La batalla de Azincourt fue una inesperada victoria que las fuerzas inglesas lograron sobre las tropas francesas en el otoño de 1415 en esta población del norte de Francia, en el transcurso de la guerra de los Cien Años. Azincourt fue un hito clave de ese larguísimo conflicto, que dio inicio a una nueva fase del mismo, en que los ingleses se apoderaron de media Francia. Superados ampliamente en número (sextuplicados, según algunas fuentes), los soldados de Enrique V de Inglaterra pretendían restaurar los derechos de su rey sobre los territorios que su corona poseía en Francia.
Antecedentes La guerra de los Cien Años, que en realidad abarcó de forma intermitente un periodo de 116 años, fue el último gran conflicto feudal de la Edad Media. Los condes de Anjou, ahora casa reinante inglesa, poseían amplísimos y muy productivos territorios en el oeste y sudoeste de Francia, que por la batalla de Hastings (1066) pasaron a depender del trono inglés. El control de los ingentes recursos económicos de esas regiones desencadenaría la guerra de los Cien Años y, en definitiva, conduciría al enfrentamiento crucial en Azincourt.
En 1204 Francia invadió Normandía y despojó a Inglaterra de una de sus provincias más importantes. Bajo Eduardo I de Inglaterra estallaron algunas hostilidades entre ambos países, que duraron de 1294 a 1298. Entre 1324 y 1325 se desató un nuevo conflicto con Francia, que se conoce como la guerra de San Sardos. En 1329, el rey inglés Eduardo III respondió reclamando la corona de Francia en medio de lo que amenazaba con convertirse de guerra feudal en conflicto dinástico. Felipe VI de Francia consiguió adueñarse de Gascuña en 1337, dando origen oficialmente a la guerra de los Cien Años.
En 1346 los franceses atacaron a Eduardo III en Crécy y en 1356 a su hijo (el Príncipe Negro) en Poitiers, pero en ambas oportunidades fueron derrotados por las fuerzas inglesas. En ese mismo año, los ingleses capturaron al rey francés, Juan II el Bueno, y a sus nobles, lo que les permitió obtener grandes ventajas en las negociaciones, que determinaron el Tratado de Brétigny (1360), desastroso para Francia, ya que gran parte de Francia cayó en manos de Inglaterra.
Más tarde los franceses contraatacaron bajo Carlos V y los ingleses pudieron ser expulsados de forma temporal de la mayor parte de esos territorios conquistados en Francia, pero graves luchas internas durante el reinado de su débil sucesor, Carlos VI, debilitaron decisivamente el país y todo lo que se consiguió bajo su predecesor. En esa situación un nuevo rey de Inglaterra, Enrique V, fuerte, ambicioso y completamente decidido a obtener lo que la Corona inglesa consideraba que le pertenecía, hizo su aparición en este lúgubre escenario. Juró llevar la guerra, por última y definitiva vez, al corazón del territorio enemigo. De este modo, siguiendo sus órdenes, se planeó y ejecutó la operación militar que concluiría en la batalla de Azincourt.
Componentes de las fuerzas en Azincourt
Caballería Caballeros A principios del , y a diferencia de épocas anteriores, el caballero era también un soldado de infantería. El caballero era un hombre adinerado que podía mantener varios caballos y había sido ascendido a ese estatus en una ceremonia oficial. El caballero estaba obligado a mantener al grupo de jinetes que comandaba (su «lance»), proveerlos de caballos, pertrechos y alimentos y mirar, en fin, por su bienestar en todo momento.
Hidalgos Seguían en la jerarquía los hidalgos (franklins). Se llamaba de este modo a quienes, sin haber sido nombrados caballeros, eran susceptibles de serlo. Esto se debía a su altura de cuna, su valor y su patrimonio.
Hombres de armas Los hombres de armas eran soldados tanto de infantería como de caballería y estaban a las órdenes de un caballero. Como su nombre indica, eran hombres entrenados en el uso de las armas. Se dice que los caballeros eran hombres de armas, pero los hombres de armas no eran caballeros. No habían nacido nobles, pero tenían mayor rango que los arqueros.
Infantería
Lanceros En este período, la infantería estaba compuesta esencialmente por lanceros de a pie. Los lanceros llenaban los espacios más a retaguardia de las filas. A pesar de su nombre, sus armas más comunes eran las polivalentes, como la alabarda.
Arqueros El arco largo inglés (longbow) fue uno de los principales responsables de la victoria de Azincourt. Era tan poderoso y efectivo que más de las dos terceras partes del ejército estuvieron formadas por arqueros.
Ballesteros La ballesta era más precisa que los arcos y disparaba un proyectil más pesado y mucho más mortal. Sin embargo, tenía el inconveniente de su bajísima cadencia de disparo.
Pavesero del ballestero El ballestero estaba indefenso mientras recargaba; debía introducir un pie en el estribo de la ballesta y tirar de la cuerda con ambas manos. Por este motivo siempre lo acompañaba un pavesero que lo protegía con un gran escudo, llamado «pavés», durante este peligroso procedimiento.
Artilleros Especialmente dedicados a las tareas propias de sitios y asedios, los tipos de guerra más comunes en la Edad Media, los artilleros tenían a su disposición una amplia gama de cañones y bombardas de diferentes calibres, de efectos devastadores sobre un enemigo en formación cerrada y también sobre murallas o defensas. En Azincourt no existía aún una artillería móvil como la que se vio más tarde.
Equipo y armamento utilizado en Azincourt La armadura Era el equipo clásico del hombre de armas. La base de la armadura constaba de anillos de hierro entrelazados. Sobre esta cota de malla el caballero llevaba numerosas piezas de acero pulido que lo cubrían desde la cabeza hasta los pies. Completa con todas sus piezas y con el yelmo o casco, la armadura pesaba casi 35 kg, siendo su principal desventaja el aumento de la temperatura en su interior. Esto provocaba que muchos hombres fuertes y sanos sucumbieran en medio del combate debido a un golpe de calor.
El yelmo, si bien protegía el rostro y la cabeza, era la pieza más pesada y generadora de calor, dificultando la visión. Por ello muchos caballeros se lo quitaban cuando no era estrictamente necesario su uso.
El escudo El escudo llevaba pintadas las armas de su propietario. Aparte de su obvia función de defensa, la identificación que suponía constituía una póliza de seguro para el combatiente. En caso de ser capturado, su escudo proclamaba su estatus social y la familia a la que pertenecía, lo que podía salvar su vida si el enemigo se contentaba con la posibilidad de cobrar un rescate a sus parientes por su libertad.
La alabarda Se trataba de una larga lanza con una cabeza semejante a la del hacha, de efectos verdaderamente aterradores incluso contra un enemigo provisto de armadura. La unión de la cabeza y el asta estaba rodeada de acero para que no pudiese ser desmochada con un golpe de espada. La alabarda constituía también la defensa definitiva, era utilizada para mantener distante al enemigo y bloquear partes del castillo, protegían las puertas y pasillos, defendiendo a los nobles o a quien quiera que se les ordenara proteger.
La lanza Las lanzas de este período estaban hechas de roble o fresno, medían más de 4 m y terminaban en una punta de acero fina y larga.
Cuando el caballero se apeaba, cortaba el cabo de su lanza a 2 m para hacerla más manejable.
La espada Muy caras, solo los caballeros tenían el derecho y el dinero necesario para utilizarlas. Normalmente, las espadas estaban hechas de acero de Burdeos y medían unos 90 cm. Además, eran las armas más prestigiosas.
El mandoble Muchos combatientes preferían unas espadas más largas, que se empuñaban con ambas manos y se denominaban, por tanto, mandobles. Devastadoras cuando hacían blanco, eran, sin embargo, muy pesadas, requerían una gran fuerza física y tenían la desagradable costumbre de hacer girar al que la esgrimía (al lanzar un golpe horizontal), dejando al descubierto el flanco (lugar menos protegido por la armadura), la axila (propicia para un golpe de espada mortal) o la espalda.
La daga También llamada ballock o "misericordia", fue muy usada en Azincourt. Este último apodo se debía a que solía utilizársela para rematar heridos incurables en el campo de batalla. Se la usaba como último recurso: un soldado que había perdido sus otras armas podía aproximarse al caballero en armadura (a una distancia tan cercana que este no pudiese utilizar la alabarda, la espada ni el mandoble), pegarse a él y pasar la misericordia por la mirilla del casco. Este golpe, si se vivía lo suficiente como para asestarlo, era mortal de necesidad. Los arqueros ingleses llevaban dagas que introducían por las viseras de los caballeros que habían caído de sus caballos.
El arco thumb|Batalla de Poitiers (miniatura de Froissart). Estaba constituido por una pieza de tejo, fresno u olmo de 1,80 m de longitud. Solo se le colocaba la cuerda en el momento de usarlo, y el encordado de un arco podía hacerse en menos de 3 segundos si el arquero era experto. La cuerda debía usarse seca, y por ello se la transportaba en una bolsita de tela impermeable.
Los arqueros y el arco largo (longbow) constituyeron la ventaja decisiva que permitió a los ingleses ganar la batalla. El mejor alcance de sus arcos (365 m de alcance total, 180 m de alcance efectivo y 50 m de mortalidad segura) y la gran cantidad de arqueros expertos que los ingleses habían venido entrenando desde tiempos de Eduardo II, hicieron estragos entre las tropas francesas.
Varios cientos de arqueros ingleses, con su excelente cadencia de disparo de 5 a 6 flechas por minuto (muy superior al de las ballestas, que alcanzaban 1, 2, o como mucho 3, proyectiles por minuto), podían aterrorizar a un ejército francés completo, espantar a sus cabalgaduras y desmoralizar a cualquiera que se viera sometido a una lluvia de estos mortales proyectiles.
Los arcos ingleses desarrollaban potencias de entre 35 y 70 kilos, que solo fueron superadas a mediados del .
Cada arquero inglés llevaba 48 flechas en su carcaj.
Como nota anecdótica, cabe mencionar que los arqueros ingleses lucharon en Azincourt prácticamente desnudos de la cintura para abajo. Esto se debía a que la mayoría de ellos enfermaron de disentería en el sitio de Harfleur, y las continuas diarreas que sufrían no les permitían perder tiempo en quitarse y ponerse pantalones o calzones. Por ello, lucharon solo con un breve "pañal" o taparrabos. Esto demuestra la efectividad de la protección brindada por el muro de estacas previamente colocado al frente de los regimientos de arqueros ingleses.
La ballesta thumb|Recarga de la ballesta. Los franceses confiaron más en las ballestas que en los arcos, y esta mala decisión le costó la vida a la mayoría de ellos. Las ballestas de caza eran livianas y cortas, cómodas para usar desde un caballo. Las de guerra eran más largas y pesadas. El arco o duela era largo y fuerte y la culata lo igualaba en longitud.
El proyectil (virote, dardo o saeta) medía entre 30 y 45 cm y era más recio que las flechas. Podía tener un alcance semejante al de los arcos, pero su escasa cadencia de fuego (2-3 por minuto en el mejor de los casos) le restaba efectividad. Esa era la gran desventaja de la ballesta frente al arco largo, ya que este podía disparar 6 flechas aproximadamente por minuto. En Azincourt se usó en el tiro raso (horizontal), pero también al modo de un mortero, con trayectorias altas y parabólicas para atacar a los lanceros de retaguardia.
Recargar era una tarea penosa: podía hacerse con las manos, con un gancho atado al cinturón que el ballestero tensaba estirando la espalda, o por medio de un complicado torno. Se disparaba oprimiendo un gatillo.
Armas de fuego de mano