Alfredo Ignacio Astiz (Mar del Plata, 8 de noviembre de 1951)Personal es un represor, exmilitar y espía argentino, considerado como uno de los criminales más notorios del terrorismo de Estado ejecutado por la última dictadura cívico-militar argentina (1976-1983). Astiz se encuentra preso con varias condenas a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad.

Durante la última dictadura se infiltró como espía en las organizaciones de derechos humanos bajo la identidad falsa de Gustavo Niño; perteneció al GT 3.3 que funcionaba en la ESMA (en Buenos Aires), el mayor centro clandestino de detención del país.Se llamaban grupos de tareas los escuadrones de represores que tenían la función de realizar los secuestros. Ver:

Entre los delitos de lesa humanidad que cometió se cuentan casos de resonancia internacional como el secuestro, tortura y desaparición de dos monjas francesas, Alice Domon y Léonie Duquet, por los cuales fue condenado en ausencia en Francia a cadena perpetua, y la adolescente sueca Dagmar Hagelin.Revelan archivos secretos de la desaparición de la sueca Dagmar Hagelin, Clarín, 10 de febrero del 2015.Con las miradas sobre Astiz, Página 12, 15 de marzo del 2012.Dagmar Hagelin – flickan som aldrig kom tillbaka, Dagens Nyheter, 26 de enero del 2017. En 2011 fue condenado a perpetua e inhabilitación absoluta y perpetua por la justicia argentina; en 2014 se confirmó la condena.Texto de la condena En noviembre de 2017 se lo condenó a cadena perpetua.

Biografía Familia Nació hacia 1951 en una familia de clase media-alta de Mar del Plata, Argentina, con ascendencia vasco-española. Su padre, Alfredo Bernabé Astiz, fue vicealmirante de la Armada Argentina, y su madre, María Elena Vázquez, se desempeñó como ama de casa.

Carrera miniatura|Escuela de Mecánica de la Armada, donde funcionaba el Grupo de Tareas 332 durante el Proceso. Al producirse el golpe militar del 24 de marzo de 1976 que dio origen al autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, Astiz fue asignado a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), bajo el mando del capitán de corbeta Jorge Eduardo El Tigre Acosta. En el marco de la dictadura en Argentina, en la ESMA se organizó un centro clandestino de detención y un Grupo de Tareas para realizar operaciones ilegales encubiertas numerado como GT 3.3.2. A este último perteneció Astiz.

El Grupo de tareas 3.3.2 realizó gran cantidad de secuestros ilegales, llevando a los detenidos-desaparecidos a la ESMA, adonde se estima fueron detenidos y secuestrados alrededor de 5.000 personas, de las cuales menos de un 5% sobrevivieron. Como fue contado en detalle por otro represor de la ESMA, Adolfo Scilingo, el modo básico de desaparecer de forma definitiva a los detenidos, era a través de los «vuelos de la muerte», en los cuales se narcotizaba con pentotal a los detenidos-desaparecidos y se los arrojaba vivos al mar desde aviones militares.Uso del pentotal en la ESMA

El grupo de la Iglesia Santa Cruz A Astiz se le encomendó infiltrarse en las organizaciones de derechos humanos; en especial, en la Asociación Madres de Plaza de Mayo. Para ello adoptó el nombre de Gustavo Niño, simuló ser familiar de un detenido-desaparecido. Las Madres solían referirse a él con cariño como «el rubito», debido al tono de su cabello y sus ojos azules. En ese carácter Astiz fue muy activo y su nombre supuesto llegó a figurar en la solicitud en reclamo de la libertad de una lista de detenidos-desaparecidos que las organizaciones de derechos humanos publicaron en el diario La Nación el 10 de diciembre de 1977. Solía acompañar a las Madres y otros activistas en sus actividades en la Iglesia Santa Cruz perteneciente a los padres pasionistas, en el barrio San Cristóbal de Buenos Aires y jugar con los niños que integraban la agrupación de boy scouts de la Parroquia.

En diciembre de 1977 se tomó la decisión de hacer desaparecer al grupo de derechos humanos que se reunía en la Iglesia Santa Cruz, en gran medida debido a que la exposición de Astiz había sido muy alta. Entre el 8 y el 10 de diciembre el Grupo de Tareas 332 secuestró y detuvo en forma clandestina al grupo de Santa Cruz: Azucena Villaflor de Vicenti, Esther Ballestrino de Careaga, María Ponce de Bianco (las tres fundadoras de Madres de Plaza de Mayo), las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet, y los activistas Ángela Auad, Remo Berardo, Horacio Elbert, José Julio Fondevilla, Eduardo Gabriel Horane, Raquel Bulit y Patricia Oviedo.

Durante el operativo Astiz siguió aparentando ser un familiar; señaló con un abrazo en el atrio de la Iglesia a quienes debían ser secuestrados. Durante varios años se consideró que Gustavo Niño era un desaparecido y se lo incluyó en las listas por cuyas vidas se reclamaba.

Los doce miembros de la Iglesia Santa Cruz fueron torturados y asesinados al ser arrojados al mar en un vuelo de la muerte. En 2005, algunos de sus cuerpos serían hallados enterrados como NN en el cementerio de General Lavalle, cercano a las playas a las que las corrientes marinas los habían arrojado en 1977.

Dagmar Hagelin El 26 de enero de 1977 el grupo de tareas 3.3.2 que funcionaba en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA) detuvo a Norma Burgos, esposa de un alto dirigente de la organización guerrillera Montoneros. Un grupo, en el que se encontraba Astiz, permaneció en la casa de Norma Burgos con el fin de esperar la llegada, al día siguiente, de María Antonia Berger, otra alta dirigente de Montoneros.

El 27 de enero de 1977, a las 8:30, una joven de 17 años, rubia y de ojos celestes, llamada Dagmar Hagelin, amiga de Norma Burgos, llegó a su casa a saludarla. Debido al tipo nórdico de Dagmar Hagelin, el Grupo de Tareas pensó que era la dirigente montonera que esperaban, y en cuanto traspasó la puerta del jardín le apuntaron con las armas. Dagmar, que practicaba atletismo, respondió volviendo a salir a la calle para huir corriendo. Astiz y un cabo de apellido Peralta fueron tras ella. Astiz entonces le gritó dos veces que se detuviera y procedió a dispararle, acertándole en el lado izquierdo cerca del arco superciliar izquierdo, sin causarle una herida de mucha gravedad. Dagmar cayó boca abajo sobre la acera. Las fuerzas de seguridad detuvieron un taxi Chevrolet, patente C-086838, conducido por Jorge Eles, donde la joven fue introducida en el baúl. Según los dichos de los numerosos testigos que presenciaron la acción Dagmar se encontraba viva y consciente pues intentó frenar con sus manos la tapa del baúl. Dagmar fue vista con vida en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), y se le perdió rastro luego de marzo de 1977.

Infiltración entre exiliados en París En 2009 apareció una prueba documental de la infiltración de Astiz en el CAIS (Comité Argentino de Información y Solidaridad) de París. Había ingresado a Francia con documentación falsa, presentándose en el grupo de exiliados bajo el nombre de Alberto Escudero. La foto, propiedad del historiador Gabriel Périés (un especialista recibida por los militares argentinos de la escuela de guerra contrarrevolucionaria francesa) demuestra que por lo menos hasta octubre de 1978 Astiz permanecía infiltrado entre los argentinos exiliados, los cuales se encontraban en proceso de realizar un boicot contra el Mundial de Fútbol de 1978. Cuando Astiz fue descubierto, consiguió huir en tren a Alemania, antes de que los argentinos lo entregaran a las autoridades francesas.

Escándalo internacional La desaparición de las monjas francesas Léonie Duquet y Alice Domon y de la joven argentino-sueca Dagmar Hagelin produjo un involucramiento activo y directo de los gobiernos de Francia y de Suecia para exigir al gobierno argentino información concreta sobre las tres mujeres desaparecidas. En el caso de Dagmar Hagelin incluso reclamaron enérgicamente el presidente de los Estados Unidos James Carter y el papa Juan Pablo II.

En noviembre de 1979 la opinión pública mundial conoció testimonios directos de los campos de concentración en la Argentina, a través de las declaraciones de tres liberadas de la ESMA: Ana María Martí, Alicia Milia de Pirles y Sara Solarz de Osatinsky. La prensa sueca dijo que "Dagmar fue arrojada al mar", pero ninguna de las tres conocía la suerte de la joven. Sin embargo, Pirles y Osatinsky dieron a conocer una información decisiva: que Norma Susana Burgos también había sido liberada y estaba en Madrid.

Las autoridades suecas tomaron contacto con Norma Burgos, quien prestó un testimonio decisivo el 13 de diciembre de 1979. Contó que mientras estaba detenida en la ESMA, vio y habló con Dagmar Hagelin en tres oportunidades, el mismo 27 de enero en que la joven fue secuestrada y nuevamente, dos o tres días después y al finalizar la primera semana de febrero. En las dos primeras ocasiones Dagmar se encontraba consciente en una camilla en la enfermería del sótano. Presentaba una herida un poco más arriba del arco superciliar izquierdo, un derrame rojizo bajo sus ojos y no podía controlar esfínteres. Llegó a preguntarle como estaba y Dagmar contestó algo equivalente a «a pesar de todo me siento bien». La última vez que la vio fue en el tercer piso, levantándose la capucha por un pocos segundos: Dagmar estaba en una habitación sola, de pie y con un camisón o bata floreada. Aproximadamente el 10 de febrero, Burgos vio que la habitación en la que se encontraba Dagmar estaba vacía y logró que un custodio le informara que había sido trasladada individualmente. Burgos declaró también que:

Norma Burgos, incluso, tenía la blusa que Dagmar llevaba puesta cuando fue secuestrada y llevada a la ESMA, y se la entregó al padre.

En su testimonio, Burgos brindó otro dato fundamental al individualizar a Astiz como quien conducía el grupo que la secuestró y disparó contra Dagmar.

El 11 de abril de 1980, luego de años de intentar que el gobierno argentino colaborara para establecer lo que había sucedido con la adolescente, el gobierno sueco dio a conocer el testimonio de Burgos y entregó a la prensa europea una foto de Astíz: «este es el secuestrador».Dagmar Ingrid Hagelin, Desaparecidos

Guerra de Malvinas

250px|miniatura|derecha|Galones de los suboficiales al mando de Alfredo Astiz, exhibidos en el Museo Imperial de la Guerra de Londres

En septiembre de 1979, el empresario argentino Constantino Davidoff, director de la empresa Georgia del Sur S.A. y especializado en negocios con chatarra, firmó un contrato con la empresa Christian Salvensen Co. de Edimburgo, por el cual adquirió el derecho a retirar los restos de las antiguas instalaciones balleneras abandonadas en los puertos: Leith, Stromness y Husvik, en las islas Georgias del Sur.Freedman, Lawrence and Gamba, Virginia: Señales de Guerra. Javier Vergara Editor, 1992. ISBN 950-15-1112-X p. 74.