La batalla de Caporetto, también conocida como batalla de Kobarid, duodécima batalla del Isonzo o batalla de Karfreit por los Imperios Centrales, tuvo lugar desde el 24 de octubre hasta el 9 de noviembre de 1917. El combate se libró en las cercanías de Kobarid (Eslovenia) en la frontera austroitaliana, donde se encontraba el frente italiano durante la Primera Guerra Mundial.

Antecedentes El estancamiento de la lucha en el frente ítalo-austriaco estaba simbolizado por los fracasos de las fuerzas italianas en las sucesivas batallas del Isonzo, las cuales habían logrado pequeñas ganancias territoriales para Italia, pero obtenidas a costa de serias pérdidas de tropas y material. En las dos últimas batallas del frente, la décima y la decimoprimera, los italianos habían sufrido trescientas mil bajas; desde mayo de 1915, habían tenido setecientas veinte mil. Las fuerzas del Imperio austrohúngaro estaban también agotadas en sus posiciones defensivas, viéndose obligadas a sostener en simultáneo una lucha contra Rusia en el frente oriental y mantener numerosas unidades desplegadas en la región del Trentino para impedir nuevas ofensivas italianas. Sin colaboración francesa ni británica y ante la llegada del crudo invierno alpino, el alto mando italiano abandonó los planes de acometer una nueva ofensiva hasta la primavera de 1918.

Por su parte, los mandos austrohúngaros temían que, si no tomaban la iniciativa y mantenían su estrategia casi puramente defensiva, la debilidad de su línea condujese pronto a su ruptura. Una vez descartada una nueva ofensiva en el Trentino a causa de la llegada del invierno, el mando optó por atacar al enemigo en el Isonzo, si bien para ello necesitó ayuda de Alemania, puesto que Austria-Hungría carecía de los efectivos necesarios para llevarla a cabo por sí sola.

A mediados de 1917 Austria-Hungría recibió apoyo militar del Imperio alemán en su lucha contra los italianos, ayuda expresada en la llegada de divisiones alemanas al teatro de operaciones de los Alpes. Para esa fecha los dos bandos de la contienda habían desarrollado «tácticas de infiltración» para destruir las líneas enemigas mediante el empleo de fuerzas de choque especialmente preparadas (los Arditi en Italia y las Sturmtruppen en Alemania) , destinadas a lanzar un primer asalto frontal de gran violencia e infiltrarse de inmediato tras las líneas enemigas para sembrar el caos, tras lo cual avanzaría la infantería de línea para aprovechar la breve ruptura de la defensa enemiga, empleando en esta fase los gases, cañoneo intermitente y ametralladoras. El general alemán Oskar von Hutier había sido un especialista en la planificación y empleo de estas tácticas y fue enviado en ayuda de sus colegas austrohúngaros para lanzar una ofensiva definitiva sobre las líneas italianas.

El combate utilizó nuevas formas de teoría militar elaboradas por los estrategas alemanes y aplicadas por primera vez contra los italianos. Esas elucubraciones preveían concentrar pequeños grupos de soldados que rompieran la línea del frente enemigo en una distancia máxima de uno o dos kilómetros (normalmente las ofensivas se desarrollaban en unos treinta kilómetros) y que penetraran rápidamente en la retaguardia enemiga, y ya en esas posiciones amenazaran las tropas que no se habían movido desde el frente, considerando que en el montañoso teatro de combate (los Alpes) era inviable desplegar grandes masas de tropas en un solo ataque. Para ello, la táctica alemana postulaba no atacar por la línea del río Isonzo, situada en el llano, sino aprovechar las alturas alpinas para caer sobre las líneas italianas.

Preparativos Los alemanes aportaron siete divisiones para la acometida (la 117.ª, 200.ª de montaña, 5.ª, 12.ª, 26.ª [las tres de cazadores] y dos divisiones veteranas de la operación de Riga), además del Alpenkorps, encuadrados todos en el 14.º Ejército de Von Bulow. El objetivo de estas tropas era avanzar en dirección Caporetto-Cividale. Los austrohúngaros, por su parte, participaron con otras tantas divisiones al mando de Svetozar Boroević, que debían atacar Gorizia.

Frente al 14.º Ejército de Von Bulow se hallaba el 2.º Ejército italiano del general Capello, compuesto por doscientos mil soldados. En la zona de Caporetto estaba concentrado la mitad del ejército, dos cuerpos con quinientos cañones y setecientos obuses, frente a las dos mil quinientas piezas de artillería (de ellas, 1.134 obuses) del enemigo.

El ataque se fijó para el día 22 de octubre, pero el mal tiempo hizo que se pospusiese hasta el 24.

La batalla A las tres de la mañana del 24 de octubre, las unidades de Otto von Below, concentradas en los alrededores de Tolmino, Caporetto y Plezzo junto al río Isonzo desencadenaron la acometida contra el enemigo. El ataque comenzó con un gran bombardeo de fosgeno, nuevo gas para el que las máscaras italianas no proporcionaban protección.

El objetivo principal del 14.º Ejército alemán era el 2.º Ejército italiano del general Luigi Capello, que había retrasado las medidas defensivas que había ordenado el jefe del Estado Mayor, Luigi Cadorna. Además de la ofensiva principal, que realizó el 14.º Ejército, el Ejército austrohúngaro, desplegado en la línea del Isonzo, atacó para inmovilizar al enemigo. El primer objetivo era la antigua frontera austro-italiana; si se alcanzaba esta, el 14.º debía cruzar el río Tagliamento y facilitar que también lo cruzase el 2.º Ejército. Los ejércitos del Isonzo al norte del 14.º debían dirigirse hacia el suroeste, hacia el río Piave, en dirección al Ejército italiano de Manuel Filiberto de Saboya.

Primer embate thumb|300px|Infantes austrohúngaros al asalto en la línea del Isonzo. Tras un cese temporal del bombardeo, este se reanudó algunas horas después, con el concurso de los obuses. A las ocho explotaron dos grandes minas bajo las posiciones italianas en los montes Rosso y Mrzli y al punto la infantería austroalemana asaltó la línea enemiga. Los imperiales se apoderaron rápidamente de la línea enemiga, sin que los italianos pudiesen frenar el avance, que se verificó con mal tiempo. En tres horas de combates, los italianos habían perdido dos divisiones y los austro-alemanes habían quebrado la segunda y última línea defensiva enemiga. Hacia las 12:30 las primeras unidades cruzaron el Isonzo y a las 13:15 se apoderaron de Caporetto.

Los alemanes aplicaron tácticas perfeccionadas en el frente occidental: un gran bombardeo con casi dos mil piezas de artillería —quinientas de gran calibre— que operaban desde un saliente del frente y utilizaban gases tóxicos, al que seguía el asalto de la infantería provista de granadas y lanzallamas.

La vanguardia alemana rodeó los puntos fuertes enemigos, que eliminaron las unidades que la seguían, y avanzó en medio de la niebla y la lluvia, lo que permitió un avance veloz.. La niebla permitió además a los austroalemanes avanzar por los valles en vez de entretenerse en dominar las alturas, como era habitual en el combate en la montaña. En los valles la resistencia italiana, minada por el gas, fue mínima y permitió que a medianoche los atacantes hubiesen alcanzado casi todos los objetivos fijados para el día y la vanguardia hubiese penetrado veintisiete kilómetros en las líneas enemigas. Los italianos habían perdido casi veinticinco mil prisioneros y casi cien cañones.

El avance enemigo hizo que Cadorna se plantease replegar a las unidades al río Tagliamento, para recomponer la línea, tras la pérdida de las últimas posiciones de montaña en el Isonzo; el 26 de octubre dio la orden. Incapaz de detener a los austroalemanes, acabó por ordenar primero una retirada general, primero al Tagliamento y luego al Piave. El 27 los austro-alemanes se adueñaron de Cividale y siguieron avanzando hacia Údine, que tomaron al día siguiente. Las divisiones de caballería del 2.ª Ejército italiano, que formaban la retaguardia, fueron apresadas por el enemigo. Los restos del 2.º Ejército italiano y el 3.º llegaron al Tagliamento el 1 de noviembre. Este último se había librado por poco de verse embolsado por las divisiones enemigas y a duras penas logró cruzar el Tagliamento antes que ellas, no sin perder parte de sus efectivos. Sin embargo, dos unidades enemigas habían conseguido cruzarlo antes de que los italianos hubiesen podido organizarse a lo largo de él. En los combates que se libraron junto al río, el 2.º Ejército italiano perdió una de las cuatro divisiones que aún conservaba. En los días que siguieron, el 14.º Ejército alemán desbarató las otras tres; el 2.º Ejército quedó casi completamente destruido. El 4 de noviembre, los atacantes quebraron las defensas del Tagliamento y avanzaron hacia Valeriano y Pinzano. Para entonces, tras diez días de combate, los italianos habían perdido ciento ochenta mil soldados hechos prisioneros por el enemigo, cuatrocientos mil por deserciones, dos mil cañones; esto suponía un cuarto del total de soldados del Ejército. Como consecuencia de la derrota en el Tagliamento, el 4 de noviembre Cadorna ordenó la retirada al Piave.

Si bien el avance de las unidades del noreste era rápida, las del Isonzo, que deberían haber impedido a las italianas replegarse, no lo hicieron. Gracias a ello el Ejército italiano pudo retirarse hacia el oeste.

Aprovechamiento de la brecha En efecto, el 2 de noviembre algunas unidades alemanas habían conseguido cruzar el Tagliamento, al igual que una unidad bosnia, que lo logró al día siguiente. La semana siguiente los combates casi cesaron: los dos ejércitos se dedicaron a marchar hacia el suroeste para trasponer el Piave. El italiano llegó al río el 9 de noviembre y en él fijó la nueva línea de defensa. Al día siguiente llegó la vanguardia enemiga. Los italianos, tras cruzar el río, habían volado todos los puentes. El día 7, Cadorna había sido sustituido por Armando Diaz, principalmente para mejorar el ánimo de la tropa, puesto que no cambió los planes de su predecesor en el cargo.

El avance austrohúngaro se detuvo allí; salvo el 2.º Ejército, que había quedado destruido en los combates, el resto de unidades había logrado en su mayoría replegarse tras el río y volar los puentes. El resto de ejércitos, tanto los desplegados en la montaña como el 3.º que se había retirado casi sin sufrir percances desde el Isonzo, formaron una nueva recia línea a lo largo del río que frenó la ofensiva enemiga.

En la batalla, los italianos habían perdido trescientos mil prisioneros, la mitad de la artillería —tres mil cañones—, además de trescientos mil fusiles, setenta y tres mil bestias de carga, dos mil quinientos automóviles y gran cantidad de víveres. Pese a ello, las pérdidas fueron menores de lo esperado, tanto por los errores del mando austroalemán que permitió que los italianos salvasen algunas unidades menores del 2.º Ejército y la posición del Monte Grappa, como por la falta de unidades rápidas que hubiesen podido cortar la retirada italiana.

Estabilización del frente Los austroalemanes además comenzaron a tener problemas de abastecimiento pues se hallaban a más de ciento cincuenta kilómetros de sus líneas férreas y el transporte motorizado y con animales solo permitía el suministro de un reducido porcentaje del material necesario. Carecían, por tanto, de los medios para asaltar el Piave.

El tardío intento de avanzar desde el Trentino a mediados de noviembre fracasó, tanto por la resistencia italiana como por la crudeza del invierno. Los austrohúngaros solo lograron conquistar Asiago, pero no el crucial monte Grappa. Británicos y franceses enviaron además once divisiones —cinco los primeros y seis los segundos—, que colaboraron en sostener la línea del Piave. Los últimos asaltos austrohúngaros en diciembre, menores, no cambiaron la situación.

Balance thumb|300px|Repliegue italiano tras el Tagliamento tras los combates en torno a Caporetto.

Victoria pasajera de los Imperios centrales