcado la dirección a seguir. Es en tiempos púnicos cuando Aníbal recorre la meseta en busca de pactos y hombres mercenarios con los que iniciar la campaña contra Roma, nutriéndose de la caballería vetona entre las huestes que asediaron Roma. Es notable ver el paralelo con la Galia Céltica, que acusaría influencias griegas, y no solo en cerámicas y otros objetos de consumo, sino en métodos de construcción más allá del límite de contacto directo con sus colonias, y que se dejaría notar incluso antes del asentamiento estable de Marsella hasta en Suabia y el bajo Marne.
Artesanía y metalurgia miniatura|170px|left|Espada y vaina tipo Alcácer do Sal halladas en la necrópolis de la Osera, Chamartín, siglos -. MAN. miniatura|Contera de vaina y tahalí de puñal. -, necrópolis de la Osera, Chamartín (Ávila). MAN