El Castillo de Sant'Angelo () o Mausoleo de Adriano (), conocido entre los siglos y como Mole Adrianorum o Castellum Crescentii, es un monumento de Roma (Italia), situado en la orilla derecha del Tíber, frente al Pons Aelius (actual Puente Sant'Angelo), a poca distancia del Vaticano, entre el rione de Borgo y el de Prati. Dedicado al Arcángel San Miguel, está unido a la Ciudad del Vaticano a través del pasillo fortificado denominado Passetto. El castillo ha sido modificado radicalmente varias veces en las épocas medieval y renacentista.
Propiedad demanial del Estado italiano, desde diciembre de 2014 ha sido gestionado por el Ministerio de Bienes y Actividades Culturales a través del polo museístico del Lacio, y desde diciembre de 2019 a través de la Dirección de Museos Estatales de Roma.
Historia miniaturadeimagen|Maqueta del Mausoleo de Adriano. Orígenes romanos Todo empezó en el año , cuando el emperador Adriano pidió al arquitecto Demetriano que construyera un mausoleo para él y para sus familiares, inspirándose en el modelo del Mausoleo de Augusto, pero con mayores dimensiones. Las obras duraron varios años y fueron finalizadas por Antonino Pío en 139. Fue construido frente al Campo de Marte, al cual se conectó mediante un puente construido a tal efecto, el Puente Elio. El mausoleo estaba compuesto por una base cúbica, revestida con mármol de Carrara, que tenía un friso decorativo con cabezas de buey (bucráneos) y lesenas angulares. En la parte del friso que daba hacia el río se podían leer los nombres de los emperadores sepultados en su interior. También en este lado se encontraba el arco de entrada dedicado a Adriano; el dromos (avenida de acceso) estaba completamente revestido de mármol amarillo antiguo.
Sobre el cubo de la base había un tambor realizado en peperino y en opus caementicium totalmente revestido con travertino y lesenas estriadas. Sobre él se encontraba un túmulo de tierra arbolado y rodeado por estatuas de mármol, que decoraban todo el perímetro del monumento; de ellas se conservan algunos fragmentos encontrados en el lugar. La estatua más íntegra encontrada es el famoso Fauno Barberini. Finalmente, el túmulo estaba coronado por una cuadriga de bronce dirigida por el emperador Adriano, representado como el sol colocado sobre un alto basamento o, según otros, sobre un tholos circular. Alrededor del mausoleo discurría una muralla con una puerta de bronce decorada con pavos de bronce dorado, dos de los cuales se conservan en el Vaticano.
En el interior, varios pozos de luz iluminaban la rampa helicoidal de ladrillo, revestida con mármol, que mediante una lenta subida unía la entrada o dromos a la celda funeraria, situada en el centro del túmulo. Esta última, de forma cuadrada y completamente revestida de mármoles policromos, estaba coronada por otras dos salas, quizá utilizadas también como celdas sepulcrales.
El mausoleo albergó los restos del emperador Adriano y de su esposa Vibia Sabina; del emperador Antonino Pío, su esposa Faustina la Mayor y tres de sus hijos; de Lucio Elio César; de Cómodo; del emperador Marco Aurelio y tres de sus hijos; del emperador Septimio Severo, su esposa Julia Domna y sus hijos; y de los emperadores Geta y Caracalla.
Desde la Edad Media hasta el right|miniaturadeimagen|Foto aérea del Castillo de Sant'Angelo en 1938. En el 403 el emperador de Occidente Honorio incluyó el edificio en las murallas aurelianas; desde ese momento el edificio perdió su función originaria de sepulcro, convirtiéndose en una fortaleza que formaba parte del sistema defensivo de la ciudad, un baluarte avanzado al otro lado del Tíber. Fue entonces cuando el mausoleo fue designado por primera vez con el apelativo de castellum. Salvó la zona del Vaticano del saqueo de los visigodos de Alarico del 410 y del de los vándalos de Genserico del 455. Entonces, para defenderse, los romanos lanzaron sobre los asaltantes todo lo que tenían al alcance de la mano, incluidas las estatuas: una de ellas, el llamado Fauno Barberini, fue encontrada posteriormente en el foso de la fortaleza. A principios del siglo Teodorico lo dedicó a prisión de Estado.
Según la tradición, el monumento recibió su nombre actual en el 590. Como Roma estaba siendo azotada por una grave epidemia de peste, el papa Gregorio I decidió organizar una solemne procesión penitencial. Mientras el pontífice, que dirigía la procesión, estaba atravesando el Puente Elio, tuvo una visión del arcángel Miguel en la cima del Mausoleo de Adriano enfundando su espada. Esto fue interpretado como un signo celeste que anunciaba el inminente fin de la epidemia, cosa que efectivamente se produjo. Desde ese momento el Mausoleo de Adriano fue conocido como Castel Sant'Angelo, y sobre su cima se erigió una iglesia dedicada a «Sant'Angelo usque ad caelos»Liutprando de Cremona, Antapodosis, III 45. y, en el , una estatua que representaba al ángel en el acto de enfundar la espada. Todavía en la actualidad se conserva en los Museos Capitolinos una piedra circular con las huellas que según la tradición habría dejado el arcángel cuando se apareció en el castillo para anunciar el fin de la peste.
La posesión de la fortaleza fue objeto de contienda entre numerosas familias nobles romanas: en la primera mitad del se convirtió en la fortaleza del senador Teofilacto y de su familia, su hija Marozia y su nieto Alberico, que también la utilizaron como prisión, uso que el castillo conservaría hasta 1901. En el 932 Marozia, antigua amante del papa Sergio III y esposa de Alberico I, marqués de Spoleto, y posteriormente de Guido de Toscana, quiso celebrar su tercer matrimonio con Hugo de Arlés en la cámara sepulcral de los emperadores del Castillo de Sant'Angelo. Sin embargo, el gesto no le trajo fortuna porque, durante la cena de bodas, Alberico II, hijo de su primer matrimonio, apareció repentinamente en el castillo, obligando a Hugo a huir y apoderándose de la fortaleza. Marozia terminó oscuramente sus días en una celda del castillo.
En la segunda mitad del el castillo pasó a manos de los Crescenzi, quienes lo mantuvieron durante un siglo, durante el cual lo reforzaron hasta el punto de otorgar a la construcción su nombre, Castrum Crescentii. El Castillo de Sant'Angelo fue identificado con este nombre durante mucho tiempo, incluso después de que su propiedad pasara a los Pierleoni y posteriormente a los Orsini, a los cuales probablemente fue entregado por el papa Nicolás III, de esta familia, que lo mantuvieron hasta en torno al 1365, cuando lo cedieron a la Iglesia.
Nicolás III, considerando la fama de inexpugnabilidad del castillo y su cercanía a la basílica de San Pedro y el Palacio Apostólico, decidió trasladar allí parcialmente la sede apostólica, entonces ubicada en el Palacio de Letrán, que consideraba poco seguro. Para garantizar una mayor seguridad al Palacio Apostólico, construyó el célebre Passetto, un paso protegido para el pontífice desde la basílica de San Pedro hasta la fortaleza.
En 1367 las llaves del edificio fueron entregadas al papa Urbano V, para que solicitara el regreso a Roma desde el exilio aviñonés. Desde este momento la suerte del Castillo de Sant'Angelo estaría unida inseparablemente a las de los pontífices: por su estructura sólida y fortificada los papas lo utilizarían como refugio en momentos de peligro, para albergar el Archivo y el Tesoro Vaticano, como tribunal y como prisión.
right|miniaturadeimagen|Una vista del Castillo de Sant'Angelo y sus alrededores en un cuadro de finales del siglo . En 1379 el castillo fue casi arrasado por la población, furiosa contra la guarnición francesa dejada para proteger el castillo por Urbano V. En 1395 el papa Bonifacio IX dio inicio a su reconstrucción, que encargó al arquitecto militar Niccolò Lamberti, con la tarea de que ejecutara una serie de intervenciones de fortalecimiento de la estructura defensiva del castillo. La entrada al castillo sería posible solo a través de una única rampa de acceso y un puente levadizo. En la cima del edificio se reconstruyó la capilla dedicada al arcángel Miguel.
En los cuatro siglos siguientes se sucedieron diferentes intervenciones y transformaciones: Nicolás V (1447-1455) dotó al castillo de una residencia papal —la primera en el interior del edificio— y realizó tres bastiones en las esquinas del cuadrilátero exterior. Además, procedió a la reconstrucción del Puente Sant'Angelo, que se había hundido con ocasión de las procesiones del jubileo del 1450. Alejandro VI Borgia encargó al arquitecto Antonio da Sangallo el Viejo nuevas obras de fortificación, tras las cuales el edificio asumió el carácter de una verdadera fortaleza militar según las técnicas más actualizadas de la traza italiana, y construyó cuatro baluartes pentagonales, dedicados a los santos evangelistas, que englobaron las estructuras precedentes realizadas durante el papado de Nicolás V. Posteriormente, para garantizar un mayor control de las vías de acceso al castillo, el papa Alejandro VI hizo erigir un torreón cilíndrico junto al puente e hizo excavar un foso alrededor de las murallas, que se llenaba con las aguas del Tíber.
Las obras ordenadas por Alejandro VI no se dirigieron solo al fortalecimiento de la estructura defensiva del edificio: el papa también dotó al castillo de un nuevo apartamento, que hizo decorar con frescos por Pinturicchio, y añadió jardines y fuentes. En el curso de su pontificado Alejandro transformó el castillo, en el cual le encantaba residir, en un suntuoso palacio real en el que organizaba banquetes, fiestas y espectáculos teatrales. Las crónicas de la época describen la residencia como lujosa y espléndida, pero en la actualidad no queda nada de ella, puesto que fue demolida por Urbano VIII en 1628 para hacer espacio a nuevas fortificaciones.
Las obras de fortificación de Alejandro VI permitieron al papa Clemente VII, treinta y dos años después, resistir durante siete meses al asedio de las tropas de Carlos V, los famosos lansquenetes, que el 6 de mayo de 1527 dieron inicio al saco de Roma. En el 1525 Clemente VII hizo construir una stufa, como entonces era llamado el baño privado, una pequeña habitación decorada con frescos que muestran elementos profanos (delfines, conchas, ninfas, ángeles y personajes mitológicos), todavía visitable en la actualidad. En esta habitación también había una bañera, en la cual el agua salía de una Venus desnuda de bronce, que posteriormente se perdió.
miniaturadeimagen|Vista del castillo desde el Ponte Vittorio Emanuele II. El saco de Roma demostró la utilidad del castillo para los papas, que emprendieron ambiciosas obras de adaptación e instalaron en él una verdadera residencia papal. En el 1542 Paulo III encargó la remodelación del castillo a los arquitectos Raffaello Sinibaldi da Montelupo y Antonio da Sangallo el Joven, que desde 1520 era el arquitecto jefe de las obras de la basílica de San Pedro. La decoración de las habitaciones fue encargada a Perin del Vaga y a Luzio Luzi de Todi, con la colaboración de Livio Agresti de Forlì. La gran cinta abaluartada pentagonal que lo rodea, último episodio de una larga historia de fortificaciones, fue iniciada durante el papado de Paulo IV (1555–1559) y concluida bajo sus sucesores por Francesco Laparelli.
En 1630 Urbano VIII destruyó todas las fortificaciones anteriores, incluido el torreón Borgia entre el puente y el castillo, y trasladó al lado derecho la entrada principal. Además, hizo construir una gran cortina de murallas frontal. Entre 1667 y 1669 Clemente IX hizo colocar diez ángeles de mármol sobre el Puente Elio: desde entonces también ha sido conocido como Puente de Sant'Angelo.
Fue ocupado por las tropas francesas el 2 de febrero de 1808, abandonándolo el 14 de marzo de 1814.
En el el castillo fue utilizado exclusivamente como cárcel política, designada con el nombre de Forte Sant'Angelo.
Desde la unificación italiana hasta nuestros días