Las guerras polaco-suecas fueron una serie de enfrentamientos militares entre la Mancomunidad polaco-lituana y Suecia. En el sentido más amplio, el término se refiere a las guerras entre 1563 y 1721 aunque sobre todo a las guerras habidas entre 1600 y 1629. En el uso amplio del término, he aquí las guerras:

el conflicto del a veces denominado guerra de Livonia (1558-1583); la guerra contra Segismundo, en 1598; la guerra de 1600-1629 (a veces considerada como parte de la guerra de los Treinta Años) que fue interrumpida dos veces por treguas y se puede dividir en: la guerra de 1600-1611; la guerra de 1617-1618; la guerra de 1621-1625; la guerra de 1626-1629; los conflictos de la segunda mitad del conocidos como El Diluvio (parte de las Guerras del Norte 1655-1661); la Gran guerra del Norte (1700-1721); la guerra de la Cuarta Coalición (1806-1807), en la que Polonia, para entonces dividida, estuvo representada por las legiones polacas al servicio de Napoleón; la guerra de la Sexta Coalición, en la cual el Ducado de Varsovia era un aliado napoleónico, mientras que el Reino de Suecia era miembro de la coalición antinapoleónica.

Guerra livonia

Guerra contra Segismundo

Guerra polaco-sueca 1600-1611

Guerra polaco-sueca de 1620-1625

Tras haber firmado el Tratado de Stolbovo que ponía fin a la Guerra de Ingria que le enfrentaba a Rusia en 1617, los suecos, liderados por el rey Gustavo II Adolfo aclamado como el salvador de la Europa protestante, dirigieron sus miras a la Mancomunidad nuevamente. Habían conseguido reforzar sus bazas en la disputada región livona, capturando Dünamünde y Pernau en 1617.

Cuando la tregua expiró en noviembre de 1620, Gustavo Adolfo logró tomar la ciudad de Riga tras unas pocas semanas de asedio. La Mancomunidad, ocupada con una seria guerra contra los otomanos (batallas de Cecora y Jotin), fue incapaz de enviar suficientes fuerzas para detener a Gustavo Adolfo, por lo que se vio forzada a firmar una tregua favorable a Gustavo Adolfo. La Mancomunidad tuvo que ceder Livonia al norte del río Dvina (Düna), conservando un control nominal sobre Riga. Se firmó una nueva tregua en Mittau (Jelgava, Mittawa) que duraría de noviembre de 1622 a marzo de 1625.

Guerra polaco-sueca de 1626-1629

Para finales de 1625, los suecos habían ocupado rápidamente toda Livonia y Curlandia. A principios de 1626, un ejército sueco de tres mil hombres acaudillados por Gustavo II Adolfo se enfrentó a las tropas polacas de Jan Stanisław Sapieha en dos ocasiones en la batalla de Wallhof, con desastrosos resultados para los polacos y apenas bajas para los suecos. En mayo de 1626 los suecos emprendieron la invasión de Prusia. El desembarco de Gustavo Adolfo en la costa del Ducado de Prusia cerca de Pillau con más de ocho mil soldados sorprendió a la Mancomunidad, de modo que, a pesar de los reducidos efectivos de su ejército, el rey sueco, con el apoyo del elector de Brandeburgo, fue capaz de conquistar rápidamente todas las ciudades costeras excepto la mayor, Gdańsk (Danzig). La Mancomunidad no recibió ayuda de su vasallo, el duque de Prusia. Cerca del pueblo de Gniew, entre el 22 y el 30 de septiembre de 1626, Gustavo Adolfo venció al ejército polaco que mandaba el rey Segismundo, que tuvo que retirarse y pedir refuerzos de otras partes del país.

Las fuerzas del hetman Stanisław Koniecpolski (cuatro mil doscientos jinetes de caballería ligera, mil húsares, mil infantes) se desplazaron a Prusia a marchas forzadas. Reforzadas por otras unidades, sumaban diez mil hombres para enfrentarse al ejército sueco, de unos veinte mil soldados. Usando la táctica de la guerra de maniobra, con pequeñas unidades móviles, hostigaron las líneas de comunicación del enemigo, al mando de Axel Oxenstierna, que evitó dar batalla a las concentradas fuerzas de Koniecpolski. Así, por un breve periodo de tiempo la guerra estuvo en punto muerto.

Mientras tanto, el Sejm acordó recaudar dinero para la guerra; pese a ello la situación de las fuerzas polacas era difícil. Las tropas lituanas sufrieron una seria derrota en diciembre de 1626 cerca de Kokenhusen en Livonia y se retiraron más allá del río Daugava. Los suecos planearon atacar a Koniecpolski desde dos direcciones: Oxenstierna lo haríaa desde el río Vístula y Johann Streiff von Lawentstein y Maxymilian Teuffl, desde la Pomerania en manos suecas. Las inundaciones del río Vístula malograron sus planes y permitieron a Koniecpolski interceptar a las fuerzas enemigas que venían de Pomerania. thumb|Retrato del hetman Stanisław Koniecpolski.

Koniecpolski recuperó la ciudad de Puck el 2 de abril. Durante el cruce del río Vístula cerca de Kieżmark, en las cercanías de Danzig (Gdańsk), Gustavo Adolfo chocó con las fuerzas polacas y en el enfrentamiento que se libró a continuación fue herido en el muslo y forzado a retirarse. En julio condujo a las tropas a liberar del asedio a Braniew, y a sitiar Orneta. Koniecpolski respondió con un súbito ataque, que le permitió apoderarse de Gniew. Gustavo Adolfo, según es recordado, quedó impresionado por la celeridad de la reacción de Koniecpolski. Con alrededor de siete mil ochocientos hombres (de los cuales dos mil quinientos eran de caballería y húsares), Koniecpolski intentó impedir que el ejército sueco alcanzase Danzig, enfrentándose a él cerca de Dirschau (alrededores de Tczew). El 7-8 de agosto (o el 18 de septiembre, las fechas varían según fuentes), se disputó una batalla en los pantanos de Moltawa. Los suecos querían provocar el ataque de los polacos para luego destruirlos con el fuego de la infantería y la artillería, pero Koniecpolski decidió no acometerlos. Los suecos entonces tomaron la iniciativa, cargando con la caballería, pero no consiguieron atraer a los polacos al alcance de su fuego. Los siguientes embates suecos infligieron bajas a la caballería polaca, pero no consiguieron desbaratar al ejército, cuya moral seguía alta, gracias a Koniecpolski. El combate terminó cuando Gustavo Adolfo fue herido de nuevo y los suecos se retiraron.

Después de esta batalla, Koniecpolski vio la necesidad de reformar la composición de sus tropas y acrecer la potencia de fuego de la infantería y de la artillería para poder enfrentarse con éxito a las suecas. Los suecos, por su parte, aprendieron estrategias polacas de ataque de caballería, así como cargas y técnicas de combate.

En marzo/abril de 1627 cerca de Czarne (Hamersztyn) Koniecpolski obligó a los suecos a refugiarse en la ciudad, y a rendirse tres días después, dejando atrás sus estandartes e insignias. Algunos soldados y mercenarios suecos se pasaron al bando polaco. Esta victoria también animó al Príncipe elector de Brandeburgo a declarar su apoyo a la Mancomunidad; las fuerzas lituanas reanudaron la campaña en Livonia.

La insistencia de Koniecpolski para llevar la guerra al mar resultó en que la pequeña e inexperta Armada de la Mancomunidad de Polonia-Lituania, compuesta por nueve barcos, derrotara a la escuadra sueca el 17/28 de noviembre en la batalla de Oliwa.

En 1628, las fuerzas polacas, sin fondos, se vieron obligadas a detener la ofensiva y adoptar una estrategia defensiva. Gustavo Adolfo conquistó Nowy y Brodnica. Koniecpolski contratacó usando eficientemente su reducida fuerza (mediante rápidas incursiones de la caballería combinadas con el apoyo del fuego de la infantería y la artillería, usando las fortificaciones y la ventaja del terreno). Para entonces la guerra se había convertido en una guerra de maniobras en la que ninguna de los bandos enfrentados tenía interés en presentar batalla a la otra sin contar con la ventaja del terreno o de fortificaciones.

El Sejm decidió incrementar los fondos para la guerra tras la batalla de Górzno, donde Stanisław Potocki fue derrotado. La Austria católica envió ayuda a la Mancomunidad en forma de unidades bajo el mando del mariscal de campo Jan Jerzy Arnheim. Un destacamento al mando de Albrecht von Wallenstein también cooperó con Koniecpolski en Pomerania en 1629. Sin embargo, Koniecpolski tuvo que abandonar numerosas fortalezas estratégicas en Prusia.

Koniecpolski consiguió reconquistar Puck. El choque final tuvo lugar el 27 de junio de 1629 cerca de Trzciana. Los suecos atacaron en dirección a Graudenz (Grudziądz), donde fueron detenidos, y se retiraron a Stuhm (Sztum) y Marienburg (Malbork). Koniecpolski acometió a la retaguardia al mando de Jan, conde de Ren, y la desbarató. Rechazó además el contraataque de los raitar suecos, desbandados en dirección a Pułkowice, donde Gustavo Adolfo dirigió otra acometida con dos mil jinetes, también infructuosa; las tropas suecas se salvaron merced a la intervención de las últimas unidades de reserva mandadas por el mariscal de campo Herman Wrangel. Las bajas suecas fueron copiosas, especialmente en los regimientos de caballería. Murieron en esta batalla seiscientos suecos, entre ellos el conde de Ren y el hijo de Wrangel, Jan Wilhem Reingraff, y los polacos hicieron además doscientos prisioneros. Las bajas polacas se redujeron a unos doscientos muertos y heridos. thumb|400px|El ejército sueco bombardeando la fortaleza de Dunamunde cerca de Riga.

De todos modos esta victoria no tuvo trascendencia política o militar, ya que el 26 de octubre de 1629 se firmó un alto el fuego en Stary Targ (Tratado de Altmark), a favor de los suecos, a los que se cedió la mayor parte de Livonia con el importante puerto de Riga. Los suecos obtuvieron también el derecho de gravar el comercio polaco en el Báltico (el 3,5 % del valor de las mercancías) y conservaron asimismo muchas ciudades de la Prusia Real —incluidas Baltiysk (Pillau, Piława), Memel y Elbląg (Elbing)—; temporalmente se los reconoció como potencia dominante de la costa báltica meridional. La Mancomunidad compensó al Ducado de Prusia por la pérdida de algunas ciudades con la cesión temporal (hasta 1634) de Malbork, Sztum y Żuławy Wiślane. Los barcos restantes de la flota de la Mancomunidad pasaron a manos suecas. Los polacos conservaron, sin embargo, el importante puerto de Gdańsk.

Así, los suecos controlaban casi todos los puertos bálticos con la excepción de Danzig, Puck, Königsberg (Królewiec) y Liepāja (Libau, Libawa). Esta sería la ocasión en que los suecos estuvieron más cerca de hacer del Báltico un «lago sueco». Después del tratado, Suecia usó sus ganancias en esta guerra como punto de partida para intervenir en la guerra de los Treinta Años, emprendiendo la invasión de la Alemania septentrional.

El Tratado de Altmark sería revisado a favor de la Mancomunidad en 1635 (Tratado de Sztumska Wieś o Tratado de Stuhmsdorf), cuando Suecia, debilitada por sus pérdidas en la guerra de los Treinta Años, se retiró de algunos puertos del Báltico y dejó de recaudar el 3,5 por ciento del comercio polaco.

El Diluvio

Guerras del Norte

Gran guerra del Norte

Guerra de la Cuarta Coalición

Guerra de la Sexta Coalición

Véase también Ascenso de Suecia como gran potencia

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